OTROS BEBÉS ESTRELLA

Pedro, mi pequeño gran maestro

Debo confesar que a lo largo de mi vida nunca me había planteado ser mamá, es más, todo lo relacionado con la maternidad me resultaba lejano, incomprensible, y hasta cierto punto un fastidio.

En abril de 2019 recibí una durísima noticia, a mí mamá le diagnosticaron cáncer de recto. Tras la cirugía de colostomia llegaron los resultados de los análisis y de las pruebas que confirmaron nuestros peores temores: metástasis. El cáncer se había expandido por el hígado y a mayores habían detectado adenocarcinomatosis peritoneal. Era terminal, el tratamiento era paliativo por lo que solo nos quedaba cuidarla, mimarla y esperar por su final.

Mi mundo tal y como lo conocía se desmorono totalmente. Hacía todo lo que podía para poder hacer frente a mí trabajo, a atender la casa y darle a mí madre todos los cuidados que necesitaba. Llevarla al médico, acompañarla a todos los lugares que quería o tenía que visitar… en definitiva, intentaba aprovechar al máximo el poco tiempo que me podía quedar con ella.

De repente era julio, y poco antes de comenzar su tratamiento de quimioterapia, un viernes por la mañana a primera hora decidí hacerme un test de embarazo. Tan solo tenía un retraso de 4 días y realmente pensaba que era a causa de los nervios de toda la situación que estaba viviendo con mi mamá pero por si a caso decidí hacerlo.

Cuando vi que se marcaban dos rayitas en el test, sufrí un shock total y absoluto. Me puse a llorar sin saber que hacer, estaba abrumada. Le conté a mi marido la noticia y aunque no se exactamente qué fue lo que pensó, la sensación que creo que ambos tuvimos fue que no era el mejor momento para ser padres.

Puse mi mente en frío ya que evidentemente tenía que seguir mi día. Me fui a trabajar y me hice un análisis de sangre para poder confirmar el embarazo. Cuando me dieron el informe aparecía escrito bien grande: POSITIVO.

De repente salí del laboratorio y entendí, mejor dicho, sentí que le quería contar a todo mundo que iba a ser mamá. En ese mismo instante sin saber muy bien porque decidí que quizás no era el mejor momento pero era mi momento y eso era lo único que importaba.

Ese fin de semana mi madre estuvo bastante malita por lo que la estuve acompañando. El domingo pude contarle que iba a ser abuela. Recuerdo perfectamente lo que le dije: “mamá ya no vamos a ser 2 para cuidarte, ahora somos 3”. No tengo palabras para a explicaros la cara de felicidad que puso.  Entro a su primera sesión de quimio con una sonrisa enorme, con una esencia tan bonita… Le dio fuerzas para luchar por su salud y su vida y así poder sobrevivir hasta el día en el que pudiera conocerle.

Fueron transcurriendo los meses y mi barriga iba creciendo igual que mi amor por mi bebé. Con cada prueba, cada ecografía sentía miedo a que algo fuera mal pero siempre salía todo bien. Yo me cuidaba porque tengo problemas de hipertensión y ahora pienso que quizá mis cuidados no fueron suficientes…

Estaba ya en el quinto mes de embarazo aproximadamente cuando mi mamá empeoró terriblemente. Una oclusión intestinal la tuvo luchando durante un mes y agonizando durante varios días. El día 28 de noviembre su alma ascendió y dejó de sufrir. Aquella obstrucción fue letal, no se pudo hacer nada. Al menos pudo conocer a su nieto aunque fuera a través de una ecografía 5D

Mi pequeño Pedrito desde la barriga, mi marido y yo estuvimos firmes a su lado durante todo ese periodo. Yo continúe trabajando, cuidándola y soportando todo el dolor de verla tan enferma sin descanso. Yo sentía en ese momento que era lo que tenía que hacer. Tenía que cumplir con todas mis obligaciones, aunque ahora a veces me siento culpable de no haberme cuidado más, de no haber dejado de trabajar, de no haber parado… Demasiada presión y demasiada carga era ya cuidarla.

A principios de noviembre nos confirmaron que sería un varón, mi marido tiene tres niñas de su anterior pareja, así que ¡imaginaos qué felicidad! Llegaron las fiestas de Navidad y mi tensión se disparó un poco, también notaba los pies excesivamente hinchados y tuve un aumento grande de peso, pero cuando consultaba a los médicos ellos me decían que estaba todo bien. Al fin y al cabo estaba en duelo por la muerte de mi madre y estaba saliendo todo el cansancio acumulado durante todo el proceso de su enfermedad por lo que todos esos síntomas también podían ser causados por eso. Para mi, fue un duelo muy difícil de realizar porque sentía que no debía sufrir, sino que debía disfrutar de mi embarazo y de mi bebé.

La última semana de vida de mi mamá a penas podía dormir y constantemente me imaginaba el momento en el que naciera Pedrito y lo pusieran en mis brazos. Me veía dándole la teta, tenía tanta ilusión de amamantarlo, de cuidarlo… Realmente me había enamorado de mi hijo sin ni siquiera haberle conocido. Fue la forma que encontró mi mente de poder soportar el dolor de ver a mi madre a mi lado agonizando durante días. Ahora pienso que fui una ilusa creyendo que todo saldría bien.

