DESVARÍOS DE @una_madre_mas

Hoy y solo hoy, no voy a luchar

Desde que tú no estás no vivo, sobrevivo. Dejé mi identidad para asumir una que jamás quise tener, una que nadie quiere tener, la de mamá en duelo. ¿Sabes? Desde que te fuiste siento que no encajo en ningun sitio, me siento en tierra de nadie.

Soy madre pero mis hijos no se ven. Soy esa chica a la que le murió una hija y tuvo un aborto. Soy rara porque después de tu muerte y de la partida de tu hermano, ya no me quedan fuerzas para tener más hijos y no me lo planteo a corto/medio plazo.

Cada vez entiendo más porqué me encomendaste la misión de dar voz a los bebés como tú, a los bebés estrella, porque noto que mucha gente no sabe cómo tratarme. Unos me tienen pena, otros se alejan, otros ni me miran. Y a ti mi niña, te confieso que me gustaría que todo volviera a ser como era antes. Antes de ti, era esa chica que se comía el mundo a pesar de todas las adversidades. Después de ti soy esa que deja que el mundo la coma porque ya no puede con más complicaciones. Te quiero tanto que moriría por ti, pero tengo tanto dolor a diario que a veces pienso que ojalá nunca hubiera decidido tener hijos…

Es tan irracional el amor que tengo hacia ti a pesar de que no estés aquí conmigo, que el hecho de que ya no estés, a veces siento que me trastorna.

Te perdí, me perdí, me reencontré y ahora no me gusta esta yo que me ha tocado ser. Yo no quería ser fuerte, quería ser normal. No quería luchar por una causa, quería pasar desapercibida. Yo quería ser una de tantas no una de cuatro.

Y para colmo, cuando intento darte un hermano para recuperar las ganas de luchar, para devolverle la sonrisa a tu padre, decide no quedarse con nosotros… Estaba todo lo curada que se puede estar tras tu muerte, pero pasar por la frase “no hay latido” después de perderte, me hizo dar pasos hacia atrás como los cangrejos. Perdí la mitad de lo que había ganado durante todo este tiempo.

Me siento derrotada, estoy tan cansada Sarusqui mía… Estoy cansada de tener que luchar desde pequeñita por tener algo de paz, algo de felicidad. Estoy cansada de tener que esforzarme tanto por tener buena cara, por reír, por sonreír, por seguir hacia adelante… Tú, ahora estas en el lugar en el que todo se sabe en donde no hay secretos y sabes bien todo lo que llevo pasado. Y sé que mejor que nadie vas a entender mi agotamiento.

Todas las mamás que pierden a su bebé sueñan con un embarazo arcoiris que les de esa fuerza para seguir luchando y esa alegría que perdieron en el camino del duelo. Yo también lo pensé así… hasta que perdí a tu hermano (La verdad es que estoy convencida de que era un niño). Ahora ya no sueño con arcoiris, ni con bebés, ni con niños. Y tú sabes bien que mamá no se rinde fácilmente, pero definitivamente llegué a mi cupo de dolor y sufrimiento y necesito resetearme.

Papá, Raquel, Andrea, la madrina… Me dicen que tengo que recuperarme, que tu muerte, la enfermedad de la abuela, la muerte de #minibebe más todo lo que llevaba arrastrando, es demasiado hasta para mi. Creen que llevo mucho tiempo siendo la que tira del carro y que ahora debo dedicarme solamente a mí y a papá.

Yo te digo una cosa hija, solo sé que hoy lo único que quiero es dormir. Dormir y anestesiar todas y cada una de las conexiones de mi cerebro. Después quizá escribir y volver a pintar. Necesito pintar. Creo que haré todo eso que siempre quise hacer, pero que deje de lado por… No se muy bien porqué, creo que por todo y por nada.

Hoy, 27 de febrero de 2020, el día que se cumple un año de tu muerte me voy a dejar caer. Te pido perdón mi cielo pero hoy me voy a dejar hundir. Hoy voy a ser solo lo que yo quiera ser. Y mañana, o quizá pasado por eso de la resaca emocional, comenzaré de nuevo.

Hoy con esta carta que te escribo saco a relucir mis fantasmas y mi dolor más profundo, esa realidad que está ahí latente, cada día, pero que queda apagada por mi fuerza y mis ganas de salir adelante.

