OTROS BEBÉS ESTRELLA

Relato de un parto muy deseado. Mi estrella Tro’s

Esta es la historia de mi parto… El parto más deseado y más bonito que podría haber tenido debido a una serie de circunstancias que iré explicando a lo largo del relato de forma que tod@s entenderéis el porqué.

Símbolos de puro amor

Después de una lucha burocrática y personal con mi Mutua, ésta finalmente aceptó que podía parir en el hospital que yo pedía. Las circunstancias del momento y de lo sucedido me impedían ir a la clínica privada donde ellos me mandaban y, gracias a mucha gente que me ayudó, pude dar a luz en un hospital con un protocolo especializado para mi caso. La noche anterior no recuerdo si descansé o dormí mucho, pero lo que sí sé es que soñé con mi parto, aunque ese sueño no se parecía en nada a lo que viví.


Dejamos a mi peque de 5 años recién cumplidos con los yayos medio dormido, y nos despedimos de él con un fuerte abrazo. Sus últimas palabras me llegaron muy adentro: “Dale un beso muy fuerte de mi parte y un abrazo”. Mi principal miedo era que el trabajo de parto durara muchas horas y que él tuviera que pasar la noche con los yayos ya que nunca ha dormido en otro sitio que no sea con nosotros (ha sido elección suya y siempre se la hemos querido respetar). En esta ocasión cabía la posibilidad y aunque intentamos concienciarle mucho desde el primer momento él no estaba muy convencido, así que nos despedimos sin saber hasta cuándo nos veríamos.

Llegue con mi marido sobre las ocho pasadas debido a las retenciones de tráfico que encontramos y la verdad es que la entrada fue dura porque nada más cruzar la puerta, me encontré con varias mujeres que estaban en el mismo estado que yo, pero que seguramente no iban para lo mismo ni tendrían el final que a nosotros nos esperaba así que empecé a derrumbarme bastante.

Nos pasaron al paritorio y me ingresaron en un box. Enseguida entró la comadrona, se llamaba María, y me cogió de la mano al momento, me preguntó cómo estaba y me mandó quitarme toda la ropa y prepararme para el momento.

Así que me tumbé en la camilla y María se sentó a mi lado. Me dio la mano y hablamos… ¡Hablamos mucho! Me explicó como sería el proceso, aunque yo ya iba preparada porque me lo habían explicado anteriormente en la visita y a mayores tenía una gran suerte de haber estado en contacto previamente con muchas otras mamás que habían pasado por lo mismo. Me empezó a contar todos los efectos secundarios que tendría y juntas repasamos el plan de parto que yo llevaba, lo cual simplifico mucho todo basicamente porque me permitían hacer todo lo que yo había planeado. La verdad que fue fantástica, me dijo que todo lo que quisiera lo pidiera y que ella me lo concedería siempre dentro de sus posibilidades y de las circunstancias del momento, claro.

Algo que tenía muy claro y que decidí desde el principio era que quería hacer todo el proceso sin epidural y a pesar de que sabía que el protocolo era ponerla, aceptaron sin ningún problema y quedamos que siempre podría pedirla si me veía con la necesidad. A las nueve pasadas me realizó un tacto para comprobar que todo estaba correcto y apenas noté molestia ya que fue muy respetuosa y cariñosa, en todo momento me decía siempre lo que iba a hacerme y como. Entonces empezó a ponerme la primera medicación: cuatro pastillas de Misoprostol por vía vaginal que desencadenarían las contracciones y el inicio del parto. Para que os hagáis una idea, María nos dijo que en la inducción de “un parto a término” se usan unos 25gr y a mi me iban a poner 800gr.

El reloj todavía no marcaba las diez y yo ya empecé a notar los primeros efectos secundarios de la medicación que María me había dicho: temblores, escalofríos y frío. Mi cuerpo empezaba a transitar en una mezcla de emociones que ya venían de muchos días atrás… Mis piernas se movían solas y no podía pararlas, las manos y los brazos también, pero lo de las piernas era algo brutal. Me hizo transportarme y recordar la experiencia de mi primer parto con mi hijo mayor, que también tuvimos la suerte de que fue muy respetado y consciente.

Estaba tumbada en la camilla porque me pusieron suero y tenía que estar quieta, pero en cuanto me lo quitaron salté de la cama porque necesitaba moverme. Tenía tanto frío que tuve que ponerme un chaquetón que llevaba!! Tal y como me había avisado la comadrona mi temperatura corporal comenzó a subir y apareció la fiebre por causa de la medicación (de hecho tenía que controlarlo porque podía subir demasiado).

Yo me sentía bien, no estaba nerviosa, empezaba a notar movimientos raros en mi barriga y comenzaba a moverse “sola” sintiendo lo mismo que cuando tienes sensación de hambre, era como si mi interior fuera un mar cuyas unas olas iban rompiendo en mi vientre.

Era el momento de preparar su “altar” así que le preguntamos a María donde podíamos poner las cosas que habíamos traído para acompañar su llegada y nos dijo que lo podíamos hacer en su camita. Fue el mejor sitio que pudo aconsejarnos porque quedó preciosisimo: allí colocamos todas las cosas que me habían dado unas amigas en una ceremonia realmente emotiva que le dedicamos unos días antes. Las fotos de las ecografías que teníamos, todos los miembros de la familia representados y “la ropita” que nos había hecho una amiga muy especial poniendo todo su amor y cariño. Le pedí al papa que nos hiciéramos fotos: nos hicimos fotos juntos, separados, al altar solo, de todas las maneras aprovechando que yo no tenía muchas molestias todavía.

Aquí estoy yo al lado del altar de mi bebé


Empecé a notar otro de los efectos secundarios de la medicación con el que mi pobre marido tuvo que lidiar también: gases y cagaleras de una forma muy exagerada… con un olor muy fuerte, la verdad. Tuve que ir muchas veces al baño y en ese momento sí que me dolía bastante la barriga y sentía como algo dentro de mi pasaba o se estaba preparando.

Sobre las doce me explicaron que me pondrían de nuevo dos pastillas y que si lo veían bien me romperían la bolsa para facilitar el parto y hacerlo más rápido, pero no pudieron porque no llegaban aún al cuello del útero y apenas había dilatado. El tacto fue algo más doloroso, pero soportable. Me pusieron dos pastillas más y me volvieron a dejar en la habitación así que podía moverme, estar a mi aire y sobre todo tranquila.

Hablando con María nos preguntó si queríamos hacer una último eco y verlo, ya que hacía más de un mes de la última a lo que nosotros respondimos que si, así que se fue a buscar a la ginecóloga de guardia y vino con el ecógrafo. Fue algo tan bonito y especial poder verle así por última vez y poder certificar que estaba donde yo lo sentía y lo notaba desde semanas atrás… Él estaba tranquilo, esta vez se movía poco porque la medicación empezaba a hacerle efecto, pero nos pudo saludar por el aparato una vez más y pudimos escuchar el tremendo latido de su corazón. El papa hizo fotos y vídeos del momento, y será uno de los tantos recuerdos de ese día que mantendremos siempre con nosotros.

