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MI EMBARAZO

Embarazo de alto riesgo: mi experiencia

Si juntamos las palabras “riesgo” y “embarazo” a cualquier mujer se nos ponen los pelos de punta, pero cuando aún encima le añadimos la palabra “alto” sentimos puro terror, lo cual no es de extrañar. Hoy vengo a hablaros de mi experiencia como embarazada de alto riesgo y a contaros como manejé una situación tan delicada tanto a nivel físico como emocional.  Por resumirlo así rapidillo un embarazo de alto riesgo es aquel que tiene más posibilidades de desarrollar complicaciones tanto para la mamá como para el bebé, así que eso implica entre otras cosas que se realicen visitas médicas más a menudo que si se tratase de un embarazo “normal”. 

Obviamente saber que tú o tu bebé corréis un cierto peligro no es plato de buen gusto para nadie, en mi caso la obstrucción intestinal que tenía mi hija Sara suponía los siguientes riesgos:

  • Parto prematuro
  • Rotura temprana de membranas
  • Una barriga mucho más grande de lo normal debido al exceso de producción de líquido amniótico (polhidramnios)
  • Dolores de espalda y abdomen mucho más acentuados

Los médicos me recomendaron reposar lo máximo posible así que no caminaba demasiado, no hacia ningún tipo de deporte y llevaba una vida lo más relajada posible. La verdad es que yo lo pase mal al principio y muchas veces me sentía un bicho raro. Veía en instagram a otras mamás tan felices con sus embarazos disfrutando de saber que sus bebés estaban sanos, viéndolas viajar, asistiendo a eventos, organizando baby showers, que me sentía tan diferente y tan frustrada… No dejaba de darle vueltas a que había hecho mal o a que podría haber cambiado y estaba muy enfadada conmigo misma porque de alguna manera mi cuerpo o mi sangre había fallado a mi bebé y la ponía en peligro. Me sentía incomprendida e inútil, el mundo seguía corriendo y yo estaba totalmente paralizada esperando a que nada se torciera para que mi hija naciera lo más tarde posible.

Pero un día mientras hablaba con una amiga me di cuenta de que estaba mucho más centrada en todo lo malo que podía pasar en vez de en todo lo bueno que estaba viviendo, así que decidí hacer ciertas cosas que me ayudaron a sentirme mejor. Poco a poco fui entendiendo mi situación y aceptando que mi embarazo era diferente pero no por ello peor, así que en el día de hoy os dejo algunas recomendaciones que en su momento a mi me hubiera encantado recibir de una madre que hubiera pasado por lo mismo.

  • Deja de pensar que estás sola, hay muchas más mamás que pasan por embarazos de alto riesgo de las que nos imaginamos. Si tus amigas o tu entorno se olvida un poco de ti, recuérdales tú que estás ahí!!! A mi por ejemplo muchas veces no me llamaban no porque no quisieran verme, sino porque no querían molestarme.
  • Sal a la calle y si no puedes aunque sea saca la cabecilla por la ventana, no te imaginas lo bien que le sienta el aire fresco y la luz natural a nuestro cerebro, hace que veamos las cosas con más claridad y que tengamos la mente más despejada. 
  • Cuida tu alimentación porque yo me arrepentí de no haberlo hecho. Hacía mis comidas principales saludables pero lo de picar dulce me poseía totalmente. Nunca comí tantos donuts en mi vida como cuando estaba embarazada!! Al fin y al cabo somos lo que comemos y nuestra alimentación influye directamente sobre nuestras emociones.
  • Haz meditación, practica yoga o cualquier tipo de ejercicio mental que implique concentración y te lleve a lograr plenitud mental. Una amiga mía se entretenía haciendo bolillos y yo retomé el punto de cruz que hacía años que no tocaba. Busca actividades que te gusten y en las que la mente tenga que estar atenta.
  • No te sientas en la obligación de estar  constantemente alegre o animada para los demás porque expresar tus emociones te va a ayudar mucho a entenderlas y a saber gestionarlas. Además te hace ser consciente de la realidad y eso te impulsa a cambiar aquellas actitudes más dañinas.
  • Pero mucho muchísimo ojo!! Si crees que llevas demasiado tiempo sintiéndote triste, decaída, te culpas demasiado o sientes demasiada angustia pide ayuda. Muchas depresiones o cuadros de ansiedad se producen porque nos da vergüenza molestar a los demás con nuestros problemas pero debemos entender que cuando no podemos salir adelante solos, tenemos la obligación de tirar de nuestros seres queridos o de profesionales. No puedes pretender que los demás te entiendan si no les explicas que te sucede o cómo te sientes y para los que te rodean es terrible ver cómo te caes sin poder hacer nada por ti. 
  • Y si estás sola porque eres una mamá soltera, viuda o sin apoyo familiar o crees que tus seres queridos no te comprenden para eso estoy yo aquí, para ayudarte. No dudes en ponerte en contacto conmigo a través de mi correo electrónico o mis redes sociales, estoy segura de que tanto yo como mi comunidad te podremos ayudar de alguna manera.

Espero que te haya gustado este artículo pero sobre todo que de alguna forma te pueda ayudar a pasar tu embarazo de la mejor forma posible. Un beso gigantesco!!! 

MI EMBARAZO

La fuerza no solo nace, también se hace.

A menudo personas maravillosas que ven mi día a día o dedican un ratito de su tiempo en leer mis desvaríos en redes sociales me dicen que tengo mucha fuerza y ayer por la noche pensé “¿ Y si les cuento con más detalle de dónde viene esa capacidad de lucha? Es probable que no os guste o no os aporte nada nuevo lo que os voy a contar pero también puede ser que os ayude a entender dónde está localizada esa energía o esa fortaleza vuestra y como hacer para sacarla.

Pero antes de empezar quisiera deciros que lo que yo os cuento siempre es mi punto de vista, mi opinión tras mis vivencias personales y para nada tiene porqué coincidir con la vuestra. Tampoco pretendo ser ejemplo de nada ni dar lecciones (solo faltaría quien soy yo para hacerlo), solamente es compartir información que pueda ser de interés para vosotros.

Veréis yo siempre pensé que mi vida había sido muy dura y muy difícil en algunos aspectos y me parecía que todas las demás personas que me rodeaban lograban más cosas que yo o simplemente tenían más éxito en todo lo que emprendían. Cierto es que aunque tuve mucha suerte con mi familia, mi crianza no fue fácil. Sufrí acoso escolar, tuve relaciones sentimentales toxicas y amigas más toxicas todavía, pero ahora que lo veo con perspectiva soy consciente de que todo eso me llevo a ser quien soy hoy. De hecho siento que cuanto más sufro en la vida más crezco y avanzo como ser humano y como persona. Y aunque me rompo muchas veces, cuando me recompongo me vuelvo más fuerte y gano más seguridad en mí misma.

Fundamentalmente lo que hice fue coger toda la rabia, todo el dolor y toda la ira que tenía en mi interior desde hacía años por todas esas situaciones negativas y canalizar todos esos sentimientos hacia otro mucho más poderoso y amable; el amor por los demás. Me di cuenta de que había cosas que no iba a poder solucionar y otras que si podía solucionar, pero ni era ni es el momento, así que decidí que lo mejor que podía hacer era entregarme a aquellas personas que realmente me necesitaban. ¿Y cómo lo logré? Mirándome al espejo y anulando lo máximo posible mi ego.

Así que cuando Sara murió, ya tenía esta lección aprendida y quizá por eso me resultó mas sencillo gestionar este nuevo, terrible e incalculable dolor que produjo en mi su pérdida. La mejor manera que encontré de darle salida fue escribiendo, contando, compartiendo y desnudando mi alma sin miedo, para que todo aquel que estuviera perdido pudiera encontrar un poco de luz en su camino a través de mis vivencias, experiencias y emociones.

En general tengo la sensación de que nos pasamos la vida culpando a los demás de nuestras desgracias y ansiando todo aquello que no tenemos. La codicia, la envidia, los celos… son sentimientos propios del ser humano que debemos aprender a manejar y controlar. Nadie tiene una vida perfecta por mucho que lo parezca desde fuera y todos tenemos carencias, dudas, miedos y problemas, lo que nos diferencia a unos de otros es la manera en la que lo gestionamos.

Quizá esperáis que ahora os suelte alguna frase típica como “tu momento es ahora, hazlo” ” no dejes pasar más tiempo” “cambia de vida, de carrera, de domicilio o de trabajo” pero la realidad es que cada uno tiene unos tiempos y nuestras circunstancias no son siempre favorables para poder iniciar esos cambios. Por eso pienso que lo que realmente importa es que no dejemos de trabajar en el objetivo que tenemos teniendo muy presente siempre que el deseo o el trabajo para lograr lo que deseamos no son métodos infalibles para llegar a el. Porque la realidad es que por mucho que ansiemos o peleemos por algo, a veces la vida tiene otros planes para nosotros. Esto no significa que hayamos fracasado, sino más bien que lo hemos intentado pero la vida, por los motivos que sea, no nos lo ha querido dar.

Supongo que me diréis ” ¿pero entonces que sentido tiene la vida? Nos enseñan a que si pensamos positivo, la vida nos traerá cosas positivas (véase el libro de el secreto), que si luchamos con ansia y sin descanso llegaremos a lograr todo lo que nos propongamos. Sin embargo tengo el total convencimiento de que estas creencias sociales que se han instalado en nuestro mundo son producto del marketing empresarial usadas como arma de doble filo en cuanto a que logran que nos convirtamos en auténticos frustrados e inconformistas y por ende no dejemos de consumir lo que sea necesario para lograrlo. A más frustración más consumo y a más consumo más frustración.

Y si, tal y como está montado el chiringuito este pensamiento es lógico!!! Cómo seres sociales que somos, si todo el mundo nos dice qué sumando 1+1 salen 2 nosotros nos lo creemos y si nos conviene ese resultado lo intentamos y lo intentamos para ver si lo logramos, muchas veces perdiendonos en el intento y alejándonos de nuestra propia realidad. El problema es que por desgracia la vida…no es una operación matemática.

Entonces ¿qué es lo que yo puedo recomendaros bajo mi propia experiencia? Que no miréis para nada ni para nadie. Que os busquéis a vosotras mismas/os y os conozcáis bien a fondo. Intentad ser muy independientes de forma que necesiteis lo menos posible a los demás. Y cuando veáis que hay algo que se os escapa o que necesitáis ayuda, observad con humildad y respeto y dejaros guiar o aprended del que sabe más que vosotros. Esto os va otorgar seguridad y confianza en vosotros mismos/as.