Desde que te fuiste, cada día tengo más claro que no es más fuerte el que más fuerza tiene, sino el que más veces se levanta. Porque no hay nada más duro y que ponga más en jaque tu existencia que el estar superando obstáculos constantemente. Así que si, hoy voy a dejar que la mierda me invada que la tristeza se haga conmigo, que las lágrimas me ahoguen y que el sentimiento de querer irme contigo me atrape.

Te quiero Sara, te quiero mucho. Jamás querré a nadie de la forma en que te quiero a ti, porque el amor que no se puede hacer efectivo es el amor más sentido. Me duelen los brazos cuando pienso en ti porque ellos no te van a abrazar nunca más. Mis ojos lloran y mi alma grita cada vez que pienso en como serías ahora. Sólo me consuela el saber que allí estás bien. Que no me necesitas. Que no sufres. Que todo es bondad, amor y paz. Eso apacigua mi sufrimiento y me deja un hilo de esperanza, porque sé que algún día nos encontraremos.

Hoy solo le pido a la vida que me conceda un deseo, que a la hora de ir a dormir pueda soñar contigo. Así de alguna forma podremos volver a estar juntas y quizá así, el tiempo que me quede sin poder estar contigo se hará más liviano. Te ama siempre tu mamá.

DESVARÍOS DE @una_madre_mas

Me voy a morir

No sé cuántas veces habré tenido este pensamiento desde que mini bebé decidió irse. La otra realidad del duelo por la muerte de un hijo de la que poco se habla es la paranoia, el pánico y el terror a morir que se implanta en nuestra mente, invadiendo todo nuestro ser como si de un virus se tratase.

Nada más saber que estaba embarazada de nuevo, empecé a ver muerte por todos lados. Doy gracias a Dios de que nunca llego a perder el control porque llevo muuuuuchos años entrenando a mi mente para que vuelva al redil, pero soy consciente de las dificultades que ello conlleva y de lo duro que es llegar a ese punto. Por eso he decidido hablar de ello de forma pública, para que todas las mamás o papás que se hayan vuelto hipocondríacos tras la muerte de sus hijos (o personas que no hayan pasado por la muerte de un hijo pero si por sucesos muy traumáticos), no crean que están locos. Porque si, se nos llama locos, pesados y tarados a los que somos hipocondríacos y/o tenemos miedo a mudarnos a un sótano sin vistas.

El miedo es normal. Es el mecanismo que tiene el ser humano de defenderse ante el peligro. Cuando Sara murió no desarrolle un miedo a la muerte como tal, es más, me hice amiga de la muerte enseguida. Pero después de ver como el cáncer llegaba a la vida de mi madre y de cómo mini bebé se iba, experimenté una crisis existencial con respecto a la muerte de forma que, aunque seguimos siendo amigas, le tengo un miedo que te cagas.

Y es que es normal… A gato escaldado….!! Llevo un año muy duro y se hace difícil recibir tantas noticias malas en tan poco tiempo y por mucho que quiera evitarlo ese miedo fue cogiendo fuerza y terreno.

Pero no me gusta. No me gusta nada tenerle miedo a la muerte porque mi parte racional, sabe muy bien que forma parte de la vida y que en muchas ocasiones es una gran aliada ante el sufrimiento. El tema es que aunque tengo a la razón en su sitio, la experiencia y mis hormonas, hacen que mi parte  visceral esté descontroladita perdida.

Todos los días siento un dolor nuevo. Si me duele la pierna tengo miedo a tener un trombo y quedarme lela. Si me duele el pecho o el brazo izquierdo, empiezo a pensar que claro, llevo tiempo comiendo porquerías e igual me da un amago de infarto. Si me duele mucho la cabeza, pienso nada, ahí viene un ictus… Y suma y sigue!!😂😂Os prometo que ahora mismo mientras lo escribo, Pablo y yo nos estamos muriendo de risa. ¡¡Menos mal que me queda humor!! Porque de verdad que pienso que es la mejor herramienta ante la hipocondria.