Sobre las 13h pasadas vino una gran amiga a verme para que papá pudiera irse a comer así que aprovechamos para hacernos fotos con ella. La verdad es que me hizo mucha ilusión que estuviera en ese momento porque fue para nosotros un gesto muy significativo y sobre todo una gran muestra de cariño para toda nuestra familia.

Eran sobre las 14:00 cuando vino la comadrona a decirnos que se iría a comer, que dejaba a cargo a otra por si necesitaba algo y que ella llegaría pasadas las 15h. Le comenté las ganas que tenía de hacer caca así que me dijo que si tenía ganas otra vez que avisara para no “sacarlo” sin darme cuenta y no llevarnos un disgusto después de todo lo que habíamos luchado para conseguir nuestro sueño/pesadilla hecha realidad.

Estuve con mi amiga hablando mientras los calores y fríos seguían junto con los temblores de piernas y sobre todo brazos. Ahora sí que empezaba a llegar el momento… aunque a mi no me lo parecía porque no tenía esos dolores tan intensos de los que hablaba todo el mundo (os recuerdo que no tenía epidural por elección propia).

Pasadas las 14h llegó de nuevo el papá, mi amiga se marchó a trabajar y antes de irse me recordó que respirara y que no fuese tan dura conmigo misma, que ya era bastante doloroso todo lo que estábamos pasando y lo que nos venía, así que si sentía mucho dolor me aconsejó que pidiera medicación. Le dije que sí, que se fuese tranquila y que ya la mantendríamos informada.

Los dolores cada vez eran más intensos y fuertes, pero la verdad bastante soportables. Iba mirando la hora de reojo, así como podía, porque quería esperar a que llegara María. Pero de repente me tuve que abrazar a mi pareja (que estuvo acompañándome y dándome su confort, apoyo y amor en todo momento) y empecé a hacer movimientos circulares, sintiendo de una forma muy intensa aquellos últimos pasos de mi bebé dentro de mí.
Eran sobre las 15h cuando pero de repente y de forma casi incontrolable volví a tener la necesidad de ir al lavabo así que llamé para avisar y me dijeron que lo hiciera en una especie de orinal. Fue salir del baño y llegó una contracción muy fuerte así que abracé fuerte al papá y le dije que tenía mucho dolor. Empecé a sudar mucho y seguía con los temblores… (el papá dice que en ese momento me cambió la cara por completo). Él me dio la mano y no dejaba de soltarla, me intentó abrazar pero le dije que no quería abrazo. Me quedé en la cama como una cucaracha totalmente inmovilizada. Venía algo, lo sentía! Pero no sabía si seria él… Tocamos al timbre y apareció una comadrona que dijo: “¡Voy a buscar a María!”a lo que yo conteste: “¡Sí, por favor!”.

Empecé a notar que me salía algo, era como pipí, pero no podía ni controlarlo ni pararlo (era el líquido amniótico que empezaba a salir). Tenía mucho calor y me hubiera ido genial un abanico en ese momento pero lo único que pude hacer fue pedirle al papá que me soplara porque la verdad, no podía más. Enseguida llegó María y dijo: “¡Uf! ¡Pero si ya está aquí!”. Le hablaba a él y siguiendo con los movimientos ese dolor se fue haciendo cada vez menos intenso hasta que prácticamente desapareció. Cuando me vi capaz de moverme me ayudaron a colocarme bien en la cama y en ese justo momento empezó nuestro último baile. Noté todo su cuerpecito dentro de mí!! Di tres sentidos pujos: en un primero salió todo el líquido que aún quedaba. En el segundo salió él y es que lo sentí tal cual. Ya era su momento y salió de mi interior tranquila y suavemente.

Nuestro hijo nació muerto o con 18 semanas de vida pero él estaba calentito como si la sangre que corriera viva por sus venas. Finalmente salió la placenta a las 15.45h de la tarde de un día de abril en este 2019.

Enseguida me lo pusieron encima… Era mi hijo!! Esa sería la primera y última vez que lo iba a tener conmigo y no quería perderme ese momento. Su piel era casi transparente y muy muy suave, era tan pequeñito…solo pesaba 185 gramos y medía unos 20 cm, pero para nosotros era el más precioso de todos. Al principio tenía un tono de piel como rosado pero poco a poco se fue tornando a un color más moreno. Me lo dejaron encima unos minutos pero enseguida se lo dieron al papá porque había quedado placenta en mi interior y al no tener la epidural puesta tuvieron que llevarme inmediatamente a quirófano. Me sedaron para quitar el resto con un legrado que fue muy rápido ya que antes de media hora ya estaba de nuevo con mi bebé y mi pareja.

Estuvimos con él hasta más allá de las 19:00 y esas horas que pasamos a su lado fueron parte del momento más mágico, bonito, doloroso y triste que vivimos. Nos hicimos fotos, plasmaron sus huellas, le hablamos, le besamos, etc. Era tan bonito y estaba tan tranquilo y sereno…

No hay palabras que describan ese momento que vivimos y que no olvidaremos jamás. Pero de lo que no me voy a arrepentir nunca es de haberlo vivido de esa manera tan respetuosa, amorosa, cálida,… con la situación tremendamente dolorosa, triste y conmovedora que era. El era y será siempre nuestro tercer hijo.

Llegó por desgracia la hora de marcharnos de aquella habitación y teníamos que entregar a nuestro hijo. Al mismo momento en el que nos despedíamos de él, de su cuerpo tan frágil y tierno, escuchamos a una mamá gritar porque estaba dando a luz a su hij@ y fueron sus lágrimas y sus gritos los que nos despedían de aquella gran experiencia. El mundo nos estaba enviando una señal: la vida y la muerte siempre están y estarán unidas, aunque haya mucha gente que no lo quiera ver y aceptar. Así pues, le dimos nuestro pequeño a María y acto seguido ella lo envolvió con una toalla del hospital y nos dijo que nos fuéramos “tranquilos” que ella se haría cargo de él y lo cuidaría. Lo había hecho conmigo desde el primer momento en que entre al hospital, con su padre y ahora lo haría con él, con nuestro tercer hijo.

El siguiente paso fue ir a la funeraria y decidir incinerar a nuestro “feto”, porque al no cumplir los días/semanas suficientes no podía ser llamado por su nombre ni podríamos registrarlo como hijo nuestro y sin duda ese fue uno de los momentos más dolorosos del día.

Mi suerte fue llegar a casa y poder abrazar a mi hijo mayor ya que eso apaciguó en parte mi incalculable dolor. Las primeras palabras que salieron de su boca fueron: “¿Le diste el beso y el abrazo al bebé?”

