OTROS BEBÉS ESTRELLA

Izan, mi ángel, mi estrella

Mi embarazo fue tan bueno… No tuve ninguna complicación tampoco náuseas aunque si ardor de estómago y un dolor de espalda bastante molesto, pero nada de eso me importaba porque mi pequeño estaba bien así que era una embarazada muy feliz.

Cumplía cuarenta semanas y estaba tan ansiosa por conocerte, ver tu carita y tenerte entre mis brazos que esos días de espera se hacían eternos!! El día que salía de cuentas tuve revisión en el hospital y me confirmaron que eras un grandullón al que le encantaba dormir pero que todo seguía su curso con normalidad así que no había nada de lo que preocuparse.
Tres días después de esa revisión rompí aguas en casa y enseguida aparecieron las contracciones que se repetían cada cinco minutos. Que alegría sentía, ya estabas a punto de conocer el mundo mi niño.

Me fui al hospital y cuando llegue estaba dilatada de 3 cm así que llevaba un buen ritmo y mientras el doctor te miraba con el ecógrafo de repente me cogió la mano, me miró a los ojos y me dijo: “No hay latido”

No me lo podía creer, era imposible!!! Se tenía que estar equivocando que sentido tenía? Mi hijo estaba bien hacía tres días y ahora estaba muerto?? Cómo era posible?

Me dijeron que tenía que dar a luz pero yo me sentía asustada y necesitaba que todo pasara deprisa, que se acabara lo antes posible como si de una pesadilla se tratase y quisiera despertarme. Nadie me había explicado cómo sería el parto de un bebé muerto así que no tenía ni idea de lo que se me avecinaba.

Era 11 de marzo y a las 05:20 te di a luz pero llegaste al mundo sin vida. Los profesionales sanitarios que me atendieron no me aconsejaron que debía hacer, si conocerte o por el contrario no hacerlo, pero tenía muy claro que ni la propia muerte iba a impedir que te tuviera en brazos, te besara y te envolviera con mi amor… Mi niño, mi pequeño y precioso Izan. Cómo asumir que no ibas a venir a casa a disfrutar de tu vida rodeado del calor de tu familia?

Llegue a casa con los brazos vacíos y un terrible hueco en mi alma y en mi vientre haciendo que mi vida careciera de sentido sin ti. Los días posteriores fueron un infierno ya que no encontraba consuelo en nada ni en nadie. Cada vez que me encontraba a alguien se repetían las mismas frases “tienes que olvidarlo” “pasa página” “pasó porque tenía que pasar, no le des más vueltas” y llegue a tener miedo a salir a la calle porque no quería oír como la gente intentaba borrar a Izan del mundo. Era mi hijo ¿Por qué nadie me comprendía?

La explicación que me dieron fue que había sido un accidente y que le tocaba a una mujer entre un millón. MENTIRA. Somos muchas, somos demasiadas como para que se nos clasifique en una simple estadística.

Doy gracias a la asociación “Bolboretas no ceo” (Mariposas en el cielo) que me dio vida, me consoló y dio esperanza cuando todo el mundo me daba de lado. Por fin me sentía comprendida y podía poner voz a mi dolor, mi hijo existió y sigue existiendo en mi corazón. No está conmigo físicamente pero vela por mi e ilumina todos mis días y mis noches protegiendo mis sueños y calmando mis miedos. No tengo tus huellas, no tengo una fotografía tuya, pero te llevo tatuado en la piel al lado de tu hermana y anclado en mi alma. Te amo Izan.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Lo que Julia me regaló

Hola a todos mi nombre es Ana y esta es mi historia. 