Hace un par de días fui a tomar un café porque necesitaba que me diera el aire. Hacía como una semana del legrado y de repente se me cruzo un gatito negro bebé por delante. Ya automáticamente pensé, madre mía se me cruza un gato negro mirándome… Me está avisando de que la palmo 🤦🏻‍♀️

La verdad que casi me lo llevo a casa, más bonito no podía ser. La pena es que tengo mucha alergia a los gatos y que a mayores tenía dueños (algo a tener en cuenta claro) pero era un amor. Yo le dejé que se frotara a mis piernas e incluso jugó con mis botas de pelo un rato. Pero a pesar de que adoro los animales y que no creo en todas las supersticiones, mi cabeza empezó a ronronear…

Se pasa realmente mal cuando ves que tú mente va por libre sin atender a razones. Creo que cuando ves morir a tu hijo en tus brazos te das cuenta de lo frágil que es la vida, es como que despiertas del sueño tan profundo en el que estabas inmersa y entiendes que la vida es un auténtico milagro. Un regalo.

Entonces, para paliar estos miedos y estos sentimientos de duda, fragilidad e incluso pánico, al final lo que hago es volver a aquello que razoné cuando Sara murió, digamos a mis orígenes. Vuelvo al pensamiento de que la única razón de mi existencia es cumplir con mi misión. Así que según esto, me voy a morir cuando haya vivido todo lo que tenga que vivir. Me voy a ir a la otra vida el día en el que mi misión se haya cumplido. Ni antes, ni más tarde.

ME VOY A MORIR. Pablo, mis padres, mis perros se van a morir. TODOS NOS VAMOS A MORIR. Es muy importante interiorizar esta idea y aceptarla desde la serenidad. Estaremos aquí el tiempo que tengamos que estar y el día que nos tengamos que marchar, NO LO VAMOS A PODER EVITAR.

Algún motivo que se escapa de mi control y de mi conocimiento tiene que haber para que Sara se haya muerto y para que este bebé no haya podido venir a este mundo. Que no lo comprenda en su totalidad ahora no quiere decir que no esté ahí. Al final, humildemente creo que es muy ignorante pensar que venimos a este mundo solamente para pasar por el. Creo que todo lo que hacemos y lo que vivimos deja huella en nuestra línea existencial y condiciona a las generaciones futuras, así que: TRANQUILIDAD, MENTE FRÍA. Nos vamos a morir, no sabemos cuándo será y no podremos hacer nada por evitarlo, por lo que tan solo nos queda tener calma y disfrutar del ahora.

Entonces concretando concreting, ¿Qué hago para poder reconducir la mente y apartar esos pensamientos dañinos de mi cabeza, a mayores de mi autocontrol y mi terapia personal diaria? EMDR

EMDR significa Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares

Es un abordaje psicoterapeútico en el tratamiento de las dificultades emocionales causadas por experiencias difíciles en la vida, desde fobias, ataques de pánico, muerte traumática y duelos o incidentes traumáticos en la infancia hasta accidentes y desastres naturales.

Es la caña de España, así os lo digo. A mí la psicología tradicional no me sirve de nada a día de hoy. En su momento hace muchos años si que me ayudaba acudir a un psicólogo, pero llegó un momento en el que me di cuenta de que no me aportaba nada nuevo ese tipo de terapia. EMDR es algo muy distinto, es algo realmente revelador. De hecho, el terapeuta tiene que implicarse mucho a nivel personal y acaba por afectarle, por lo que es fundamental ir a un profesional bien formado en la materia.

Total, que cuando supe de que iba está terapia, cogí el teléfono, llame a una especialista y allí me planté. Lo curioso es que yo iba para solucionar el tema de mi hipocondrismo y mi miedo a la muerte, pensado que el origen de todo ello era la muerte de mis bebés, y resulta que en la sesión salió que el origen es otro totalmente distinto y que las muertes simplemente fueron los detonantes.

Es como que si la muerte de Sara y de mini bebé fueran la gota que colmó el vaso, provocando que salieran a la luz todas las taras mentales que estaban ocultas. Os prometo que EMDR es todo un mundo de autoconocimiento personal que os recomiendo encarecidamente iniciar tanto si sois mamás en duelo como si no lo sois. Al final todos tenemos taras, traumas, miedos y cosas malignas en la mente y cuando sentimos que llega el momento de ponerle solución hay que hacerlo.

