MI EMBARAZO

La fuerza no solo nace, también se hace.

A menudo personas maravillosas que ven mi día a día o dedican un ratito de su tiempo en leer mis desvaríos en redes sociales me dicen que tengo mucha fuerza y ayer por la noche pensé “¿ Y si les cuento con más detalle de dónde viene esa capacidad de lucha? Es probable que no os guste o no os aporte nada nuevo lo que os voy a contar pero también puede ser que os ayude a entender dónde está localizada esa energía o esa fortaleza vuestra y como hacer para sacarla.

Pero antes de empezar quisiera deciros que lo que yo os cuento siempre es mi punto de vista, mi opinión tras mis vivencias personales y para nada tiene porqué coincidir con la vuestra. Tampoco pretendo ser ejemplo de nada ni dar lecciones (solo faltaría quien soy yo para hacerlo), solamente es compartir información que pueda ser de interés para vosotros.

Veréis yo siempre pensé que mi vida había sido muy dura y muy difícil en algunos aspectos y me parecía que todas las demás personas que me rodeaban lograban más cosas que yo o simplemente tenían más éxito en todo lo que emprendían. Cierto es que aunque tuve mucha suerte con mi familia, mi crianza no fue fácil. Sufrí acoso escolar, tuve relaciones sentimentales toxicas y amigas más toxicas todavía, pero ahora que lo veo con perspectiva soy consciente de que todo eso me llevo a ser quien soy hoy. De hecho siento que cuanto más sufro en la vida más crezco y avanzo como ser humano y como persona. Y aunque me rompo muchas veces, cuando me recompongo me vuelvo más fuerte y gano más seguridad en mí misma.

Fundamentalmente lo que hice fue coger toda la rabia, todo el dolor y toda la ira que tenía en mi interior desde hacía años por todas esas situaciones negativas y canalizar todos esos sentimientos hacia otro mucho más poderoso y amable; el amor por los demás. Me di cuenta de que había cosas que no iba a poder solucionar y otras que si podía solucionar, pero ni era ni es el momento, así que decidí que lo mejor que podía hacer era entregarme a aquellas personas que realmente me necesitaban. ¿Y cómo lo logré? Mirándome al espejo y anulando lo máximo posible mi ego.

Así que cuando Sara murió, ya tenía esta lección aprendida y quizá por eso me resultó mas sencillo gestionar este nuevo, terrible e incalculable dolor que produjo en mi su pérdida. La mejor manera que encontré de darle salida fue escribiendo, contando, compartiendo y desnudando mi alma sin miedo, para que todo aquel que estuviera perdido pudiera encontrar un poco de luz en su camino a través de mis vivencias, experiencias y emociones.

En general tengo la sensación de que nos pasamos la vida culpando a los demás de nuestras desgracias y ansiando todo aquello que no tenemos. La codicia, la envidia, los celos… son sentimientos propios del ser humano que debemos aprender a manejar y controlar. Nadie tiene una vida perfecta por mucho que lo parezca desde fuera y todos tenemos carencias, dudas, miedos y problemas, lo que nos diferencia a unos de otros es la manera en la que lo gestionamos.

Quizá esperáis que ahora os suelte alguna frase típica como “tu momento es ahora, hazlo” ” no dejes pasar más tiempo” “cambia de vida, de carrera, de domicilio o de trabajo” pero la realidad es que cada uno tiene unos tiempos y nuestras circunstancias no son siempre favorables para poder iniciar esos cambios. Por eso pienso que lo que realmente importa es que no dejemos de trabajar en el objetivo que tenemos teniendo muy presente siempre que el deseo o el trabajo para lograr lo que deseamos no son métodos infalibles para llegar a el. Porque la realidad es que por mucho que ansiemos o peleemos por algo, a veces la vida tiene otros planes para nosotros. Esto no significa que hayamos fracasado, sino más bien que lo hemos intentado pero la vida, por los motivos que sea, no nos lo ha querido dar.

Supongo que me diréis ” ¿pero entonces que sentido tiene la vida? Nos enseñan a que si pensamos positivo, la vida nos traerá cosas positivas (véase el libro de el secreto), que si luchamos con ansia y sin descanso llegaremos a lograr todo lo que nos propongamos. Sin embargo tengo el total convencimiento de que estas creencias sociales que se han instalado en nuestro mundo son producto del marketing empresarial usadas como arma de doble filo en cuanto a que logran que nos convirtamos en auténticos frustrados e inconformistas y por ende no dejemos de consumir lo que sea necesario para lograrlo. A más frustración más consumo y a más consumo más frustración.

Y si, tal y como está montado el chiringuito este pensamiento es lógico!!! Cómo seres sociales que somos, si todo el mundo nos dice qué sumando 1+1 salen 2 nosotros nos lo creemos y si nos conviene ese resultado lo intentamos y lo intentamos para ver si lo logramos, muchas veces perdiendonos en el intento y alejándonos de nuestra propia realidad. El problema es que por desgracia la vida…no es una operación matemática.

Entonces ¿qué es lo que yo puedo recomendaros bajo mi propia experiencia? Que no miréis para nada ni para nadie. Que os busquéis a vosotras mismas/os y os conozcáis bien a fondo. Intentad ser muy independientes de forma que necesiteis lo menos posible a los demás. Y cuando veáis que hay algo que se os escapa o que necesitáis ayuda, observad con humildad y respeto y dejaros guiar o aprended del que sabe más que vosotros. Esto os va otorgar seguridad y confianza en vosotros mismos/as.

Si lo pensáis, controlamos una parcela muy pequeña de nuestra vida, pero aquella parte de la que somos dueños debemos de guardarla, cuidarla y apreciarla. Sed generosas/os y torturad vuestro ego hasta que desaparezca o al menos hasta que consigais que este callado. Levantaos cada día repitiendo que no sois más ni menos que nadie, que no tenéis más ni menos derechos, ni virtudes, ni defectos que los demás. Aprended a huir de los conflictos y a respetaros a vosotros mismos/as sobre todas las cosas.