Cuando tenia 12 años mi madre murió en un accidente de tráfico que supuso un antes y un después en mi vida en todos los sentidos. Me centré mucho en estudiar, me aislé de mis compañeros y la biblioteca se convirtió en mi casa porque era el único lugar en el que me sentía feliz, refugiada y a salvo. Estudié dos carreras y conseguí un buen trabajo el cual me permitía llevar una vida acomodada y sin complicaciones. Pero cuando tenia 33 años me di cuenta de que me faltaba lo más importante de todo… el amor. Mi historial sentimental indicaba claramente que los hombres no me entendían (o yo no les entendía a ellos) así que decidí experimentar el amor más puro que existe en la tierra; iba a ser mamá. Mi decisión no fue bien aceptada por mi familia ya que ellos no comprendían los motivos por los cuales quería ser madre soltera, así que me vi sola ante un proceso largo y complejo que en más de una ocasión estuve a punto de abandonar. 

Con 35 años y después de varios tratamientos hormonales e inseminaciones por fin me quede embarazada de una niña preciosa a la que llamaría Julia, como mi madre. Tuve un embarazo maravilloso, tenía más energía que nunca así que trabajé hasta el día en que me puse de parto. 

Rompí bolsa con 37 semanas y comencé con contracciones más o menos soportables por lo que decidí esperar a que fueran más constantes para acudir al hospital. Cuando llegue allí tenía la sensación de que había mucho jaleo y poco personal así que con paciencia esperé a que me atendieran. Cuando pase a la sala de exploración una matrona muy amable se puso a buscar el latido del bebé. Su cara tenía una expresión muy extraña y empezó a llamar a otras compañeras que enseguida se acercaron y junto a ella miraban hacia la pantalla donde estaba mi bebé y hacia el suelo con expresión de tristeza. Yo no comprendía nada… estaba de parto porque mi bolsa estaba rota, el líquido amniótico tenía un color normal y cada vez tenía más ganas de empujar, que podía ir mal? 

Entonces la matrona miro para mi y con lágrimas en los ojos me dijo “Ana lo siento muchísimo, no hay latido”. Me quede en shock… no entendía que era lo que había sucedido ni porqué así que comencé a hacer preguntas que nadie parecía poder responder. Pedí que llamaran a mi ginecólogo pero me dijeron que en ese momento estaba ocupado, por lo que en su lugar apareció un compañero suyo para explicarme cómo iba a ser el parto. De repente, una fuerza descomunal se concentró en mi abdomen y tuve la imperiosa necesidad de empujar, así que les avise y con cuatro empujones Julia nació en la sala de exploraciones sin tiempo para trasladarme al paritario.

Me preguntaron si quería verla o cogerla y con los ojos cerrados moví mi cabeza de lado a lado. No pude hacerlo porque no soportaba la idea de conocerla y no poder sentir vida en su interior. Cuando mi madre falleció fui yo quien entré a reconocer su cuerpo; aquello me dejó marcada para el resto de mi vida y me veía incapaz de hacerle frente de nuevo a la muerte. Pedí a gritos que me llevaran enseguida a la habitación y una vez allí empecé a llorar desconsoladamente, sin control y con absoluta desesperación, por lo que me pusieron una especie de calmante vía intravenosa que me dejó completamente KO. Oía voces a mi alrededor pero no era capaz de abrir los ojos ni de despertarme. Mi padre estaba allí y me decía que todo iba a ir bien pero yo solo quería llegar a mi casa, cerrar la puerta y quedarme sola.

Después de tres días me dieron el alta en el hospital y me fui a casa con los pechos terriblemente doloridos goteando leche y toda la soledad del mundo instalada en mi alma. Pase un mes entero saliendo de casa solamente para tirar la basura, hacía la compra por internet y cuando no me apetecía cocinar pedía a domicilio. Lloraba desde que me despertaba y solo paraba cuando dormía, así que la mayor parte del tiempo estaba metida en mi cama rodeada de pañuelos de papel. La leche que goteaba de mis pezones me recordaba constantemente que Julia no estaba, así que llame a una amiga que es médico para que me diera la pastilla que corta la leche y de paso un tratamiento que aliviara la mastitis que tenía. 