Si lo pensáis, controlamos una parcela muy pequeña de nuestra vida, pero aquella parte de la que somos dueños debemos de guardarla, cuidarla y apreciarla. Sed generosas/os y torturad vuestro ego hasta que desaparezca o al menos hasta que consigais que este callado. Levantaos cada día repitiendo que no sois más ni menos que nadie, que no tenéis más ni menos derechos, ni virtudes, ni defectos que los demás. Aprended a huir de los conflictos y a respetaros a vosotros mismos/as sobre todas las cosas.

(APUNTE) El respeto hacia uno mismo no debe confundirse con el ego. Respetarse no significa quererse mucho a uno mismo o anteponerse siempre a todo o a todos. El respeto se trata de conocer tus límites y marcarlos siempre y cuando respetes al otro. Es no criticar a los demás para no ir en contra de ti mismo/a (porque tú también fallas). El respeto es no gritar, no hacer daño, no insultar, no pisar a los demás por mucho que te molesten porque cuando lo haces, le estás faltando el respeto a la esencia de tu alma. El alma es buena, noble, leal y sincera por naturaleza, es el hombre el que la malogra.

“El ser humano es malo por naturaleza, el alma es bondadosa en toda su esencia”

Desde luego no puedo deciros que si pensáis todos los días en positivo podréis tener el trabajo de vuestros sueños o la vida que deseáis, pero lo que si os puedo garantizar es que si luchais cada día contra vosotros mismos/as, si peleais por seguir el camino correcto, si os empeñais en aplacar todos los malos sentimientos y pensamientos, trabajando para mantener el equilibrio y os inclinais hacia la generosidad, la empatía y la comprensión, seréis mejores personas y por ende surgirá esa fuerza, entereza y resignación para enfrentaros a la vida.

Meditar es fundamental y no hace falta ser un experto en la materia, simplemente con poner música relajante y dejar libre la mente es más que suficiente.

Haced ejercicio!! Y manda huevos que os lo diga yo que soy la persona a la que más le cuesta en el mundo ponerse, pero mi experiencia me dice que la actividad física si que puede ser una tabla de salvación ante el estrés y los “sinsudores” de la vida.

Y ya para acabar, no podía dejar de mencionar la importancia del humor. Reírme de mi misma y de lo que me sucede hace que pierda importancia, hace que entienda la vida como una especie de broma en la que no siempre salgo yo ganando, es más, la mayoría de las veces pierdo. Ese humor me mantiene viva, me da alegría y hace que relativice mi experiencia vital.

Así que si queridísima tribu, de todo esto es de dónde viene mi fuerza, de pelearme cada día conmigo misma y de corregirme cuando me equivoco, de reírme cuando me caigo, cuando me levanto y de cómo lo hago. Es una lucha permanente y a veces cansada pero que merece la pena librar. Y por supuesto del ejemplo que me dio Sara, que me demostró que no importa la edad que tengas ni los obstáculos que te encuentres, lo único que cuenta es no cansarse nunca de lograr ser la mejor versión de uno mismo.

CHARLAS Y PONENCIAS

Charlas y ponencias

Tras vivir la muerte de mi bebé de forma temprana, he elaborado una serie de servicios con el fin de apoyar a familias en situación de duelo. El mundo de los sentimientos y las emociones siempre me ha fascinado por lo que al finalizar mi carrera universitaria me di cuenta de que lo que había estudiado, no era mi vocación. Por falta de tiempo y medios no pude estudiar otra carrera más así que inicié mi formación de forma autodidacta, e hice diferentes cursos formativos de Coach Emocional para aprender a transmitir todo mi aprendizaje correctamente. Por eso ahora me siento con la capacidad y de alguna forma con la obligación de ofrecer mis conocimientos y mis vivencias a todos aquellos que lo necesiten. Estas son las formas que tengo para poder ayudarte:

  • Conferencias a cerca de cómo enfrentar el duelo perinatal, neonatal o de forma temprana
  • Conferencias para ayudar a entender la muerte y acepar nuestra vida tal y como es
  • Charlas en colegios para que los niños puedan interiorizar el concepto de “muerte” sin miedo y lo acepten como parte de la vida
  • Apoyo personalizado para mamás y papás en duelo proporcionándoles las herramientas necesarias para poder gestionar su dolor de la forma más saludable posible.
  • Formación de grupos de apoyo

Si crees que necesitas cualquiera de estos servicios no dudes en enviarme un correo a:

unamadremas.colaboraciones@gmail.com

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Relato de un parto muy deseado. Mi estrella Tro’s

Esta es la historia de mi parto… El parto más deseado y más bonito que podría haber tenido debido a una serie de circunstancias que iré explicando a lo largo del relato de forma que tod@s entenderéis el porqué.

Símbolos de puro amor

Después de una lucha burocrática y personal con mi Mutua, ésta finalmente aceptó que podía parir en el hospital que yo pedía. Las circunstancias del momento y de lo sucedido me impedían ir a la clínica privada donde ellos me mandaban y, gracias a mucha gente que me ayudó, pude dar a luz en un hospital con un protocolo especializado para mi caso. La noche anterior no recuerdo si descansé o dormí mucho, pero lo que sí sé es que soñé con mi parto, aunque ese sueño no se parecía en nada a lo que viví.


Dejamos a mi peque de 5 años recién cumplidos con los yayos medio dormido, y nos despedimos de él con un fuerte abrazo. Sus últimas palabras me llegaron muy adentro: “Dale un beso muy fuerte de mi parte y un abrazo”. Mi principal miedo era que el trabajo de parto durara muchas horas y que él tuviera que pasar la noche con los yayos ya que nunca ha dormido en otro sitio que no sea con nosotros (ha sido elección suya y siempre se la hemos querido respetar). En esta ocasión cabía la posibilidad y aunque intentamos concienciarle mucho desde el primer momento él no estaba muy convencido, así que nos despedimos sin saber hasta cuándo nos veríamos.

Llegue con mi marido sobre las ocho pasadas debido a las retenciones de tráfico que encontramos y la verdad es que la entrada fue dura porque nada más cruzar la puerta, me encontré con varias mujeres que estaban en el mismo estado que yo, pero que seguramente no iban para lo mismo ni tendrían el final que a nosotros nos esperaba así que empecé a derrumbarme bastante.

Nos pasaron al paritorio y me ingresaron en un box. Enseguida entró la comadrona, se llamaba María, y me cogió de la mano al momento, me preguntó cómo estaba y me mandó quitarme toda la ropa y prepararme para el momento.

Así que me tumbé en la camilla y María se sentó a mi lado. Me dio la mano y hablamos… ¡Hablamos mucho! Me explicó como sería el proceso, aunque yo ya iba preparada porque me lo habían explicado anteriormente en la visita y a mayores tenía una gran suerte de haber estado en contacto previamente con muchas otras mamás que habían pasado por lo mismo. Me empezó a contar todos los efectos secundarios que tendría y juntas repasamos el plan de parto que yo llevaba, lo cual simplifico mucho todo basicamente porque me permitían hacer todo lo que yo había planeado. La verdad que fue fantástica, me dijo que todo lo que quisiera lo pidiera y que ella me lo concedería siempre dentro de sus posibilidades y de las circunstancias del momento, claro.

Algo que tenía muy claro y que decidí desde el principio era que quería hacer todo el proceso sin epidural y a pesar de que sabía que el protocolo era ponerla, aceptaron sin ningún problema y quedamos que siempre podría pedirla si me veía con la necesidad. A las nueve pasadas me realizó un tacto para comprobar que todo estaba correcto y apenas noté molestia ya que fue muy respetuosa y cariñosa, en todo momento me decía siempre lo que iba a hacerme y como. Entonces empezó a ponerme la primera medicación: cuatro pastillas de Misoprostol por vía vaginal que desencadenarían las contracciones y el inicio del parto. Para que os hagáis una idea, María nos dijo que en la inducción de “un parto a término” se usan unos 25gr y a mi me iban a poner 800gr.

El reloj todavía no marcaba las diez y yo ya empecé a notar los primeros efectos secundarios de la medicación que María me había dicho: temblores, escalofríos y frío. Mi cuerpo empezaba a transitar en una mezcla de emociones que ya venían de muchos días atrás… Mis piernas se movían solas y no podía pararlas, las manos y los brazos también, pero lo de las piernas era algo brutal. Me hizo transportarme y recordar la experiencia de mi primer parto con mi hijo mayor, que también tuvimos la suerte de que fue muy respetado y consciente.

Estaba tumbada en la camilla porque me pusieron suero y tenía que estar quieta, pero en cuanto me lo quitaron salté de la cama porque necesitaba moverme. Tenía tanto frío que tuve que ponerme un chaquetón que llevaba!! Tal y como me había avisado la comadrona mi temperatura corporal comenzó a subir y apareció la fiebre por causa de la medicación (de hecho tenía que controlarlo porque podía subir demasiado).

Yo me sentía bien, no estaba nerviosa, empezaba a notar movimientos raros en mi barriga y comenzaba a moverse “sola” sintiendo lo mismo que cuando tienes sensación de hambre, era como si mi interior fuera un mar cuyas unas olas iban rompiendo en mi vientre.

Era el momento de preparar su “altar” así que le preguntamos a María donde podíamos poner las cosas que habíamos traído para acompañar su llegada y nos dijo que lo podíamos hacer en su camita. Fue el mejor sitio que pudo aconsejarnos porque quedó preciosisimo: allí colocamos todas las cosas que me habían dado unas amigas en una ceremonia realmente emotiva que le dedicamos unos días antes. Las fotos de las ecografías que teníamos, todos los miembros de la familia representados y “la ropita” que nos había hecho una amiga muy especial poniendo todo su amor y cariño. Le pedí al papa que nos hiciéramos fotos: nos hicimos fotos juntos, separados, al altar solo, de todas las maneras aprovechando que yo no tenía muchas molestias todavía.

Aquí estoy yo al lado del altar de mi bebé


Empecé a notar otro de los efectos secundarios de la medicación con el que mi pobre marido tuvo que lidiar también: gases y cagaleras de una forma muy exagerada… con un olor muy fuerte, la verdad. Tuve que ir muchas veces al baño y en ese momento sí que me dolía bastante la barriga y sentía como algo dentro de mi pasaba o se estaba preparando.

Sobre las doce me explicaron que me pondrían de nuevo dos pastillas y que si lo veían bien me romperían la bolsa para facilitar el parto y hacerlo más rápido, pero no pudieron porque no llegaban aún al cuello del útero y apenas había dilatado. El tacto fue algo más doloroso, pero soportable. Me pusieron dos pastillas más y me volvieron a dejar en la habitación así que podía moverme, estar a mi aire y sobre todo tranquila.