Por tanto para finalizar, puedo deciros y os digo, que hay tres pautas fundamentales para enfrentar el hipocondrismo y/o el miedo a la muerte (que está todo muy relacionado):

– El humor: ríete de ti misma y de los pensamientos que tienes. Enserio, ríete.

-Escribe y/o pinta: materializa el miedo. Ponle nombre, apellidos, forma y colores. Dibujalo y rompelo, escríbelo y quemalo.

– Acepta la muerte: Piénsalo, te vas a morir y no vas a poder hacer nada por evitarlo cuando llegue el momento. Libérate de esa necesidad tan exacerbada de controlar toda tu existencia. En el momento en el que te das cuenta de que no puedes evitar palmarla, no sabes cuánto vas a descansar.

– EMDR: Para los culos inquietos como yo, que queráis y podáis ir un poco más allá, no dudéis en acudir a un buen terapeuta que practique este tipo de terapia. Seguramente os pase como a mí, que vayáis por algo muy concreto y den la cara experiencias que a priori ya teníais “superadas”, pero oye! Nunca es tarde para sanar.

Ojalá que haciendo esto os ayude a entender que lo que nos sucede a las personas con miedo a la muerte o con hipocondria no es más que una necesidad imperiosa de controlar algo que nos aterra, por ser probablemente bastante exigentes con nosotras mismas. Si a esto a mayores le sumas la experiencia del duelo por la muerte de un hijo…. Pues peor se pone la cosa.

Os mando achuchones bien grandes y mucho amor familia. Recordad que no hay nada en este mundo que no podamos afrontar, superar o resolver…. ¡Excepto la muerte!



MI EMBARAZO

Lo siento mucho Silvia, no hay latido

Así finaliza este segundo embarazo, con muerte. Tan solo pudimos mantener la ilusión escasas 9 semanas. Vuelvo a ser de nuevo una de cuatro. Estos días me he estado informando y al parecer, se considera normal que una mujer tenga hasta tres abortos en el primer trimestre, no sé si llamar a esto imprudencia o locura.

La primera pregunta que me hice fue ¿Y ahora qué? ¿Qué se supone que tengo que hacer después de que mis dos bebés hayan muerto? Pues la verdad familia, no sé muy bien que es lo que tengo que hacer ¿Debería acudir a una clínica privada a gastar X dinero para ver si hay algún problema? ¿O debería hacer caso a la seguridad social, dónde nos dicen que lo volvamos a intentar en cuanto podamos y ver que sucede, como si de una apuesta deportiva se tratase, porque esto es muy normal? La verdad es que es cuánto menos complicado.

Antes de nada quiero agradecer el trabajo de todo el personal de urgencias que me atendió en el Hospital Materno Infantil Teresa Herrera de la Coruña, así como a todas las profesionales de la planta quinta. Intentaron en todo momento que estuviera lo más cómoda posible. Siempre que acudí a este hospital el trato hacia nosotros fue inmejorable.

Ahora mismo estoy en casa, viendo la vida pasar. Me preguntan mucho si duele más la muerte de Sara o la de este bebé y solo os puedo decir que es un dolor muy diferente, no tienen nada que ver. Son muertes distintas, procesos distintos, cada uno con sus particularidades. A Sara la conocí, la alimente, la dormí, luché por su vida durante meses… A este bebé no lo llegue a conocer, todavía no tenía forma humana, ni siquiera sabíamos si era niño o niña…

Pero era mi mini bebé, era la esperanza hecha vida creciendo en mi interior. El/ella era mi motivo para seguir luchando. En esa cosita pequeñita se concentraban mis ganas de seguir adelante, las ganas de Pablo de avanzad… en definitiva la ilusión de una familia de ser padres en la tierra.

Mini bebé se fue el mismo mes que se fue Sara, llevándose parte de mi alma. Maldito febrero… ¡Qué asco te tengo! Muchos dirán que en la vida no todo es la maternidad y así es. La vida no se basa solamente en tener hijos sanos y salvos, pero para las que soñamos con ser madres desde que somos niñas, que nos suceda algo así es como arrancarnos nuestro sentido vital. Es cómo si nos perdieramos en un bosque oscuro y peligroso sin brújula para guiarnos, ni estrellas que nos iluminen.