Dos meses después de que Julia falleciera me llamo mi ginecólogo para hacer una revisión pero no me presenté, para que quería revisarme nada? Si soy sincera en ese momento pensaba que ojalá tuviera algo malo porque lo mejor que podía pasarme era morir. A los 6 meses me reincorpore al trabajo pero ya nada era igual… por mucho que me esforzaba ningún proyecto me llenaba y toda aquella pasión que sentía por mi profesión se había desvanecido. Mi ginecólogo seguía llamándome para que acudiera a su consulta e incluso me dejaba mensajes en el contestador invitándome a tomar un café, pero tuvieron que pasar casi dos años más para que me decidiera a ir. Llevaba un tiempo con reglas muy dolorosas así que creí que era un buen momento para realizar una revisión. Al entrar en la consulta me di cuenta de que nunca me había fijado en lo guapo que era, de hecho me puse tan nerviosa que tropecé con una silla y me caí encima de la mesa del despacho. El se río, me ayudo a sentarme y tras hacer la consulta en la que comprobó que estaba todo bien empezamos a hablar de Julia. 

A día de hoy sigo sin entender que fue lo que me paso ese día pero de repente empecé a llorar y a contarle lo mucho que me arrepentía de no haber conocido a mi niña. Me abrazó muy fuerte y me consoló durante media hora hasta que de repente se levantó, cogió una carpeta vieja y su teléfono móvil. Lo primero que pensé fue que llamaría al equipo de psicología para que vinieran a atenderme, sin embargo de esa carpeta sacó una cartulina con las huellas de los pies y de las manos de un bebé. No comprendía porque me enseñaba eso, que era para torturarme más? Me sonrió y me dijo “estas huellas son de Julia”. Buscó en su teléfono móvil y me enseñó varías fotos de un bebé muy blanquito de piel que vestía ropa de hospital y con los ojos llenos de luz, me contó que estaba enamorado de mi desde el primer día que entré por la puerta de su despacho. Me pidió perdón porque cuando mi niña murió el estaba en el hospital y al saber que Julia había muerto, no se atrevió a ser el quien me atendiera en el parto porque no iba a soportar verme tan destrozada. Así que me confesó que una vez que me llevaron a planta el pidió ver a Julia, la vistió, le saco las huellitas, le hizo fotos y la tuvo en brazos dándole cariño a su cuerpo ya inerte.

No me lo podía creer, tantos días con sus largas noches sintiendo que la culpa me ahogaba porque no tenía ni un recuerdo de mi niña… y resulta que era el quien los guardaba. Tenía en ese momento tantos sentimientos encontrados que no sabia si pegarle, si gritarle o si salir corriendo, sin embargo le miré y lo único que pude hacer fue besarle como nunca había besado a nadie. Me enamoré perdidamente en ese instante porque jamás nadie había hecho algo tan bonito por mi. 

Un año después nos casamos y al año siguiente teníamos a nuestro hijo Hugo con nosotros. A día de hoy echo la vista atrás y sé que Julia vino a este mundo no solo para cumplir mi deseo de ser mamá, también lo hizo para devolverme la inocencia y la capacidad de sentir que había perdido con la muerte de mi madre. Me gusta imaginarme que las dos están en el cielo, cuidándose una a la otra y esperando a que llegue mi hora. 

Mi niña me enseñó que ocultar los sentimientos solo hace que se encallen en el alma y te dañen terriblemente. Cuando encontré a @una_madre_mas supe que tenía que contarle mi historia para que pudiera publicarla en su página web y así poder ayudar a otras personas que estén pasando por momentos duros en sus vidas. Me gustaría que todo el que leyera mi historia comprendiera que todo el mundo tiene problemas, momentos malos, desgracias familiares y mala suerte a lo largo de su vida. Que no están solos porque somos muchos los que hemos perdido un hijo e incluso nos hemos perdido a nosotros mismos y que la única forma de vivir es comprendiendo que el amor es el único camino. 