Hablando con María nos preguntó si queríamos hacer una último eco y verlo, ya que hacía más de un mes de la última a lo que nosotros respondimos que si, así que se fue a buscar a la ginecóloga de guardia y vino con el ecógrafo. Fue algo tan bonito y especial poder verle así por última vez y poder certificar que estaba donde yo lo sentía y lo notaba desde semanas atrás… Él estaba tranquilo, esta vez se movía poco porque la medicación empezaba a hacerle efecto, pero nos pudo saludar por el aparato una vez más y pudimos escuchar el tremendo latido de su corazón. El papa hizo fotos y vídeos del momento, y será uno de los tantos recuerdos de ese día que mantendremos siempre con nosotros.

Sobre las 13h pasadas vino una gran amiga a verme para que papá pudiera irse a comer así que aprovechamos para hacernos fotos con ella. La verdad es que me hizo mucha ilusión que estuviera en ese momento porque fue para nosotros un gesto muy significativo y sobre todo una gran muestra de cariño para toda nuestra familia.

Eran sobre las 14:00 cuando vino la comadrona a decirnos que se iría a comer, que dejaba a cargo a otra por si necesitaba algo y que ella llegaría pasadas las 15h. Le comenté las ganas que tenía de hacer caca así que me dijo que si tenía ganas otra vez que avisara para no “sacarlo” sin darme cuenta y no llevarnos un disgusto después de todo lo que habíamos luchado para conseguir nuestro sueño/pesadilla hecha realidad.

Estuve con mi amiga hablando mientras los calores y fríos seguían junto con los temblores de piernas y sobre todo brazos. Ahora sí que empezaba a llegar el momento… aunque a mi no me lo parecía porque no tenía esos dolores tan intensos de los que hablaba todo el mundo (os recuerdo que no tenía epidural por elección propia).

Pasadas las 14h llegó de nuevo el papá, mi amiga se marchó a trabajar y antes de irse me recordó que respirara y que no fuese tan dura conmigo misma, que ya era bastante doloroso todo lo que estábamos pasando y lo que nos venía, así que si sentía mucho dolor me aconsejó que pidiera medicación. Le dije que sí, que se fuese tranquila y que ya la mantendríamos informada.

Los dolores cada vez eran más intensos y fuertes, pero la verdad bastante soportables. Iba mirando la hora de reojo, así como podía, porque quería esperar a que llegara María. Pero de repente me tuve que abrazar a mi pareja (que estuvo acompañándome y dándome su confort, apoyo y amor en todo momento) y empecé a hacer movimientos circulares, sintiendo de una forma muy intensa aquellos últimos pasos de mi bebé dentro de mí.
Eran sobre las 15h cuando pero de repente y de forma casi incontrolable volví a tener la necesidad de ir al lavabo así que llamé para avisar y me dijeron que lo hiciera en una especie de orinal. Fue salir del baño y llegó una contracción muy fuerte así que abracé fuerte al papá y le dije que tenía mucho dolor. Empecé a sudar mucho y seguía con los temblores… (el papá dice que en ese momento me cambió la cara por completo). Él me dio la mano y no dejaba de soltarla, me intentó abrazar pero le dije que no quería abrazo. Me quedé en la cama como una cucaracha totalmente inmovilizada. Venía algo, lo sentía! Pero no sabía si seria él… Tocamos al timbre y apareció una comadrona que dijo: “¡Voy a buscar a María!”a lo que yo conteste: “¡Sí, por favor!”.

Empecé a notar que me salía algo, era como pipí, pero no podía ni controlarlo ni pararlo (era el líquido amniótico que empezaba a salir). Tenía mucho calor y me hubiera ido genial un abanico en ese momento pero lo único que pude hacer fue pedirle al papá que me soplara porque la verdad, no podía más. Enseguida llegó María y dijo: “¡Uf! ¡Pero si ya está aquí!”. Le hablaba a él y siguiendo con los movimientos ese dolor se fue haciendo cada vez menos intenso hasta que prácticamente desapareció. Cuando me vi capaz de moverme me ayudaron a colocarme bien en la cama y en ese justo momento empezó nuestro último baile. Noté todo su cuerpecito dentro de mí!! Di tres sentidos pujos: en un primero salió todo el líquido que aún quedaba. En el segundo salió él y es que lo sentí tal cual. Ya era su momento y salió de mi interior tranquila y suavemente.

Nuestro hijo nació muerto o con 18 semanas de vida pero él estaba calentito como si la sangre que corriera viva por sus venas. Finalmente salió la placenta a las 15.45h de la tarde de un día de abril en este 2019.

Enseguida me lo pusieron encima… Era mi hijo!! Esa sería la primera y última vez que lo iba a tener conmigo y no quería perderme ese momento. Su piel era casi transparente y muy muy suave, era tan pequeñito…solo pesaba 185 gramos y medía unos 20 cm, pero para nosotros era el más precioso de todos. Al principio tenía un tono de piel como rosado pero poco a poco se fue tornando a un color más moreno. Me lo dejaron encima unos minutos pero enseguida se lo dieron al papá porque había quedado placenta en mi interior y al no tener la epidural puesta tuvieron que llevarme inmediatamente a quirófano. Me sedaron para quitar el resto con un legrado que fue muy rápido ya que antes de media hora ya estaba de nuevo con mi bebé y mi pareja.

Estuvimos con él hasta más allá de las 19:00 y esas horas que pasamos a su lado fueron parte del momento más mágico, bonito, doloroso y triste que vivimos. Nos hicimos fotos, plasmaron sus huellas, le hablamos, le besamos, etc. Era tan bonito y estaba tan tranquilo y sereno…

No hay palabras que describan ese momento que vivimos y que no olvidaremos jamás. Pero de lo que no me voy a arrepentir nunca es de haberlo vivido de esa manera tan respetuosa, amorosa, cálida,… con la situación tremendamente dolorosa, triste y conmovedora que era. El era y será siempre nuestro tercer hijo.

Llegó por desgracia la hora de marcharnos de aquella habitación y teníamos que entregar a nuestro hijo. Al mismo momento en el que nos despedíamos de él, de su cuerpo tan frágil y tierno, escuchamos a una mamá gritar porque estaba dando a luz a su hij@ y fueron sus lágrimas y sus gritos los que nos despedían de aquella gran experiencia. El mundo nos estaba enviando una señal: la vida y la muerte siempre están y estarán unidas, aunque haya mucha gente que no lo quiera ver y aceptar. Así pues, le dimos nuestro pequeño a María y acto seguido ella lo envolvió con una toalla del hospital y nos dijo que nos fuéramos “tranquilos” que ella se haría cargo de él y lo cuidaría. Lo había hecho conmigo desde el primer momento en que entre al hospital, con su padre y ahora lo haría con él, con nuestro tercer hijo.

El siguiente paso fue ir a la funeraria y decidir incinerar a nuestro “feto”, porque al no cumplir los días/semanas suficientes no podía ser llamado por su nombre ni podríamos registrarlo como hijo nuestro y sin duda ese fue uno de los momentos más dolorosos del día.

Mi suerte fue llegar a casa y poder abrazar a mi hijo mayor ya que eso apaciguó en parte mi incalculable dolor. Las primeras palabras que salieron de su boca fueron: “¿Le diste el beso y el abrazo al bebé?”

Supongo que os podéis imaginar cómo estoy desde entonces… Hay momentos de todo tipo en esta montaña rusa del duelo: sentimientos contrapuestos que hacen que sigamos con nuestra lucha personal contra lo que la vida nos ha ofrecido y lo que debemos aceptar y aprender.

Agradezco infinitamente a todas las personas que nos acompañaron en todo el proceso y todas las que se han ido sumando para ayudarnos a poder hacer de esta durísima experiencia algo mágico, sin ellas no hubiésemos podido cumplir nuestro sueño y despedirnos como nos merecíamos de nuestro tercer hijo. Y es que de nuestro segundo no nos lo permitieron, fue otra historia muy dura también que en otra ocasión os explicaré pero estoy convencida que tanto de ésta, como de aquella, saldremos adelante…si, estoy segura. Desde luego no es un camino fácil y sin duda es una batalla que tendremos que pasarla con mucha compañía que gracias a Dios ya tenemos y estamos convencidos de que llegara más apoyo. Porqué nuestras estrellas, allá donde estén unen a todas sus familias al mismo tiempo que permanecen para siempre con nosotros y creo que esto es lo más mágico de todo.
Para acabar, me gustaría dar las gracias a mi familia y a mis tres hijos, pero sobre todo, y muy en especial, al que me ha permitido vivir esta experiencia que os he descrito en este relato.

Como habéis visto es la narración de un parto muy deseado, pero con un final muy diferente a los que podemos conocer normalmente. Nos encontrábamos ante un caso de interrupción del embarazo porque mi hijo padecía una enfermedad genética degenerativa que yo también padezco, pero del cual tengo poca afectación. Todos los médicos especialistas en el tema nos habían confirmado que él la iba a heredar en un mayor grado y que muy probablemente iba a causarle una vida de sufrimiento continuo. Tras mucha meditación y con el corazón roto en mil pedazos, tuvimos que tomar la decisión más dura de nuestra vida por segunda vez… Para sufrir ya llegábamos nosotros. El ahora se ha ido a un mundo mejor donde millones de estrellas le acompañan y estoy segura de que celebran sus fiestas, nos observan y de vez en cuando nos envían señales como estás…

Gracias a todos por haberme leido. Está es mi estrella__Tro’s.

NOCIONES LEGALES BÁSICAS

Consideraciones a tener en cuenta a la hora de reclamar una negligencia médica en el embarazo y/o parto.

Muy buen día tribu,

A lo largo de estos casi tres meses he recibido diferentes preguntas a cerca de que consideraciones tenemos que tener en cuenta a la hora de realizar una reclamación por negligencia médica en el embarazo, durante y después del parto. Así que le he pedido a mi marido Pablo que es abogado que me compartiera sus conocimientos conmigo para poder elaborar un post con información de interés a cerca de este tema que espero que os guste y os sirva de ayuda!!

Debemos tener en cuenta, antes de poder entablar cualquier tipo de reclamación por negligencia médica, de la índole que sea, que es imprescindible acreditar la existencia de tres elementos:

  • La evaluación del daño sufrido.
  • La actuación negligente de el/los facultativos.
  • El nexo causal entre ambos elementos, es decir, la intinseca unión entre la acción u omisión del facultativo y el perjuicio o daño que con ello se ocasiona.