(APUNTE) El respeto hacia uno mismo no debe confundirse con el ego. Respetarse no significa quererse mucho a uno mismo o anteponerse siempre a todo o a todos. El respeto se trata de conocer tus límites y marcarlos siempre y cuando respetes al otro. Es no criticar a los demás para no ir en contra de ti mismo/a (porque tú también fallas). El respeto es no gritar, no hacer daño, no insultar, no pisar a los demás por mucho que te molesten porque cuando lo haces, le estás faltando el respeto a la esencia de tu alma. El alma es buena, noble, leal y sincera por naturaleza, es el hombre el que la malogra.

“El ser humano es malo por naturaleza, el alma es bondadosa en toda su esencia”

Desde luego no puedo deciros que si pensáis todos los días en positivo podréis tener el trabajo de vuestros sueños o la vida que deseáis, pero lo que si os puedo garantizar es que si luchais cada día contra vosotros mismos/as, si peleais por seguir el camino correcto, si os empeñais en aplacar todos los malos sentimientos y pensamientos, trabajando para mantener el equilibrio y os inclinais hacia la generosidad, la empatía y la comprensión, seréis mejores personas y por ende surgirá esa fuerza, entereza y resignación para enfrentaros a la vida.

Meditar es fundamental y no hace falta ser un experto en la materia, simplemente con poner música relajante y dejar libre la mente es más que suficiente.

Haced ejercicio!! Y manda huevos que os lo diga yo que soy la persona a la que más le cuesta en el mundo ponerse, pero mi experiencia me dice que la actividad física si que puede ser una tabla de salvación ante el estrés y los “sinsudores” de la vida.

Y ya para acabar, no podía dejar de mencionar la importancia del humor. Reírme de mi misma y de lo que me sucede hace que pierda importancia, hace que entienda la vida como una especie de broma en la que no siempre salgo yo ganando, es más, la mayoría de las veces pierdo. Ese humor me mantiene viva, me da alegría y hace que relativice mi experiencia vital.

Así que si queridísima tribu, de todo esto es de dónde viene mi fuerza, de pelearme cada día conmigo misma y de corregirme cuando me equivoco, de reírme cuando me caigo, cuando me levanto y de cómo lo hago. Es una lucha permanente y a veces cansada pero que merece la pena librar. Y por supuesto del ejemplo que me dio Sara, que me demostró que no importa la edad que tengas ni los obstáculos que te encuentres, lo único que cuenta es no cansarse nunca de lograr ser la mejor versión de uno mismo.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Relato de un parto muy deseado. Mi estrella Tro’s

Esta es la historia de mi parto… El parto más deseado y más bonito que podría haber tenido debido a una serie de circunstancias que iré explicando a lo largo del relato de forma que tod@s entenderéis el porqué.

Símbolos de puro amor

Después de una lucha burocrática y personal con mi Mutua, ésta finalmente aceptó que podía parir en el hospital que yo pedía. Las circunstancias del momento y de lo sucedido me impedían ir a la clínica privada donde ellos me mandaban y, gracias a mucha gente que me ayudó, pude dar a luz en un hospital con un protocolo especializado para mi caso. La noche anterior no recuerdo si descansé o dormí mucho, pero lo que sí sé es que soñé con mi parto, aunque ese sueño no se parecía en nada a lo que viví.


Dejamos a mi peque de 5 años recién cumplidos con los yayos medio dormido, y nos despedimos de él con un fuerte abrazo. Sus últimas palabras me llegaron muy adentro: “Dale un beso muy fuerte de mi parte y un abrazo”. Mi principal miedo era que el trabajo de parto durara muchas horas y que él tuviera que pasar la noche con los yayos ya que nunca ha dormido en otro sitio que no sea con nosotros (ha sido elección suya y siempre se la hemos querido respetar). En esta ocasión cabía la posibilidad y aunque intentamos concienciarle mucho desde el primer momento él no estaba muy convencido, así que nos despedimos sin saber hasta cuándo nos veríamos.

Llegue con mi marido sobre las ocho pasadas debido a las retenciones de tráfico que encontramos y la verdad es que la entrada fue dura porque nada más cruzar la puerta, me encontré con varias mujeres que estaban en el mismo estado que yo, pero que seguramente no iban para lo mismo ni tendrían el final que a nosotros nos esperaba así que empecé a derrumbarme bastante.

Nos pasaron al paritorio y me ingresaron en un box. Enseguida entró la comadrona, se llamaba María, y me cogió de la mano al momento, me preguntó cómo estaba y me mandó quitarme toda la ropa y prepararme para el momento.

Así que me tumbé en la camilla y María se sentó a mi lado. Me dio la mano y hablamos… ¡Hablamos mucho! Me explicó como sería el proceso, aunque yo ya iba preparada porque me lo habían explicado anteriormente en la visita y a mayores tenía una gran suerte de haber estado en contacto previamente con muchas otras mamás que habían pasado por lo mismo. Me empezó a contar todos los efectos secundarios que tendría y juntas repasamos el plan de parto que yo llevaba, lo cual simplifico mucho todo basicamente porque me permitían hacer todo lo que yo había planeado. La verdad que fue fantástica, me dijo que todo lo que quisiera lo pidiera y que ella me lo concedería siempre dentro de sus posibilidades y de las circunstancias del momento, claro.

Algo que tenía muy claro y que decidí desde el principio era que quería hacer todo el proceso sin epidural y a pesar de que sabía que el protocolo era ponerla, aceptaron sin ningún problema y quedamos que siempre podría pedirla si me veía con la necesidad. A las nueve pasadas me realizó un tacto para comprobar que todo estaba correcto y apenas noté molestia ya que fue muy respetuosa y cariñosa, en todo momento me decía siempre lo que iba a hacerme y como. Entonces empezó a ponerme la primera medicación: cuatro pastillas de Misoprostol por vía vaginal que desencadenarían las contracciones y el inicio del parto. Para que os hagáis una idea, María nos dijo que en la inducción de “un parto a término” se usan unos 25gr y a mi me iban a poner 800gr.