Quiero dar las gracias a @una_madre_mas por su valentía, su coraje y su amor desinteresado hacia todos los seres humanos de esta tierra. Hablar con ella es un auténtico placer, tiene una voz relajante, es dulce e infinitamente buena. La admiro muchísimo  porque cuando Julia murió yo fui incapaz de pensar en otra persona que no fuera yo misma, e incluso me comporté mal con los demás culpándoles de mi dolor. Quedan muy pocas personas capaces de sentir tanto amor por los demás así que espero poder darle un abrazo muy grande algún día para nutrirme de su pureza. Para mi es un privilegio haberla encontrado en este mundo virtual y siento que su Sara es un ángel que también me cuida a mi.

Espero que os haya gustado, os mando un beso enorme.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

La historia de Pol: El proyecto

Después de unos años de convivencia decidimos crear la familia Rius Barberá; no nos gustan las cosas típicas, por eso, al final conseguimos crear nuestra boda a medida. Todo ello una excusa perfecta para compartir con los amigos y la familia más próximos algo que íbamos a empezar.

Cada uno de los pasos del proceso fue muy intenso y los fuimos concluyendo con éxito, la ceremonia, el convite, el viaje de novios y hasta el resto de viajes como matrimonio acabaron con recuerdos maravillosos. Sabíamos que eran experiencias que deberíamos aparcar durante unos años porqué el objetivo más importante era tener nuestra familia.

Así pues, cuando la madre naturaleza se puso en marcha paramos los viajes y empezamos a invertir en nuestro nidito. Hicimos obras en el jardín, preparamos la habitación para el fruto de nuestro proyecto. Al final todo ella era nuestra forma de vivir al máximo la llegada de nuestro hijo Pol.

Los hechos

Después de 37 semanas de embarazo tocaba el momento de conocer el hospital donde tenía que nacer Pol, la clínica del Pilar. O sea, que el sábado 26 de abril a las 12h ahí estábamos a punto para conocer la comadrona. Un paseo por las instalaciones, muchas explicaciones y detalles de cómo sería el parto. Cuando todo ya estaba claro Estefanía hizo un comentario inocente: “hace un par de días que noto poco al bebé”. Aprovechando que estábamos en el hospital hicimos un registro para comprobar que el bebé estaba bien y aquí es donde empieza la historia. El corazón funcionaba bien pero el bebé no se movía, ni comiendo chocolate, ni paseando, ni siquiera molestándolo con las manos.

Llegados a este punto lo que tenía que ser una simple visita al hospital se convirtió en un parto. La comadrona rompió la bolsa y las aguas eran limpias. Todo nos hacía pensar que podría haber un parto natural. Al poco rato la actividad del corazón del niño se para y los hechos se precipitan. Rápidamente trasladan a Estefanía al quirófano mientras yo ajeno a todo ello estaba en la habitación dejando la ropa. Así que cuando vuelvo Estefanía ya no está donde la dejé y me mandan a una sala de espera. En quirófano los hechos van muy rápidos y en cuestión de minutos le practican una cesaría.

Pol ya está aquí, ha nacido nuestro primer hijo a las 16:35 y pesa 2.980gr. Todo el mundo está muy nervioso porqué Pol no llora y está muy aturdido. Alguna cosa ha pasado cuando estaba dentro de la madre. No sé sabe qué ha pasado, ni cuando ha pasado, pero necesitan 15 minutos reanimación para recuperarlo. El corazón empieza a funcionar, pero los órganos están muy tocados y también se sabe que hay alguna afectación neurológica pero no se sabe el alcance de la misma. Rápidamente lo trasladan a la UCI y ahí el equipo de pediatras toman la decisión de trasladarlo a un hospital más equipado donde le puedan hacer más pruebas.

Durante todo este proceso Estefanía no para de reclamar mi presencia, y a mí, los minutos se me hacen eternos. A las dos horas aproximadamente nos reencontramos y los médicos nos explican lo que ha pasado. Estefanía debe quedarse en la habitación y yo me voy a la UCI a conocer a nuestro hijo. El primer impacto es muy duro por qué Pol está completamente lleno de tubos y más tubos. Rodeado de máquinas que no paran de pitar. Los médicos y enfermeras se acumulan encima del pequeño haciéndole mil pruebas.