Supongo que os podéis imaginar cómo estoy desde entonces… Hay momentos de todo tipo en esta montaña rusa del duelo: sentimientos contrapuestos que hacen que sigamos con nuestra lucha personal contra lo que la vida nos ha ofrecido y lo que debemos aceptar y aprender.

Agradezco infinitamente a todas las personas que nos acompañaron en todo el proceso y todas las que se han ido sumando para ayudarnos a poder hacer de esta durísima experiencia algo mágico, sin ellas no hubiésemos podido cumplir nuestro sueño y despedirnos como nos merecíamos de nuestro tercer hijo. Y es que de nuestro segundo no nos lo permitieron, fue otra historia muy dura también que en otra ocasión os explicaré pero estoy convencida que tanto de ésta, como de aquella, saldremos adelante…si, estoy segura. Desde luego no es un camino fácil y sin duda es una batalla que tendremos que pasarla con mucha compañía que gracias a Dios ya tenemos y estamos convencidos de que llegara más apoyo. Porqué nuestras estrellas, allá donde estén unen a todas sus familias al mismo tiempo que permanecen para siempre con nosotros y creo que esto es lo más mágico de todo.
Para acabar, me gustaría dar las gracias a mi familia y a mis tres hijos, pero sobre todo, y muy en especial, al que me ha permitido vivir esta experiencia que os he descrito en este relato.

Como habéis visto es la narración de un parto muy deseado, pero con un final muy diferente a los que podemos conocer normalmente. Nos encontrábamos ante un caso de interrupción del embarazo porque mi hijo padecía una enfermedad genética degenerativa que yo también padezco, pero del cual tengo poca afectación. Todos los médicos especialistas en el tema nos habían confirmado que él la iba a heredar en un mayor grado y que muy probablemente iba a causarle una vida de sufrimiento continuo. Tras mucha meditación y con el corazón roto en mil pedazos, tuvimos que tomar la decisión más dura de nuestra vida por segunda vez… Para sufrir ya llegábamos nosotros. El ahora se ha ido a un mundo mejor donde millones de estrellas le acompañan y estoy segura de que celebran sus fiestas, nos observan y de vez en cuando nos envían señales como estás…

Gracias a todos por haberme leido. Está es mi estrella__Tro’s.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Maldita Gastrosquisis que te arrancó de mis brazos.

Luka Adrian nació de un amor enorme justo en el momento que nosotros elegimos…sólo 1 mes de búsqueda y puum!!!! ahí estaba.

Durante las primeras semanas la verdad es que mi embarazo fue totalmente normal, quizá un poco de dolor en los senos pero poco más. Digamos que disfrute el primer trimestre de la forma que cualquier mujer desearía, hasta que llegó la fatídica semana 12 con su consiguiente ecografía.

Desde que entre en la consulta para la exploración ecografica sentí que el ambiente estaba cargado de mucha tensión. Un buen rato después la doctora nos dijo “bueno el bebe está perfecto, está creciendo genial, pero (malditos peros) debo deciros que tiene una malformación en el abdomen llamada gastrosquisis. Pero vamos que no hay de que preocuparse ya que si le realizamos una operación al nacer se puede resolver”

Un caos total y absoluto llegó a nuestras nuestras cabezas; lloramos, gritamos, nuestra mente daba mil vueltas porque no entendíamos nada, que era aquello de lo que nos hablaba la doctora?? Días después me volví una auténtica experta en gastrosquisis busque información, hablé con médicos, visite varias clínicas… necesitaba conocer perfectamente que le pasaba a mí bebé para así tenerlo todo controlado y después de esta investigación digna de cualquier detective, me convencí de que podía salir bien, tal y como los médicos decían.

El embarazo seguía su desarrollo de forma normal hasta que cuando fuimos a la revisión de la semana 32 nos dijeron que la malformación había empeorado. Durante ese tiempo dos órganos más se habían salido del abdomen y en vez de una nuestro bebé tendría que hacerle frente a dos operaciones. Comenzó un control exhaustivo en el que había que hacer una ecografía cada semana para vigilar la situación.

Y finalmente en la semana 35+5 nos dijeron que había que sacarle urgentemente dado que las vidas de ambos corrían serio peligro… que estaba pasando?

Salió llorando por la herida más bonita que tengo en mi cuerpo y únicamente pude verle un ojito cuando se lo llevaban en la incubadora de camino a su primera operación…Tan pequeño y tan valiente… Y yo a reanimación 8 horas de reloj! Cualquiera puede imaginar lo que supuso para mi..

Eran las 6 de la tarde cuando me permitieron subirme a una silla de ruedas e ir a conocerle. Era precioso pero ni siquiera pude verle bien la cara ya que estaba rodeado de cables, maquinas que pitaban, un antifaz, entubado….

Y en aquella silla al lado de la incubadora pase cada día y cada hora, cada complicación. Todo se ceñía a dar un paso para adelante y dos para atrás y a eso se le sumaron tres operaciones más por complicaciones serias y todo acababa con el cierre total de su abdomen. Le habían puesto una maya provisional que cubría sus órganos lo cual era señal de que quizás pronto podría empezar a comer e incluso pudimos cogerlo en brazos por fin!!! Aquel era su día 44 de vida, al día siguiente, en el 45 fue su padre quien lo pudo tener en brazos y desgraciadamente ese mismo día empezó el final, nuestro final.

Mientras mi marido lo acunaba su saturación cayó y tuvieron que reanimarlo en dos ocasiones. Una maldita bactería había anidado en sus pulmones aún débiles, provocándole una neumonía que lo complicó todo.

Teniamos que decidir rápido, no había tiempo para pensar y solo teníamos dos opciones: o pararlo todo, o conectar su sistema respiratorio a una máquina para que realizara función de sus pulmones y corazón para poder darle tiempo a recuperarse. Así que yo, creo que como cualquier madre o padre en una situación así, decidimos luchar por el y que los médicos hicieran lo que pudieran para darle una oportunidad.

Comenzó su sexta operación. Una vez finalizada me fui a la UCIP sin separarme de el ni un solo momento en toda la noche, pero de repente los médicos comenzaron a correr, hablaban entre ellos con cara de preocupación y aunque no me decían nada era obvio que algo no iba bien. A la mañana siguiente fui con mi marido a tomar un café y cuando volvimos para verle ya no pudimos entrar. Los cirujanos le rodeaban mientras le recolocaban las cánulas (tarde quizas), ya que la máquina había marcado poco flujo durante toda la noche… Cuando nos reunieron para indicarnos los avances del pequeño nos dijeron que la mitad de su corazón y la mitad de su cerebro se habían parado, ya no funcionaban, no había esperanza. Así que nosotros debíamos decidir, algo terriblemente duro e inhumano para un padre: había que desconectarlo.

