OTROS BEBÉS ESTRELLA

¿Por qué no tuvimos suerte?

La verdad es que cuando fui a la consulta del ginecólogo y me confirmó que efectivamente estaba embarazada me sentí la mujer más dichosa del mundo. La vida nos había bendecido con una niña preciosa y ahora otro bebé estaba de camino para llegar a nuestra familia. Supongo que mi emoción era la misma que la que tiene cualquier mujer que desea tener hijos. Era un manojo de nervios, ilusión y alegría.

Me llevé un susto en esa consulta cuando el ginecólogo me dijo que debía volver en dos semanas para repetir la ecografía. Al parecer no había escuchado bien el latido del corazón porque era demasiado pronto. A penas estaba embarazada de 5 semanas.

Total que pasadas dos semanas volví de nuevo con mucho miedo en el cuerpo pensando si todo iría bien en esta ocasión. Además estaba sola, Pablo mi pareja no podía acompañarme por temas laborales y eso hacia que estuviera más inquieta.

Estaba todo perfecto, tan perfecto que eran dos!! Ni te imaginas lo que pasó por mi cabeza en ese momento Silvia. Un millón de preguntas y de sentimientos encontrados…. ¿Cómo haremos con dos bebés? ¿Serán niño y niña? ¿O quizá son dos niños?

El médico se sentó y comenzó a hablarme de una serie de riesgos asociados al embarazo de mis bebes. Resulta que ellas compartian placenta y eso era peligroso. Había un porcentaje de embarazos que salían adelante pero otro porcentaje que se complicaba y hacia que un bebé o los dos pudieran enfermar o fallecer.

Sentí muchísimo miedo pero pensé: “Alex, todo va a estar bien. Seguro que nosotros estamos dentro de ese porcentaje en el que sale todo bien. ¿Por qué no va a ser así? “

Los dos primeros meses fueron duros, vomitaba hasta el agua!! Pero aún así era tan bonito para mí… El hecho de sentir como se movían era realmente maravilloso. Aunque si es cierto que según pasaba el tiempo yo sentía más y más dolores corporales. Yo soy muy menudita y dos bebés creciendo dentro a toda máquina me hacían pedazos. Pero como todas las madres por muy mal que estemos, somos felices sabiendo que nuestros bebés están bien. Mis princesas estaban bien, crecían ¿qué más podía pedir?

Todo iba con normalidad hasta que un 22 de noviembre me levanté sin ganas ni ánimos de nada, cansadisima, agotada y muy desanimada.

A la hora de comer comencé a sentir contracciones. Me puse muy nerviosa y empecé a tener mucho miedo porque solamente estaba de 27 semanas y eso suponía una prematuridad extrema. Me fui corriendo al hospital Belén de la Coruña. Me pasé todo el día mirando todos los riesgos de los niños prematuros y como salían adelante. Lo curioso de la vida es que leí de todo, menos de lo que murieron mis niñas y sin saber que ese día marcaría mi vida por completo. Me ingresaron debido a la dinámica de las contracciones y a las 19:00 de la tarde cuándo me iba a duchar, comencé a sentir que perdía liquido. Realmente no era mucho pero llame a la matrona y efectivamente me confirmó que había roto la bolsa. La ginecóloga que estaba en turno me hizo una ecografía y me contó que tenía que llamar a mi médico. Por su rostro me di cuenta de que algo no iba bien. Cuando llegó mi médico me repitió la ecografía y me dijo: “Alex lo siento mucho, Noa no tiene latido y debemos hacerte una cesárea lo antes posible para luchar por Helena”

Empecé a llorar diciendo que no podía ser, que tenía que ser una pesadilla. Pero mi mente hizo click y automáticamente se repuso para centrarme en la esperanza de que Helena naciera bien. Cuando nació, lloro, su llanto me dió todo el aliento que necesitaba. Un minuto después escuche “menuda brida, pobrecita cuánto sufrió” se me rompió el corazón y pensé que me moria. Hablaban de Noa, había sufrido a causa de la brida que había rodeado su cuerpo.

Con todo el dolor, la rabia y la impotencia que sentía tan solo podía llorar. Llorar y llorar sin parar. Cuando subí a la habitación algo me dejó muy descolocada. Mi ginecólogo le dijo que por el estado de la niña llevaba muerta dentro de mi más de una semana…. ¿Más de una semana? Cómo podía ser eso posible…

Helena nació con anemia. Este embarazo era monocorial (tan solo había una placenta para las dos) y le dió sangre a su hermana durante mucho tiempo para poder ayudarla a sobrevivir aunque no lo consiguiera. Por lo demás estaba muy bien, en todas las eco y las pruebas que le hacían decían que estupenda. El 28 de noviembre fue la primera vez que la pusieron sobre mi pecho y Silvia… Que felicidad tan grande sentí… Era tan pequeña y tan bonita…

Se parecía mucho a su padre y me imaginaba que Noa habría sido igualita a ella. Me dieron el alta y cuando llegué a casa me derrumbé totalmente. No sólo no traía a mis dos niñas conmigo sino que una de ellas había muerto y la otra estaba en la UCIN donde tendría que estar mucho tiempo.

