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Una madre rara

Quien me iba a decir a mi que un día añoraría el estrés de la maternidad real. Ir de culo por las mañanas, preparado desayunos y maquillándome a contra reloj a tono de “daros prisa que llegamos tarde al cole”.

Echo de menos mirar el reloj y ver que son las 18h para poder plegar de trabajo e ir corriendo a casa y abrazar a mis hijos.
Echo de menos mirar mi agenda y verla llena de eventos infantiles y planes familiares.
Echo de menos el sentirme mala madre pro pasar todo el día en la oficina.
Echo de menos los viernes en los que planeaba con mis amigas una reunión exprés para salir corriendo de la rutina de ser madre.
Echo de menos el cansancio que suponía ser madre trabajadora a tiempo completo
Echo de menos mi vida, esa de la que tanto me quejaba antes…que maravillosa eras….

Mi vida a cambiado tanto que ya no se quien soy. Me han cambiado de tren sin haberlo pedido y no se a donde me lleva.
Ahora me veo con la misma fatiga y el mismo estrés pero por otras razones, unas que no pedí, que no dirijo yo y que no se hacia donde van.

Ahora que estoy en casa todo el día, miro el reloj y las horas no pasan.
Ahora, mi agenda esta llena de citas, pero médicas, de ingresos hospitalarios y pruebas invasivas.
Ahora me siento mala madre por estar todo el día en casa, si sentirme realizada.
Ahora, mis viernes ya no son festivos, y con suerte la única fiesta que voy a tener son con las seis pastillas que me tomo al día.
Ahora, mi cansancio va de la mano de una enfermedad rara. Una que me deja en cama por días, quizá semanas, dependiendo de muchos factores, incluida yo.

Me hecho de menos, a mí misma y a la vida que tenía antes. La vida te cambia en un segundo, un día estás bien y al siguiente te diagnostican una enfermedad rara que no tiene cura y que no parará hasta verte incapacitada.

Ella te limita hasta en lo mas básico de tu día a día. Lo tienes todo tía. Me has dejado con la piel tan dura que no puedo mover mis manos. Has endurecido tanto mis pulmones que ni siquiera puedo subir escaleras sin fatigarme. Y ya no solo eso, es tanto la carga emocional de saber que no tienes cura que a veces dudas si seguir adelante merece la pena.

Pero la merece. Tenía la misma probabilidad de que me tocase la lotería a contraer una enfermedad rara, un 0,03%. Pero, ¿Quién quiere dinero pudiendo contraer una enfermedad poco habitual?
En realidad, y aunque parezca ironía, a mi me ha tocado la lotería. Algo tan grave como es tener la salud al límite, es que ves la vida de otra manera. Los problemas que creía tener antes, pasan a un tercer plano. Veo la belleza en la mas mínima cosa. Agradezco seguir teniendo tacto en mis dedos y poder sentir la piel de mis hijos, y a pesar de mis limitaciones en los labios, poder seguir besándolos.

Quiero disfrutar de lo bien que me siento hoy sin torturarme con el “mañana podrías estar peor” Y es así, así de duro. Es una enfermedad degenerativa, ella no parará, pero yo tampoco.

Una madre rara

(7) Comentarios

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