OTROS BEBÉS ESTRELLA

Mario y Carmen

Me llamo Fátima y soy una mamá en duelo desde hace 4 meses. Cuando la ira y la desesperación empezaron a ahogarme busqué información de la muerte perinatal y neonatal y de casualidad llegue a esta web maravillosa, cercana y con tanta información a cerca de cómo manejar esta situación tan terriblemente dolorosa.

Leer las historias de otras mamás era justo lo que necesitaba, porque una madre se siente tan sola cuando se va con su vientre vacío a casa…. De hecho al principio pensaba que era de las pocas personas que tenía la mala suerte de pasar por esto, pero después de leerme una a una las historias me di cuenta de que somos muchas más de las que yo pensaba.

Mi historia trata de una muerte perinatal y otra neonatal. Conocí al hombre de mi vida en la feria de abril hace cosa de 6 años más o menos. Nos casamos y poco después de haber celebrado la boda me quedé embarazada. Me hizo mucha ilusión tener un positivo tan pronto porque pensé que tardaría mucho más en conseguir quedarme embarazada. Mi madre y mis tías habían tardado mucho en quedarse embarazadas, pero por suerte a mi marido y a mí la vida quería regalarnos enseguida el poder disfrutar de ser padres.

Comenzamos las revisiones típicas en los embarazos solamente que en nuestro caso nos llevaban en alto riesgo y en la ecografía de las doce semanas nos confirmaron que venían dos bebés. Madre mía ¡Dos bebés! La alegría multiplicada por dos, no nos lo podíamos creer.

Continuamos el embarazo con normalidad hasta que llegamos a la semana 19 en la que voy al baño y me encuentro con una mancha marrón por lo que voy corriendo al médico. Allí me dicen que los bebés están bien, que tienen latido, pero que observan un crecimiento irregular entre los dos, por lo que nos citan una semana más tarde para seguir revisando y ver cómo va todo.

La verdad es que yo estaba muy tranquila, porque os prometo que jamás imaginé que llegadas a esas semanas a los bebés les podría pasar algo. Así que pasé esas dos semanas muy tranquila pensando en acudir a la siguiente cita.

Cuando llegamos había dos médicos en vez de el que nos atendía siempre. Me extrañó un poco pero luego pensé que quizá era un residente que estaba aprendiendo así que no le di más vueltas. Me tumbé en la camilla y al poco tiempo el doctor empezó a mirar muy serio a la pantalla del ecógrafo, haciendo mil y un giros y movimientos para buscar algo que yo pensé que serían medidas. Iba hablando con el compañero utilizando palabras técnicas que yo no entendía. Al rato uno de ellos para, me mira y me dice ” uno de los bebés ha fallecido, no tiene latido”. Me lo repitió dos veces porque yo no comprendía lo que me estaba diciendo, ¿Cómo que no había latido? El doctor nuevo que estaba en la consulta, no era un residente sino un especialista que mi doctor había llamado dado que le había llamado la atención la semana anterior esa diferencia de crecimiento. El chico me explicó que los bebés tenían síndrome de transfusión entre gemelos. Eso quiere decir explicado de forma rápida, que uno de los bebés se queda con más sangre que el otro. En nuestro caso la niña se quedaba con demasiada sangre quitándosela a su hermano y llevándolo a la muerte.

Me costó días procesarlo porque yo no tenía ni idea de que los bebés podían morir en el vientre de su madre a semanas tan avanzadas. Fue devastador a todos los niveles. Mi niña corría peligro por tener demasiada sangre y mi niño estaba muerto por tener muy poca. Los médicos estaban tensos, nos recomendaron interrumpir el embarazo porque creían que había muchas probabilidades de que la niña muriera también. Salimos de allí destrozados completamente, pensando que como era posible que nos estuviera tocando esto a nosotros. Siempre haciendo el bien, siempre yendo por el buen camino y la vida nos sacudía así… Nos ofrecieron continuar con el embarazo y esperar a ver qué sucedía. Podía ser que la niña naciera bien, que naciera con problemas o que no sobreviviera.

Decidimos agarrarnos a la posibilidad de que sobreviviera, así que tiramos para adelante y continuamos con el embarazo. Llevaba en mi interior a mi hijo muerto y a mí hija que luchaba por sobrevivir, algo que me daba coraje solo de pensarlo.