El reloj todavía no marcaba las diez y yo ya empecé a notar los primeros efectos secundarios de la medicación que María me había dicho: temblores, escalofríos y frío. Mi cuerpo empezaba a transitar en una mezcla de emociones que ya venían de muchos días atrás… Mis piernas se movían solas y no podía pararlas, las manos y los brazos también, pero lo de las piernas era algo brutal. Me hizo transportarme y recordar la experiencia de mi primer parto con mi hijo mayor, que también tuvimos la suerte de que fue muy respetado y consciente.

Estaba tumbada en la camilla porque me pusieron suero y tenía que estar quieta, pero en cuanto me lo quitaron salté de la cama porque necesitaba moverme. Tenía tanto frío que tuve que ponerme un chaquetón que llevaba!! Tal y como me había avisado la comadrona mi temperatura corporal comenzó a subir y apareció la fiebre por causa de la medicación (de hecho tenía que controlarlo porque podía subir demasiado).

Yo me sentía bien, no estaba nerviosa, empezaba a notar movimientos raros en mi barriga y comenzaba a moverse “sola” sintiendo lo mismo que cuando tienes sensación de hambre, era como si mi interior fuera un mar cuyas unas olas iban rompiendo en mi vientre.

Era el momento de preparar su “altar” así que le preguntamos a María donde podíamos poner las cosas que habíamos traído para acompañar su llegada y nos dijo que lo podíamos hacer en su camita. Fue el mejor sitio que pudo aconsejarnos porque quedó preciosisimo: allí colocamos todas las cosas que me habían dado unas amigas en una ceremonia realmente emotiva que le dedicamos unos días antes. Las fotos de las ecografías que teníamos, todos los miembros de la familia representados y “la ropita” que nos había hecho una amiga muy especial poniendo todo su amor y cariño. Le pedí al papa que nos hiciéramos fotos: nos hicimos fotos juntos, separados, al altar solo, de todas las maneras aprovechando que yo no tenía muchas molestias todavía.

Aquí estoy yo al lado del altar de mi bebé


Empecé a notar otro de los efectos secundarios de la medicación con el que mi pobre marido tuvo que lidiar también: gases y cagaleras de una forma muy exagerada… con un olor muy fuerte, la verdad. Tuve que ir muchas veces al baño y en ese momento sí que me dolía bastante la barriga y sentía como algo dentro de mi pasaba o se estaba preparando.

Sobre las doce me explicaron que me pondrían de nuevo dos pastillas y que si lo veían bien me romperían la bolsa para facilitar el parto y hacerlo más rápido, pero no pudieron porque no llegaban aún al cuello del útero y apenas había dilatado. El tacto fue algo más doloroso, pero soportable. Me pusieron dos pastillas más y me volvieron a dejar en la habitación así que podía moverme, estar a mi aire y sobre todo tranquila.

Hablando con María nos preguntó si queríamos hacer una último eco y verlo, ya que hacía más de un mes de la última a lo que nosotros respondimos que si, así que se fue a buscar a la ginecóloga de guardia y vino con el ecógrafo. Fue algo tan bonito y especial poder verle así por última vez y poder certificar que estaba donde yo lo sentía y lo notaba desde semanas atrás… Él estaba tranquilo, esta vez se movía poco porque la medicación empezaba a hacerle efecto, pero nos pudo saludar por el aparato una vez más y pudimos escuchar el tremendo latido de su corazón. El papa hizo fotos y vídeos del momento, y será uno de los tantos recuerdos de ese día que mantendremos siempre con nosotros.

Sobre las 13h pasadas vino una gran amiga a verme para que papá pudiera irse a comer así que aprovechamos para hacernos fotos con ella. La verdad es que me hizo mucha ilusión que estuviera en ese momento porque fue para nosotros un gesto muy significativo y sobre todo una gran muestra de cariño para toda nuestra familia.

Eran sobre las 14:00 cuando vino la comadrona a decirnos que se iría a comer, que dejaba a cargo a otra por si necesitaba algo y que ella llegaría pasadas las 15h. Le comenté las ganas que tenía de hacer caca así que me dijo que si tenía ganas otra vez que avisara para no “sacarlo” sin darme cuenta y no llevarnos un disgusto después de todo lo que habíamos luchado para conseguir nuestro sueño/pesadilla hecha realidad.

Estuve con mi amiga hablando mientras los calores y fríos seguían junto con los temblores de piernas y sobre todo brazos. Ahora sí que empezaba a llegar el momento… aunque a mi no me lo parecía porque no tenía esos dolores tan intensos de los que hablaba todo el mundo (os recuerdo que no tenía epidural por elección propia).

Pasadas las 14h llegó de nuevo el papá, mi amiga se marchó a trabajar y antes de irse me recordó que respirara y que no fuese tan dura conmigo misma, que ya era bastante doloroso todo lo que estábamos pasando y lo que nos venía, así que si sentía mucho dolor me aconsejó que pidiera medicación. Le dije que sí, que se fuese tranquila y que ya la mantendríamos informada.

Los dolores cada vez eran más intensos y fuertes, pero la verdad bastante soportables. Iba mirando la hora de reojo, así como podía, porque quería esperar a que llegara María. Pero de repente me tuve que abrazar a mi pareja (que estuvo acompañándome y dándome su confort, apoyo y amor en todo momento) y empecé a hacer movimientos circulares, sintiendo de una forma muy intensa aquellos últimos pasos de mi bebé dentro de mí.
Eran sobre las 15h cuando pero de repente y de forma casi incontrolable volví a tener la necesidad de ir al lavabo así que llamé para avisar y me dijeron que lo hiciera en una especie de orinal. Fue salir del baño y llegó una contracción muy fuerte así que abracé fuerte al papá y le dije que tenía mucho dolor. Empecé a sudar mucho y seguía con los temblores… (el papá dice que en ese momento me cambió la cara por completo). Él me dio la mano y no dejaba de soltarla, me intentó abrazar pero le dije que no quería abrazo. Me quedé en la cama como una cucaracha totalmente inmovilizada. Venía algo, lo sentía! Pero no sabía si seria él… Tocamos al timbre y apareció una comadrona que dijo: “¡Voy a buscar a María!”a lo que yo conteste: “¡Sí, por favor!”.