En todos estos casos es realmente importante conocer qué pasos debenos seguir para concretar si existe negligencia, por parte de quién, así como eterminar su alcance y cuantificación. En un primer momento debemos obtener toda aquella documentación de carácter médico sobre la intervención de los facultativos.

Para acreditar la existencia de una negligencia médica, el primer paso a seguir para el que se crea afectado, es recopilar la documentación clínica que pueda acreditarlo, es decir:

  1. El informe de alta hospitalario del paciente: Es el documento emitido por el médico responsable en un centro sanitario al finalizar cada proceso asistencial de un paciente, que especifica los datos de éste, un resumen de su historial, un resumen de su historial clínico, la actividad asistencial prestada, el diagnóstico y las recomendaciones terapéuticas.
  2. Historia clínica del paciente: La historia clínica de un paciente es el conjunto de documentos que contienen los datos, valoraciones e informaciones de cualquier índole sobre la situación y la evolución clínica de un paciente a lo largo del proceso asistencial.

A dicha documentación podrá añadirse cualquier informe que requiera el paciente sobre una asistencia sanitaria concreta, como podría ser la hoja operatoria, en el que se recojan todos los datos de cómo se llevó a cabo una intervención, una hoja asistencial de enfermería, donde se recoja toda la asistencia de enfermería desde que el paciente es ingresado hasta que se le da el alta, …

Con posterioridad a la recopilacion de la documentación arriba reseñada, es imprescindible la existencia de una pericial médica que determine la existencia de la negligencia y determine quién es el responsable. Por tanto, debe contactarse con un perito médico especialista en este tipo de cuestiones para que realice un informe exhaustivo al respecto. O dicho de otra forma, que el perito realice un informe en donde se determine la negligencia, los daños provocados y la relación causal entre la actuación negligente y el daño provocado en el paciente.

Finalmente, debe determinarse la existencia y el alcance de los daños, ya sean físicos o emocionales. Para que la persona afectada pueda solicitar el resarcimiento de los daños, será también imprescindible determinar su existencia y cuantificación.

Para dicha cuantificación del daño sufrido, debe atenderse, según reiterada doctrina del Tribunal Supremo sobre la materia (SSTS de 9 de diciembre de 2008 y 11 de septiembre 2009), a la aplicación del Baremo de accidentes de tráfico contenido en el Anexo de la Ley 30/95 de 8 de noviembre, de Ordenación y Supervisión de los Seguros Privados.

Para ello, es también recomendable, aunque no imprescindible, que un perito médico especialista en valoración de lesiones realice un informe pericial sobre el estado de las lesiones y las cuantifique según el citado Baremo.

Una vez que hayamos realizado todos los pasos descritos y se pueda determinar por un profesional del derecho la viabilidad de la reclamación estaremos en condiciones de reclamar al/los responsable y, en su caso, a su posible aseguradora.

Cabe indicar que, si la reclamación no se resuelve de forma amistosa, habrá que acudir a los tribunales del Orden Civil si actuamos contra profesionales o centros médicos privados. Para el caso de que la reclamación por negligencia sea frente a la Seguridad Social, debe procederse a una reclamación por responsabilidad patrimonial contra la Administración.

Es especialmente importe tener en cuenta el plazo legal para ejercitar la acción de reclamación, pues ésta debe ejercitarse en el plazo de un año desde que se produzca el hecho dañoso que motive la indemnización o desde la fecha en la que se manifieste el hecho lesivo.

Ahora bien, cuáles son las negligencias médicas en el embarazo y en parto?, solo conociendo aquéllas podremos estar prevenidos frente a los mismas.

Podemos distinguir dos fases:

A)NEGLIGENCIAS MÉDICAS DURANTE EL EMBARAZO.

Durante el embarazo, las negligencias médicas más habituales suelen estar relacionadas con la falta de diagnóstico de malformaciones fetales. Por ejemplo:

1.- Errores en el cribado síndrome de Down.
2.- Errores al no diagnosticar malformaciones fetales evidenciables en las ecografías morfológicas que se realizan durante el embarazo. 
3.- La amniocentesis. En estos casos los errores pueden venir por no acordar su realización cuando la misma esta recomendada por las especiales circunstancias del caso, pero, también, por su deficiente realización que puede causar lesiones graves a la madre o al feto e incluso el fallecimiento.

B) NEGLIGENCIAS MÉDICAS DURANTE EL PARTO.

B.1) EN EL CASO DEL FETO:

Distocia de hombros: durante el parto los hombros del bebé se atoran dentro de la vagina de la madre. En muchos casos esta situación es previsible, por el tamaño del feto o la desproporción pélvico-cefálica, pero existen casos en los que sí es previsible. Para estos últimos, en los que se puede observar la distocia y no se acuerde la extracción programada mediante cesárea, podríamos estar ante una negligencia médica en el parto.

Sufrimiento fetal 

Retraso en la asistencia

B.2) EN EL CASO DE LA MADRE:

Distocia de hombros: esta circunstancia puede tener repercusión para el bebé, pero también para la madre. No es infrecuente que, en estos casos, se produzcan secuelas para la madre en forma de desgarros o lesiones en estructuras anotómicas colindantes.

Episiotomía: La realización de una episiotomía con una deficiente angulación puede suponer una negligencia médica que provoque secuelas en forma de lesión del esfínter anal interno y/o externo.

Desgarros vaginales: Se pueden producir por diversas circunstancias, pero esencialmente suelen venir aparejados al uso incorrecto de los fórceps o ventosa obstétrica.

Maniobra de Kriteller: Maniobra consistente en presionar de modo enérgico con ambos puños o con el antebrazo sobre el fondo del útero. En la actualidad dicha medida no esta autorizada por la SEGO en España salvo en aquellos casos en los que la cabeza del feto se encuentra ya encajada. Si se realiza antes puede provocar daños a la madre en forma de desgarros y lesiones a estructuras anatómicas colindantes.

Incontinencia fecal y/o de gases: En ocasiones acaece durante un breve periodo de tiempo tras el parto una incontinencia de gases. Circunstancia que puede ser completamente normal y no debida a una mala praxis. Sin embargo, si esta clínica permanece en el tiempo, puede ser consecuencia de una negligencia médica al haber pasado inadvertida (y no haberse reparado de forma precoz) una lesión del esfínter anal interno o externo.

Neuropatía del nervio pudendo: En ocasiones la deficiente asistencia por parte del obstetra puede provocar lesiones en el nervio pudendo en forma de neuropatía del mismo.

Aun con todo lo citado en este artículo, hemos de recordar que la catalogación como negligencia médica de una acción u omisión realizada por un ginecólogo durante el embarazo o durante el parto dependerá de si su actuación se ajustó a los protocolos y documentos de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), y  de una entidad dependiente de la misma, la SESEGO (Sección de Ecografía de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia)

Un consejo que os doy como abogado es que saqueis el móvil y grabeis todas las conversaciones que se produzcan en las consultas médicas o en el proceso del parto y hagáis fotografías o vídeos en los que se incluya la fecha y la hora en la que se están produciendo los hechos. Las pruebas son fundamentales en un juicio y aunque el juez finalmente no las acepte, podría resultar un gran apoyo en vuestra defensa. Un abrazo a todos y a todas.

“Post elaborado atendiendo a las consideraciones legales aportadas por el letrado del Ilustre Colegio De Abogados De Ferrol, Pablo Manuel C.G. con el número de colegiado 1276”

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Maldita Gastrosquisis que te arrancó de mis brazos.

Luka Adrian nació de un amor enorme justo en el momento que nosotros elegimos…sólo 1 mes de búsqueda y puum!!!! ahí estaba.

Durante las primeras semanas la verdad es que mi embarazo fue totalmente normal, quizá un poco de dolor en los senos pero poco más. Digamos que disfrute el primer trimestre de la forma que cualquier mujer desearía, hasta que llegó la fatídica semana 12 con su consiguiente ecografía.

Desde que entre en la consulta para la exploración ecografica sentí que el ambiente estaba cargado de mucha tensión. Un buen rato después la doctora nos dijo “bueno el bebe está perfecto, está creciendo genial, pero (malditos peros) debo deciros que tiene una malformación en el abdomen llamada gastrosquisis. Pero vamos que no hay de que preocuparse ya que si le realizamos una operación al nacer se puede resolver”

Un caos total y absoluto llegó a nuestras nuestras cabezas; lloramos, gritamos, nuestra mente daba mil vueltas porque no entendíamos nada, que era aquello de lo que nos hablaba la doctora?? Días después me volví una auténtica experta en gastrosquisis busque información, hablé con médicos, visite varias clínicas… necesitaba conocer perfectamente que le pasaba a mí bebé para así tenerlo todo controlado y después de esta investigación digna de cualquier detective, me convencí de que podía salir bien, tal y como los médicos decían.

El embarazo seguía su desarrollo de forma normal hasta que cuando fuimos a la revisión de la semana 32 nos dijeron que la malformación había empeorado. Durante ese tiempo dos órganos más se habían salido del abdomen y en vez de una nuestro bebé tendría que hacerle frente a dos operaciones. Comenzó un control exhaustivo en el que había que hacer una ecografía cada semana para vigilar la situación.

Y finalmente en la semana 35+5 nos dijeron que había que sacarle urgentemente dado que las vidas de ambos corrían serio peligro… que estaba pasando?

Salió llorando por la herida más bonita que tengo en mi cuerpo y únicamente pude verle un ojito cuando se lo llevaban en la incubadora de camino a su primera operación…Tan pequeño y tan valiente… Y yo a reanimación 8 horas de reloj! Cualquiera puede imaginar lo que supuso para mi..

Eran las 6 de la tarde cuando me permitieron subirme a una silla de ruedas e ir a conocerle. Era precioso pero ni siquiera pude verle bien la cara ya que estaba rodeado de cables, maquinas que pitaban, un antifaz, entubado….

Y en aquella silla al lado de la incubadora pase cada día y cada hora, cada complicación. Todo se ceñía a dar un paso para adelante y dos para atrás y a eso se le sumaron tres operaciones más por complicaciones serias y todo acababa con el cierre total de su abdomen. Le habían puesto una maya provisional que cubría sus órganos lo cual era señal de que quizás pronto podría empezar a comer e incluso pudimos cogerlo en brazos por fin!!! Aquel era su día 44 de vida, al día siguiente, en el 45 fue su padre quien lo pudo tener en brazos y desgraciadamente ese mismo día empezó el final, nuestro final.

