MI EMBARAZO

La fuerza no solo nace, también se hace.

A menudo personas maravillosas que ven mi día a día o dedican un ratito de su tiempo en leer mis desvaríos en redes sociales me dicen que tengo mucha fuerza y ayer por la noche pensé “¿ Y si les cuento con más detalle de dónde viene esa capacidad de lucha? Es probable que no os guste o no os aporte nada nuevo lo que os voy a contar pero también puede ser que os ayude a entender dónde está localizada esa energía o esa fortaleza vuestra y como hacer para sacarla.

Pero antes de empezar quisiera deciros que lo que yo os cuento siempre es mi punto de vista, mi opinión tras mis vivencias personales y para nada tiene porqué coincidir con la vuestra. Tampoco pretendo ser ejemplo de nada ni dar lecciones (solo faltaría quien soy yo para hacerlo), solamente es compartir información que pueda ser de interés para vosotros.

Veréis yo siempre pensé que mi vida había sido muy dura y muy difícil en algunos aspectos y me parecía que todas las demás personas que me rodeaban lograban más cosas que yo o simplemente tenían más éxito en todo lo que emprendían. Cierto es que aunque tuve mucha suerte con mi familia, mi crianza no fue fácil. Sufrí acoso escolar, tuve relaciones sentimentales toxicas y amigas más toxicas todavía, pero ahora que lo veo con perspectiva soy consciente de que todo eso me llevo a ser quien soy hoy. De hecho siento que cuanto más sufro en la vida más crezco y avanzo como ser humano y como persona. Y aunque me rompo muchas veces, cuando me recompongo me vuelvo más fuerte y gano más seguridad en mí misma.

Fundamentalmente lo que hice fue coger toda la rabia, todo el dolor y toda la ira que tenía en mi interior desde hacía años por todas esas situaciones negativas y canalizar todos esos sentimientos hacia otro mucho más poderoso y amable; el amor por los demás. Me di cuenta de que había cosas que no iba a poder solucionar y otras que si podía solucionar, pero ni era ni es el momento, así que decidí que lo mejor que podía hacer era entregarme a aquellas personas que realmente me necesitaban. ¿Y cómo lo logré? Mirándome al espejo y anulando lo máximo posible mi ego.

Así que cuando Sara murió, ya tenía esta lección aprendida y quizá por eso me resultó mas sencillo gestionar este nuevo, terrible e incalculable dolor que produjo en mi su pérdida. La mejor manera que encontré de darle salida fue escribiendo, contando, compartiendo y desnudando mi alma sin miedo, para que todo aquel que estuviera perdido pudiera encontrar un poco de luz en su camino a través de mis vivencias, experiencias y emociones.

En general tengo la sensación de que nos pasamos la vida culpando a los demás de nuestras desgracias y ansiando todo aquello que no tenemos. La codicia, la envidia, los celos… son sentimientos propios del ser humano que debemos aprender a manejar y controlar. Nadie tiene una vida perfecta por mucho que lo parezca desde fuera y todos tenemos carencias, dudas, miedos y problemas, lo que nos diferencia a unos de otros es la manera en la que lo gestionamos.

Quizá esperáis que ahora os suelte alguna frase típica como “tu momento es ahora, hazlo” ” no dejes pasar más tiempo” “cambia de vida, de carrera, de domicilio o de trabajo” pero la realidad es que cada uno tiene unos tiempos y nuestras circunstancias no son siempre favorables para poder iniciar esos cambios. Por eso pienso que lo que realmente importa es que no dejemos de trabajar en el objetivo que tenemos teniendo muy presente siempre que el deseo o el trabajo para lograr lo que deseamos no son métodos infalibles para llegar a el. Porque la realidad es que por mucho que ansiemos o peleemos por algo, a veces la vida tiene otros planes para nosotros. Esto no significa que hayamos fracasado, sino más bien que lo hemos intentado pero la vida, por los motivos que sea, no nos lo ha querido dar.

Supongo que me diréis ” ¿pero entonces que sentido tiene la vida? Nos enseñan a que si pensamos positivo, la vida nos traerá cosas positivas (véase el libro de el secreto), que si luchamos con ansia y sin descanso llegaremos a lograr todo lo que nos propongamos. Sin embargo tengo el total convencimiento de que estas creencias sociales que se han instalado en nuestro mundo son producto del marketing empresarial usadas como arma de doble filo en cuanto a que logran que nos convirtamos en auténticos frustrados e inconformistas y por ende no dejemos de consumir lo que sea necesario para lograrlo. A más frustración más consumo y a más consumo más frustración.

