OTROS BEBÉS ESTRELLA

Mi Aitana, siempre serás la luz de mi vida.

Cómo cualquier embarazo mi historia comienza en el momento en el que vi esas dos rayitas bien marcadas en el test de embarazo. Madre mía en ese momento me puse tan nerviosa que me resbaló el teléfono móvil de las manos y cayó en un balde con agua que tenía a mi lado!!

Mucha gente se sorprendió y me crítico ya que había decidido ser mamá con 19 años (¿joven verdad?). Es cierto que me cuestioné en más de una ocasión si estaba haciendo lo correcto o no al buscar mi embarazo, pero la verdad es que ahora me arrepiento de haber perdido tanto tiempo haciéndome preguntas absurdas.

Por veces pensaba que mi bebé iba a ser un problema y que quizá hubiera sido mejor buscar este embarazo en un futuro. A día de hoy soy consciente de que mi hija fue el regalo más lindo que la vida me dio y que desde luego no hay momentos perfectos ni situaciones ideales. Cuando pasas por lo que yo pasé, te das cuenta de que es lo que importa de verdad.

Mi embarazo fue muy normal, tan solo estuve ingresada a las 28 semanas por una infección urinaria, pero mi nena estaba perfecta y no hubo más complicaciones. Los días iban pasando y la ilusión aumentaba de forma exponencial!! Miraba su ropita todos los días, la acomodaba, me la imaginaba a ella vestidita y la volvía a guardar. 

En una de mis últimas ecografías me dijeron que mi placenta ya estaba “madura” por lo que había que estar pendiente ya que la bebé podría dejar de recibir los nutrientes y el oxígeno que necesitaba, asi que en cada ecografía evaluaban la situación de la niña y confirmaban que todo estaba bien.

Una noche, a mis 37 semanas estaba con dolores muy fuertes de cabeza y con vértigo, así que con el papá de la bebé decidimos ir a una consulta ginecológica de emergencia. Parecía ser que estos síntomas no tenían nada que ver con el embarazo, pero el ginecólgo que estaba de guardia decidió pedirme el ingreso al ver las ecografías anteriores para poder ver el estado de salud de la pequeña más detenidamente.

Ella se movía como nunca, los monitoreos arrojaban resultados buenos, su ritmo cardíaco era normal y no había nada alarmante. Pero uno de los ginecólogos que acompañaba al doctor de guardia observó que el peso estimado de mi niña según la última ecografía (2,200kg) no era el que debía tener, por lo que decidieron inducir mi parto al día siguiente.

Tuve varias opiniones distintas de distintos ginecólogos y parteras durante dos días de ingreso….algunos pensaban que su peso era bueno, otros que pesaba muy poco y hasta el día de hoy sigo sin saber con exactitud si esa decisión de la inducción a causa de un supuesto peso inadecuado fue oportuna o no.


El 9 de abril de 2019 por la mañana me pusieron oxitocina para desencadenar las contracciones y a medida que iban pasando las horas tenía cada vez eran más intensas y aún así cuando dieron las 20:00h me indicaron que no había dilatado absolutamente nada.

Al día siguiente me dijeron que no podían esperar más tiempo así que la niña tenía que nacer, (esa sería la fecha de su cumpleaños!!!) Su papá se tuvo que ir a trabajar así que fue madre quien me acompañó durante mi trabajo de parto. Me rompieron la bolsa a las 11:00 y cuando dieron las 18:00 ya no aguantaba más el dolor. Tras un día y medio de mediación para la inducción yo tan sólo había dilatado 3 cm, por lo tanto deciden hacerme una cesárea de emergencia.

A las 18:35 nació Aitana. Me la pusieron al lado, le di un besito y rápidamente se la llevaron para vestirla y hacerle el chequeo. Pesaba 2,760kg y medía 46,5 cm. Todos en el hospital me felicitaban y me decían que era una bebé muy bonita y ya cuando terminaron de coser la incisión de la intervención me llevaron a la sala de recuperación donde pude ver a mi mamá con mi niña en brazos. La miraba y no podía creer que fuera mía. Enseguida llame a una partera (en mi pais se llama así a la mujer que atiende el parto) y le pedí que me ayudara a la que la nena se enganchara al pecho, pero Aitana se quejaba todo el tiempo. La tuve pegadita a mi pecho unos 10 o 15 minutos mientras le hablaba y le acariciaba su carita, hasta que la partera me dijo que si seguía quejándose iban a tener que llevarla a la enfermería y pocos minutos después definitivamente decide ponerla en una cunita y llevársela.