Nos dieron tiempo suficiente para que toda la familia se despidera así que uno por uno le fueron dando un beso y decirle un hola y un adiós terriblemente amargo. A las 8 de la tarde decidimos que era el momento de dejar de sufrir así que desde la puerta escuché como las máquinas que lo mantenían vivo se paraban hasta que llegó ese pitido final que todos conocemos. Tras ello lo puse en mi pecho, le pedi perdón por no haber podido evitarle tanto sufrimiento y le di las gracias infitinitas por permitirme ser su madre y poder conocerle.

A día de hoy el dolor y la pena permanecen y por supuesto le echo de menos cada segundo. Mi conciencia no me da descanso, siempre repitiendome las mismas preguntas ¿podría haber hecho algo más? ¿debería haber evitado su sufrimiento?

Ahora lo único que tengo claro es que él llegó para hacerme madre, para enseñarme a amar incondicionalmente, y para entender que si él peleó hasta el final, nosotros tenemos el deber de luchar cada dia…

Hoy tenemos a Nathan Adrián,nuestro segundo hijo y aunque su llegada no calmó el dolor, lleno mis brazos que estaban repletos de amor, un amor que había guardado para el y que nunca pude darle.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

La ONFALOCELE se llevó a mi bebé.

Soy una chica normal como cualquiera de vosotras que me podáis leer. Vivo en Colombia y tras haber conocido a @una_madre_mas he decidido compartir la experiencia vital más dura que he vivido.

Cuándo supe que estaba embarazada fue una sorpresa enorme, tanto mi marido como yo estábamos muy felices e ilusionados ya que era nuestro primogénito. Enseguida pedimos cita para hacer nuestra primera ecografía (a las 8 semanas) y todo parecía normal. La siguiente era la de la semana 12 y ahí fue donde toda la alegría se apagó…Nos confirmaron que a nuestro bebito no se le había formado bien su parte abdominal y que tenía una malformación llamada onfalocele.

Esta malformación supone que alguno o todos los órganos de la cavidad abdominal se forman fuera y en caso de nuestro pequeño se veía que el higado estaba claramente fuera y estaba cubierto por una especie de membrana muy fina.

Desde luego no nos íbamos a quedar con una sola opinión, así que buscamos a uno de los mejores perinatologos de la ciudad que nos comentó que el onfalocele podía en ocasiones venir relacionado a una trisomia como la 18 o 21 y podía ser incompatible con la vida. También nos dijo que en ocasiones era una anomalia congénita aislada y en ese caso si era compatible con la vida. Nos ánimo a que siguiéramos adelante con el embarazo si la amniocentesis no arrojaba ningún resultado negativo ya que su problema quedaría solventado con una cirugía en el momento de nacer.

Las noticias fueron buenas ya que el líquido amniótico revelaba que a nivel cromosómico no había absolutamente nada irregular o extraño así que decidimos luchar por el con todo el amor del mundo y con la esperanza de que todo se quedara en un mal recuerdo.

Tuve un embarazo muy tranquilo sin ninguna complicación y aunque no podíamos olvidarnos de su problemita teníamos mucha fe en que todo saldría bien.

En la semana 37 tuve ruptura de membranas así que dado que en nuestro caso tenían que practicarme una cesárea nos fuimos al hospital corriendo. Gracias a Dios nació muy bien y yo no sufrí ninguna complicación pero el sentimiento de vacío es muy grande cuando sabes que se lo tienen que llevar inmediatamente a la UCI por su condición. El cirujano pediátrico junto con todo su equipo analizó cuando se podía operar y tras ello nos comentaron que dado que el hígado es un órgano grande tenían que ir introduciendoselo poco a poco para que de esta manera pudiera ir ampliándose su cavidad abdominal y tras ello cerrar con una operación.

Nos decían que era un procedimiento habitual en estos casos y la verdad yo jamás pensé que se iba a complicar tanto… De repente nos llamaron en medio de la noche para decirnos que nuestro bebito estaba grave, había desarrollado hipertensión pulmonar , una condición terriblemente grave en los bebés.

En cuanto llegamos nos dijeron que tenía muchas probabilidades de fallecer y yo no daba crédito… ¿Cómo era posible?? ¿Por qué nadie me había hablado de la posibilidad de la hipertensión pulmonar? Recuerdo que me arrodille llorando frente a un cristo que había en la sala de espera de la UCIN rogandole a Dios con el alma en pedazos que me lo dejara conmigo…

Al día siguiente nos comentaron que evolucionaba favorablemente, se estaba recuperando satisfactoriamente así que yo estaba dichosa!! Tenía mucha fe de que llegaría el día de la operación con su recuperación y por fin podríamos llevarnos a nuestro bebito a casa, pero eso no era lo que la vida tenía preparado para mi.

Tres días después de su recuperación nos volvieron a decir que estaba de nuevo muy grave , sus pulmones no respondían y su organismo no asimilaba correctamente la medicación que le suministraban. Llamaron a una psicóloga para que hablara con nosotros y nos decía constantemente que teníamos que estar preparados para lo peor porque mi bebé estaba muy delicado. Yo veía que el luchaba, que peleaba y tenía la esperanza de que volviera a mejorar de nuevo, porque no!!!

Creo que igual que todos los que hemos perdido a un hijo en circunstancias similares pasamos por momentos de negación, de no querer ver la realidad de la gravedad de la situación.

Finalmente llegó el día más temido y doloroso de toda mi vida. Era domingo 3 de marzo, llevábamos todo el día acompañando a nuestro Ángel junto con sus abuelitos así que decidimos ir a comer algo y a las 19:20 de la noche recibimos una llamada del hospital. Estábamos cerca así que llegamos enseguida y les juro que mi corazón se quería salir de mi pecho. Entré corriendo a la UCI pero ya era tarde; mi bebé había fallecido. Las enfermeras y los médicos nos intentaron reanimarlo pero el ya se había puesto sus alas para subir al cielo y por mucho que me arrodillara pidiéndole a Dios que no se lo llevara ya no había nada que pudiera hacer.

El se llevó la mitad de mi alma , fue la única vez que pude tenerlo en brazos, una vez que ya había muerto y fue totalmente desolador. Todo el equipo médico lloraba con nosotros supongo que debía de ser terrible vernos tan derrotados.

Ahora lo único que nos queda es resignarnos y pedirle a Dios fortaleza para poder seguir adelante ya que este, es sin duda el golpe más duro que jamás pensé que tendría que afrontar.

La palabra onfalocele me perseguirá hasta el fin de mis dias. La probabilidad de que un bebé presente onfalocele es de 2 entre 10 mil bebés, así que digamos que nos tocó una lotería pero de las malas.