Y si, tal y como está montado el chiringuito este pensamiento es lógico!!! Cómo seres sociales que somos, si todo el mundo nos dice qué sumando 1+1 salen 2 nosotros nos lo creemos y si nos conviene ese resultado lo intentamos y lo intentamos para ver si lo logramos, muchas veces perdiendonos en el intento y alejándonos de nuestra propia realidad. El problema es que por desgracia la vida…no es una operación matemática.

Entonces ¿qué es lo que yo puedo recomendaros bajo mi propia experiencia? Que no miréis para nada ni para nadie. Que os busquéis a vosotras mismas/os y os conozcáis bien a fondo. Intentad ser muy independientes de forma que necesiteis lo menos posible a los demás. Y cuando veáis que hay algo que se os escapa o que necesitáis ayuda, observad con humildad y respeto y dejaros guiar o aprended del que sabe más que vosotros. Esto os va otorgar seguridad y confianza en vosotros mismos/as.

Si lo pensáis, controlamos una parcela muy pequeña de nuestra vida, pero aquella parte de la que somos dueños debemos de guardarla, cuidarla y apreciarla. Sed generosas/os y torturad vuestro ego hasta que desaparezca o al menos hasta que consigais que este callado. Levantaos cada día repitiendo que no sois más ni menos que nadie, que no tenéis más ni menos derechos, ni virtudes, ni defectos que los demás. Aprended a huir de los conflictos y a respetaros a vosotros mismos/as sobre todas las cosas.

(APUNTE) El respeto hacia uno mismo no debe confundirse con el ego. Respetarse no significa quererse mucho a uno mismo o anteponerse siempre a todo o a todos. El respeto se trata de conocer tus límites y marcarlos siempre y cuando respetes al otro. Es no criticar a los demás para no ir en contra de ti mismo/a (porque tú también fallas). El respeto es no gritar, no hacer daño, no insultar, no pisar a los demás por mucho que te molesten porque cuando lo haces, le estás faltando el respeto a la esencia de tu alma. El alma es buena, noble, leal y sincera por naturaleza, es el hombre el que la malogra.

“El ser humano es malo por naturaleza, el alma es bondadosa en toda su esencia”

Desde luego no puedo deciros que si pensáis todos los días en positivo podréis tener el trabajo de vuestros sueños o la vida que deseáis, pero lo que si os puedo garantizar es que si luchais cada día contra vosotros mismos/as, si peleais por seguir el camino correcto, si os empeñais en aplacar todos los malos sentimientos y pensamientos, trabajando para mantener el equilibrio y os inclinais hacia la generosidad, la empatía y la comprensión, seréis mejores personas y por ende surgirá esa fuerza, entereza y resignación para enfrentaros a la vida.

Meditar es fundamental y no hace falta ser un experto en la materia, simplemente con poner música relajante y dejar libre la mente es más que suficiente.

Haced ejercicio!! Y manda huevos que os lo diga yo que soy la persona a la que más le cuesta en el mundo ponerse, pero mi experiencia me dice que la actividad física si que puede ser una tabla de salvación ante el estrés y los “sinsudores” de la vida.

Y ya para acabar, no podía dejar de mencionar la importancia del humor. Reírme de mi misma y de lo que me sucede hace que pierda importancia, hace que entienda la vida como una especie de broma en la que no siempre salgo yo ganando, es más, la mayoría de las veces pierdo. Ese humor me mantiene viva, me da alegría y hace que relativice mi experiencia vital.

Así que si queridísima tribu, de todo esto es de dónde viene mi fuerza, de pelearme cada día conmigo misma y de corregirme cuando me equivoco, de reírme cuando me caigo, cuando me levanto y de cómo lo hago. Es una lucha permanente y a veces cansada pero que merece la pena librar. Y por supuesto del ejemplo que me dio Sara, que me demostró que no importa la edad que tengas ni los obstáculos que te encuentres, lo único que cuenta es no cansarse nunca de lograr ser la mejor versión de uno mismo.

MI EMBARAZO

Sara y Dios

Probablemente este sea el artículo más personal, más extenso y más bonito que vaya a escribir en esta web. Si no eres religioso y por tanto no te interesa saber nada de creencias cristianas, experiencias extrasensoriales y demás, cuando acabes de leer este post pensarás que estoy loca de remate. Pero con todo el respeto del mundo no me importa. Yo sé lo que vi, lo que viví y lo que sentí en cada momento. Ahora que puedo ver las cosas con perspectiva y después de analizar todos y cada uno de los detalles y sucesos que vivimos desde que me quedé embarazada lo tengo claro, Sara era un ser muy especial.

