MI EMBARAZO

No hay arcoíris

No hay arcoiris en el embarazo tras la pérdida. No lo hay, punto pelota. Al menos no para mí. Un arcoiris representa la luz, la suerte, la alegría, la seguridad, el triunfo tras la oscuridad y el embarazo tras la muerte de un hijo, no es ninguna de esas cosas.

La realidad es que más bien es una prueba vital en la que te dedicas a luchar contra todos tus miedos, contra los miedos de tu entorno y como no, de nuevo contra la sociedad.

Te vas a cansar de oír consejos de cómo tienes que llevar tu embarazo. Al parecer todo el mundo sabe cómo tienes que comportarte y como tienes que afrontar la situación. Y OJO como digo siempre la grandísima mayoría de las personas no dicen las cosas con mala intención todo lo contrario, pero como siempre decimos aunque la intención no es mala, a veces es mejor estar callado. Vamos, que te lo digo desde ahora mismo, a todas las consejeras… ¡NI PUTO CASO!

Te voy a enumerar todos esos sentimientos que seguramente tendrás, (que son más que normales por cierto) a lo largo de tu embarazo arcoiris, lo que te dirán a cerca de cómo tienes que enfrentarlos y lo que yo hago ante ellos. Que no es ni mejor ni peor que lo que hace otra gente simplemente es mi sistema.

Sentimiento número 1)
“No soy capaz de conectar con el bebé por miedo a perderlo”

La gente te dirá que debes conectar con el bebé por mucho que te cueste, ya que sino lo haces, después te sentirás CULPABLE de no haberlo hecho y te ARREPENTIRÁS de no haberle dado todo el amor que se merecía.

Yo te digo que LOS COJONES 33. Jamás te obligues a nada, no te dejes guiar por los que, sin mala intención, quieren generar en ti CULPA por tus actos o no actos. Conectarás cuando tengas que conectar, aceptarás ese embarazo cuando sientas que debes hacerlo y surgirá de ti ese sentimiento en el momento en el que tu mente está preparada para ello. Y esto va a depender muchísimo de varios factores, muchos de ellos fuera de tu alcance. Así que mi “consejo” es que te relajes lo máximo posible, que hagas terapia para cuidar tu yo interior y que poco a poco vayas sintiendo lo que tú mente y tu cuerpo te piden. Llegará ese momento de conexión ¡No lo dudes! Pero el no precipitarlo es tan importante como el aceptarlo cuando llega.

Sentimiento número 2)

“Tengo pánico a que vuelva a pasar lo mismo”

La gente no se cansará de decirte que no va a volver a pasar, o que no tiene porqué pasar, o que no pienses en ello.

Yo te digo Y UNA MIERDA ¿A caso son adivinos? ¿A caso el convencerme de que no va a volver a pasar va a evitar que pase? No sabéis la de casos que conozco que por desgracia han pasado por una segunda pérdida y se han cagado mil veces en todos los que les decían esto. No lo sabemos, nadie lo sabe y es muy osado el decirle a alguien que no va a pasar nada. Por tanto mi “consejo” es que lo mejor es aceptar que puede volver a pasar. Aceptar que no estamos libres de volver a perder a nuestros hijos y pensar que aunque nosotras vamos a ser positivas y evidentemente no queremos que suceda, la posibilidad está ahí. Eso aunque no lo creáis os va a dar seguridad. Os va a hacer sentir con los pies en la tierra, con la verdad por montera y con el control de la situación. Porque cuando tú mente asume los posibles finales ya no hay tantas sorpresas. Tener claro que cualquiera de nosotros nos podemos morir en cualquier momento, incluidos nuestros hijos, hace que vivamos con más libertad y armonía, por muy contradictorio que suene.

Sentimiento número 3)

“Estoy muy nerviosa este embarazo y me siento culpable por tener otro bebé. Tengo la sensación de que dejó atrás a mí bebé fallecido y que dejo de ser una mamá en duelo”

La gente te va a mirar chungo si dices esto y seguramente te digan que tienes que dejarle atrás porque esta muerto o cosas sin sentido, porque es muy difícil responder a este sentimiento si no lo has vivido.

Yo te digo que te entiendo perfectamente. Es esa sensación como de que dejas de ser madre del bebé anterior para ser madre de otro bebé y te invade en el alma el sentimiento de que estás abandonando emocionalmente a tu angelito y te estás olvidando de el. Es como si tuvieras una especie de necesidad de torturarte porque es la única forma de que tanto tú como los demás le tengan presente ¿Verdad? Y si tienes otro hijo y estás feliz por ese nuevo bebé le estás dando la espalda al anterior.