Espero que mi historia sirva de espejo para otros padres y se den cuenta que esta patología no es tan simple como algunos médicos perinatologos la pintan. Tras la muerte de nuestro bebé supimos que una operación de este tipo atañe muchísimos riesgos y se asocian muchas complicaciones asociadas a la intervención. Quizá si algún padre busca información y lee mi testimonio puede tener la opción de decidir y no tener que ver a su hijo sufriendo hasta morir o sino al menos estarán preparados para lo que pueda suceder.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Izan, mi ángel, mi estrella

Mi embarazo fue tan bueno… No tuve ninguna complicación tampoco náuseas aunque si ardor de estómago y un dolor de espalda bastante molesto, pero nada de eso me importaba porque mi pequeño estaba bien así que era una embarazada muy feliz.

Cumplía cuarenta semanas y estaba tan ansiosa por conocerte, ver tu carita y tenerte entre mis brazos que esos días de espera se hacían eternos!! El día que salía de cuentas tuve revisión en el hospital y me confirmaron que eras un grandullón al que le encantaba dormir pero que todo seguía su curso con normalidad así que no había nada de lo que preocuparse.
Tres días después de esa revisión rompí aguas en casa y enseguida aparecieron las contracciones que se repetían cada cinco minutos. Que alegría sentía, ya estabas a punto de conocer el mundo mi niño.

Me fui al hospital y cuando llegue estaba dilatada de 3 cm así que llevaba un buen ritmo y mientras el doctor te miraba con el ecógrafo de repente me cogió la mano, me miró a los ojos y me dijo: “No hay latido”

No me lo podía creer, era imposible!!! Se tenía que estar equivocando que sentido tenía? Mi hijo estaba bien hacía tres días y ahora estaba muerto?? Cómo era posible?

Me dijeron que tenía que dar a luz pero yo me sentía asustada y necesitaba que todo pasara deprisa, que se acabara lo antes posible como si de una pesadilla se tratase y quisiera despertarme. Nadie me había explicado cómo sería el parto de un bebé muerto así que no tenía ni idea de lo que se me avecinaba.

Era 11 de marzo y a las 05:20 te di a luz pero llegaste al mundo sin vida. Los profesionales sanitarios que me atendieron no me aconsejaron que debía hacer, si conocerte o por el contrario no hacerlo, pero tenía muy claro que ni la propia muerte iba a impedir que te tuviera en brazos, te besara y te envolviera con mi amor… Mi niño, mi pequeño y precioso Izan. Cómo asumir que no ibas a venir a casa a disfrutar de tu vida rodeado del calor de tu familia?

Llegue a casa con los brazos vacíos y un terrible hueco en mi alma y en mi vientre haciendo que mi vida careciera de sentido sin ti. Los días posteriores fueron un infierno ya que no encontraba consuelo en nada ni en nadie. Cada vez que me encontraba a alguien se repetían las mismas frases “tienes que olvidarlo” “pasa página” “pasó porque tenía que pasar, no le des más vueltas” y llegue a tener miedo a salir a la calle porque no quería oír como la gente intentaba borrar a Izan del mundo. Era mi hijo ¿Por qué nadie me comprendía?

La explicación que me dieron fue que había sido un accidente y que le tocaba a una mujer entre un millón. MENTIRA. Somos muchas, somos demasiadas como para que se nos clasifique en una simple estadística.

Doy gracias a la asociación “Bolboretas no ceo” (Mariposas en el cielo) que me dio vida, me consoló y dio esperanza cuando todo el mundo me daba de lado. Por fin me sentía comprendida y podía poner voz a mi dolor, mi hijo existió y sigue existiendo en mi corazón. No está conmigo físicamente pero vela por mi e ilumina todos mis días y mis noches protegiendo mis sueños y calmando mis miedos. No tengo tus huellas, no tengo una fotografía tuya, pero te llevo tatuado en la piel al lado de tu hermana y anclado en mi alma. Te amo Izan.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Lo que Julia me regaló

Hola a todos mi nombre es Ana y esta es mi historia. 

Cuando tenia 12 años mi madre murió en un accidente de tráfico que supuso un antes y un después en mi vida en todos los sentidos. Me centré mucho en estudiar, me aislé de mis compañeros y la biblioteca se convirtió en mi casa porque era el único lugar en el que me sentía feliz, refugiada y a salvo. Estudié dos carreras y conseguí un buen trabajo el cual me permitía llevar una vida acomodada y sin complicaciones. Pero cuando tenia 33 años me di cuenta de que me faltaba lo más importante de todo… el amor. Mi historial sentimental indicaba claramente que los hombres no me entendían (o yo no les entendía a ellos) así que decidí experimentar el amor más puro que existe en la tierra; iba a ser mamá. Mi decisión no fue bien aceptada por mi familia ya que ellos no comprendían los motivos por los cuales quería ser madre soltera, así que me vi sola ante un proceso largo y complejo que en más de una ocasión estuve a punto de abandonar. 

Con 35 años y después de varios tratamientos hormonales e inseminaciones por fin me quede embarazada de una niña preciosa a la que llamaría Julia, como mi madre. Tuve un embarazo maravilloso, tenía más energía que nunca así que trabajé hasta el día en que me puse de parto. 

Rompí bolsa con 37 semanas y comencé con contracciones más o menos soportables por lo que decidí esperar a que fueran más constantes para acudir al hospital. Cuando llegue allí tenía la sensación de que había mucho jaleo y poco personal así que con paciencia esperé a que me atendieran. Cuando pase a la sala de exploración una matrona muy amable se puso a buscar el latido del bebé. Su cara tenía una expresión muy extraña y empezó a llamar a otras compañeras que enseguida se acercaron y junto a ella miraban hacia la pantalla donde estaba mi bebé y hacia el suelo con expresión de tristeza. Yo no comprendía nada… estaba de parto porque mi bolsa estaba rota, el líquido amniótico tenía un color normal y cada vez tenía más ganas de empujar, que podía ir mal? 

Entonces la matrona miro para mi y con lágrimas en los ojos me dijo “Ana lo siento muchísimo, no hay latido”. Me quede en shock… no entendía que era lo que había sucedido ni porqué así que comencé a hacer preguntas que nadie parecía poder responder. Pedí que llamaran a mi ginecólogo pero me dijeron que en ese momento estaba ocupado, por lo que en su lugar apareció un compañero suyo para explicarme cómo iba a ser el parto. De repente, una fuerza descomunal se concentró en mi abdomen y tuve la imperiosa necesidad de empujar, así que les avise y con cuatro empujones Julia nació en la sala de exploraciones sin tiempo para trasladarme al paritario.

Me preguntaron si quería verla o cogerla y con los ojos cerrados moví mi cabeza de lado a lado. No pude hacerlo porque no soportaba la idea de conocerla y no poder sentir vida en su interior. Cuando mi madre falleció fui yo quien entré a reconocer su cuerpo; aquello me dejó marcada para el resto de mi vida y me veía incapaz de hacerle frente de nuevo a la muerte. Pedí a gritos que me llevaran enseguida a la habitación y una vez allí empecé a llorar desconsoladamente, sin control y con absoluta desesperación, por lo que me pusieron una especie de calmante vía intravenosa que me dejó completamente KO. Oía voces a mi alrededor pero no era capaz de abrir los ojos ni de despertarme. Mi padre estaba allí y me decía que todo iba a ir bien pero yo solo quería llegar a mi casa, cerrar la puerta y quedarme sola.