Mientras mi marido lo acunaba su saturación cayó y tuvieron que reanimarlo en dos ocasiones. Una maldita bactería había anidado en sus pulmones aún débiles, provocándole una neumonía que lo complicó todo.

Teniamos que decidir rápido, no había tiempo para pensar y solo teníamos dos opciones: o pararlo todo, o conectar su sistema respiratorio a una máquina para que realizara función de sus pulmones y corazón para poder darle tiempo a recuperarse. Así que yo, creo que como cualquier madre o padre en una situación así, decidimos luchar por el y que los médicos hicieran lo que pudieran para darle una oportunidad.

Comenzó su sexta operación. Una vez finalizada me fui a la UCIP sin separarme de el ni un solo momento en toda la noche, pero de repente los médicos comenzaron a correr, hablaban entre ellos con cara de preocupación y aunque no me decían nada era obvio que algo no iba bien. A la mañana siguiente fui con mi marido a tomar un café y cuando volvimos para verle ya no pudimos entrar. Los cirujanos le rodeaban mientras le recolocaban las cánulas (tarde quizas), ya que la máquina había marcado poco flujo durante toda la noche… Cuando nos reunieron para indicarnos los avances del pequeño nos dijeron que la mitad de su corazón y la mitad de su cerebro se habían parado, ya no funcionaban, no había esperanza. Así que nosotros debíamos decidir, algo terriblemente duro e inhumano para un padre: había que desconectarlo.

Nos dieron tiempo suficiente para que toda la familia se despidera así que uno por uno le fueron dando un beso y decirle un hola y un adiós terriblemente amargo. A las 8 de la tarde decidimos que era el momento de dejar de sufrir así que desde la puerta escuché como las máquinas que lo mantenían vivo se paraban hasta que llegó ese pitido final que todos conocemos. Tras ello lo puse en mi pecho, le pedi perdón por no haber podido evitarle tanto sufrimiento y le di las gracias infitinitas por permitirme ser su madre y poder conocerle.

A día de hoy el dolor y la pena permanecen y por supuesto le echo de menos cada segundo. Mi conciencia no me da descanso, siempre repitiendome las mismas preguntas ¿podría haber hecho algo más? ¿debería haber evitado su sufrimiento?

Ahora lo único que tengo claro es que él llegó para hacerme madre, para enseñarme a amar incondicionalmente, y para entender que si él peleó hasta el final, nosotros tenemos el deber de luchar cada dia…

Hoy tenemos a Nathan Adrián,nuestro segundo hijo y aunque su llegada no calmó el dolor, lleno mis brazos que estaban repletos de amor, un amor que había guardado para el y que nunca pude darle.

MI EMBARAZO

La lactancia materna cuando tú bebé está en la UCIN: Mi experiencia

La ilusión que tenía yo por sentir a mi bebé alimentarse de mi cuerpo… Y qué pena tuve cuando a lo largo de mi embarazo supe que en mi caso la lactancia sería tan diferente. Desde luego que teniendo en cuenta que a mí niña la operaban al poco de nacer ese era el menor de mis problemas, pero sinceramente os digo que no puedo negar que me hubiera hecho mucha ilusión verla mamar.

Cuando tú bebé ingresa en la UCIN puede hacerlo por diversos motivos como pueden ser prematuridad, enfermedades infecciosas, problemas al nacer o problemas de la mamá que llevan a tener que aislar a tu bebé, lo cual supone que no puede estimularte el pecho según nace. Tiene que ser precioso hacer piel con piel según nace…esa sensación de achucharle nada más llegar al mundo debe de ser espectacular.

Pero al igual que yo, muchas mamás sabréis que por la tarea de alimentar a tu bebé se complica y mucho cuando no puedes tenerlo contigo. Ese “desapego” inicial provoca que el bebé no esté tan receptivo ante tu pecho como lo estaría al nacer y que este en la UCIN trae consigo el riesgo de que no se practique el dedo jeringa y el bebé se acostumbre al biberón.

La noche siguiente de nacer Sara, me fui derechita a la sala de lactancia que había en la planta del hospital a comenzar con la estimulación. Allí había un extractor de medela magnífico que tenía todo lo necesario para llevarle a mí niña su alimento. Recuerdo perfectamente la sensación de calor al tener la subida de la leche y la ilusión que sentí cuando empezaron a salir esas primeras gotitas de calostro, es totalmente mágico que genero en mi un sentimiento de empoderamiento enorme!! Y es que hay que ver cómo alivia vaciar el pecho… A veces parecía que me iba a explotar!!

Tengo que deciros que extraer la leche con una máquina te hace sentir una vaca lechera y si te sientes triste, frustrada o que estás haciendo algo que no tiene sentido es totalmente normal. Aunque tú sabes que es lo correcto y necesario para tu pequeño el exprimirte el pecho para llevarle su alimento a la UCIN es antinatural por ello es totalmente lógico que te sientas extraña y que notes que te falta algo. Nosotros pasábamos la noche en casa y cuando me levantaba a las 2 y a las 4 y pico y a las 7 para darle al ordeño lloraba desconsolada. Me sentía absurda, estaba muerta de sueño y vivía por y para producir suficiente leche para mi bebé que no estaba conmigo.

Es IMPORTANTISIMO sobre todo los 15 primeros diad, realizar extracciones de leche mínimo cada 3 horas de día y de noche. Muchas veces las mamis piensan que como el bebé no está con ellas no necesitan sacar leche constantemente pero la realidad es que para conseguir una buena producción y establecer correctamente la lactancia en estos casos es fundamental utilizar el saca leches del mismo modo que si tú bebé estuviera contigo. Ten en cuenta que cuando la lactancia es a demanda la teta debe de estar disponible para el peque en todo momento y a más estimulación más producción. .

Muchas mamis se veían escasas de producción porque no se levantaban de noche a realizar las extracciones así que tenéis que coger mucha fuerza y pensar que aunque no esta vuestro bebé con vosotras necesita que lo hagais. Y permitiros llorar, protestar y solicitar mimos y cuidados a montones, porque los papis quieren mucho a sus hijos, pero somos nosotras las que hacemos este sacrificio mientras ellos duermen, así que exigir que os traten como reinas que en esos momentos lo merecéis y necesitáis más que nunca.

Volviendo a mí experiencia; sabiendo todo esto que os cuento allá iba yo zombie perdida por las noches recorriendo los pasillos del hospital, caminando como un pato por los puntos y haciendo la misma ruta: de la habitación a la sala y de la sala a la habitación. Mi compi de habitación y yo decidimos sincronizarnos para ir juntas así que yo ponía la alarma y si veíamos que alguna se dormía avisaba a la otra.

Cuando me dieron el alta en el hospital compre un saca leches para seguir en casa, en concreto compré el de Suavinex que me fue maravillosamente bien y es más barato que el modelo que tiene Medela para utilizar en casa. Tiempo más tarde conocí a una chica que tenía dos iguales de medela totalmente nuevos y me ofreció uno de ellos a un precio maravilloso, así que lo compré también por si las moscas. La rutina en casa seguía siendo la misma que en el hospital, levantarme, sacar leche, ponerle fecha y hora, congelarla o guardarla en la nevera para llevarla al día siguiente a la UCIN.

Utilizaba botes de medela que me daban en el hospital o bolsitas para congelar de la marca Philips Avent y la verdad es que me iba de maravilla.

No os imagináis lo duro que es no poder llevarte a tu bebé a casa. Te hace sentir vacía, apartada, frustrada… Ver que todo el mundo se encarga de tu peque menos tú, que las enfermeras hacen lo que tú deberías de hacer es muy doloroso. Así que el hecho de llevarle la leche a Sara y tener esa responsabilidad de levantarme para las extracciones pasó de ser una tortura, a convertirse en mi ritual especial y único que me hacía sentir más cerca de ella. Era curioso porque de alguna forma algo tan mecánico y agotador acabo reconfortandome enormemente ya que me generaba la sensación de que formaba parte de de la crianza de mi hija a pesar de no tenerla conmigo. Sentía que me reconciliaba con la maternidad.

Sara NUNCA se enganchó al pecho y cada día estoy más convencida de que además del estrés que ella tenía estando en la UCIN y de la incomodidad de la sonda nasogástrica, fue porque realmente nadie se paró a explicarme con detenimiento como debía hacerlo. Las enfermeras que sabían de lactancia no siempre estaban y cuando coincidían contigo no podían dedicarte mucho tiempo (los recortes en sanidad es lo que tienen).

Me pelee con la técnica del dedo jeringa hasta que me di por vencida ya que cada vez que la ponía al pecho lloraba como si la mataran y se retorcía malamente así que dado que no quería que estuviera así nos pasamos a darle mi leche pero con biberón. En definitiva os resumo lo que he aprendido yo en cuatro frases:

  • Extracción constante mínimo cada 3 horas tanto de día como de noche
  • Apoyo emocional por parte de la familia y soporte psicológico y técnico por un especialista en lactancia (Asesoría de Lactancia)
  • Tener mucha paciencia y permitirte sentirte triste, desolada y vacía porque es lógico que esas sean tus emociones.
  • Tener un buen extractor de leche para continuar en casa.

Espero que os haya gustado leerme y que os ayude de alguna forma mi experiencia. No me quiero ir sin hacer mención a Olaya Rubio. Ella es una pedazo de mamá que conocí gracias a las redes sociales y que tras la muerte de su hijo Rubén inició una serie de acciones que os dejo a continuación:

  • #movimientoruben: por un duelo social compartido, normalizado con amor, empatía y libre de juicios.
  • #donantesconestrella: Que surgió de ella como una búsqueda de iguales. Se trata de un grupo de WhatsApp donde todas las mamás que han perdido a sus bebés decidieron donar su leche y se apoyan unas a otras dando cabida a cualquier mujer que lo necesite.
  • #cadenadelaleche: Donde todas las mujeres que han escuchado su historia deciden sacarse una toma extra para donar al banco de leche
El logo que representa su movimiento

La donación de leche es una opción que toda mamá en duelo debe conocer al igual que la donación de órganos como las válvulas del corazón. Sara y Rubén son amiguitos en el cielo y juegan con Heros, con Julia, con Izan, con Pol, con Alma y con muchos otros angelitos.

A Olaya la podéis encontrar en Instagram cómo: @olaya.rubio

Os queremos mucho.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

La ONFALOCELE se llevó a mi bebé.

Soy una chica normal como cualquiera de vosotras que me podáis leer. Vivo en Colombia y tras haber conocido a @una_madre_mas he decidido compartir la experiencia vital más dura que he vivido.