Voy a empezar por contaros una experiencia que viví con ella que a día de hoy sigo sin entender. Estaba con Sara ingresada en el hospital La Paz y andaba por los pasillos de la planta 7 con ella en brazos para ver algo que no fueran las cuatro paredes de la habitación. Me crucé con una chica jovencita que me sonrió, se acercó a nosotras y de repente me dijo: “sabes que tú niña es un ángel?” Yo sonreí y afirmé pensando que me decía lo mismo que a cualquier otra mamá con un bebé tan pequeño. Pero se dio cuenta de que no había entendido lo que quería decir con esa expresión, así que me invitó a sentarme con ella en la sala de familiares y comenzó a contarme esto: “Dicen que cuando mirando a un bebé no sabes distinguir si es niño o niña es porque es un alma muy pura. De hecho, se cree que son almas angelicales con una larga experiencia vital en la tierra y que vienen a quedarse poco tiempo entre nosotros. Generalmente bajan al mundo terrenal para ayudar con su presencia a sus familiares, bien para que puedan evolucionar o bien para sacarlos de alguna situación negativa que están padeciendo”. Yo me quedé ojiplatica mirando para ella, cómo podía saber que nadie sabía si era un niño o una niña? Si no había visto nunca a Sara…Era verdad todo el mundo nos preguntaba si era niña o niño, incluso los que conocían su nombre se confundían llamándola el niño.

Cuando enseñamos esta foto siempre nos dicen que parece un niño.

Yo no daba crédito pero tampoco podía articular palabra así que ella continuo diciendo: “Las almas eligen a sus padres y generalmente forman parte de su familia. Creo que Dios le encomienda una misión diferente a cada una y hasta que la completa, hace varias visitas a este mundo. El alma de tu hija ya había cumplido su cometido pero por algún motivo decidió volver a la tierra y la verdad es que no le queda mucho para regresar. Pero no padezcas, no sufras y no estes triste. Estás haciendo todo lo que debes hacer. Eres una gran madre, entregada, luchadora y desde luego tienes una entereza de la que muchos deberían aprender… Tu marido y tú sois muy privilegiados, hay muy pocas familias que tengan la suerte de dar vida, cobijo y amor a un ángel… Desde luego debéis ser muy especiales”

No puedo explicaros con palabras como estaba en aquel momento, mi cara debía de ser un poema y de hecho me sentí tan abrumada que sentía que me mareaba pero yo allí seguía, mirando para ella como una imbecil, con la boca abierta y completamente anonadada. La verdad ahora que la recuerdo en mi mente y lo pienso, no parecía un ser humano, tenía una voz celestial algo que no era de este mundo… Así que le pregunté cómo sabía todo eso y entonces me dijo “Igual que tú, yo también siento cosas que los demás no. No se como lo sé, pero lo sé” Le dio un beso a la pequeña y me pidió poder cogerla en brazos. Le dio caricias, le hablo y me la devolvió. Se despidió de mi y nunca más la volvi a ver en el hospital.

Es cierto que Sara hacía cosas muy particulares para la edad que tenía… Según salió de mi vientre les dedico una sonrisa a todas las matronas y así siguió en la UCI y durante toda su vida. De hecho la primera foto que tenemos de ella se la hizo su padre y sonreía de una forma muy particular. Con dos meses se quería hacer rulitos con el dedo en su pelo, miraba a la gente cuando le hablaba como si la entendiera y lo mejor de todo, nos vigilaba. Recuerdo que en el piso que alquilamos en Barcelona para estar cerca del hospital, teníamos un saloncito muy lindo con acceso a una terraza. Cuando se quedaba dormida aprovechábamos y con la puerta abierta y el vigila bebés en las manos para verla y oírla fumábamos un pitillo rápido. En cuanto se daba cuenta que no estábamos en la misma habitación que ella, no se como se despertaba. Así que uno de los dos entraba y nos la encontrábamos con la cabeza girada mirando hacia la puerta donde estábamos y protestando. No llorando, protestando. Una especie de lágrimas de cocodrilo pero sin lágrimas. Es un poco difícil de definir pero era alucinante.

Y lo de los pajaritos? Tuvimos que cambiarla enseguida a la silla porque en el capazo no quería estar. Nos dimos cuenta de que quería poder vernos a nosotros y al resto del mundo que la rodeaba. Un día estábamos en una terraza tomando un café para que le diera el solecito en la piel y unos pajaritos se pusieron a cantar. De repente veo que se empieza a reír y que tuerce la cabeza hacia dónde estaban! Yo no sé si es normal que un bebé haga eso con dos meses y medio pero al menos los bebés que yo vi a esa edad, no lo hacían. ¿Y si os cuento que veía la televisión? Teníamos que tenerla encendida día y noche porque sino no comía.