Empecé a notar que me salía algo, era como pipí, pero no podía ni controlarlo ni pararlo (era el líquido amniótico que empezaba a salir). Tenía mucho calor y me hubiera ido genial un abanico en ese momento pero lo único que pude hacer fue pedirle al papá que me soplara porque la verdad, no podía más. Enseguida llegó María y dijo: “¡Uf! ¡Pero si ya está aquí!”. Le hablaba a él y siguiendo con los movimientos ese dolor se fue haciendo cada vez menos intenso hasta que prácticamente desapareció. Cuando me vi capaz de moverme me ayudaron a colocarme bien en la cama y en ese justo momento empezó nuestro último baile. Noté todo su cuerpecito dentro de mí!! Di tres sentidos pujos: en un primero salió todo el líquido que aún quedaba. En el segundo salió él y es que lo sentí tal cual. Ya era su momento y salió de mi interior tranquila y suavemente.

Nuestro hijo nació muerto o con 18 semanas de vida pero él estaba calentito como si la sangre que corriera viva por sus venas. Finalmente salió la placenta a las 15.45h de la tarde de un día de abril en este 2019.

Enseguida me lo pusieron encima… Era mi hijo!! Esa sería la primera y última vez que lo iba a tener conmigo y no quería perderme ese momento. Su piel era casi transparente y muy muy suave, era tan pequeñito…solo pesaba 185 gramos y medía unos 20 cm, pero para nosotros era el más precioso de todos. Al principio tenía un tono de piel como rosado pero poco a poco se fue tornando a un color más moreno. Me lo dejaron encima unos minutos pero enseguida se lo dieron al papá porque había quedado placenta en mi interior y al no tener la epidural puesta tuvieron que llevarme inmediatamente a quirófano. Me sedaron para quitar el resto con un legrado que fue muy rápido ya que antes de media hora ya estaba de nuevo con mi bebé y mi pareja.

Estuvimos con él hasta más allá de las 19:00 y esas horas que pasamos a su lado fueron parte del momento más mágico, bonito, doloroso y triste que vivimos. Nos hicimos fotos, plasmaron sus huellas, le hablamos, le besamos, etc. Era tan bonito y estaba tan tranquilo y sereno…

No hay palabras que describan ese momento que vivimos y que no olvidaremos jamás. Pero de lo que no me voy a arrepentir nunca es de haberlo vivido de esa manera tan respetuosa, amorosa, cálida,… con la situación tremendamente dolorosa, triste y conmovedora que era. El era y será siempre nuestro tercer hijo.

Llegó por desgracia la hora de marcharnos de aquella habitación y teníamos que entregar a nuestro hijo. Al mismo momento en el que nos despedíamos de él, de su cuerpo tan frágil y tierno, escuchamos a una mamá gritar porque estaba dando a luz a su hij@ y fueron sus lágrimas y sus gritos los que nos despedían de aquella gran experiencia. El mundo nos estaba enviando una señal: la vida y la muerte siempre están y estarán unidas, aunque haya mucha gente que no lo quiera ver y aceptar. Así pues, le dimos nuestro pequeño a María y acto seguido ella lo envolvió con una toalla del hospital y nos dijo que nos fuéramos “tranquilos” que ella se haría cargo de él y lo cuidaría. Lo había hecho conmigo desde el primer momento en que entre al hospital, con su padre y ahora lo haría con él, con nuestro tercer hijo.

El siguiente paso fue ir a la funeraria y decidir incinerar a nuestro “feto”, porque al no cumplir los días/semanas suficientes no podía ser llamado por su nombre ni podríamos registrarlo como hijo nuestro y sin duda ese fue uno de los momentos más dolorosos del día.

Mi suerte fue llegar a casa y poder abrazar a mi hijo mayor ya que eso apaciguó en parte mi incalculable dolor. Las primeras palabras que salieron de su boca fueron: “¿Le diste el beso y el abrazo al bebé?”

Supongo que os podéis imaginar cómo estoy desde entonces… Hay momentos de todo tipo en esta montaña rusa del duelo: sentimientos contrapuestos que hacen que sigamos con nuestra lucha personal contra lo que la vida nos ha ofrecido y lo que debemos aceptar y aprender.

Agradezco infinitamente a todas las personas que nos acompañaron en todo el proceso y todas las que se han ido sumando para ayudarnos a poder hacer de esta durísima experiencia algo mágico, sin ellas no hubiésemos podido cumplir nuestro sueño y despedirnos como nos merecíamos de nuestro tercer hijo. Y es que de nuestro segundo no nos lo permitieron, fue otra historia muy dura también que en otra ocasión os explicaré pero estoy convencida que tanto de ésta, como de aquella, saldremos adelante…si, estoy segura. Desde luego no es un camino fácil y sin duda es una batalla que tendremos que pasarla con mucha compañía que gracias a Dios ya tenemos y estamos convencidos de que llegara más apoyo. Porqué nuestras estrellas, allá donde estén unen a todas sus familias al mismo tiempo que permanecen para siempre con nosotros y creo que esto es lo más mágico de todo.
Para acabar, me gustaría dar las gracias a mi familia y a mis tres hijos, pero sobre todo, y muy en especial, al que me ha permitido vivir esta experiencia que os he descrito en este relato.

Como habéis visto es la narración de un parto muy deseado, pero con un final muy diferente a los que podemos conocer normalmente. Nos encontrábamos ante un caso de interrupción del embarazo porque mi hijo padecía una enfermedad genética degenerativa que yo también padezco, pero del cual tengo poca afectación. Todos los médicos especialistas en el tema nos habían confirmado que él la iba a heredar en un mayor grado y que muy probablemente iba a causarle una vida de sufrimiento continuo. Tras mucha meditación y con el corazón roto en mil pedazos, tuvimos que tomar la decisión más dura de nuestra vida por segunda vez… Para sufrir ya llegábamos nosotros. El ahora se ha ido a un mundo mejor donde millones de estrellas le acompañan y estoy segura de que celebran sus fiestas, nos observan y de vez en cuando nos envían señales como estás…

Gracias a todos por haberme leido. Está es mi estrella__Tro’s.