En este caso yo este sentimiento lo tengo bajo control gracias a muchas horas de meditación y de entrenamiento mental, pero no es nada fácil hacerlo y de hecho a veces vuelve a dar la cara.

Sé positivamente que mi hija (y todos vuestros hijos) quiere que sea feliz y de sobra soy consciente de que jamás la olvidaré por muchos hijos que tenga. Esas emociones vienen por la necesidad que tenemos como seres humanos terrenales de manifestar que les tenemos presentes y que a veces se nos va de las manos. No les estamos dando la espalda porque no nos necesitan y no les olvidamos por cuidar a otro bebé porque siempre están en nuestro corazón.

En lineas generales estos son algunos de los sentimientos que me surgen a mí en este embarazo, lo que me han dicho ante ellos y como yo lo gestiono. Repito que no hay maldad en las palabras de la gente, es más, a veces lo que quieren incluso es que despiertes y salgas de ese miedo que te atasca, pero la realidad, es que solo las que pasamos por ello nos entendemos y por eso me gusta dejaros mis reflexiones. Para que veáis que no estáis solas y para que utilicéis (si os apetece) mis herramientas psicológico/emocionales. Que muchas veces no son mas que un bofetón mental propio y un chute de valor y autoestima.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

La historia de Lorena y su estrella

Carol de https://carolterapia.com me inspiró el valor para publicar esta historia que comencé a escribir unos días después de perder a mi bebé. Nunca me he sentido más vulnerable que ahora mismo, pero voy a hacerlo. Voy a contarte mi historia.

Dato informativo: en España mueren 6 bebés al día por muerte perinatal.

11 de Junio de 2019. Hoy es un día gris aunque brilla el sol. En mi cabeza se repite una frase que jamás hubiera pensado escuchar: ha dejado de vivir. Tenía nombre, un padre y una madre que ya le querían, y un montón de planes que nunca se llevarán a cabo. Mi cuerpo aún creía que estaba embarazada, no se había enterado de que esa vida había dejado de latir. Se lo ha tenido que contar la ciencia a base de pastillas. Me dan un medicamento que se va a encargar de explicarle a mi cuerpo lo que tiene que hacer ahora con el embrión sin vida, y me pasan a una sala donde puedo estar sola sin tener que sentarme en la sala de espera, ya que estoy llorando.

No sé en qué momento he empezado a llorar y siento que no puedo parar. Las enfermeras me miran con cara de pena, me ofrecen su empatía, algunas palabras de consuelo, una de ellas me trae un vaso de agua con gas y una barrita de chocolate. Me pregunta si necesito algo más y yo solamente necesito un abrazo. Y me lo da. Me agarro a ella como si me fuera la vida en ello. Mi pareja está de camino. Cuando llega lleva la sonrisa más grande y forzada del mundo y sé que lo está haciendo por mí. Me abraza y lloro. “Lo volveremos a intentar”. Pero una cosa no quita la otra, y es que yo tenía a nuestro bebé en mi útero y en algún momento dejó de vivir. Y eso duele. Y ahora me toca acostumbrarme a la vida sin mi bebé, después de casi tres meses pensando en cómo iba a ser la vida con mi bebé.

Lo peor viene después. Las pastillas no han hecho el efecto deseado y la doctora y una enfermera llevan a cabo un raspado sin anestesia. Sangro tanto que termino desmayándome, y tienen que ponerme un gotero con suero para que me recupere. Cuando vuelvo a casa han pasado más de 5 horas y me doy cuenta de que en todo el día solamente he comido un croissant guarro de chocolate cuando he salido de la estación de metro antes de entrar en la consulta, y yo venía a que me dijeran que todo estaba bien. Me llama mi madre para preguntar qué ha pasado, porque desde esta mañana no le contesto a los mensajes. Me sale un hilo de voz que dice “lo perdí”. Lloramos juntas por mi bebé, su primer nieto.

Y aún me queda lo que a todas luces es el “parto” por el que tengo que pasar en casa, contracciones y expulsión incluídos. Nadie me había avisado del dolor al que me iba a tener que enfrentar sola.

Saco algunas conclusiones: esto también pasará. No es la primera vez que la vida me pone un obstáculo emocional y lo superaré. Pero no hoy, y me recluyo en una cueva de autocompasión. Otra conclusión es que mi infierno no es nada comparado con el que escucho que han vivido miles de mujeres en una situación similar en España. Es que aún no te he contado que yo vivo en Alemania. Berlín, la capital del tecno, ha tenido más empatía conmigo en 12 horas que con mis comadres en España en décadas.