Mi madre fue quien la acompañó y cuando regresó me dijo que en una hora tenía que ir a ver como estaba la bebé y si todo iba bien me la traían así que mientras esperábamos estuvimos conversando con mi compañera de habitación que ya tenía a su bebé. Comenzaron a llegar visitas de toda la familia y yo no podía estar más contenta.

Pero horas después el neonatólogo acude a la habitación para decirme que Aitana no estaba mejorando con el oxígeno y que debían llevarla a la UCI porque su dificultad para respirar era cada vez mayor. Aún así me decían que no debía de preocuparme puesto que estaba todo bajo control. En cuanto me permitieron levantarme quise ir a ver a mi bebé, pero tuve la mala suerte de que sufrí una fuerte hemorragia por lo que tuve que volver a la habitación y no pude verla.

A las 5:00 de la madrugada una muchacha le pidió al papá de Aitana que fuera a por unos documentos y cuando volvió a entrar en la habitación le vi los ojos llenos de lágrimas: nuestra hija estaba muy grave.

No se como lo hice pero en ese momento me incorporé, me senté en una silla de ruedas y le pedí que me llevara hasta donde estaba mi niña. Según entro veo una incubadora rodeada de personas, con muchísimas máquinas alrededor y pitando sin parar… Ese bebé era Aitana. Yo lloraba y no entendía que le pasaba, les preguntaba porque me habían inducido el parto y maldecía su decisión…

El neonatólogo me explico que Aitana tenía algún tipo de bacteria instalada en sus pulmones que los estaba consumiendo por lo que el riesgo de muerte era muy alto así que ni siquiera la pude tocar… Tan sólo miraba mientras seguía en shock como su pancita subía y bajaba gracias a los respiradores.

Con ella se quedó su padre y mi madre conmigo. Tras esperar un tiempo prudencial y al ver que su papá no volvía, le pedí a mi madre que fuera a averiguar como iba todo. A los pocos minutos llega destrozada y me dice que mi bebé se va a morir, que estaban esperando a que dejarade respirar porque no había nada que se pudiera hacer. Su padre bajo corriendo para poder estar con ella y no dejarla sola en ese momento.

Pude oír como se me partía el alma, sentía impotencia, dolor y una pena terrible. A los pocos minutos viene una enfermera a buscarme porque el neonatólogo quería hablar conmigo. Le pregunté si había fallecido con la esperanza de llegar a tiempo para verla, pero asintió con la cabeza… Había llegado tarde.

Cómo pude volví de nuevo a subirme a una silla para poder despedirme de ella. Según llegue pedí que me la dieran, la agarré en mis brazos y grite como nunca en mi vida lo había hecho. Le dije que la amaba y le pedí perdón por no poder haber hecho nada por ella. Le agarré su manita, y miré su cuerpecito completo para grabarlo en mi mente. Era tan linda mi niña y me transmitía tanta paz… Le di un besito en su frente y me llevaron a la habitación.

No quería visitas, quería estar sola pero nadie respeto mis deseos, allí aparecía gente a discreción. El personal del hospital sin embargo fue muy empatico conmigo ya que me llevaron a una habitación individual para ofrecerme tranquilidad y sosiego, un detall por el cual estoy muy agradecida.

Una vez me dieron el alta, durante 20 días mi recorrido en casa era del baño a la cama y de la cama al baño. Tiempo más tarde mi madre decidió volver al hospital para hablar con el neonatólogo ya que seguíamos sin saber la causa real del fallecimiento de Aitana y al parecer yo tenía un virus llamado “Estreptococo b”.

Está fue la explicación que nos dieron:

A pesar de que este virus se suele contagiar al pasar por el canal del parto, el caso de Aitana era muy extraño (de hecho uno entre millones) ya que ella lo contrajo a través de la placenta. Al parecer no hay forma de detectarlo mediante ningún tipo de prueba de diagnóstico prenatal y aún sabiéndolo, por más que me hubiesen pasado el antibiótico durante el parto, no hubiera servido de nada puesto que su virus ya estaba muy avanzado. Finalmente se desencadenó una sepsis neonatal (infección invasiva generalizada) y falleció a causa de esto.

No le doy vueltas a las causas de su muerte para no volverme loca, sin más.