Esta situación se alarga unas pocas horas por qué trasladan a Pol rápidamente a la UCI de “Sant Joan de Déu”. Por suerte en ese momento nuestros amigos Xavi y Sabina ya están con nosotros y nos han traído varias cosas de casa. Así que Xavi y yo nos vamos al hospital “Sant Joan de Déu” con el bebé y Estefanía y Sabina se queda en el hospital El Pilar. Las horas han ido pasando y ya es de noche y por mucho que mire el reloj soy incapaz de saber qué hora es.

Mientras acaban de acomodar a Pol en la UCI, nos mandan a la sala de espera donde aprovechamos para comer alguna cosita. Ya han llegado las familias y todos nos cuentan sus historias. Pero todavía no sabemos cómo acabará la historia de Pol. Una falta de oxígeno ha provocado daños en los órganos, pero lo más peligroso son los daños cerebrales. Finalmente vuelvo a ver a Pol está inmerso en un montón de máquinas que no paran de aplicarle tratamientos. Una reunión con el médico de guardia me reitera la incerteza de la situación y nos prepara para lo peor. Las próximas 48-72h son vitales.

Vuelvo al hospital del Pilar y me reencuentro con Estefanía. Sus padres están ahí y les pongo al día de los hechos. Es muy tarde y el cansancio se apodera de nosotros. Conseguimos dormir unas horas a pesar de las interrupciones de las enfermeras que aplican diferentes curas para la cesaría a Estefanía. La mañana siguiente los ginecólogos consiguen que “Sant Joan de Déu” acepte el ingreso de Estefanía para que podamos estar cerca de Pol.

Antes de comer ya estamos toda la familia en el hospital con Pol. No me hagáis decir como, pero Estefanía saca fuerzas para levantarse de la silla de ruedas y poder saludar a nuestro hijo. La evolución de Pol es simplemente constante, no hay mejoras que nos hagan ser optimistas y los médicos cada vez que tienen ocasión nos preparan para lo peor. Una persona con los órganos dañados tiene posibilidades de vivir, pero si las funciones neurológicas no se recuperan solo podemos aspirar a que sea un vegetal totalmente dependiente de las máquinas.

Los días se hacen eternos y las horas pasan al lado de Pol mientras las muestras de apoyo no paran de llegar. La relación con los otros niños de la UCI, las enfermeras y médicos ocupan todo nuestro tiempo y Estefanía hace lo imposible para reducir sus impedimentos físicos y poder estar con Pol. Llegan las primeras 48h y no hay nada que nos haga pensar que Pol se podrá salvar. Los médicos nos recuerdan una y otra vez que habrá un momento donde deberemos decidir.

Finalmente llegan las 72h y no hay mejoras. La recomendación es clara, los médicos son muy honestos y nos dejan muy claro que podemos seguir esperando y alargar la agonía pero que la cura no llegará. Así pues, finalmente tomamos la decisión. No es sencillo hablar de esto, pero por suerte tanto Estefanía como yo tenemos las cosas muy claras. Si no puedes disfrutar de la vida, si no puedes llenar tu tiempo de experiencias esto no es vida. Por lo tanto, la decisión está clara. Esto no lo hacía más sencillo, pero nos marcaba el camino a seguir.

Tocaba preparar la despedida. Creo que es una gran suerte poder decidir cómo nos despedimos de alguien que has llegado a querer tanto en tan poco tiempo. Hasta ese momento no habíamos podido abrazar a Pol debido a las máquinas y los tubos. Así pues, decidimos vestirlo y llevarlo a nuestra habitación, allí la familia se despide de él y finalmente le decimos adiós mientras su corazón se apaga entre nuestros brazos.