En España la falta de empatía con una mujer sufriendo un aborto espontáneo entra en lo que denominamos como violencia obstétrica. Desde dejar a la mujer sola en un cuarto sufriendo contracciones para expulsar su bebé sin vida, frases como “venga, que esto no es nada”, faltas de respeto y advertencias sobre lo que no hay que hacer la próxima vez… y me quedo corta. Según la OMS y otras organizaciones la media es que un 10-15% de mujeres que sabían que estaban embarazadas han sufrido un aborto espontáneo, así que seguro que conoces a alguien que ha pasado por ello y quizá ni siquiera lo sabes. O quizá eres tú (si es el caso, siéntete abrazada muy fuerte, compañera).

Sin embargo yo estoy tan agradecida por lo bien que se ha portado las enfermeras conmigo, que a los dos días les llevo un pequeño regalo. Pero esto debería ser la norma, y no la excepción. Durante todo un mes mi ginecóloga me mantiene en la más absoluta desinformación acerca de haber tomado una decisión muy importante que me correspondía a mí como paciente: decidir qué hacer. En el estado de shock en el que me encontraba después de haberme enterado que el embrión no vivía, me puso dos pastillas en la mano y me dio un vaso de agua. Confié en ella y no debería haberlo hecho. Eran pastillas abortivas, pero en ningún momento me informó de ello, ni de efectos secundarios. No me ofreció otras posibilidades. Me robó el derecho a decidir qué hacer con mi cuerpo. Tras un mes de revisiones semanales y sangrado, me dice que no sabe qué hacer. Y yo no doy crédito. Cuando llego a casa me desmorono, y mi chico en su frustración más absoluta me dice que no vuelva a ver a esta “doctora”.

Siento que no tengo otra opción que irme al hospital, porque la incompetencia de la ginecóloga traspasa lo que yo puedo soportar como ser humano emocional y vulnerable. Lo cuento todo. Lo revivo todo. Lo lloro de nuevo. En el hospital me atiende una ginecóloga joven, muy amable y empática que me ofrece la posibilidad de un legrado. A estas alturas es la segunda semana de Julio. Me hicieron el legrado unos días antes de mi 34 cumpleaños. Mi doctora de cabecera me recomendó ir a terapia, yo elegí hacer terapia emocional en casa con los aceites esenciales. Sinceramente, no sé qué habría sido de mí sin ellos.

El día que me viene la regla por primera vez en Agosto, lo celebro con mis amigas.

La última conclusión a la que llego es que tengo que hablar de ello, porque a mí no me lo contaron, y tengo que hacer algo al respecto. De mi dolor nace el deseo de ayudar a otras mujeres en situaciones similares. Empiezo a documentarme, y cuanto más leo, más entiendo que todo esto empieza mucho antes: empieza con la educación. Decido convertirme en especialista en el ciclo menstrual, quiero ayudar a mujeres en todos los momentos de su ciclo: desde incluso antes de empezar la primera menstruación hasta la vida después de la menopausia. Pero sobretodo quiero ayudar a mujeres a que no tengan que pasar por lo mismo que yo.

Desde entonces he trabajado muy duro desarrollando un programa exclusivo en el que enseño a todo tipo de mujeres no solamente a integrar los aceites esenciales en su día a día sinó también a regular el ciclo menstrual de por vida. Quiero cogerte de la mano mientras hacemos este camino en el que tus migrañas, acné y otras molestias de origen menstrual se reducirán, aprenderás a potenciar la fertilidad natural de tu cuerpo si buscas quedarte embarazada (incluyendo apoyo durante el embarazo), y juntas construiremos cimientos para una menopausia saludable y feliz.

Puedes contactar conmigo sin importar en qué momento de tu vida o ciclo te encuentres, para unirte a esta familia virtual que está constantemente creciendo. Me niego a que otras mujeres tengan que pasar solas por lo que pasé yo, y aprender de la necesidad en lugar de aprender a prevenir y ayudar al cuerpo a seguir el curso natural que corresponde en cada momento de la vida. Yo tuve la gran suerte de que ya tenía los AE muy integrados en mi estilo de vida y tuve los recursos necesarios para apoyar a mi cuerpo físicamente y de manera emocional a superar este trauma.

Puedes contactar conmigo aquí si sientes que resuena contigo. Si necesitas reflexionar, aquí te dejo algunos enlaces que me ayudaron durante mi proceso de aceptación y duelo:

Esta es la belleza de una historia real, muy parecida a la mía. Me reconfortó que alguien hablase de ello tan abiertamente y con fotografías.