Cuándo supe que estaba embarazada fue una sorpresa enorme, tanto mi marido como yo estábamos muy felices e ilusionados ya que era nuestro primogénito. Enseguida pedimos cita para hacer nuestra primera ecografía (a las 8 semanas) y todo parecía normal. La siguiente era la de la semana 12 y ahí fue donde toda la alegría se apagó…Nos confirmaron que a nuestro bebito no se le había formado bien su parte abdominal y que tenía una malformación llamada onfalocele.

Esta malformación supone que alguno o todos los órganos de la cavidad abdominal se forman fuera y en caso de nuestro pequeño se veía que el higado estaba claramente fuera y estaba cubierto por una especie de membrana muy fina.

Desde luego no nos íbamos a quedar con una sola opinión, así que buscamos a uno de los mejores perinatologos de la ciudad que nos comentó que el onfalocele podía en ocasiones venir relacionado a una trisomia como la 18 o 21 y podía ser incompatible con la vida. También nos dijo que en ocasiones era una anomalia congénita aislada y en ese caso si era compatible con la vida. Nos ánimo a que siguiéramos adelante con el embarazo si la amniocentesis no arrojaba ningún resultado negativo ya que su problema quedaría solventado con una cirugía en el momento de nacer.

Las noticias fueron buenas ya que el líquido amniótico revelaba que a nivel cromosómico no había absolutamente nada irregular o extraño así que decidimos luchar por el con todo el amor del mundo y con la esperanza de que todo se quedara en un mal recuerdo.

Tuve un embarazo muy tranquilo sin ninguna complicación y aunque no podíamos olvidarnos de su problemita teníamos mucha fe en que todo saldría bien.

En la semana 37 tuve ruptura de membranas así que dado que en nuestro caso tenían que practicarme una cesárea nos fuimos al hospital corriendo. Gracias a Dios nació muy bien y yo no sufrí ninguna complicación pero el sentimiento de vacío es muy grande cuando sabes que se lo tienen que llevar inmediatamente a la UCI por su condición. El cirujano pediátrico junto con todo su equipo analizó cuando se podía operar y tras ello nos comentaron que dado que el hígado es un órgano grande tenían que ir introduciendoselo poco a poco para que de esta manera pudiera ir ampliándose su cavidad abdominal y tras ello cerrar con una operación.

Nos decían que era un procedimiento habitual en estos casos y la verdad yo jamás pensé que se iba a complicar tanto… De repente nos llamaron en medio de la noche para decirnos que nuestro bebito estaba grave, había desarrollado hipertensión pulmonar , una condición terriblemente grave en los bebés.

En cuanto llegamos nos dijeron que tenía muchas probabilidades de fallecer y yo no daba crédito… ¿Cómo era posible?? ¿Por qué nadie me había hablado de la posibilidad de la hipertensión pulmonar? Recuerdo que me arrodille llorando frente a un cristo que había en la sala de espera de la UCIN rogandole a Dios con el alma en pedazos que me lo dejara conmigo…

Al día siguiente nos comentaron que evolucionaba favorablemente, se estaba recuperando satisfactoriamente así que yo estaba dichosa!! Tenía mucha fe de que llegaría el día de la operación con su recuperación y por fin podríamos llevarnos a nuestro bebito a casa, pero eso no era lo que la vida tenía preparado para mi.

Tres días después de su recuperación nos volvieron a decir que estaba de nuevo muy grave , sus pulmones no respondían y su organismo no asimilaba correctamente la medicación que le suministraban. Llamaron a una psicóloga para que hablara con nosotros y nos decía constantemente que teníamos que estar preparados para lo peor porque mi bebé estaba muy delicado. Yo veía que el luchaba, que peleaba y tenía la esperanza de que volviera a mejorar de nuevo, porque no!!!

Creo que igual que todos los que hemos perdido a un hijo en circunstancias similares pasamos por momentos de negación, de no querer ver la realidad de la gravedad de la situación.

Finalmente llegó el día más temido y doloroso de toda mi vida. Era domingo 3 de marzo, llevábamos todo el día acompañando a nuestro Ángel junto con sus abuelitos así que decidimos ir a comer algo y a las 19:20 de la noche recibimos una llamada del hospital. Estábamos cerca así que llegamos enseguida y les juro que mi corazón se quería salir de mi pecho. Entré corriendo a la UCI pero ya era tarde; mi bebé había fallecido. Las enfermeras y los médicos nos intentaron reanimarlo pero el ya se había puesto sus alas para subir al cielo y por mucho que me arrodillara pidiéndole a Dios que no se lo llevara ya no había nada que pudiera hacer.

El se llevó la mitad de mi alma , fue la única vez que pude tenerlo en brazos, una vez que ya había muerto y fue totalmente desolador. Todo el equipo médico lloraba con nosotros supongo que debía de ser terrible vernos tan derrotados.

Ahora lo único que nos queda es resignarnos y pedirle a Dios fortaleza para poder seguir adelante ya que este, es sin duda el golpe más duro que jamás pensé que tendría que afrontar.

La palabra onfalocele me perseguirá hasta el fin de mis dias. La probabilidad de que un bebé presente onfalocele es de 2 entre 10 mil bebés, así que digamos que nos tocó una lotería pero de las malas.

Espero que mi historia sirva de espejo para otros padres y se den cuenta que esta patología no es tan simple como algunos médicos perinatologos la pintan. Tras la muerte de nuestro bebé supimos que una operación de este tipo atañe muchísimos riesgos y se asocian muchas complicaciones asociadas a la intervención. Quizá si algún padre busca información y lee mi testimonio puede tener la opción de decidir y no tener que ver a su hijo sufriendo hasta morir o sino al menos estarán preparados para lo que pueda suceder.

MI EMBARAZO

Sara y Dios

Probablemente este sea el artículo más personal, más extenso y más bonito que vaya a escribir en esta web. Si no eres religioso y por tanto no te interesa saber nada de creencias cristianas, experiencias extrasensoriales y demás, cuando acabes de leer este post pensarás que estoy loca de remate. Pero con todo el respeto del mundo no me importa. Yo sé lo que vi, lo que viví y lo que sentí en cada momento. Ahora que puedo ver las cosas con perspectiva y después de analizar todos y cada uno de los detalles y sucesos que vivimos desde que me quedé embarazada lo tengo claro, Sara era un ser muy especial.

Voy a empezar por contaros una experiencia que viví con ella que a día de hoy sigo sin entender. Estaba con Sara ingresada en el hospital La Paz y andaba por los pasillos de la planta 7 con ella en brazos para ver algo que no fueran las cuatro paredes de la habitación. Me crucé con una chica jovencita que me sonrió, se acercó a nosotras y de repente me dijo: “sabes que tú niña es un ángel?” Yo sonreí y afirmé pensando que me decía lo mismo que a cualquier otra mamá con un bebé tan pequeño. Pero se dio cuenta de que no había entendido lo que quería decir con esa expresión, así que me invitó a sentarme con ella en la sala de familiares y comenzó a contarme esto: “Dicen que cuando mirando a un bebé no sabes distinguir si es niño o niña es porque es un alma muy pura. De hecho, se cree que son almas angelicales con una larga experiencia vital en la tierra y que vienen a quedarse poco tiempo entre nosotros. Generalmente bajan al mundo terrenal para ayudar con su presencia a sus familiares, bien para que puedan evolucionar o bien para sacarlos de alguna situación negativa que están padeciendo”. Yo me quedé ojiplatica mirando para ella, cómo podía saber que nadie sabía si era un niño o una niña? Si no había visto nunca a Sara…Era verdad todo el mundo nos preguntaba si era niña o niño, incluso los que conocían su nombre se confundían llamándola el niño.

Cuando enseñamos esta foto siempre nos dicen que parece un niño.

Yo no daba crédito pero tampoco podía articular palabra así que ella continuo diciendo: “Las almas eligen a sus padres y generalmente forman parte de su familia. Creo que Dios le encomienda una misión diferente a cada una y hasta que la completa, hace varias visitas a este mundo. El alma de tu hija ya había cumplido su cometido pero por algún motivo decidió volver a la tierra y la verdad es que no le queda mucho para regresar. Pero no padezcas, no sufras y no estes triste. Estás haciendo todo lo que debes hacer. Eres una gran madre, entregada, luchadora y desde luego tienes una entereza de la que muchos deberían aprender… Tu marido y tú sois muy privilegiados, hay muy pocas familias que tengan la suerte de dar vida, cobijo y amor a un ángel… Desde luego debéis ser muy especiales”

No puedo explicaros con palabras como estaba en aquel momento, mi cara debía de ser un poema y de hecho me sentí tan abrumada que sentía que me mareaba pero yo allí seguía, mirando para ella como una imbecil, con la boca abierta y completamente anonadada. La verdad ahora que la recuerdo en mi mente y lo pienso, no parecía un ser humano, tenía una voz celestial algo que no era de este mundo… Así que le pregunté cómo sabía todo eso y entonces me dijo “Igual que tú, yo también siento cosas que los demás no. No se como lo sé, pero lo sé” Le dio un beso a la pequeña y me pidió poder cogerla en brazos. Le dio caricias, le hablo y me la devolvió. Se despidió de mi y nunca más la volvi a ver en el hospital.

Es cierto que Sara hacía cosas muy particulares para la edad que tenía… Según salió de mi vientre les dedico una sonrisa a todas las matronas y así siguió en la UCI y durante toda su vida. De hecho la primera foto que tenemos de ella se la hizo su padre y sonreía de una forma muy particular. Con dos meses se quería hacer rulitos con el dedo en su pelo, miraba a la gente cuando le hablaba como si la entendiera y lo mejor de todo, nos vigilaba. Recuerdo que en el piso que alquilamos en Barcelona para estar cerca del hospital, teníamos un saloncito muy lindo con acceso a una terraza. Cuando se quedaba dormida aprovechábamos y con la puerta abierta y el vigila bebés en las manos para verla y oírla fumábamos un pitillo rápido. En cuanto se daba cuenta que no estábamos en la misma habitación que ella, no se como se despertaba. Así que uno de los dos entraba y nos la encontrábamos con la cabeza girada mirando hacia la puerta donde estábamos y protestando. No llorando, protestando. Una especie de lágrimas de cocodrilo pero sin lágrimas. Es un poco difícil de definir pero era alucinante.

Y lo de los pajaritos? Tuvimos que cambiarla enseguida a la silla porque en el capazo no quería estar. Nos dimos cuenta de que quería poder vernos a nosotros y al resto del mundo que la rodeaba. Un día estábamos en una terraza tomando un café para que le diera el solecito en la piel y unos pajaritos se pusieron a cantar. De repente veo que se empieza a reír y que tuerce la cabeza hacia dónde estaban! Yo no sé si es normal que un bebé haga eso con dos meses y medio pero al menos los bebés que yo vi a esa edad, no lo hacían. ¿Y si os cuento que veía la televisión? Teníamos que tenerla encendida día y noche porque sino no comía.