Después de tres días me dieron el alta en el hospital y me fui a casa con los pechos terriblemente doloridos goteando leche y toda la soledad del mundo instalada en mi alma. Pase un mes entero saliendo de casa solamente para tirar la basura, hacía la compra por internet y cuando no me apetecía cocinar pedía a domicilio. Lloraba desde que me despertaba y solo paraba cuando dormía, así que la mayor parte del tiempo estaba metida en mi cama rodeada de pañuelos de papel. La leche que goteaba de mis pezones me recordaba constantemente que Julia no estaba, así que llame a una amiga que es médico para que me diera la pastilla que corta la leche y de paso un tratamiento que aliviara la mastitis que tenía. 

Dos meses después de que Julia falleciera me llamo mi ginecólogo para hacer una revisión pero no me presenté, para que quería revisarme nada? Si soy sincera en ese momento pensaba que ojalá tuviera algo malo porque lo mejor que podía pasarme era morir. A los 6 meses me reincorpore al trabajo pero ya nada era igual… por mucho que me esforzaba ningún proyecto me llenaba y toda aquella pasión que sentía por mi profesión se había desvanecido. Mi ginecólogo seguía llamándome para que acudiera a su consulta e incluso me dejaba mensajes en el contestador invitándome a tomar un café, pero tuvieron que pasar casi dos años más para que me decidiera a ir. Llevaba un tiempo con reglas muy dolorosas así que creí que era un buen momento para realizar una revisión. Al entrar en la consulta me di cuenta de que nunca me había fijado en lo guapo que era, de hecho me puse tan nerviosa que tropecé con una silla y me caí encima de la mesa del despacho. El se río, me ayudo a sentarme y tras hacer la consulta en la que comprobó que estaba todo bien empezamos a hablar de Julia. 

A día de hoy sigo sin entender que fue lo que me paso ese día pero de repente empecé a llorar y a contarle lo mucho que me arrepentía de no haber conocido a mi niña. Me abrazó muy fuerte y me consoló durante media hora hasta que de repente se levantó, cogió una carpeta vieja y su teléfono móvil. Lo primero que pensé fue que llamaría al equipo de psicología para que vinieran a atenderme, sin embargo de esa carpeta sacó una cartulina con las huellas de los pies y de las manos de un bebé. No comprendía porque me enseñaba eso, que era para torturarme más? Me sonrió y me dijo “estas huellas son de Julia”. Buscó en su teléfono móvil y me enseñó varías fotos de un bebé muy blanquito de piel que vestía ropa de hospital y con los ojos llenos de luz, me contó que estaba enamorado de mi desde el primer día que entré por la puerta de su despacho. Me pidió perdón porque cuando mi niña murió el estaba en el hospital y al saber que Julia había muerto, no se atrevió a ser el quien me atendiera en el parto porque no iba a soportar verme tan destrozada. Así que me confesó que una vez que me llevaron a planta el pidió ver a Julia, la vistió, le saco las huellitas, le hizo fotos y la tuvo en brazos dándole cariño a su cuerpo ya inerte.

No me lo podía creer, tantos días con sus largas noches sintiendo que la culpa me ahogaba porque no tenía ni un recuerdo de mi niña… y resulta que era el quien los guardaba. Tenía en ese momento tantos sentimientos encontrados que no sabia si pegarle, si gritarle o si salir corriendo, sin embargo le miré y lo único que pude hacer fue besarle como nunca había besado a nadie. Me enamoré perdidamente en ese instante porque jamás nadie había hecho algo tan bonito por mi. 

Un año después nos casamos y al año siguiente teníamos a nuestro hijo Hugo con nosotros. A día de hoy echo la vista atrás y sé que Julia vino a este mundo no solo para cumplir mi deseo de ser mamá, también lo hizo para devolverme la inocencia y la capacidad de sentir que había perdido con la muerte de mi madre. Me gusta imaginarme que las dos están en el cielo, cuidándose una a la otra y esperando a que llegue mi hora. 

Mi niña me enseñó que ocultar los sentimientos solo hace que se encallen en el alma y te dañen terriblemente. Cuando encontré a @una_madre_mas supe que tenía que contarle mi historia para que pudiera publicarla en su página web y así poder ayudar a otras personas que estén pasando por momentos duros en sus vidas. Me gustaría que todo el que leyera mi historia comprendiera que todo el mundo tiene problemas, momentos malos, desgracias familiares y mala suerte a lo largo de su vida. Que no están solos porque somos muchos los que hemos perdido un hijo e incluso nos hemos perdido a nosotros mismos y que la única forma de vivir es comprendiendo que el amor es el único camino. 

Quiero dar las gracias a @una_madre_mas por su valentía, su coraje y su amor desinteresado hacia todos los seres humanos de esta tierra. Hablar con ella es un auténtico placer, tiene una voz relajante, es dulce e infinitamente buena. La admiro muchísimo  porque cuando Julia murió yo fui incapaz de pensar en otra persona que no fuera yo misma, e incluso me comporté mal con los demás culpándoles de mi dolor. Quedan muy pocas personas capaces de sentir tanto amor por los demás así que espero poder darle un abrazo muy grande algún día para nutrirme de su pureza. Para mi es un privilegio haberla encontrado en este mundo virtual y siento que su Sara es un ángel que también me cuida a mi.

Espero que os haya gustado, os mando un beso enorme.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

La historia de Pol: El proyecto

Después de unos años de convivencia decidimos crear la familia Rius Barberá; no nos gustan las cosas típicas, por eso, al final conseguimos crear nuestra boda a medida. Todo ello una excusa perfecta para compartir con los amigos y la familia más próximos algo que íbamos a empezar.

Cada uno de los pasos del proceso fue muy intenso y los fuimos concluyendo con éxito, la ceremonia, el convite, el viaje de novios y hasta el resto de viajes como matrimonio acabaron con recuerdos maravillosos. Sabíamos que eran experiencias que deberíamos aparcar durante unos años porqué el objetivo más importante era tener nuestra familia.

Así pues, cuando la madre naturaleza se puso en marcha paramos los viajes y empezamos a invertir en nuestro nidito. Hicimos obras en el jardín, preparamos la habitación para el fruto de nuestro proyecto. Al final todo ella era nuestra forma de vivir al máximo la llegada de nuestro hijo Pol.

