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Mi bebé se fue al cielo durante la pandemia del coronavirus (covid_19)

Supongo que las que visitáis habitualmente esta página podéis sentir perfectamente la sensación de desasosiego, de ahogo y de desesperación que siento. Soy gallega y he perdido a mi bebé a los 6 meses de gestación.

No voy a entrar en muchos detalles en cuanto a como fue mi parto, el encuentro con mi bebé y la despedida, prefiero centrarme en contaros lo terrible que fue tener que decirle adiós en medio de tantísima inseguridad.

Fue la peor experiencia de mi vida, de corazón, jamás imaginé sufrir tantísimo, sentir tanto abandono y tanto desprecio. Como sabéis estamos en medio de una emergencia sanitaria a causa del coronavirus. Acudí a urgencias una noche porque llevaba horas sin sentir los movimientos del bebé y la verdad es que desde el día anterior tenía sensación de no estar embarazada. Nada más llegar me di cuenta de que mi presencia molestaba, me trataron de irresponsable y de exagerada. La doctora que me atendió me miró de mala gana insistiendo mientras estaba alli tumbada con que había que medir mucho las visitas a urgencias porque se ponía en riesgo la salud de los sanitarios.

Todo cambió cuando no encontró el latido del corazón, se quedó blanca. Como me había tratado tan mal, me dijo que no había latido sin ninguna importancia, como si aquello no fuera una urgencia realmente. Es increíble, ¿Tan difícil era pedirme perdón? Llegó una enfermera infinitamente más cariñosa a tomarme la tensión, sacarme sangre, ponerme una vía y explicarme como era el proceso. Me ingresaron en planta y estuve con medicación para provocar el parto. Durante todo el proceso estuve SOLA. No podía acompañarme mi marido por según ellos protocolo hospitalario y tampoco me hacían visitas las enfermeras. Juro que me he sentido totalmente abandonada durante el proceso. Lloré como nunca lo había hecho. No había visitas para ver como me encontraba, tan solo me dijeron que si tenía ganas de empujar que lo hiciera y que si me mareaba o sangraba demasiado que tocara el timbre. Se las veía asustadas, algunas sentían pena por no poder atenderme mejor. Otras simplemente pasaban de las pacientes.

Fue un proceso rápido, enseguida dilaté y enseguida di a luz. Era un bebé precioso. Tuve la suerte y la agudeza mental de no llamar enseguida a las enfermeras, me tomé un tiempo para verle, tocarle, cogerle en brazos y romperme de dolor en mil pedazos. Era tan frágil, una cosita tan pequeña…. Llamé para que me ayudaran a cumplir mis deseos, solamente quería que le lavaran bien la piel para poder ver su rostro, hacerle una foto, sacar las huellas y que le hicieran la autopsia. Pero mis deseos quedaron diezmados por el maldito coronavirus. En cuanto llegaron y vieron al bebé me informaron de que se lo tenían que llevar rápidamente y ordenar su incineración. La explicación que me dieron fue que el protocolo ahora exigía la incineración de los cadáveres para no correr riesgos por el virus. Yo quería la autopsia, me empecé a poner muy nerviosa diciéndoles que yo no tenía coronavirus (me hicieron la prueba al ingresar y di negativo) y que exigía que se supieran las causas de la muerte de mi bebé a través de la práctica forense.

Se llevaron al bebé, me contestaron que eso no podía ser y se fueron. Una enfermera o matrona tuvo la amabilidad de sacarle la huella de un pie. Me dijo que quería haber sacado de los dos pies y las dos manos pero que no le dejaron. Ella había perdido a dos bebés y sabía lo que significaba para mi, por eso se arriesgó a hacerlas aún sabiendo que se comería una buena bronca. No podré agradecérselo nunca, aquel gesto de empatía me quedará grabado para siempre en la memoria.

Llegué a casa y me subió la leche. Estoy con extracciones haciendo mi banco de leche. Supongo que haré algo con ella de recuerdo hacia mi bebé. Finalmente no hubo autopsia y no quiero entrar mucho en detalle dado que estamos estudiando una reclamación judicial al respecto. No sabemos si será posible o no, pero como padres sentimos que no solamente mis derechos como mujer, madre y persona se han visto vulnerados, sino que ha habido una desinformación total por parte del hospital no solo hacia mi, sino también hacia mi marido, el cual no tenía acceso a saber cual era mi estado de salud a través del hospital. Además, puedo decir que salvo excepciones, el trato que recibí durante todo el proceso de parto fue infrahumano.

Entiendo perfectamente que son tiempos difíciles, que los sanitarios están muy expuestos y desprotegidos, pero una pandemia no puede llevarnos a los pacientes a perder todos los derechos humanos de un plumazo. Si ya habitualmente en las consultas las madres embarazadas somos tachadas de “molestas” e “hipocondríacas” entre otras cosas, ahora simplemente nos ignoran. En mi caso, me metieron en una habitación sola a dar a luz a mi bebé muerto como si estuviera en la Edad Media. La única “suerte” que tuve fue que yo ya sabía que estas cosas sucedían, que seguía la historia de Silvia y de otras mamás y que no me siento sola en este camino. A día de hoy estoy muy entera, veremos cuando llegue el bajón…

Seguro que hay mamas que han tenido mas suerte que yo, pero quiero que quede constancia mi historia de forma pública para que se sepa que los sanitarios no son héroes, son trabajadores. Y que no todos son buenos aunque ahora parece que toque ensalzarlos por igual. Las cosas siguen siendo como antes de esta pandemia, el que era bueno lo sigue siendo y el que era malo, creo que ahora lo es mas que antes. Gracias a todas por leerme.

“Esta historia, a pesar de no ser precisa con el parto y con detalles sentimentales, ha sido muy impactante para mi. Basicamente porque confirma lo que yo estaba pensando. Hablar con esta mamá fue muy gratificante porque tiene una capacidad de lucha y de resignación al mismo tiempo admirable. Me he sentido acompañada, comprendida y muy aliviada al ver que pensamos tan parecido. Como se que lo leerá le mando un beso enorme desde aquí”