NOCIONES LEGALES BÁSICAS

Consideraciones a tener en cuenta a la hora de reclamar una negligencia médica en el embarazo y/o parto.

Muy buen día tribu,

A lo largo de estos casi tres meses he recibido diferentes preguntas a cerca de que consideraciones tenemos que tener en cuenta a la hora de realizar una reclamación por negligencia médica en el embarazo, durante y después del parto. Así que le he pedido a mi marido Pablo que es abogado que me compartiera sus conocimientos conmigo para poder elaborar un post con información de interés a cerca de este tema que espero que os guste y os sirva de ayuda!!

Debemos tener en cuenta, antes de poder entablar cualquier tipo de reclamación por negligencia médica, de la índole que sea, que es imprescindible acreditar la existencia de tres elementos:

  • La evaluación del daño sufrido.
  • La actuación negligente de el/los facultativos.
  • El nexo causal entre ambos elementos, es decir, la intinseca unión entre la acción u omisión del facultativo y el perjuicio o daño que con ello se ocasiona.

En todos estos casos es realmente importante conocer qué pasos debenos seguir para concretar si existe negligencia, por parte de quién, así como eterminar su alcance y cuantificación. En un primer momento debemos obtener toda aquella documentación de carácter médico sobre la intervención de los facultativos.

Para acreditar la existencia de una negligencia médica, el primer paso a seguir para el que se crea afectado, es recopilar la documentación clínica que pueda acreditarlo, es decir:

  1. El informe de alta hospitalario del paciente: Es el documento emitido por el médico responsable en un centro sanitario al finalizar cada proceso asistencial de un paciente, que especifica los datos de éste, un resumen de su historial, un resumen de su historial clínico, la actividad asistencial prestada, el diagnóstico y las recomendaciones terapéuticas.
  2. Historia clínica del paciente: La historia clínica de un paciente es el conjunto de documentos que contienen los datos, valoraciones e informaciones de cualquier índole sobre la situación y la evolución clínica de un paciente a lo largo del proceso asistencial.

A dicha documentación podrá añadirse cualquier informe que requiera el paciente sobre una asistencia sanitaria concreta, como podría ser la hoja operatoria, en el que se recojan todos los datos de cómo se llevó a cabo una intervención, una hoja asistencial de enfermería, donde se recoja toda la asistencia de enfermería desde que el paciente es ingresado hasta que se le da el alta, …

Con posterioridad a la recopilacion de la documentación arriba reseñada, es imprescindible la existencia de una pericial médica que determine la existencia de la negligencia y determine quién es el responsable. Por tanto, debe contactarse con un perito médico especialista en este tipo de cuestiones para que realice un informe exhaustivo al respecto. O dicho de otra forma, que el perito realice un informe en donde se determine la negligencia, los daños provocados y la relación causal entre la actuación negligente y el daño provocado en el paciente.

Finalmente, debe determinarse la existencia y el alcance de los daños, ya sean físicos o emocionales. Para que la persona afectada pueda solicitar el resarcimiento de los daños, será también imprescindible determinar su existencia y cuantificación.

Para dicha cuantificación del daño sufrido, debe atenderse, según reiterada doctrina del Tribunal Supremo sobre la materia (SSTS de 9 de diciembre de 2008 y 11 de septiembre 2009), a la aplicación del Baremo de accidentes de tráfico contenido en el Anexo de la Ley 30/95 de 8 de noviembre, de Ordenación y Supervisión de los Seguros Privados.

Para ello, es también recomendable, aunque no imprescindible, que un perito médico especialista en valoración de lesiones realice un informe pericial sobre el estado de las lesiones y las cuantifique según el citado Baremo.

Una vez que hayamos realizado todos los pasos descritos y se pueda determinar por un profesional del derecho la viabilidad de la reclamación estaremos en condiciones de reclamar al/los responsable y, en su caso, a su posible aseguradora.

Cabe indicar que, si la reclamación no se resuelve de forma amistosa, habrá que acudir a los tribunales del Orden Civil si actuamos contra profesionales o centros médicos privados. Para el caso de que la reclamación por negligencia sea frente a la Seguridad Social, debe procederse a una reclamación por responsabilidad patrimonial contra la Administración.

Es especialmente importe tener en cuenta el plazo legal para ejercitar la acción de reclamación, pues ésta debe ejercitarse en el plazo de un año desde que se produzca el hecho dañoso que motive la indemnización o desde la fecha en la que se manifieste el hecho lesivo.

Ahora bien, cuáles son las negligencias médicas en el embarazo y en parto?, solo conociendo aquéllas podremos estar prevenidos frente a los mismas.

Podemos distinguir dos fases:

A)NEGLIGENCIAS MÉDICAS DURANTE EL EMBARAZO.

Durante el embarazo, las negligencias médicas más habituales suelen estar relacionadas con la falta de diagnóstico de malformaciones fetales. Por ejemplo:

1.- Errores en el cribado síndrome de Down.
2.- Errores al no diagnosticar malformaciones fetales evidenciables en las ecografías morfológicas que se realizan durante el embarazo. 
3.- La amniocentesis. En estos casos los errores pueden venir por no acordar su realización cuando la misma esta recomendada por las especiales circunstancias del caso, pero, también, por su deficiente realización que puede causar lesiones graves a la madre o al feto e incluso el fallecimiento.

B) NEGLIGENCIAS MÉDICAS DURANTE EL PARTO.

B.1) EN EL CASO DEL FETO:

Distocia de hombros: durante el parto los hombros del bebé se atoran dentro de la vagina de la madre. En muchos casos esta situación es previsible, por el tamaño del feto o la desproporción pélvico-cefálica, pero existen casos en los que sí es previsible. Para estos últimos, en los que se puede observar la distocia y no se acuerde la extracción programada mediante cesárea, podríamos estar ante una negligencia médica en el parto.

