DESVARÍOS DE @una_madre_mas

El egoísmo y la valentía en tiempos de coronavirus

Llevo días viendo como el coronavirus se hace con España en todos los sentidos. Se hace con nuestra salud, se hace con nuestra economía y se hace con nuestra humanidad y solidaridad.

Siempre lo he dicho, las que me leéis hace tiempo lo sabéis. Las circunstancias extremas o límite sacan lo peor y lo mejor de cada uno de nosotros. En ellas y solamente en ellas se ve como es realmente cada ser humano que puebla este mundo.

Estos días he podido ver de todo. Afortunadamente cuento con una comunidad maravillosa en redes sociales que en su grandísima mayoría siempre están leyéndome con respeto, con cariño y con muchísima empatía, de hecho a veces siento que no devuelvo ni la cuarta parte de lo que esa gente que sin conocerme me da.

Pero también he visto el otro lado, el lado oscuro y turbio del ser humano. Ese lado que deberíamos de tener bajo control se ha desbordado y ha sacado a la luz todo su esplendor.

Si hay dos palabras que definen esta crisis mundial, al menos aquí en España son EGOÍSMO y VALENTÍA

Mi madre siempre decía que yo era muy poco egoísta, que tenía que mirar más por mi misma. Pasé una época en la que le hice caso y dejé que ese sentimiento se adueñase de mi ser. Al principio me hacía sentir bien, pero hace años que decidí meterlo de nuevo en la caja de pandora porque me di cuenta de lo dañino que es para uno mismo y de la ceguera emocional que produce. La verdad es que no es tan difícil distinguir cuando simplemente estamos respetando nuestro espacio y pensando en nuestro bienestar y cuando estamos pasando la línea y convirtiéndonos en egoístas. Pero si es tremendamente complicado reconducirnos y mantenernos al otro lado del egoísmo.

Todos estos días he sentido dolor. He sentido dolor viendo cómo la gente asaltaba los supermercados sin control, haciéndose con todo como si nadie más que ellos importara. Gente, que en ningún momento se paró a pensar en que muchas personas no tienen otra alternativa que hacer compra online y que con su egoísmo les dejaban sin comer.

Me rompía el corazón ver que los padres ponían el grito en el cielo por tener que pasar unos días con sus hijos en casa sin salir ni moverse. Y bien sabe Dios que empatizo con todos ellos porque se lo complicado que es gestionar tu vida cuando todo se pone patas arriba. Pero me dolía el alma de pensar que no se estaba yendo a lo esencial, que no se estaba entendiendo que ante la enfermedad, ninguna medida de precaución debe de ser un problema.

Pensé mucho en Pablo y en mi cómo padres en duelo. Los dos por todos lados escuchábamos las quejas de tener que tener a los niños en casa. Respiré profundo muchas veces mientras pensaba: “No han enterrado un hijo, no entienden que nosotros ya solamente le damos importancia a lo esencial, a lo básico y no les puedes culpar por ello”.

Me desgarraba el alma ver como tantas y tantas personas se reían del coronavirus. Se reían de la enfermedad. Quizá porque yo conviví desde pequeña frente a frente con enfermedades de diferentes tipos en mi familia e incluso en mi propia persona, no podría nunca jamás reírme de algo que mata. Aunque solo sea a una persona en todo el mundo, si mata, no me hace gracia. Si mata, no le quito importancia.

Me explota la cabeza cuando la gente sigue sin tomar medidas a pesar de que muchos ciudadanos llevamos días avisando de la importancia de prevenir, de protegerse. También me muero de pena de ver cómo muchas empresas no ayudan a sus trabajadores a tomar medidas de prevención. Aún con un estado de alarma sanitaria mundial, muchos siguen pensando más en seguir facturando que en las vidas humanas que se ponen en riesgo con su avaricia. Los autónomos me tocan el corazón, mis padres fueron autónomos toda su vida y no imagino que sería de ellos si esto les hubiera cogido durante su vida laboral. Y me destroza ver que se intenta hacer negocio de algo tan serio como una pandemia mundial.