Sara con dos meses y una semana mirando la televisión

En definitiva yo sentía que era diferente. Y sé que todas las madres decimos lo mismo cuando hablamos nuestros hijos, pero prometo que era totalmente distinta a los demás bebés que yo había visto hasta ese momento. ¿Pero un ángel?

Siempre he tenido una cierta conexión con el mas allá, soy capaz de captar energías y ver cosas que otros no ven. Desde luego no soy la única de mi familia, que yo sepa, Esperanza mi bisabuela paterna, veía cosas mediante la oración (lo que aquí en Galicia se llama leer el responso). Por ejemplo, cuando se perdía algún animal en el pueblo la gente se dirigía a ella para que le dijeran si estaba vivo o no. En aquellos tiempos perder una vaca o una oveja significaba muchísimo, pues era la fuente de alimento e ingresos que tenían. La abuela de mi marido también ha tenido revelaciones extraordinarias y por último mi madre.

Mi madre es un ser único y especial que muy poca gente conoce y puede llegar a entender. Es la persona más humilde y entregada que cualquiera se pueda imaginar. Tuvo una vida muy dura y todo lo que consiguió fue a base de trabajo, trabajo y más trabajo. Trabajó siempre de domingo a domingo y cuando era niña me llevaba con ella a todas partes haciéndome ver y entender la dureza de la vida. Es un alma buena y pura que en navidades hace chocolate caliente para llevarle a los pobres, que me obligaba de pequeña a ir a una residencia de ancianos a visitar a la mamá de una amiga suya y me animaba a que hablara con los señores que había allí. Me decía que algunos estaban muy solos y que yo les daba alegría. Me enseñó a rezar, a compartir lo que teníamos con otra gente que lo necesitaba y a ser humilde. Me marcó el camino correcto de la vida que no es otro que el del bien. Ella tiene un don especial desde que es una niña y creo que es por esa entrega, esa bondad y ese amor que expresa hacia los demás. Ahora cuando hablamos, me dice que Sara le dio toda la fuerza que le faltaba para actuar, que nuestra familia había llegado a un punto de no retorno y que la marcha de su nieta ha marcado un antes y un después para ella.

Siempre me enseñó que cualquier persona puede ser buena, que la clave está en trabajar la mente, tener voluntad, ser resignado y seguir siempre el camino del bien. Así que creo que debió de ser ella la que me dejo en herencia ese instinto o esa capacidad de sentir cosas y de conectar con los de arriba. En más de una ocasión he tenido esa sensación de que alguien me acompañaba en los momentos difíciles, guiándome y ayudándome. Y fue Sara, la que me hizo llegar mucho más lejos, permitiéndome vivir una experiencia que me cambiaría la vida de forma radical y que aunque en ese momento no lo sabia, me ayudaría a entenderlo todo. Cuando se puso tan malita en Barcelona y los médicos se reunieron para decidir si había algo más que podían hacer, yo me senté en el suelo de la sala de espera y me apoye contra la pared. Allí estábamos mi marido, mi madre y yo, así que me sentía en total confianza. Tenía tanto dolor en el alma y estaba tan desesperada que invoque a mis antepasados de alma pura y le recé a Jesús de Nazaret y a la Virgen María para que junto con mis seres queridos ya fallecidos, le pusieran la mano en la barriga a mi niña y así pudiera dejar de sangrar.

Tras unos minutos reteniendo ese pensamiento, me di cuenta de que lo que realmente quería era que no sufriese, y que si en esta tierra no iba a tener una buena vida por mucho que me doliera lo mejor era dejarla ir. Así que los visualice a todos: a mis abuelos, a mi tío Carlos, a mi padrino y a mi bisabuela alrededor de su cama, velando por ella y por su bienestar y tras quince o veinte minutos estaba exhausta, no tenía energía así que ya no podía rezar más. Con resignación me entregué a Dios, le supliqué que me escuchara y le rogué que iluminara a los médicos para que dieran con la mejor solución para mi niña. Pedí perdón por los pecados de toda nuestra familia. Pedí que me cargara a mi con todos ellos y prometí que con gozo y alegria soportaría todo el dolor que sufrió su hijo llevando la cruz a cuestas, para que no abandonara a mi bebé. Puse a su disposición todo mi cuerpo y todo mi ser para que pusiera a mi niña a salvo. Y no pensé mas.

Empezaron a caerme lágrimas sin ningún tipo de esfuerzo ni control y me puse a pensar en lo mucho que tuvo que sufrir Dios como padre y María como madre, viendo cómo apaleaban a su hijo sin poder hacer nada para evitarlo. Entendí ese dolor y el de todas las madres y padres del mundo que tenían que ver a sus hijos pasando penurias, viviendo guerras, muriendo de hambre… Se apoderó de mí un sentimiento de pena terrible que jamás había experimentado y, de repente, mi mente entró en un estado de relajación, cómo de semi inconsciencia en el que vi con total y absoluta claridad el rostro de Jesús mientras cargaba con su cruz, con la frente llena de sangre por culpa de la corona de espinas. Me miro a los ojos y en ese infinito dolor conectamos, los dos lo compartíamos y lo sentíamos. Su mirada estaba llena de tristeza y con sus ojos de color azabache me dijo que estaba conmigo, que me había escuchado, teníamos tanto dolor los dos… Yo le había pedido que no dejara sufrir a mi bebé una vida de tortura y para eso el tenía que llevársela, así que lo acepté.

Ese día recibí las respuestas a todas las preguntas que llevaba haciéndome desde hacía años. Fue una experiencia que debió de durar como mucho tres segundos, de hecho cuando fui consciente quise volver a conectar con él, pero ya no pude. Pocas horas después Sara falleció.

Estoy segura de que habrá quien encuentre una explicación científica para justificar lo que yo experimente. Supongo que cosas del tipo de que el momento de estrés me llevo a ese éxtasis mental en el que tuve alucinaciones pero me quedo con lo que mi marido me dijo cuando se lo conté. Me miro a los ojos y me contestó:

-Einstein reconocía que había cosas que la ciencia no podía explicar. Solía decir que “La ciencia sin la religión está coja y que la religión sin la ciencia está ciega”

Si habéis llegado hasta aquí sólo puedo deciros esto: no soy nadie especial, solo soy un ser humano como cualquiera de vosotros que ama a Dios, a Jesucristo y a la virgen Maria. Que peco a diario, que a veces me canso de rezar y me olvido de honrarle. Que no soy todo lo buena que puedo ser y que no tengo nada que me diferencie de cualquier otro ser humano. Pero os prometo que pude ver la ternura, la Paz y la compasión que siente Jesús por todos nosotros. He visto que él está en el dolor y en el sufrimiento más profundo y que aunque pensemos que no está ahí, él nunca nos abandona. He notado la pena tan terrible que siente al ver que no nos amamos y no nos respetamos. En esos tres segundos me transmitió que el único camino que tenemos es el del amor y que mientras sigamos pensando solo en nosotros mismos nunca podremos alcanzar el reino de los cielos. No hay un cielo idílico como nos han hecho creer, venimos a esta tierra para que nuestra alma avance y evolucione a través de pruebas que nosotros mismos decidimos antes de encarnamos y volveremos a la tierra muriendo una y otra vez hasta que logremos alcanzar la pureza más absoluta y entonces, solo entonces, podremos permanecer a su lado. Por eso para la mayoría de nosotros la muerte es solo el principio de una nueva vida, una nueva oportunidad. Dios en su infinita bondad y misericordia nos hizo eternos. El alma nunca muere, tan solo el cuerpo que la contiene.

Ojalá pudiera meterme dentro de vuestra mente y haceros sentir lo que yo sentí. Rezo porque todos podamos darnos cuenta de que no seguimos el camino correcto cuando odiamos, cuando despreciamos, cuando sentimos ira, cuando somos egoístas y cuando no entendemos el sufrimiento ajeno. Rezo porque entendamos que el amor es el camino para que nuestra alma nunca más tenga que sufrir el dolor de la carne.

Espero que os haya gustado este artículo, que os sirva de ayuda, que os de otra perspectiva de la vida, de la muerte y de nuestra existencia. Pensad que solo sabemos lo que nos han contado pero no nos olvidemos que fueron seres humanos los que escribieron la historia y por todos es sabido que a cambio de poder, hay quien es capaz de enterrar o tergiversar la verdad.

PD: Cuando me pusieron a Sara en brazos en el momento en el que iba a fallecer vi que tenía una herida en la frente y con un pañuelo de papel se la limpié, fue algo instintivo aunque carecía totalmente de sentido. Para mi sorpresa mi madre en vez de tirarlo lo guardó y ahora yo lo tengo enmarcado en su habitación. Unos dicen que ven una cruz, otros una simple mancha. Yo veo a mi hija.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Izan, mi ángel, mi estrella

Mi embarazo fue tan bueno… No tuve ninguna complicación tampoco náuseas aunque si ardor de estómago y un dolor de espalda bastante molesto, pero nada de eso me importaba porque mi pequeño estaba bien así que era una embarazada muy feliz.

Cumplía cuarenta semanas y estaba tan ansiosa por conocerte, ver tu carita y tenerte entre mis brazos que esos días de espera se hacían eternos!! El día que salía de cuentas tuve revisión en el hospital y me confirmaron que eras un grandullón al que le encantaba dormir pero que todo seguía su curso con normalidad así que no había nada de lo que preocuparse.
Tres días después de esa revisión rompí aguas en casa y enseguida aparecieron las contracciones que se repetían cada cinco minutos. Que alegría sentía, ya estabas a punto de conocer el mundo mi niño.

Me fui al hospital y cuando llegue estaba dilatada de 3 cm así que llevaba un buen ritmo y mientras el doctor te miraba con el ecógrafo de repente me cogió la mano, me miró a los ojos y me dijo: “No hay latido”

No me lo podía creer, era imposible!!! Se tenía que estar equivocando que sentido tenía? Mi hijo estaba bien hacía tres días y ahora estaba muerto?? Cómo era posible?

Me dijeron que tenía que dar a luz pero yo me sentía asustada y necesitaba que todo pasara deprisa, que se acabara lo antes posible como si de una pesadilla se tratase y quisiera despertarme. Nadie me había explicado cómo sería el parto de un bebé muerto así que no tenía ni idea de lo que se me avecinaba.