Me gustaría deciros que estoy perfectamente pero os mentiría. Tampoco estoy hundida en la miseria como cuando Sara murió. Estoy como dice una psicóloga a la que aprecio mucho, recogiendo algunos trocitos de mi corazón que con esta pérdida volvieron a caerse.

Como padres hicimos lo que teníamos que hacer antes de intentar un nuevo embarazo. Esperamos 14 meses desde que nació Sara y 10 meses desde que murió para buscarle. Aunque psiquiatras y psicólogos nos decían que cuánto antes mejor, queríamos estar bien curados y hacer las cosas en condiciones. Yo me hice las revisiones pertinentes, me cuidé todo lo que pude, llené mi cuerpo de nutrientes, de vitaminas y minerales, dejé el trabajo en cuanto hubo el mínimo riesgo, guardé reposo estricto, tome mi progesterona… Y nada de eso funcionó.

No se sabe por qué no funcionó, muchas veces no hay respuestas por mucho que queramos encontrarlas. Aunque eso no quiere decir que no vayamos a hacer algo porque aparezcan.

Quiero que sepáis que esto no tiene por que ser el fin. Sé que me seguís muchísimas mamás en duelo que estáis en búsqueda de vuestro bebé arcoiris o incluso que lo tenéis dentro y que al saber que mini bebé falleció, no solo os disgustasteis por mi sino que también os invadió el miedo de que las siguientes podáis ser vosotras. NO PENSÉIS ASÍ. Cada caso es un mundo, cada persona tenemos un destino y el mío, no tiene porqué ser para nada el vuestro. Que este embarazo no haya salido bien, no quiere decir que el vuestro no vaya a desarrollarse con total y absoluta normalidad, así que porfavor os lo pido, 0 miedos, 0 angustias y mucha energía positiva 😊

Que duro lo tenemos las mujeres la verdad… Sin desmerecer al género masculino al que respeto muchísimo, creo que tenemos que pasar por una lucha y un sufrimiento mucho mayor que ellos en algunos aspectos vitales. Por ejemplo, cuando tenemos que pasar por un legrado.

Legrado es una de esas palabras que había escuchado en más de una ocasión, pero que no tenía ni idea de que significaba realmente. En el momento en el que supe que me lo iban a hacer me puse a buscar en internet (como buena amante del conocimiento y del control) experiencias de mamás que pasaran por ello, pero no encontré nada más que opiniones en foros como www.enfemenino.es y sitios así, por lo que tuve muy claro que contaría mi experiencia nada más llegar a casa.

Cuando el latido del bebé se para en semanas “tempranas”, el protocolo hospitalario a día de hoy consiste en un tratamiento con misoprostol para iniciar las contracciones que desencadenen el nacimiento del bebé fallecido. Yo me imaginé que serían unos óvulos grandes no se porqué, sin embargo son unas pastillas pequeñitas como si fueran unas aspirinas. Te pueden ofrecer pasar este proceso en casa si hablamos de abortos menos de 8 o 9 semanas. En mi caso aunque me ofrecieron la opción, la doctora me lo desaconsejo ya que el bebé tenía un tamaño ya grandecito y creían que lo mejor para mí bienestar era ingresar así que les hice caso.

Empiezas con una dosis de 4 píldoras que debes introducir tú vía vaginal lo más profundo que puedas. A las 4 horas otra dosis de 2 y tras otras 4 horas la última dosis de 2 pastillas más. En mi caso lo único que consiguieron esas dosis de medicación fueron unos retortijones no muy fuertes y el desprendimiento de algunos coágulos de forma intermitente.

Fue un proceso tan desagradable… que no tengo palabras para describirlo. Notar como caían trozos de mi interior sin control, no saber cuándo iba a caer mi mini bebé, no saber si era mucha sangre o poca, no saber si se había acabado o no… Fue muy, pero que muy agobiante no saber cómo iba a ser el proceso.

Es muy doloroso a nivel emocional estar sintiendo contracciones uterinas como si estuvieras de parto, pero sabiendo que el resultado será un bebé muerto en vez de uno sano y salvo. Pero para mí a mayores era frustrante no tener el control de la situación y no saber si todo iba como tenía que ir.