Sara con dos meses y una semana mirando la televisión

En definitiva yo sentía que era diferente. Y sé que todas las madres decimos lo mismo cuando hablamos nuestros hijos, pero prometo que era totalmente distinta a los demás bebés que yo había visto hasta ese momento. ¿Pero un ángel?

Siempre he tenido una cierta conexión con el mas allá, soy capaz de captar energías y ver cosas que otros no ven. Desde luego no soy la única de mi familia, que yo sepa, Esperanza mi bisabuela paterna, veía cosas mediante la oración (lo que aquí en Galicia se llama leer el responso). Por ejemplo, cuando se perdía algún animal en el pueblo la gente se dirigía a ella para que le dijeran si estaba vivo o no. En aquellos tiempos perder una vaca o una oveja significaba muchísimo, pues era la fuente de alimento e ingresos que tenían. La abuela de mi marido también ha tenido revelaciones extraordinarias y por último mi madre.

Mi madre es un ser único y especial que muy poca gente conoce y puede llegar a entender. Es la persona más humilde y entregada que cualquiera se pueda imaginar. Tuvo una vida muy dura y todo lo que consiguió fue a base de trabajo, trabajo y más trabajo. Trabajó siempre de domingo a domingo y cuando era niña me llevaba con ella a todas partes haciéndome ver y entender la dureza de la vida. Es un alma buena y pura que en navidades hace chocolate caliente para llevarle a los pobres, que me obligaba de pequeña a ir a una residencia de ancianos a visitar a la mamá de una amiga suya y me animaba a que hablara con los señores que había allí. Me decía que algunos estaban muy solos y que yo les daba alegría. Me enseñó a rezar, a compartir lo que teníamos con otra gente que lo necesitaba y a ser humilde. Me marcó el camino correcto de la vida que no es otro que el del bien. Ella tiene un don especial desde que es una niña y creo que es por esa entrega, esa bondad y ese amor que expresa hacia los demás. Ahora cuando hablamos, me dice que Sara le dio toda la fuerza que le faltaba para actuar, que nuestra familia había llegado a un punto de no retorno y que la marcha de su nieta ha marcado un antes y un después para ella.

Siempre me enseñó que cualquier persona puede ser buena, que la clave está en trabajar la mente, tener voluntad, ser resignado y seguir siempre el camino del bien. Así que creo que debió de ser ella la que me dejo en herencia ese instinto o esa capacidad de sentir cosas y de conectar con los de arriba. En más de una ocasión he tenido esa sensación de que alguien me acompañaba en los momentos difíciles, guiándome y ayudándome. Y fue Sara, la que me hizo llegar mucho más lejos, permitiéndome vivir una experiencia que me cambiaría la vida de forma radical y que aunque en ese momento no lo sabia, me ayudaría a entenderlo todo. Cuando se puso tan malita en Barcelona y los médicos se reunieron para decidir si había algo más que podían hacer, yo me senté en el suelo de la sala de espera y me apoye contra la pared. Allí estábamos mi marido, mi madre y yo, así que me sentía en total confianza. Tenía tanto dolor en el alma y estaba tan desesperada que invoque a mis antepasados de alma pura y le recé a Jesús de Nazaret y a la Virgen María para que junto con mis seres queridos ya fallecidos, le pusieran la mano en la barriga a mi niña y así pudiera dejar de sangrar.

Tras unos minutos reteniendo ese pensamiento, me di cuenta de que lo que realmente quería era que no sufriese, y que si en esta tierra no iba a tener una buena vida por mucho que me doliera lo mejor era dejarla ir. Así que los visualice a todos: a mis abuelos, a mi tío Carlos, a mi padrino y a mi bisabuela alrededor de su cama, velando por ella y por su bienestar y tras quince o veinte minutos estaba exhausta, no tenía energía así que ya no podía rezar más. Con resignación me entregué a Dios, le supliqué que me escuchara y le rogué que iluminara a los médicos para que dieran con la mejor solución para mi niña. Pedí perdón por los pecados de toda nuestra familia. Pedí que me cargara a mi con todos ellos y prometí que con gozo y alegria soportaría todo el dolor que sufrió su hijo llevando la cruz a cuestas, para que no abandonara a mi bebé. Puse a su disposición todo mi cuerpo y todo mi ser para que pusiera a mi niña a salvo. Y no pensé mas.