Era 11 de marzo y a las 05:20 te di a luz pero llegaste al mundo sin vida. Los profesionales sanitarios que me atendieron no me aconsejaron que debía hacer, si conocerte o por el contrario no hacerlo, pero tenía muy claro que ni la propia muerte iba a impedir que te tuviera en brazos, te besara y te envolviera con mi amor… Mi niño, mi pequeño y precioso Izan. Cómo asumir que no ibas a venir a casa a disfrutar de tu vida rodeado del calor de tu familia?

Llegue a casa con los brazos vacíos y un terrible hueco en mi alma y en mi vientre haciendo que mi vida careciera de sentido sin ti. Los días posteriores fueron un infierno ya que no encontraba consuelo en nada ni en nadie. Cada vez que me encontraba a alguien se repetían las mismas frases “tienes que olvidarlo” “pasa página” “pasó porque tenía que pasar, no le des más vueltas” y llegue a tener miedo a salir a la calle porque no quería oír como la gente intentaba borrar a Izan del mundo. Era mi hijo ¿Por qué nadie me comprendía?

La explicación que me dieron fue que había sido un accidente y que le tocaba a una mujer entre un millón. MENTIRA. Somos muchas, somos demasiadas como para que se nos clasifique en una simple estadística.

Doy gracias a la asociación “Bolboretas no ceo” (Mariposas en el cielo) que me dio vida, me consoló y dio esperanza cuando todo el mundo me daba de lado. Por fin me sentía comprendida y podía poner voz a mi dolor, mi hijo existió y sigue existiendo en mi corazón. No está conmigo físicamente pero vela por mi e ilumina todos mis días y mis noches protegiendo mis sueños y calmando mis miedos. No tengo tus huellas, no tengo una fotografía tuya, pero te llevo tatuado en la piel al lado de tu hermana y anclado en mi alma. Te amo Izan.

MI EMBARAZO

Nuestra experiencia en la UCI neonatal en el HMI Teresa Herrera

A lo largo de mi vida solamente he tenido que ingresar en el hospital unas cuatro o cinco veces y gracias a Dios nunca tuve que estar en la UCI de ningún hospital. En mi entorno tampoco hay nadie que haya pasado por ese trance así que si os digo la verdad no tenía ni idea de lo que suponía estar en ese lugar del hospital al que todos tememos.

Cuando supe que mi hija necesitaría soporte médico y una intervención quirúrgica al poco de nacer empecé a hacerme a la idea de lo que iba a tener que enfrentar. Sabía que ingresaría en la UCIN del hospital en el que yo daba a luz así que me metí en Internet y empecé a buscar como una loca información, testimonios, casos…Y la verdad es que no encontré prácticamente nada. Así que cuando me pidieron por Instagram que hablara de mi experiencia en las UCIN en las que estuvimos con Sara no lo dude y me puse a escribir. Se perfectamente que se siente cuando no sabes que te vas a encontrar y cómo vas a ver a tu hijo/a y deseo que nadie más se sienta así.

El hospital Teresa Herrera de La Coruña es de tercer nivel por lo que cuenta con un equipo de pediatras y cirujanos neonatales preparados para enfrentar la gran mayoría de problemas que pueda surgir con el bebé.

Horas después de dar a luz cogí una silla de ruedas y me fui a la planta 2. Allí me encontré con una puerta y al cruzarla había un pasillo largo hasta que llegabas a una sala a la que se accedía a través de unas puertas de cristal. Justo antes de entrar había un fregadero con jabón y desinfectante de manos. Cada vez que entrabamos teníamos que lavarnos las manos y empaparlas de ese líquido antiséptico. Es un ritual que a día de hoy sigo en casa a pesar de que Sara no esté, creo que porque cogí conciencia de la importancia que tienen los gérmenes en nuestra salud y en la de los niños.

Al traspasar estas puertas sentí que entraba en otro mundo, en otra dimensión. Había unos 9 bebés en cunas o incubadoras, alguno de ellos pesaba poco más de un kilo. Recuerdo como me impactó ver a Ariadna, una bebé que acababa de llegar de Vigo porque las válvulas de su corazón estaban cambiadas y tuvo que someterse a una cirugía a vida o muerte. Estaba justo delante de la puerta, por lo que era lo primero que se veía al entrar. Tenía su corazón al descubierto, estaba entubada y su piel era tan blanca que parecía que no tenía vida…aquello me dejó paralizada.

Mi marido empujó la silla de ruedas pasando por el medio de la planta y al fondo estaba mi bebé en una cunita con una sonda del 6 puesta. La mire embobada y me levanté para ponerme a su lado y acariciarla y hablarle….aunque no aguanté mucho tiempo porque los puntos me dolían y estaba agotada. Me sentí realmente mal porque mi cuerpo no me permitía estar al pie del cañón atendiendo a mí niña y la verdad es que en ese momento me odiaba a mi misma.

Me senté en una silla que tenían al lado de Sara y entonces pude observar a otros padres y madres con sus pequeños. Algunos haciendo piel con piel, otros acariciándoles la manita a sus pequeños a través de la ventanita de la incubadora y todos con la misma expresión en el rostro: angustia, preocupación, miedo, pánico, curiosidad y amor…sobre todo muchísimo amor.

Todas las UCIN deben contar con personal cualificado no solo en cuanto a conocimientos o cuidados de los bebés, también deben de tener la suficiente empatía y sensibilidad como para conectar emocionalmente con las mamás y los papas, lo cual es de imperiosa necesidad en esta situación. Seguramente te ofrezcan una sala de padres en la que dependiendo del hospital tendrá unas u otras prestaciones como por ejemplo maquinas expendedoras, microondas, sofás, televisión… y unas taquillas para poder dejar objetos personales antes de entrar a ver a tu bebé. En la Coruña solamente hay una especie de descansillo delante de la puerta de entrada con 10 taquillas.

La temperatura que tenían allí era de unos 24 grados y había un olor muy característico que no sabría describir pero que se me quedó grabado a fuego, de hecho mientras os escribo parece que todavía lo huelo. Todo es tamaño mini, las mantas, los gorritos, los pañales, las agujas… Había una enfermera para cada dos bebés más o menos y la verdad es que para mí todas y cada una de ellas fueron súper atentas con Sara y con nosotros.

Es normal que te asustes, oirás maquinas y bombas de medicación que pitan constantemente y en ocasiones alarmas visuales y sonoras que hacen que te dé un vuelco el corazón. Tu bebé será pequeño y frágil, así que es totalmente normal que sientas pavor al pensar en cogerle en brazos, si ya cuando un bebé nace a termino y sin problemas de salud impone cogerlos, en circunstancias contrarias más todavía. Tendrá cables, sensores y puede que le hayan puesto soporte respiratorio y por todo esto precisamente es IMPORTANTISIMO que tu bebé te sienta, tenga contacto contigo y escuche tu corazón tumbadito sobre ti. Tiene excelentes beneficios y aceleran notablemente su recuperación. Habrá días que recibas noticias muy buenas y a los tres días te digan lo contrario, es lo que llamamos dar un paso adelante y dos para atrás algo muy típico en los bebés de la UCIN. No te desesperes, no sabes lo valientes y fuertes que son los niños y lo mucho que sorprenden a los padres y a los médicos. Se agarran a la vida y luchan como auténticos campeones por superar las dificultades que la vida les hace enfrentar.

Es probable que en algún momento te manden salir corriendo porque tú bebé o cualquier otro se pone muy malito y tienen que actuar rápido. También verás como habrá papas que se van con sus bebés a casa mientras tú te quedas y otros que entrarán tan perdidos y asustados como tú. Los conocerás prácticamente a todos como el papá de o la mamá de. Compartireis penas, alegrías, llantos y os reconfortará mucho estar unidos, porque te garantizo que llevarás los rostros de sus bebés y los suyos en la mente, hasta el día tu muerte.

Lo que más me gustaba además de ver a mi niña obviamente, era reunirme con otras mamis en la sala de lactancia. Allí compartíamos ratitos de confidencias, risas y desahogo mientras nos ordeñabamos como si fueramos vacas lecheras. La verdad que era mágico y fue una experiencia que me dejó claro que en la adversidad lo único que te lleva a salir adelante es el ayudar y dejarte ayudar. Eso de que la unión hace la fuerza es una verdad como un templo.

Lo que quiero con este artículo es transmitirte tranquilidad, ya que a pesar de que da muchísimo miedo saber que tu bebé está en cuidados intensivos, te prometo que es un mundo mágico en el que el profesional médico cuidará de tu hijo como si fuera suyo. Además crearás nuevas amistades y te garantizo que acabas sintiendo ese lugar como tú propia casa. Intenta mantener la calma y cuídate mucho a todos los niveles, recuerda que estás pasando por el puerperio que es muchas veces más duro que el parto y se hace mucho más difícil de llevar cuando no puedes tener en tu habitación contigo a tu bebé o te vas de alta sin el a casa. Te recomiendo que lleves un muñequito o unas manoplitas para ponerle, eso te va a ilusionar. La cuna de Sara siempre tenía un pulpito y un peluche que iba cambiando cada dos días, eso me hacía sentirla más mía.

Marca límites y normas a los familiares y amigos que quieran visitarte. La prioridad sois tu, tu pareja en caso de tenerla y el bebé, los demás en estos casos están de más. Tú eres la que decides cuándo, cómo y dónde quieres verles y que necesitas de ellos. Y si no te encuentras con fuerzas de ver a nadie deben entenderlo, todo el que te quiera de verdad estoy segura de que lo entenderá.

Si vas a dar a luz en el HMI Teresa Herrera de la Coruña y tú bebé ingresa en la UCIN puedes tener claro que está en buenas manos. Mi experiencia allí fue muy buena, todos los pediatras fueron muy amables con nosotros además de cercanos y sensibles con nuestra situación. Cuando yo estuve Trisac era el jefe del equipo de pediatras que atendían a los peques. Susana, Suso, Dani, Alex y todos los demás nos trataron con mucho cariño durante el mes que estuvimos con Sara y las enfermeras eran amorosas. Sobre todo me quedo especial cariño hacia Carmen a la que llamábamos “Tita Carmen”, Diana que hacía que todas nos partieramos de risa y Lidia que es puro amor.

Aquí la tita Carmen acababa de bañar a Sara

Espero de corazón que después de leer este artículo puedas respirar relajada y quedarte tranquila. La gran mayoría de los chiquitines salen adelante y si hay cualquier complicación es donde mejor pueden estar. Un beso gigantesco, os leo en comentarios. Os queremos mucho.