Los hechos

Después de 37 semanas de embarazo tocaba el momento de conocer el hospital donde tenía que nacer Pol, la clínica del Pilar. O sea, que el sábado 26 de abril a las 12h ahí estábamos a punto para conocer la comadrona. Un paseo por las instalaciones, muchas explicaciones y detalles de cómo sería el parto. Cuando todo ya estaba claro Estefanía hizo un comentario inocente: “hace un par de días que noto poco al bebé”. Aprovechando que estábamos en el hospital hicimos un registro para comprobar que el bebé estaba bien y aquí es donde empieza la historia. El corazón funcionaba bien pero el bebé no se movía, ni comiendo chocolate, ni paseando, ni siquiera molestándolo con las manos.

Llegados a este punto lo que tenía que ser una simple visita al hospital se convirtió en un parto. La comadrona rompió la bolsa y las aguas eran limpias. Todo nos hacía pensar que podría haber un parto natural. Al poco rato la actividad del corazón del niño se para y los hechos se precipitan. Rápidamente trasladan a Estefanía al quirófano mientras yo ajeno a todo ello estaba en la habitación dejando la ropa. Así que cuando vuelvo Estefanía ya no está donde la dejé y me mandan a una sala de espera. En quirófano los hechos van muy rápidos y en cuestión de minutos le practican una cesaría.

Pol ya está aquí, ha nacido nuestro primer hijo a las 16:35 y pesa 2.980gr. Todo el mundo está muy nervioso porqué Pol no llora y está muy aturdido. Alguna cosa ha pasado cuando estaba dentro de la madre. No sé sabe qué ha pasado, ni cuando ha pasado, pero necesitan 15 minutos reanimación para recuperarlo. El corazón empieza a funcionar, pero los órganos están muy tocados y también se sabe que hay alguna afectación neurológica pero no se sabe el alcance de la misma. Rápidamente lo trasladan a la UCI y ahí el equipo de pediatras toman la decisión de trasladarlo a un hospital más equipado donde le puedan hacer más pruebas.

Durante todo este proceso Estefanía no para de reclamar mi presencia, y a mí, los minutos se me hacen eternos. A las dos horas aproximadamente nos reencontramos y los médicos nos explican lo que ha pasado. Estefanía debe quedarse en la habitación y yo me voy a la UCI a conocer a nuestro hijo. El primer impacto es muy duro por qué Pol está completamente lleno de tubos y más tubos. Rodeado de máquinas que no paran de pitar. Los médicos y enfermeras se acumulan encima del pequeño haciéndole mil pruebas.

Esta situación se alarga unas pocas horas por qué trasladan a Pol rápidamente a la UCI de “Sant Joan de Déu”. Por suerte en ese momento nuestros amigos Xavi y Sabina ya están con nosotros y nos han traído varias cosas de casa. Así que Xavi y yo nos vamos al hospital “Sant Joan de Déu” con el bebé y Estefanía y Sabina se queda en el hospital El Pilar. Las horas han ido pasando y ya es de noche y por mucho que mire el reloj soy incapaz de saber qué hora es.

Mientras acaban de acomodar a Pol en la UCI, nos mandan a la sala de espera donde aprovechamos para comer alguna cosita. Ya han llegado las familias y todos nos cuentan sus historias. Pero todavía no sabemos cómo acabará la historia de Pol. Una falta de oxígeno ha provocado daños en los órganos, pero lo más peligroso son los daños cerebrales. Finalmente vuelvo a ver a Pol está inmerso en un montón de máquinas que no paran de aplicarle tratamientos. Una reunión con el médico de guardia me reitera la incerteza de la situación y nos prepara para lo peor. Las próximas 48-72h son vitales.

Vuelvo al hospital del Pilar y me reencuentro con Estefanía. Sus padres están ahí y les pongo al día de los hechos. Es muy tarde y el cansancio se apodera de nosotros. Conseguimos dormir unas horas a pesar de las interrupciones de las enfermeras que aplican diferentes curas para la cesaría a Estefanía. La mañana siguiente los ginecólogos consiguen que “Sant Joan de Déu” acepte el ingreso de Estefanía para que podamos estar cerca de Pol.

Antes de comer ya estamos toda la familia en el hospital con Pol. No me hagáis decir como, pero Estefanía saca fuerzas para levantarse de la silla de ruedas y poder saludar a nuestro hijo. La evolución de Pol es simplemente constante, no hay mejoras que nos hagan ser optimistas y los médicos cada vez que tienen ocasión nos preparan para lo peor. Una persona con los órganos dañados tiene posibilidades de vivir, pero si las funciones neurológicas no se recuperan solo podemos aspirar a que sea un vegetal totalmente dependiente de las máquinas.

Los días se hacen eternos y las horas pasan al lado de Pol mientras las muestras de apoyo no paran de llegar. La relación con los otros niños de la UCI, las enfermeras y médicos ocupan todo nuestro tiempo y Estefanía hace lo imposible para reducir sus impedimentos físicos y poder estar con Pol. Llegan las primeras 48h y no hay nada que nos haga pensar que Pol se podrá salvar. Los médicos nos recuerdan una y otra vez que habrá un momento donde deberemos decidir.

Finalmente llegan las 72h y no hay mejoras. La recomendación es clara, los médicos son muy honestos y nos dejan muy claro que podemos seguir esperando y alargar la agonía pero que la cura no llegará. Así pues, finalmente tomamos la decisión. No es sencillo hablar de esto, pero por suerte tanto Estefanía como yo tenemos las cosas muy claras. Si no puedes disfrutar de la vida, si no puedes llenar tu tiempo de experiencias esto no es vida. Por lo tanto, la decisión está clara. Esto no lo hacía más sencillo, pero nos marcaba el camino a seguir.

Tocaba preparar la despedida. Creo que es una gran suerte poder decidir cómo nos despedimos de alguien que has llegado a querer tanto en tan poco tiempo. Hasta ese momento no habíamos podido abrazar a Pol debido a las máquinas y los tubos. Así pues, decidimos vestirlo y llevarlo a nuestra habitación, allí la familia se despide de él y finalmente le decimos adiós mientras su corazón se apaga entre nuestros brazos.

Decidir qué hacer con el cuerpo de tu hijo es muy duro y sobretodo darse cuenta de hasta qué punto esta pervertido el sistema todavía más. Una vez aceptadas las posibilidades que teníamos decidimos hacerle una necropsia e incinerarlo. Por suerte las personas que nos atendieron fueron muy sensibles y nos facilitaron el camino.

El aprendizaje

Cuando a uno le toca vivir episodios tan duros se puede preguntar muchas cosas, pero si algo he aprendido durante el camino de mi vida es que tenemos que estar agradecidos por todo lo que se nos envía. Es evidente que nuestras perspectivas y nuestros planes eran otros y que nadie quería que los hechos fueran estos. Pero somos unos afortunados por qué se nos mandó un regalo en forma de bebé precioso y con él venía una lección de vida que nos hace crecer y nos permite ver las cosas desde otro nivel.