Por otro lado está la valentía. La que se usa bien y la que se usa mal. Porque los hay que van de valientes pensando que a ellos no les va a tocar, como si tuvieran la cara más bonita que los demás. Van de valientes diciendo que ellos son jóvenes y fuertes por eso pueden ir sin cuidado. Van de valientes diciendo que están muy tranquilos, porque total esto lo vamos a pasar todos. La valentía utilizada para la temeridad es de las mayores de las estupideces del ser humano.

Y luego los hay que arriesgan sus vidas por tener a los demás a salvo. Están los valientes que aún sin protección siguen en el frente. Los que no se quejan y actúan horas y horas sin dormir, tomando decisiones que cualquiera desearía evitar, tomar solamente para mantener a las personas con vida. Los que a pesar de las consecuencias económicas que van a sufrir deciden cerrar y enviar a sus empleados a casa con un “mucha suerte y que todos estéis bien”. O incluso los hay que ceden sus espacios para montar hospitales de campaña.

Están los sanitarios, esos valientes que se plantan en el hospital que más bien son trincheras de guerra para hacer lo que haga falta y aún encima poniendo una sonrisa. Ellos son padres, madres, hijos, abuelos, hermanos… Pero no tienen tiempo de pensar en sus problemas porque solamente tienen en la mente que su profesión es mucho más importante que ellos mismos. Esa valentía es admirable y honorífica.

Y están los ciudadanos que son responsables y que llenan sus WhatsApp y sus redes de mensajes de concienciación, de apoyo, llamadas a la responsabilidad e incluso se inventan mil fórmulas para decírnoslo con humor. Los que hablan con paciencia con sus mayores y van detrás de ellos para que se laven las manos. Los que se inventan trucos para explicar a los niños porque tanto revuelo y los que desde sus casas quieren hacerlo bien con todo lo que tienen a su alcance.

Me da mucha pena y asqueo profundamente la ignorancia, la irresponsabilidad, la soberbia y ese egoísmo y valentía que perjudica el bien común. Y aplaudo mucho a la gente que no es así.

Asumamos que esta crisis nos va a dejar a todos muy jodidos a todos los niveles. Vamos a perder dinero, vamos a perder salud y vamos a perder a seres queridos. Vamos a perder, estamos perdiendo ya, pero podemos hacer mucho porque las pérdidas tengan el menor impacto posible. Eso sí, para ello tendremos que dejar el egoísmo y la mala valentía de lado. Tendremos que unirnos, tendremos que dejar nuestro yo para convertirnos en nosotros.

Y yo familia… lo veo difícil. Llamadme catastrofista si queréis, pero veo complicado que la responsabilidad gobierne ante la inconsciencia. Creo que hasta que nos impongan el sistema de “acto-castigo” con multas y cárcel no vamos a ser capaces de conseguirlo. La obediencia y la disciplina son virtudes que tienen los Chinos, pero no los españoles. Ojalá me equivoque, os juro que lo deseo con todas mis fuerzas, pero creo que hasta que el ejercito esté en la calle, no se conseguirá lo que se nos pide: estar en casa.

A todos esos responsables, valientes, altruistas, empaticos y solidarios solo puedo daros las gracias. Por ayudarme a mí, por ayudar a mí familia y por ayudarnos a todos. Se avecinan tiempos duros, una guerra muy diferente a la que nos cuentan los libros de historia, una guerra que cada uno tendrá que librar individualmente contra sí mismo.

“Y pensar que con amor al prójimo todo se solucionaría….”

1 pensamiento sobre “El egoísmo y la valentía en tiempos de coronavirus”

  1. Cuantisima razón mi niña… Yo solo deseo estar en casa con mi niña pero por desgracia trabajo en un supermercado, arriesgando mi salud pq ni siquiera hay medios adecuados y la gente no hace caso de nada, todos al montón, sin medida de seguridad, nada! Es increíble…

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