Sufrimiento fetal 

Retraso en la asistencia

B.2) EN EL CASO DE LA MADRE:

Distocia de hombros: esta circunstancia puede tener repercusión para el bebé, pero también para la madre. No es infrecuente que, en estos casos, se produzcan secuelas para la madre en forma de desgarros o lesiones en estructuras anotómicas colindantes.

Episiotomía: La realización de una episiotomía con una deficiente angulación puede suponer una negligencia médica que provoque secuelas en forma de lesión del esfínter anal interno y/o externo.

Desgarros vaginales: Se pueden producir por diversas circunstancias, pero esencialmente suelen venir aparejados al uso incorrecto de los fórceps o ventosa obstétrica.

Maniobra de Kriteller: Maniobra consistente en presionar de modo enérgico con ambos puños o con el antebrazo sobre el fondo del útero. En la actualidad dicha medida no esta autorizada por la SEGO en España salvo en aquellos casos en los que la cabeza del feto se encuentra ya encajada. Si se realiza antes puede provocar daños a la madre en forma de desgarros y lesiones a estructuras anatómicas colindantes.

Incontinencia fecal y/o de gases: En ocasiones acaece durante un breve periodo de tiempo tras el parto una incontinencia de gases. Circunstancia que puede ser completamente normal y no debida a una mala praxis. Sin embargo, si esta clínica permanece en el tiempo, puede ser consecuencia de una negligencia médica al haber pasado inadvertida (y no haberse reparado de forma precoz) una lesión del esfínter anal interno o externo.

Neuropatía del nervio pudendo: En ocasiones la deficiente asistencia por parte del obstetra puede provocar lesiones en el nervio pudendo en forma de neuropatía del mismo.

Aun con todo lo citado en este artículo, hemos de recordar que la catalogación como negligencia médica de una acción u omisión realizada por un ginecólogo durante el embarazo o durante el parto dependerá de si su actuación se ajustó a los protocolos y documentos de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), y  de una entidad dependiente de la misma, la SESEGO (Sección de Ecografía de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia)

Un consejo que os doy como abogado es que saqueis el móvil y grabeis todas las conversaciones que se produzcan en las consultas médicas o en el proceso del parto y hagáis fotografías o vídeos en los que se incluya la fecha y la hora en la que se están produciendo los hechos. Las pruebas son fundamentales en un juicio y aunque el juez finalmente no las acepte, podría resultar un gran apoyo en vuestra defensa. Un abrazo a todos y a todas.

“Post elaborado atendiendo a las consideraciones legales aportadas por el letrado del Ilustre Colegio De Abogados De Ferrol, Pablo Manuel C.G. con el número de colegiado 1276”

OTROS BEBÉS ESTRELLA

La ONFALOCELE se llevó a mi bebé.

Soy una chica normal como cualquiera de vosotras que me podáis leer. Vivo en Colombia y tras haber conocido a @una_madre_mas he decidido compartir la experiencia vital más dura que he vivido.

Cuándo supe que estaba embarazada fue una sorpresa enorme, tanto mi marido como yo estábamos muy felices e ilusionados ya que era nuestro primogénito. Enseguida pedimos cita para hacer nuestra primera ecografía (a las 8 semanas) y todo parecía normal. La siguiente era la de la semana 12 y ahí fue donde toda la alegría se apagó…Nos confirmaron que a nuestro bebito no se le había formado bien su parte abdominal y que tenía una malformación llamada onfalocele.

Esta malformación supone que alguno o todos los órganos de la cavidad abdominal se forman fuera y en caso de nuestro pequeño se veía que el higado estaba claramente fuera y estaba cubierto por una especie de membrana muy fina.

Desde luego no nos íbamos a quedar con una sola opinión, así que buscamos a uno de los mejores perinatologos de la ciudad que nos comentó que el onfalocele podía en ocasiones venir relacionado a una trisomia como la 18 o 21 y podía ser incompatible con la vida. También nos dijo que en ocasiones era una anomalia congénita aislada y en ese caso si era compatible con la vida. Nos ánimo a que siguiéramos adelante con el embarazo si la amniocentesis no arrojaba ningún resultado negativo ya que su problema quedaría solventado con una cirugía en el momento de nacer.

Las noticias fueron buenas ya que el líquido amniótico revelaba que a nivel cromosómico no había absolutamente nada irregular o extraño así que decidimos luchar por el con todo el amor del mundo y con la esperanza de que todo se quedara en un mal recuerdo.

Tuve un embarazo muy tranquilo sin ninguna complicación y aunque no podíamos olvidarnos de su problemita teníamos mucha fe en que todo saldría bien.

En la semana 37 tuve ruptura de membranas así que dado que en nuestro caso tenían que practicarme una cesárea nos fuimos al hospital corriendo. Gracias a Dios nació muy bien y yo no sufrí ninguna complicación pero el sentimiento de vacío es muy grande cuando sabes que se lo tienen que llevar inmediatamente a la UCI por su condición. El cirujano pediátrico junto con todo su equipo analizó cuando se podía operar y tras ello nos comentaron que dado que el hígado es un órgano grande tenían que ir introduciendoselo poco a poco para que de esta manera pudiera ir ampliándose su cavidad abdominal y tras ello cerrar con una operación.

Nos decían que era un procedimiento habitual en estos casos y la verdad yo jamás pensé que se iba a complicar tanto… De repente nos llamaron en medio de la noche para decirnos que nuestro bebito estaba grave, había desarrollado hipertensión pulmonar , una condición terriblemente grave en los bebés.