Sin latido (documental en catalán de TV3). El documental es extremadamente duro, sobretodo si acabas de pasar por algo similar, prepárate para llorar y limpiarte por dentro.

Aquí aprendí lo común que es y porqué no debemos sentirnos culpables.

Y por supuesto no te pierdas este grupo de apoyo maravilloso en Facebook: Matrioskas

MI EMBARAZO

Los primeros sustos

Si es que lo de tener una vida tranquila no va conmigo, está claro. Y este embarazo pues no iba a ser menos, por esto de no perder la costumbre de andar a saltos por la vida….

Os cuento que estoy en reposo por un hematoma retrocorial que provoca sangrados y que voy bien, pero que bien chutada de progesterona para ayudar a que se reabsorba. Además de momento, no se ve embrión porque según dicen los ginecólogos es muy pronto para poder verlo. Hay saco gestacional, hay vesícula vitelina pero de momento no hay baby visible.

Evidentemente estoy de baja por prescripción médica no solamente por las pérdidas, sino porque mi embarazo ya de por sí es de riesgo. No solamente porque Sara nació con malformaciones indetectables en las ecografías sino que a mayores el nivel de estrés que tengo en este trabajo no es compatible con un embarazo tranquilo.

Me preguntáis mucho como me encuentro y os diré que lo llevo bastante bien a todos los niveles. Veo series, películas y disfruto de mi casa como nunca. Y aunque la cabeza de vez en cuando hace de las suyas, yo insisto en que me deje tranquila y me permita conectar con este bebé en condiciones.

Nunca pensé que estaría como estoy amigas. En ningún sentido. Nunca imaginé que tendría una hija preciosa que moriría con cuatro meses de vida, que tras ella vendría otro embarazo complicado y que a mayores mi madre, la persona más intensa y más negativa del mundo, tendría que vivir en esta época un cáncer de colon de los jorobados. A veces la vida parece un chiste malo.

Pero como siempre os digo esto es la vida, no deja de sorprendernos, no deja de ponernos a prueba y de darnos herramientas para que podamos evolucionar y avanzar como almas.

Esta semana tenemos ecografía y en ella confirmaremos si hay bebé o no y veremos cómo evolucionan las cosas. Y por supuesto por aquí vendré a contaros el resultado de la consulta. ¿Alguna mamá cómo yo? Besos a montones bonitas.

MI EMBARAZO

Un nuevo embarazo

A la primera. Me parece magia pura y dura esto de querer ser padres y conseguirlo al momento. Cuando pienso en todas esas familias que se pasan años intentando ser papás sin conseguirlo, con todo el dolor, sufrimiento y pena que ello conlleva me siento muy afortunada. Nosotros nunca hemos tenido problemas para concebir, la realidad es que ni con Sara ni con este segundo bebé tuvimos que hacer ningún “esfuerzo” extra que no fuera utilizar las famosas tiras de ovulación.

La realidad es que Sara quería dejarnos muy claro que este bebé lo enviaba ella y que este era el mejor momento. La falta se dio el 27 de diciembre y Sara falleció el 27 de febrero. Justo 10 meses más tarde ella quiso que no nos despidieramos del año 2019 sin una alegría de las grandes.

¿La verdad? Estoy asustada, para que os voy a engañar. Estoy muy contenta porque sé que un bebé crece dentro de mí pero al mismo tiempo es como que no lo tengo asumido. Es extraña la sensación, desde luego que creo que es la forma que tiene mi mente de protegerse ante un posible golpe.

Intuyo que este embarazo va a ser jorobado. Estoy haciendo desde ya un fuerte trabajo mental y psicológico para que el terror no me supere. Para que mis pensamientos negativos no se apoderen de mí y eso, siempre es duro. Pero estoy convencida de que lo lograré. Al final todo se basa en querer. Querer es poder.

Os voy a ir contando paso por paso toda mi evolución. Todo lo que pase por mi mente en cada uno de los momentos que vaya viviendo en este embarazo, sea como sea y dure lo que dure. Porque al final, contar nuestras experiencias, hacernos eco de nuestros sentimientos no solo nos hace fuertes, no solo nos reafirma, sino que de alguna forma nos hace grandes.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Las navidades de mi vida

Un bebé en navidad, es el mejor regalo que unos padres pueden tener. Fue un día cinco de reyes cuando justo mientras preparábamos los regalos de nuestra niña mayor rompí aguas. De repente una sensación no poder controlar mis esfínteres me invadió y todo el salón se llenó de líquido. Un líquido que era de un tono un tanto oscuro, no puedo decir que fuera negro pero si se que cuando lo vi supe que ese no era el color que debía de tener.