Cada día me levantaba con mi herida dolorida, pero con fuerza de saber que cada día que pasaba era un día que mi niña ganaba y superaba.

Lloraba muchísimo por su hermana y le hablaba de ella con una sonrisa en el rostro. Le decía “Tú hermana dió su vida para que estes con nosotros”. Iba siempre a primera hora para hacerle el aseo, me encantaba cambiarle el pañal. Además así le llevaba mi leche que fue lo que tomó siempre.

El 5 de diciembre después de estar en canguro con ella de repente empezó a convulsionar. Me quedé fría, sentí una angustia horrible. Justo ese día era el cumple de Luz, nuestra hija mayor, y teníamos planes con ella. Pero realmente yo solo quería quedarme con Helena. Me sentía mala madre con Luz así que al final Pablo me convenció de ir al cine y a cenar con ella ya que también lo estaba pasando mal con la situación de sus hermanas y se merecía pasar su cumpleaños de forma alegre.

Al terminar volvimos a ver que tal estaba nuestra bebé. Nos comentaron nada más llegar que le pusieron un lector cerebral y que había poca actividad, que lo mejor era hacerle una ecografía y más pruebas para saber un diagnóstico exacto. Fue un fin de semana horrible. No sabríamos nada hasta el lunes y la espera me comía los nervios.

Al llegar el lunes nos dijeron que la niña tenía una parálisis cerebral completa y que había muchas posibilidades de que se quedara como un vegetal. Yo no me lo podía creer, quería otra opinión, quería sacar mi pequeña de allí y buscar una respuesta diferente. Tenía que haber otra posibilidad, una solución, una alternativa…

Esperamos una semana y al lunes siguiente el diagnóstico era todavía peor. La niña cada vez estaba más achicada, más deteriorada aunque yo no lo veía, era tan bonita….

El jueves 19 nos dijeron que teníamos que tomar un decisión porque mi pequeña estaba sufriendo. Pero como tomar una decisión cuando se trata de la vida de tu hija… ¡sentía qué la estaba matando! Era la única que me quedaba viva y además yo la veía muy bien… Pero esa noche mi mente se iluminó y la pude ver con claridad. Hacia gestos muy extraños, su lengua se ponía rígida y sus extremidades no tenían ningún tipo de coordinación. Era un vegetal.

Nos fuimos a casa para poder pensar. Esa misma madrugada a las 02:22 llamé al hospital y me dijeron que estaba más o menos como la dejamos. Una hora después nos llamaron y al sonar el móvil automáticamente le dije a Pablo “cariño se nos va nuestra pequeña”

Al llegar al hospital fui a verla para ponerle su ropita. Estaba ya un poco fría aunque seguía respirando gracias a las gafas nasales. Tenía el dedo de su papá agarrado y estaba en mis brazos cuando se fue. Nos dijo adiós, ese adiós que hasta a día de hoy no logro aceptar. Nos dijeron que la causa de la muerte fue una infección. Una jodida infección que había provocado en ella un deterioro cerebral terrible hasta llevarla a la muerte.

Todos los días me pregunto porque a nosotros. Porque Helena también se fue al cielo si cuando nació estaba realmente bien. Que tipo de infección podía haber cogido si cuando vino a este mundo todas las pruebas que le hicieron indicaban que estaba perfectamente.

No me entra en la cabeza Silvia y por lo que veo me quedare sin esa explicación durante toda mi vida. Todo lo que vino después por desgracia ya lo conoces, es un dolor indescriptible.

Las enterré juntas ya que el hospital aun tenía el cuerpecito de Noa. Aunque nunca entendí porque lo habían guardado sin decirnos nada… eso me hace pensar que me escondieron algo en cuanto a la salud de ambas lo cuál me hace sentir todavía mas culpable.

Siento que nadie me entiende, todos me dicen que tengo que ser fuerte, que pase pagina etc. Pero Silvia, ¿Cómo voy a pasar página? Si cuando muere tu perro sientes dolor y no lo das olvidado durante mucho tiempo cómo olvidar a mis hijas… No puedo olvidarlas. No quiero olvidarlas.