Decidir qué hacer con el cuerpo de tu hijo es muy duro y sobretodo darse cuenta de hasta qué punto esta pervertido el sistema todavía más. Una vez aceptadas las posibilidades que teníamos decidimos hacerle una necropsia e incinerarlo. Por suerte las personas que nos atendieron fueron muy sensibles y nos facilitaron el camino.

El aprendizaje

Cuando a uno le toca vivir episodios tan duros se puede preguntar muchas cosas, pero si algo he aprendido durante el camino de mi vida es que tenemos que estar agradecidos por todo lo que se nos envía. Es evidente que nuestras perspectivas y nuestros planes eran otros y que nadie quería que los hechos fueran estos. Pero somos unos afortunados por qué se nos mandó un regalo en forma de bebé precioso y con él venía una lección de vida que nos hace crecer y nos permite ver las cosas desde otro nivel.

Aceptar lo que se nos envía, descubrir el amor incondicional y estar agradecidos por cada segundo de salud y de vida son solo unos pequeños ejemplos de hasta qué punto somos afortunados. No olvidaré nunca hasta qué punto sentía amor por aquella vida. Una vida a la que le quedaban instantes para irse. A partir de ese instante un vínculo infinitamente poderoso se creaba en mi corazón. Pol estaría dentro de mi dónde estaría hasta el último de mis días.

En el día a día los temas importantes quedan diluidos por muchas otras situaciones, es sencillo darse cuenta de que hemos llenado nuestra vida de cosas materiales o que nuestros valores han estado confundidos por deseos banales; lo realmente complicado es cambiar esto. Somos objeto de un regalo fantástico que es la vida y esta tiene un tiempo finito. Llenarla de experiencias maravillosas y de amor solo depende de nosotros. Entender hasta qué punto son especiales los momentos que vivimos es una decisión que hemos de tomar. A menudo veo como las personas que me rodean confunden vivir alegremente con vivir feliz. Es evidente que la alegría es una emoción muy agradable pero cada día tengo más claro que la felicidad también se vive en los momentos duros por qué estos están creando cosas realmente poderosas en nuestro interior.

En secundaria me explicaron por primera vez que los humanos somos seres sociales, en aquel momento me costó aceptarlo. Por suerte, la vida me ha enseñado que no solo somos seres sociables, sino que este hecho nos llena de emociones que son la base sobre la que se construyen ilusiones, al fin y al cabo, la sociedad es la piedra angular sobre la que se articula nuestra vida. La familia es una forma de organizarnos en pequeños grupos dentro de la sociedad, pero este grupo no lo podemos escoger en cambio sabemos que siempre estarán ahí para apoyarnos pase lo que pase. Lo que si podemos escoger son los amigos que cuando lleguen circunstancias difíciles están a nuestro lado apoyándonos y dándonos lo mejor que tienen para ayudar.

Donde quiero ir a parar con todas estas ideas es algo muy sencillo, la compañía. Al final a este mundo llegamos solos y nos vamos solos. Nadie nos acompaña en este camino y lo tenemos que hacer con solidaridad. Por eso mientras estemos vivos poder disfrutar de la compañía de las personas que queremos es fundamental.

El futuro

Mirar hacia adelante y pensar en el futuro en estos momentos diría que es lo que más cuesta. De repente los proyectos que te llenaban el día a día pierden fuerza y te cuestionas si tienen sentido. Es evidente que somos jóvenes y además estamos convencidos que podemos tener hijos. Tenemos muy claro que estos jamás llenarán el espacio de Pol, pero sí que le harán compañía. Para nosotros Pol nunca morirá por qué es una emoción instalada en nuestro corazón.

A lo largo de la vida he tenido que pasar por otros momentos en que he tenido que reconstruir mi futuro después de un cambio imprevisto importante. A menudo en estos momentos nos hacemos preguntas que nos parecen muy importantes. ¿por qué yo? ¿qué he hecho mal? y muchas otras similares. Pero si he aprendido algo de estos momentos es que es fundamental hacerse las preguntas adecuadas. No nos tiene que dar miedo darnos cuenta que estamos buscando la solución a un problema que no hace falta resolver. Es mucho mejor cambiar el enunciado de la pregunta y conducirnos hacia respuestas que nos permitan construir nuestro futuro. No importa que no nos sintamos con fuerzas si encontramos un QUÉ llegaremos el CÓMO.