Aceptar lo que se nos envía, descubrir el amor incondicional y estar agradecidos por cada segundo de salud y de vida son solo unos pequeños ejemplos de hasta qué punto somos afortunados. No olvidaré nunca hasta qué punto sentía amor por aquella vida. Una vida a la que le quedaban instantes para irse. A partir de ese instante un vínculo infinitamente poderoso se creaba en mi corazón. Pol estaría dentro de mi dónde estaría hasta el último de mis días.

En el día a día los temas importantes quedan diluidos por muchas otras situaciones, es sencillo darse cuenta de que hemos llenado nuestra vida de cosas materiales o que nuestros valores han estado confundidos por deseos banales; lo realmente complicado es cambiar esto. Somos objeto de un regalo fantástico que es la vida y esta tiene un tiempo finito. Llenarla de experiencias maravillosas y de amor solo depende de nosotros. Entender hasta qué punto son especiales los momentos que vivimos es una decisión que hemos de tomar. A menudo veo como las personas que me rodean confunden vivir alegremente con vivir feliz. Es evidente que la alegría es una emoción muy agradable pero cada día tengo más claro que la felicidad también se vive en los momentos duros por qué estos están creando cosas realmente poderosas en nuestro interior.

En secundaria me explicaron por primera vez que los humanos somos seres sociales, en aquel momento me costó aceptarlo. Por suerte, la vida me ha enseñado que no solo somos seres sociables, sino que este hecho nos llena de emociones que son la base sobre la que se construyen ilusiones, al fin y al cabo, la sociedad es la piedra angular sobre la que se articula nuestra vida. La familia es una forma de organizarnos en pequeños grupos dentro de la sociedad, pero este grupo no lo podemos escoger en cambio sabemos que siempre estarán ahí para apoyarnos pase lo que pase. Lo que si podemos escoger son los amigos que cuando lleguen circunstancias difíciles están a nuestro lado apoyándonos y dándonos lo mejor que tienen para ayudar.

Donde quiero ir a parar con todas estas ideas es algo muy sencillo, la compañía. Al final a este mundo llegamos solos y nos vamos solos. Nadie nos acompaña en este camino y lo tenemos que hacer con solidaridad. Por eso mientras estemos vivos poder disfrutar de la compañía de las personas que queremos es fundamental.

El futuro

Mirar hacia adelante y pensar en el futuro en estos momentos diría que es lo que más cuesta. De repente los proyectos que te llenaban el día a día pierden fuerza y te cuestionas si tienen sentido. Es evidente que somos jóvenes y además estamos convencidos que podemos tener hijos. Tenemos muy claro que estos jamás llenarán el espacio de Pol, pero sí que le harán compañía. Para nosotros Pol nunca morirá por qué es una emoción instalada en nuestro corazón.

A lo largo de la vida he tenido que pasar por otros momentos en que he tenido que reconstruir mi futuro después de un cambio imprevisto importante. A menudo en estos momentos nos hacemos preguntas que nos parecen muy importantes. ¿por qué yo? ¿qué he hecho mal? y muchas otras similares. Pero si he aprendido algo de estos momentos es que es fundamental hacerse las preguntas adecuadas. No nos tiene que dar miedo darnos cuenta que estamos buscando la solución a un problema que no hace falta resolver. Es mucho mejor cambiar el enunciado de la pregunta y conducirnos hacia respuestas que nos permitan construir nuestro futuro. No importa que no nos sintamos con fuerzas si encontramos un QUÉ llegaremos el CÓMO.

Nuestros valores y creencias son fundamentales para nuestras decisiones. Pero estos no son estáticos ni fijos, así pues, cuando nos pasa algo tan importante como lo que estamos viviendo en estos momentos es interesante cuestionarse ciertos valores y construir nuevas creencias que dejen atrás las viejas que nos fueron muy útiles, pero ya no nos sirven.

Para mí lo más difícil cuando estoy triste es conectar con la ilusión. Las pasiones se me apagan y todo es una montaña. Llegados a este punto lo que hago es confiar en que todo es un proceso y que el camino no vendrá de golpe. Así pues, sabiendo lo que me gusta voy forzándome poco a poco a llenar mi tiempo con estos ingredientes. De esta forma me voy haciendo crecer el deseo por lo que me apasiona y voy avivando la llama de la ilusión para que cada día queme con más fuerza. Estos momentos todavía los veo lejos pero el proceso ha empezado.

El porqué de estas letras

La finalidad de esta entrada en mi blog es diversa. En primer lugar me hacía falta poner orden. La siguiente motivación es compartir. A menudo vemos como algo natural compartir los buenos momentos y escondemos los malos. Pues bien, ahora toca compartir este momento de crecimiento personal tan importante. Además, no siempre tienes las fuerzas para explicar una y otra vez la historia a todas las personas que te preguntan. Así pues, a través de este medio lo podemos hacer sin desgastarnos emocionalmente.

Agradecimientos

A lo largo del proceso que hoy hace una semana que se desencadenó hemos estado en contacto con muchísimas personas. Algunas ya las conocíamos desde hace meses y otras simplemente hemos compartido minutos con ellas. Pero todos tenían algo en común, todas son seres humanos excepcionales.

Infinidad de gracias y agradecimientos a todas las personas del centro Milenium de Vilafranca, del equipo del hospital clínico El Pilar, de “Sant Joan de Déu” i a la gente del SEM. No daré ningún nombre por qué cuando conoces a tanta gente fantástica en tan poco tiempo eres incapaz de recordar todos los nombres y sería injusto olvidarme un solo nombre. Lo que si tengo claro es que para hacer su trabajo y de la manera que la hacen hay que ser un fuera de serie.

Yo siempre he trabajado de lo que me apasiona y por lo tanto siempre he valorado muchísimo a las personas que trabajan en su vocación. Pues bien, diría que en una semana he conocido más personas vocacionales que en el resto de mi vida. Ver como cuidaban a Pol con ese amor y delicadeza que solo puede nacer de alguien que desarrolla su profesión con vocación, esto va mucho más allá de la recompensa económica; esto tiene que salir de dentro. Todo este equipo de vocacionales te hace sentir especial, te hace sentir querido y apoyado. No quiero tampoco olvidarme de la familia, amigos y conocidos que han estado ahí en todo momento dándonos cariño y ayuda.

¡MUCHAS GRACIAS POR TODO A TODO EL MUNDO, SOIS FANTÁSTICOS OS QUEREMOS!

Contexto

Este es un artículo del blog de Oriol Rius, escrito el 3/5/2014 y traducido al castellano el 5/4/2019.

Enlace original al artículo: http://oriolrius.cat/blog/2014/05/03/la-historia-del-pol/

Pol nació el 26/4/2014 y nos dejó el 29/4/2014.

Oriol Rius y Estefanía Barberá son los padres de Pol Rius Barberá, protagonista de esta historia.

Actualmente Pol tiene dos hermanos Roc (2016) y Nil (2018), ambos son dos niños totalmente sanos. Antes de dar la bienvenida a Roc la pareja pasó por un aborto a las 8 semanas.