El 3 de enero de 2020 tenía mi cita de control del tercer trimestre. Después de hacerme diferentes pruebas mi obstetra decidió ingresarme ya que mi tensión era de 10/17.
Me medicaron y la tensión bajó, fue un alivio. Sin embargo cuando a la mañana siguiente me realizaron una ecografía doppler me confirmaron que estaba sufriendo preeclampsia severa y que mi pequeño Pedro debía nacer inmediatamente, con 29 semanas de gestación.

Me practicaron una cesárea, de la que no recuerdo absolutamente nada. Cuando volví a planta y me encontre con mi marido me dijo que había podido verlo y que era precioso. Muy pequeñito pero precioso. Estaba confusa por todo el proceso, me sentía feliz pero con un miedo inmenso puesto que mi bebé había nacido muy pronto y tenía que luchar mucho por sobrevivir.

Ese domingo a mediodía pude conocerlo. No puedo describir con palabras el amor que sentí a pesar de no poder tocarlo. Estaba allí, tan bonito detrás de su casita de cristal…Aquella incubadora había pasado a ser su nueva mamá y no sabéis que culpable me sentía… Verlo conectado a todas esas máquinas y cables me destrozaba por dentro. Por un momento sentí como si yo no fuera su madre, no había podido darle todo lo que necesitaba. Pero a pesar de ese sentimiento algo en mi me empujaba y ese sentimiento de madre surgía con muchísima fuerza. Era mi bebé, era madre. Me lo repetía constantemente porque me costaba creermelo: soy madre, soy su madre.

Cinco días después de nacer tuvo su primera complicación severa, lograron que se recuperara de un neumotorax pero se debilitó mucho, a los médicos les costaba muchísimo que su saturación fuera la adecuada.

Mejoraba y empeoraba constantemente… pero los médicos nos decían que era normal en los prematuros, que daban muchas sorpresas y que cualquier cosa podía suceder tanto buena como mala. Un pasito hacia adelante y dos hacia atrás. Así era.

Algo en mi interior me decía que mi bebé no iba a estar bien, no se porqué tenía esa sensación de que no iba a salir hacia adelante y ese sentimiento me hacía sentir peor como madre. Al final solo nos quedaba esperar.

La madrugada del 14 de enero pocas horas después de volver del hospital, nos llaman desde neonatología y el doctor a cargo en ese momento comenzó a explicarme lo que a día de hoy sigo pensando que fue un sueño. Muchas veces creo que aquello nunca sucedió y que mi bebé aún está en mi barriga esperando a nacer.

Sin que pudiera terminar de contarme lo que estaba pasando, colgué el teléfono y fuimos corriendo al hospital. Esos minutos de camino fueron los más largos de toda mi vida. No podía pensar, no podía hablar, no podía reaccionar….  Al llegar, nos explicó que estaba completamente inestable, su saturación cada vez bajaba más y no podían hacer nada más para q de estabilizarlo. Todo ese conglomerado de problemas le habían provocado insuficiencia renal. Sin lograr comprender ni una palabra de lo que me decía me quedé parada al lado de su incubadora.

No sabía que hacer. La enfermera me ofreció cogerlo en brazos. Iba a ser la primera y la última vez que podría hacerlo así que sin pensarlo accedí. Fue el momento mas hermoso, y maravilloso de toda mi vida, jamás voy a olvidar el amor que sentí al tenerlo en mis brazos. Me hubiera quedado eternamente en ese instante.

Me despedí, le dije las cosas más bonitas que se me venían a la cabeza y entonces entendí lo que me el médico me había intentado explicar. Lo único que le mantenía era un respirador, no se iba a despertar ni a recuperar por el mismo. Así que con todo el dolor del mundo le pedí al médico que pusiera fin a su dolor, que mi bebé debía partir y que yo no podía permitir que siguiera sufriendo.

Poco tiempo después, exactamente a las 02:15 de la madrugada de ese martes Pedrito subió al cielo. Al día siguiente fue su entierro, sinceramente aún me pregunto cómo no enloquecí. Ahora sus restos descansan a los pies de la tumba de mi mamá. Abuela y nieto están juntos para toda la eternidad.

En menos de 2 meses la perdí a ella y perdí a mi hijo. Sentí y siento a veces todo el odio que alguien puede sentir haciaa vida, hacia Dios, hacia el universo… Me enviaron a mi hijo en un momento complicado para mí y cuando pensé que sería lo que me daría fuerza después de tanto dolor, la vida me lo arrebata. Primero me quita a mí madre y después me quita a mi hijo.

Hoy cumpliría 6 meses de vida. A día de hoy solo espero poder transformar mi vida, convertirme en la mejor versión de mí. Lucho a diario para poder recuperarme ya que dia que murió Pedro se fueron con él todos mis sueños y mis ilusiones.

Espero el día en el que pueda renacer de mis cenizas. Mientras espero solo puedo agradecerle a mí hijo el haberme dejado sentir el amor más grande del mundo. Ser tu mamá me ha cambiado para siempre. Fuiste y siempre serás mi compañero y mi gran maestro en esta vida.

Te quiero mi Pedrito