Nuestros valores y creencias son fundamentales para nuestras decisiones. Pero estos no son estáticos ni fijos, así pues, cuando nos pasa algo tan importante como lo que estamos viviendo en estos momentos es interesante cuestionarse ciertos valores y construir nuevas creencias que dejen atrás las viejas que nos fueron muy útiles, pero ya no nos sirven.

Para mí lo más difícil cuando estoy triste es conectar con la ilusión. Las pasiones se me apagan y todo es una montaña. Llegados a este punto lo que hago es confiar en que todo es un proceso y que el camino no vendrá de golpe. Así pues, sabiendo lo que me gusta voy forzándome poco a poco a llenar mi tiempo con estos ingredientes. De esta forma me voy haciendo crecer el deseo por lo que me apasiona y voy avivando la llama de la ilusión para que cada día queme con más fuerza. Estos momentos todavía los veo lejos pero el proceso ha empezado.

El porqué de estas letras

La finalidad de esta entrada en mi blog es diversa. En primer lugar me hacía falta poner orden. La siguiente motivación es compartir. A menudo vemos como algo natural compartir los buenos momentos y escondemos los malos. Pues bien, ahora toca compartir este momento de crecimiento personal tan importante. Además, no siempre tienes las fuerzas para explicar una y otra vez la historia a todas las personas que te preguntan. Así pues, a través de este medio lo podemos hacer sin desgastarnos emocionalmente.

Agradecimientos

A lo largo del proceso que hoy hace una semana que se desencadenó hemos estado en contacto con muchísimas personas. Algunas ya las conocíamos desde hace meses y otras simplemente hemos compartido minutos con ellas. Pero todos tenían algo en común, todas son seres humanos excepcionales.

Infinidad de gracias y agradecimientos a todas las personas del centro Milenium de Vilafranca, del equipo del hospital clínico El Pilar, de “Sant Joan de Déu” i a la gente del SEM. No daré ningún nombre por qué cuando conoces a tanta gente fantástica en tan poco tiempo eres incapaz de recordar todos los nombres y sería injusto olvidarme un solo nombre. Lo que si tengo claro es que para hacer su trabajo y de la manera que la hacen hay que ser un fuera de serie.

Yo siempre he trabajado de lo que me apasiona y por lo tanto siempre he valorado muchísimo a las personas que trabajan en su vocación. Pues bien, diría que en una semana he conocido más personas vocacionales que en el resto de mi vida. Ver como cuidaban a Pol con ese amor y delicadeza que solo puede nacer de alguien que desarrolla su profesión con vocación, esto va mucho más allá de la recompensa económica; esto tiene que salir de dentro. Todo este equipo de vocacionales te hace sentir especial, te hace sentir querido y apoyado. No quiero tampoco olvidarme de la familia, amigos y conocidos que han estado ahí en todo momento dándonos cariño y ayuda.

¡MUCHAS GRACIAS POR TODO A TODO EL MUNDO, SOIS FANTÁSTICOS OS QUEREMOS!

Contexto

Este es un artículo del blog de Oriol Rius, escrito el 3/5/2014 y traducido al castellano el 5/4/2019.

Enlace original al artículo: http://oriolrius.cat/blog/2014/05/03/la-historia-del-pol/

Pol nació el 26/4/2014 y nos dejó el 29/4/2014.

Oriol Rius y Estefanía Barberá son los padres de Pol Rius Barberá, protagonista de esta historia.

Actualmente Pol tiene dos hermanos Roc (2016) y Nil (2018), ambos son dos niños totalmente sanos. Antes de dar la bienvenida a Roc la pareja pasó por un aborto a las 8 semanas.