En la semana 33 nacieron Carmen y su hermano Mario. Fue muy traumático para mí ver a mi niño porque llevaba mucho tiempo muerto, pero por otro lado lo agradecí porque a día de hoy tengo una fotografía suya en blanco y negro como recuerdo de que el estuvo en nuestras vidas. Carmen era una niña preciosa, igualita que su papá. Estuvo varios días ingresada porque le veían algo en el corazón que no les gustaba. Pasaban los días y yo cada vez me enamoraba más de mi niña. Yo siempre me iba a casa a medio día para comer y para sacar leche e ir haciendo un banco en casa. Fue justo cuando me iba a poner a sacar leche, cuando mi marido de repente recibe una llamada. De repente se queda blanco, empieza a tartamudear. Cuelga el teléfono y se le caen las lágrimas. Carmen estaba muy grave, había entrado en coma. Solté el sacaleches, cogí una chaqueta y nos fuimos corriendo al hospital. Cuando llegamos estaba tan pálida, llena de tubos, de medicaciones…. Me dio un ataque de histeria al verla y empecé a llorar y gritar sin parar. Nos dijeron que no entendían bien que había sucedido pero que de repente se desestabilizó y por mucho que hicieron no pudieron evitar la entrada en coma. Estuvieron un par de días haciéndole pruebas y tenía lesiones cerebrales irreparables por lo que nos dijeron que debíamos decidir si desconectarla o que la bebé fuera un auténtico vegetal. Yo lo tuve claro, quería una vida digna para mi hija y lo que le esperaba era un infierno en la tierra así que decidimos despedirnos de ella con todo el amor del mundo y dejarla descansar.

El dolor es insoportable desde el día en que los vi a los dos y les tuve que decir adiós. No hay consuelo, ni palabras. La gente no quiere hablarme ni preguntarme porque lloro al hablar de ellos, se alejan de mi porque soy la viva imagen de la tristeza. Me dolió mucho saber que Mario había fallecido, pero tener a Carmen en brazos durante días, cuidarla, luchar por ella y de repente ver cómo de un momento a otro me vi decidiendo si desconectarla o no es devastador.

Para mí conocer a otras historias a través de esta web está siendo más terapéutico y sanador que el propio psicólogo. Solamente puedo darle las gracias a Silvia por ofrecernos este espacio de forma totalmente gratuita, en el que podemos expresarnos y llegar a todo aquel que lo necesite y a todo aquel que quiera escucharnos. Para mí lo que ella cuenta a cerca de cómo va elaborando su duelo, de sus sentimientos y emociones me está ayudando muchísimo a no sentirme un bicho raro. Y en los tiempos que vivimos que alguien se atreva a desnudarse tanto es admirable.

Espero que mi historia ayude a otras mujeres presentes o futuras. Os mando un beso enorme y deseo que todas encontremos la pa lo antes posible.

3 comentarios sobre “Mario y Carmen”

  1. Lo que no entiendo muy bien, es como pudiste llevar a tu hijo fallecido dentro de tí tanto tiempo. No te produjo infecciones?
    Lo que tampoco entiendo, es que dices que te casaste hace 6 años y enseguida quedaste embarazada de tus bebés y al comenzar tu testimonio dices que eres mamá en duelo desde hace 4 meses.
    Otra cosa es que los bebés de diferente sexo nunca pueden ser gemelos, siempre son mellizos y van en sacos diferentes.

  2. Ayúdame a saber qué es lo que te gustaría que te preguntase si estuviésemos charlando, que te hiciese entender que te comprendo perfectamente y que te hiciese sentir mejor. Yo no entendí mi dolor hasta que llegó mi hija y vi que todo fue necesario

  3. Me he quedado sin palabras, que duró todo. Mucho ánimo en parte puedo entender el dolor tuve que decirle adiós a mi bebé de 24 semanas por que tenía una mal formación incompatible con la vida… “no tendría una buena vida” quizás no tendría ni vida… en fin. A los 6 meses me quede embarazada de nuevo y lo pedir a las 7 semanas se desprendió junto con un sangrado… asink nada está es la mierda de vida que nos ha tocado. Muchos besos. Y gracias a estos espacios nos sentimos arropadas

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