En cuanto llegamos nos dijeron que tenía muchas probabilidades de fallecer y yo no daba crédito… ¿Cómo era posible?? ¿Por qué nadie me había hablado de la posibilidad de la hipertensión pulmonar? Recuerdo que me arrodille llorando frente a un cristo que había en la sala de espera de la UCIN rogandole a Dios con el alma en pedazos que me lo dejara conmigo…

Al día siguiente nos comentaron que evolucionaba favorablemente, se estaba recuperando satisfactoriamente así que yo estaba dichosa!! Tenía mucha fe de que llegaría el día de la operación con su recuperación y por fin podríamos llevarnos a nuestro bebito a casa, pero eso no era lo que la vida tenía preparado para mi.

Tres días después de su recuperación nos volvieron a decir que estaba de nuevo muy grave , sus pulmones no respondían y su organismo no asimilaba correctamente la medicación que le suministraban. Llamaron a una psicóloga para que hablara con nosotros y nos decía constantemente que teníamos que estar preparados para lo peor porque mi bebé estaba muy delicado. Yo veía que el luchaba, que peleaba y tenía la esperanza de que volviera a mejorar de nuevo, porque no!!!

Creo que igual que todos los que hemos perdido a un hijo en circunstancias similares pasamos por momentos de negación, de no querer ver la realidad de la gravedad de la situación.

Finalmente llegó el día más temido y doloroso de toda mi vida. Era domingo 3 de marzo, llevábamos todo el día acompañando a nuestro Ángel junto con sus abuelitos así que decidimos ir a comer algo y a las 19:20 de la noche recibimos una llamada del hospital. Estábamos cerca así que llegamos enseguida y les juro que mi corazón se quería salir de mi pecho. Entré corriendo a la UCI pero ya era tarde; mi bebé había fallecido. Las enfermeras y los médicos nos intentaron reanimarlo pero el ya se había puesto sus alas para subir al cielo y por mucho que me arrodillara pidiéndole a Dios que no se lo llevara ya no había nada que pudiera hacer.

El se llevó la mitad de mi alma , fue la única vez que pude tenerlo en brazos, una vez que ya había muerto y fue totalmente desolador. Todo el equipo médico lloraba con nosotros supongo que debía de ser terrible vernos tan derrotados.

Ahora lo único que nos queda es resignarnos y pedirle a Dios fortaleza para poder seguir adelante ya que este, es sin duda el golpe más duro que jamás pensé que tendría que afrontar.

La palabra onfalocele me perseguirá hasta el fin de mis dias. La probabilidad de que un bebé presente onfalocele es de 2 entre 10 mil bebés, así que digamos que nos tocó una lotería pero de las malas.

Espero que mi historia sirva de espejo para otros padres y se den cuenta que esta patología no es tan simple como algunos médicos perinatologos la pintan. Tras la muerte de nuestro bebé supimos que una operación de este tipo atañe muchísimos riesgos y se asocian muchas complicaciones asociadas a la intervención. Quizá si algún padre busca información y lee mi testimonio puede tener la opción de decidir y no tener que ver a su hijo sufriendo hasta morir o sino al menos estarán preparados para lo que pueda suceder.

MI EMBARAZO

Lo que no nos cuentan del embarazo

Feliz martes a todos y bienvenidos. Hoy me gustaría hablaros del embarazo, no desde un punto de vista médico porque no tengo conocimientos suficientes para hacerlo, pero si desde un punto de vista humano. Para que a través de mi experiencia podáis conocer todo lo que conlleva traer un bebé al mundo y que habitualmente no nos cuentan.

El 30 de octubre del 2018 tuvimos el honor de traer al mundo a una niña preciosa llamada Sara. Lamentablemente ella nació con un cuadro malformativo que hizo que el 27 de febrero falleciera. A día de hoy no tengo la menor duda de que ella ha sido, es y seguirá siendo el motor de nuestra vida, aunque ya no esté entre nosotros. Sara ha conseguido que yo personalmente como madre comprendiera por fin cuál es mi objetivo en la vida, que no es otro que el darme a los demás, ayudando, comprendiendo y empatizando con el dolor humano. 

Dicen que no hay dolor más grande que perder a un hijo y desde luego que el hueco que sentí en mi alma cuando ella murió fue desgarrador. Pero gracias a ello, mi marido y yo pudimos conocer de primera mano la necesidad de darles voz a los bebés estrella y a todas sus familias. Entendimos la importancia que tiene concienciar al mundo de que la muerte temprana de un hijo es una realidad a la que no se le puede dar la espalda. Y por eso luchamos cada día, para que esta sociedad que cada vez parece ser más fría y menos humana, comprenda lo que ello significa.

Para poder entender lo que supone perder a un hijo de forma temprana, tenemos que empezar por comprender qué supone un embarazo a todos los niveles y que riesgos conlleva. Hoy en día, el ser padres se vende como un camino de rosas en el que experimentamos una experiencia maravillosa, única e irrepetible. Nos hablan de la gestación como un periodo mágico en el que parece que lo único negativo que puede suceder es que tengas náuseas, acidez o un parto más o menos complicado. Pero parece que nadie nos quiere contar que para una de cada cuatro mujeres y sus parejas (en caso de tenerlas), esta experiencia se convierte en su peor pesadilla. 

El embarazo es un proceso muy complejo, en el que la mujer se ve sometida a intensos cambios físicos y emocionales. Desde el primer momento en el que sabemos que estamos embarazadas, nuestra mente se prepara para dar la bienvenida a ese nuevo miembro de la familia. Con cada embarazo, se crean nuevas ilusiones y muchas esperanzas.

El tener una correcta atención sanitaria en el inicio de la gestación, es clave para que esa mamá y ese papá, sean conscientes de todos los posibles finales que se puedan dar. Esto, por desgracia, no evitará que los papás que pierdan a sus niños de forma temprana no sufran, no lloren, no sientan dolor… pero si reduciría el impacto emocional a la hora de enfrentarse a la muerte de sus pequeños, porque cuando se les informa de todas las posibilidades que existen, una parte de sus mentes les haría ser conscientes de que algo puede salir mal y sobre todo, de que es algo natural y muy común, por lo que no se sentirían solos, aislados o traicionados por el sistema.