Empezaron a caerme lágrimas sin ningún tipo de esfuerzo ni control y me puse a pensar en lo mucho que tuvo que sufrir Dios como padre y María como madre, viendo cómo apaleaban a su hijo sin poder hacer nada para evitarlo. Entendí ese dolor y el de todas las madres y padres del mundo que tenían que ver a sus hijos pasando penurias, viviendo guerras, muriendo de hambre… Se apoderó de mí un sentimiento de pena terrible que jamás había experimentado y, de repente, mi mente entró en un estado de relajación, cómo de semi inconsciencia en el que vi con total y absoluta claridad el rostro de Jesús mientras cargaba con su cruz, con la frente llena de sangre por culpa de la corona de espinas. Me miro a los ojos y en ese infinito dolor conectamos, los dos lo compartíamos y lo sentíamos. Su mirada estaba llena de tristeza y con sus ojos de color azabache me dijo que estaba conmigo, que me había escuchado, teníamos tanto dolor los dos… Yo le había pedido que no dejara sufrir a mi bebé una vida de tortura y para eso el tenía que llevársela, así que lo acepté.

Ese día recibí las respuestas a todas las preguntas que llevaba haciéndome desde hacía años. Fue una experiencia que debió de durar como mucho tres segundos, de hecho cuando fui consciente quise volver a conectar con él, pero ya no pude. Pocas horas después Sara falleció.

Estoy segura de que habrá quien encuentre una explicación científica para justificar lo que yo experimente. Supongo que cosas del tipo de que el momento de estrés me llevo a ese éxtasis mental en el que tuve alucinaciones pero me quedo con lo que mi marido me dijo cuando se lo conté. Me miro a los ojos y me contestó:

-Einstein reconocía que había cosas que la ciencia no podía explicar. Solía decir que “La ciencia sin la religión está coja y que la religión sin la ciencia está ciega”

Si habéis llegado hasta aquí sólo puedo deciros esto: no soy nadie especial, solo soy un ser humano como cualquiera de vosotros que ama a Dios, a Jesucristo y a la virgen Maria. Que peco a diario, que a veces me canso de rezar y me olvido de honrarle. Que no soy todo lo buena que puedo ser y que no tengo nada que me diferencie de cualquier otro ser humano. Pero os prometo que pude ver la ternura, la Paz y la compasión que siente Jesús por todos nosotros. He visto que él está en el dolor y en el sufrimiento más profundo y que aunque pensemos que no está ahí, él nunca nos abandona. He notado la pena tan terrible que siente al ver que no nos amamos y no nos respetamos. En esos tres segundos me transmitió que el único camino que tenemos es el del amor y que mientras sigamos pensando solo en nosotros mismos nunca podremos alcanzar el reino de los cielos. No hay un cielo idílico como nos han hecho creer, venimos a esta tierra para que nuestra alma avance y evolucione a través de pruebas que nosotros mismos decidimos antes de encarnamos y volveremos a la tierra muriendo una y otra vez hasta que logremos alcanzar la pureza más absoluta y entonces, solo entonces, podremos permanecer a su lado. Por eso para la mayoría de nosotros la muerte es solo el principio de una nueva vida, una nueva oportunidad. Dios en su infinita bondad y misericordia nos hizo eternos. El alma nunca muere, tan solo el cuerpo que la contiene.

Ojalá pudiera meterme dentro de vuestra mente y haceros sentir lo que yo sentí. Rezo porque todos podamos darnos cuenta de que no seguimos el camino correcto cuando odiamos, cuando despreciamos, cuando sentimos ira, cuando somos egoístas y cuando no entendemos el sufrimiento ajeno. Rezo porque entendamos que el amor es el camino para que nuestra alma nunca más tenga que sufrir el dolor de la carne.

Espero que os haya gustado este artículo, que os sirva de ayuda, que os de otra perspectiva de la vida, de la muerte y de nuestra existencia. Pensad que solo sabemos lo que nos han contado pero no nos olvidemos que fueron seres humanos los que escribieron la historia y por todos es sabido que a cambio de poder, hay quien es capaz de enterrar o tergiversar la verdad.

PD: Cuando me pusieron a Sara en brazos en el momento en el que iba a fallecer vi que tenía una herida en la frente y con un pañuelo de papel se la limpié, fue algo instintivo aunque carecía totalmente de sentido. Para mi sorpresa mi madre en vez de tirarlo lo guardó y ahora yo lo tengo enmarcado en su habitación. Unos dicen que ven una cruz, otros una simple mancha. Yo veo a mi hija.