MI APRENDIZAJE.
A pesar de ser muy reciente todavía y que por supuesto la lloro a todas horas intento seguir adelante. Aitana tenía una misión que cumplir y estoy convencida de que de alguna forma vino a ayudarme a madurar, a entender la vida y a enseñarme lo que significa amar sin límites. Pero sobre todo me mostró que haya personas maravillosas que son capaces de ponerse en tu lugar y darte todo su apoyo aunque no te conozcan de nada. Según van pasando los días voy siendo capaz de recordar a mi hija con una sonrisa y puedo hablar de ella sin llorar descontroladamente.

Quiero darle las gracias a @una_madre_mas por darle voz a los bebés estrella, es muy importante que la sociedad los reconozca como hijos que son aunque no estén aquí en la tierra y que se hable de ello sin tapujos. Lamentablemente nadie está libre de vivir algo así y aunque no se sepa sucede mucho más de lo que nos imaginamos. Nuestros bebés existieron y van a existir por siempre en nuestro corazón y aunque la gente no lo comprende a nosotras nos encanta recordarlos. Tan solo muere quien queda en el olvido y gracias a nuestra memoria y a Silvia que publica sus historias nunca morirán.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Izan, mi ángel, mi estrella

Mi embarazo fue tan bueno… No tuve ninguna complicación tampoco náuseas aunque si ardor de estómago y un dolor de espalda bastante molesto, pero nada de eso me importaba porque mi pequeño estaba bien así que era una embarazada muy feliz.

Cumplía cuarenta semanas y estaba tan ansiosa por conocerte, ver tu carita y tenerte entre mis brazos que esos días de espera se hacían eternos!! El día que salía de cuentas tuve revisión en el hospital y me confirmaron que eras un grandullón al que le encantaba dormir pero que todo seguía su curso con normalidad así que no había nada de lo que preocuparse.
Tres días después de esa revisión rompí aguas en casa y enseguida aparecieron las contracciones que se repetían cada cinco minutos. Que alegría sentía, ya estabas a punto de conocer el mundo mi niño.

Me fui al hospital y cuando llegue estaba dilatada de 3 cm así que llevaba un buen ritmo y mientras el doctor te miraba con el ecógrafo de repente me cogió la mano, me miró a los ojos y me dijo: “No hay latido”

No me lo podía creer, era imposible!!! Se tenía que estar equivocando que sentido tenía? Mi hijo estaba bien hacía tres días y ahora estaba muerto?? Cómo era posible?

Me dijeron que tenía que dar a luz pero yo me sentía asustada y necesitaba que todo pasara deprisa, que se acabara lo antes posible como si de una pesadilla se tratase y quisiera despertarme. Nadie me había explicado cómo sería el parto de un bebé muerto así que no tenía ni idea de lo que se me avecinaba.

Era 11 de marzo y a las 05:20 te di a luz pero llegaste al mundo sin vida. Los profesionales sanitarios que me atendieron no me aconsejaron que debía hacer, si conocerte o por el contrario no hacerlo, pero tenía muy claro que ni la propia muerte iba a impedir que te tuviera en brazos, te besara y te envolviera con mi amor… Mi niño, mi pequeño y precioso Izan. Cómo asumir que no ibas a venir a casa a disfrutar de tu vida rodeado del calor de tu familia?

Llegue a casa con los brazos vacíos y un terrible hueco en mi alma y en mi vientre haciendo que mi vida careciera de sentido sin ti. Los días posteriores fueron un infierno ya que no encontraba consuelo en nada ni en nadie. Cada vez que me encontraba a alguien se repetían las mismas frases “tienes que olvidarlo” “pasa página” “pasó porque tenía que pasar, no le des más vueltas” y llegue a tener miedo a salir a la calle porque no quería oír como la gente intentaba borrar a Izan del mundo. Era mi hijo ¿Por qué nadie me comprendía?

La explicación que me dieron fue que había sido un accidente y que le tocaba a una mujer entre un millón. MENTIRA. Somos muchas, somos demasiadas como para que se nos clasifique en una simple estadística.

Doy gracias a la asociación “Bolboretas no ceo” (Mariposas en el cielo) que me dio vida, me consoló y dio esperanza cuando todo el mundo me daba de lado. Por fin me sentía comprendida y podía poner voz a mi dolor, mi hijo existió y sigue existiendo en mi corazón. No está conmigo físicamente pero vela por mi e ilumina todos mis días y mis noches protegiendo mis sueños y calmando mis miedos. No tengo tus huellas, no tengo una fotografía tuya, pero te llevo tatuado en la piel al lado de tu hermana y anclado en mi alma. Te amo Izan.