Dejamos todo a medio hacer, llamamos a los abuelos ya que era la 1 de la madrugada para que acabaran de envolver los regalos y cuidaran de la pequeña María y nos fuimos pitando para el hospital.

¡Me parecía increíble que le pudiéramos dar como regalo de reyes a nuestra niña a su hermano! Al llegar nos pasaron directamente a monitores para ver como iba el bebé y una chica muy agradable me dijo que iba a ser uno de los mejores días de mi vida.

Mientras yo estaba inmersa en mi excitación su rostro cada vez se iba poniendo más serio y su semblante más pálido. Miro para mí con una sonrisa forzada y me dijo “ponte de lado por favor” yo me puse de lado automáticamente pero seguía sin decirnos nada. Inocentemente le pregunté si pasaba algo y ella salió de la sala diciendo que iba a llamar al ginecólogo de guardia.

En menos de 10 minutos estaba allí un hombre muy alto, de pelo grisáceo que se presentó y que nos dijo que iba a utilizar un ecógrafo para buscar el latido del bebé ya que con los monitores no eran capaces. Después de lo que para mí fue una eternidad de repente me miró y me dijo “cuantisimo lo siento, no hay latido”.

“Pues vaya, si no hay latido habrá que reanimarle no? A ver el niño está conectado a mí y no es independiente hasta que nazca así que venga, haced algo no vaya a ser que esté demasiado tiempo sin latir su corazón y le vaya a hacer daño”

Lo que leéis, eso fue lo que contesté yo. Me miraron como si estuviera totalmente loca y es que realmente lo estaba, ¿En qué momento se me ocurría a mí pensar así? Ahora sé porqué, no tenía ni idea de que un bebé podía morir dentro de su madre con 38 semanas de gestación, para mí eso era inviable.

“Esta muerto, no podemos hacer nada. Lo sentimos muchísimo”. Empecé a gritarles, a decirles que eso era imposible, que estaban dando a mi hijo por perdido y que se iba a morir si no le atendían…. Una hora más tarde empecé a entender que estaba muerto, había muerto dentro de mí y no había nada más que hacer. Lo que sentí en ese momento…. No hay palabras en el diccionario que puedan describirlo.

El parto fue horrible. Nadie se imagina lo que es dar a luz a un bebé que sabes que está muerto hasta que se vive en carnes propias. ¡Es el colmo del absurdo! Dar a luz a un bebé sin vida…. ¡No tiene ningun sentido! Pero pasa. Pasa mucho más de lo que nos imaginamos.

Esas navidades mi hija estuvo sola abriendo regalos sin saber que jamás llegaría a conocer a su hermano hasta días después. Yo no quería verla, tenía tanto dolor que pase una semana sin ir a nuestra casa, me quedé en casa de mis padres deseando que la tierra me tragara. Hasta hace poco tiempo a penas hablaba de Julián cómo mi hijo con los demás. Yo solamente tenía una hija. Con el no hubo fotos, ni despedida, ni recuerdos, ni nada. Tan solo la sensación de miedo y angustia por parir a un cadáver.

Gracias a mamás que comparten su historia como Carmen Osorio y Silvia unamadremas, comencé a darme cuenta de que estoy mal. La verdad no era consciente de lo mal que estaba hasta que un día de mucha desesperación hablé con Silvia de su Sara y de mi Julián y después de contarle cómo me sentía y lo que hacía ella me dijo “Estás siendo muy cruel contigo misma y con tu hija cielo. Perdóname la sinceridad pero es egoísta por tu parte querer que tú hija te de todo lo que el bebé no pudo darte, ¿No te das cuenta de que no quieres asumir que Julián se fue y María no es Julián?” La verdad fue la única que tuvo un par de ovarios de decirme todo lo que los demás pensaban pero no sé atrevían a decir. Claro que también es cierto que ella fue la única que me contestó y me ofreció hablar conmigo. Nunca podré agradecérselo lo suficiente.

Seis años más tarde me doy cuenta de que estuve torturandome a mí y a mí entorno desde ese día sin motivo. No fue mi culpa. No fue su culpa. María no tiene la culpa de vivir y Julián no tiene la culpa de morir. Y es más, mi marido no tiene la culpa de ser un padre en duelo con una mujer ausente.

Esta es mi historia, una historia triste. Pero lo importante de esta historia es que igual que yo estuve mal y me puse en cura tu también puedes hacerlo. Si tu eres una madre en duelo y crees que algo no va bien en tu cabeza, no hagas como yo: pide ayuda porque mañana puede ser demasiado tarde.

Feliz día de Reyes.