Os digo la verdad, antes de tener a Sara mi marido y yo creíamos que un aborto era algo que sucedía en muy pocas ocasiones y que los bebés con malformaciones o con enfermedades raras eran casos aislados. Creíamos que hoy en día se podía saber de antemano y a tiempo, si un bebé venía en circunstancias incompatibles con la vida, o con circunstancias que le permitirían vivir, pero pasando un auténtico calvario. Por tanto pensábamos, que esos pocos casos serían o bien porque los médicos fallaron como seres humanos que son, o bien porque los padres decidieron no hacer pruebas de diagnóstico prenatal.

A nosotros nadie nos dijo que las malformaciones pueden no verse a nivel ecografico hasta la semana 32. Nadie nos contó que se puede sufrir un aborto en cualquier momento del embarazo y que tu bebé puede nacer sin vida o morir al poco tiempo. Lo único que sabíamos cuando me quede embarazada era que una vez que el primer trimestre estaba superado, el embarazo ya iba sobre ruedas y nada malo podía suceder. Y cuando hacíamos preguntas a cerca de los riesgos se nos contestaba que en eso no hay que pensar, que hay que ser positivo. Yo soy muy positiva, pero me gusta ser consciente de la realidad.

La realidad es, que la muerte de bebés o niños de forma temprana, es algo que lleva sucediendo desde el principio de los tiempos. De hecho si preguntáis a vuestras abuelas seguro que os cuentan que era muy habitual escuchar que un bebé o un niño habían muerto, habían nacido muertos o incluso que la mamá había fallecido en el parto. Hoy en día nos parece que los avances en la ciencia y en la medicina nos permiten saltar tantos obstáculos, que creemos que es imposible que nuestros pequeños puedan morir, pero la realidad es que no es así.

Durante el tiempo que mi hija Sara vivió recorrimos diferentes hospitales y yo he tenido la oportunidad de hablar con muchos padres y madres. Cada uno con su historia, con su dolor, con su pena… pero en todos, absolutamente en todos, pude notar los mismos sentimientos: el de abandono y el de engaño. Se sentían abandonados y engañados porque al igual que a nosotros, nadie les explicó todo lo que podía suceder durante y después del embarazo. Sufrían la falta de empatía de una gran parte de la sociedad y se sentían víctimas de la falta de protocolos de actuación en los hospitales, ante una muerte infantil bien sea intrauterina, neonatal o temprana.

Recuerdo el caso de Alba, una chica con la que tuve mucho contacto en el hospital. Muchas veces bajábamos juntas a tomar un café y fumar un cigarrillo mientras los papás se quedaban con los peques en la habitación. Y fue en uno de esos cafés, a las 3 de la mañana, cuando me relató las dos experiencias que tuvo con sus dos hijos anteriores. El primero era un niño precioso que nació sin vida a las 33 semanas y con el segundo les sucedió lo mismo pero a las 20 semanas. En ninguno de los dos casos le dejaron despedirse de sus hijos de una forma digna. No recibió ningún tipo de acompañamiento psicológico y tampoco sintió respeto por parte de la comunidad médica ni hacia ella, ni hacia sus criaturas. Como ella me contaba, siempre hay gente buena que te ayuda pero notó, que no había un protocolo de actuación por el cual los profesionales se puedan guiar. Mi sorpresa vino cuando me contó, que su segundo bebé fue tratado como material quirúrgico y no le permitieron dar sepultura a sus restos como ella habría deseado. Ahí mi alma se partió en dos. 

Y ahora me diréis, muy bien, todo esto es cierto pero… qué podemos hacer para que esto cambie?? Nosotros desde esta web pretendemos poner nuestro granito de arena contando nuestra experiencia y la de otros padres que nos escriben, para resaltar los puntos débiles del sistema e intentar crear conciencia para que las cosas mejoren. Nuestro puesto es débil, en el sentido de que no tenemos ni poder, ni influencias, ni somos sanitarios… pero desde aqui, desde el puesto de padres, intentamos que esto llegue al mayor número de personas posibles. Tratamos que desde el respeto, las personas que comparten nuestra opinión encuentren cobijo en esta web. En resumen:

– Queremos que se exponga de forma clara que es el embarazo y cuáles pueden ser los resultados del mismo.

– Queremos que se perfeccionen todas las pruebas de diagnóstico prenatal y se financie la investigación necesaria para ello.

– Queremos que ningún padre o madre se quede sin hacer ciertas pruebas diagnósticas por miedo, desconocimiento o falta de medios económicos.

– Luchamos por concienciar a la sociedad de que las malformaciones incompatibles o no con la vida y los bebés que nacen sin vida existen y que a cualquiera de nosotros nos puede suceder.

– Necesitamos que se escuche a todos los padres que quieran interrumpir su embarazo y se les de la opción en España sin límite de plazos. Legislar de forma que se incluyan todos los casos posibles, para que nadie tenga que irse a otro país con un sentimiento de deshaucio.

– Promovemos la necesidad de aceptar y comprender la muerte, como una realidad a la que no debemos de temer, porque es más certera que la vida. De esta forma dejará de ser un tabú para todos.

– Deseamos que se ofrezca a toda la sociedad las herramientas emocionales necesarias para afrontar probablemente el duelo más duro y difícil, que es el que supone la muerte de un hijo. De esa forma, podremos aceptar lo sucedido y evitar que no florezcan en nosotros sentimientos dañinos que nos impidan entender, que cuando la la vida se va, el cuerpo pasa a ser un recipiente vacío que puede dar vida a otros. En definitiva, concienciar de la importancia de LA DONACIÓN DE ÓRGANOS INFANTIL.

Os damos las gracias por habernos leído y nos encantaría que nos dejarais vuestra opinión, con el mismo respeto que nosotros intentamos trasladaros. Al fin y al cabo el intercambio de opiniones es lo que nos hace crecer y evolucionar como individuos, ¿no os parece? ¿Qué creéis de todo esto? ¿Vosotras también os habéis sentido solas o solos como padres? ¿Estáis de acuerdo con un aborto regulado para todos los casos? Os mandamos un beso enorme. Os queremos.