En mi caso aquello no avanzaba, las pastillas de misoprostol a penas se deshacían en mi interior por lo que no hacían el efecto que tenían que hacer, así que muy amablemente la doctora me propuso un legrado. Me dijo que no quería que me pasara una semana entera expulsando restos y haciendo mil visitas al médico después de todo lo que habíamos vivido y la verdad es que se lo agradeceré toda mi vida.

Entré en pánico poco antes de ir al quirófano. Yo, la que jamás en mi vida le tuvo miedo al quirófano, ni a los médicos ni nada de nada, estaba aterrada. Tenía la sensación como de que me iban a violar, tocándome sin yo quererlo, con miedo de que me hicieran daño… Unos sentimientos y sensaciones que solamente experimenté cuando me tocó ir al ginecólogo tras la muerte de Sara. Siendo realistas, creo que lo que me sucedía era que no quería asumir que me iban a sacar a mi mini bebe.

Menos mal que la anestesista, las enfermeras y las ginecólogas fueron lo más amables que podáis imaginaros y no solo me achucharon con abrazos y palabras, sino que incluso me hicieron reír con sutileza y mucho respeto en el propio quirófano.

Una dosis de algo en la vía, respirar de una mascarilla y a dormir. Me sumí en un sueño profundo y maravilloso. No me enteré de nada, no tuve ni gota de dolor y salí muerta de la risa y diciéndoles cosas bonitas a las doctoras a causa de la anestesia. Cuando llegué a la habitación me quedé un poco ausente. Abría y cerraba los ojos sin saber muy bien donde estaba. Me agarré a la barriga pensando que era imposible que ya no hubiera vida en mi interior y me solté a llorar.

A penas sangraba, no tuve fiebre y me encontraba muy bien por lo que 9 horas después del legrado pedí el alta voluntaria para poder irme a casa. Desde la muerte de Sara les tengo pánico a los hospitales, me dan crisis de ansiedad cuando estoy en ellos sea por mí o por otra persona. No puedo estar mucho rato porque lo paso realmente mal, entro en pánico.

En definitiva, ahora que lo he vivido puedo decir que un aborto en el primer trimestre es un suceso doloroso y traumático. Por desgracia en menos de un año he adquirido experiencia en muerte perinatal e infantil, algo que ninguna mamá tendría que tener…

Muchas ya me conocéis y sabéis que no sé vivir sin sacar la parte positiva de lo negativo de la vida. Ésta experiencia me está sirviendo para seguir madurando, seguir aprendiendo y sobre todo seguir aprendiendo a vivir con más calidad. Me sirve también para ayudar a otras futuras mamás que por desgracia pasarán por lo mismo que yo. Y me sirve para darme cuenta de cuánto bueno tengo a mi lado.

Si estas aquí porque te ha sucedido lo mismo que a mí te digo desde ya que no te puedes hundir. Creeme cuando te digo que podría haber sido mucho peor. Una muerte intrauterina del segundo trimestre es peor, del tercero peor todavía, a término mucho peor, neonatal es horrorosa e infantil no tiene palabras. Así que aunque sé que estás desconsolada ahora mismo, solo puedo decirte que vas a salir enseguida hacia adelante y que aunque jamás olvidarás a tu mini bebé, continuarás caminando. La vida es así, una lucha constante. Creo que lo importante de esta existencia no es conseguir grandes cosas, es no rendirse nunca.

He leído tantas, pero tantísimas experiencias de otras mamás que han pasado por esto una, dos, tres, siete veces en estos días… Que soy consciente de que hay mucha gente sufriendo en el mundo, con el mismo derecho que tengo yo a ser feliz. Por eso hay que pensar que siempre podríamos estar peor y que dentro de lo malo las cosas podrían ser mucho más complicadas (a lo anterior me remito)

Si has llegado hasta aquí querida amiga, quiero darte las gracias. No quiero que acabes este artículo con un sentimiento de tristeza, pensando “pobre Silvia”. Me gustaría simplemente que sintieras empatía hacia el dolor ajeno y que valoraras mucho lo bueno que tienes a tu lado tanto si estás mejor, igual o peor que yo. Porque como decimos, la vida siempre se puede poner más fea. Estamos aquí por una razón, viviendo lo que vivimos por un propósito aunque no lo comprendamos.

Te envío el mayor de los abrazos y un achuchón bien fuerte.