OTROS BEBÉS ESTRELLA

Alejandra, mi terapeuta desde el cielo

Voy a ser rápida contándote mi historia. Mi hija murió con 20 semanas de gestación. Murió porque no nos quedó otro remedio. En la ecografía de esa semana se detectó Esclerosis Tuberosa, es decir le crecían tumores en el cerebro. Cuando me dijeron que mi hija tenía tumores en su cabecita pensé que me estaban tomando el pelo. Un bebé NO podía tener cáncer pensaba yo, como era posible si todavía no había nacido!!!

Entonces empecé a pensar: fue el móvil. Yo siempre tan pegada a mi móvil antes y durante el embarazo… Seguro que eso le provocó ese tumor maldito. O el microondas! Si le hubiera hecho caso a mí madre cuando me decía que no lo usara…. Porque no me cuidé, porque no hice todo lo que me decían que tenía que hacer. Todo el mundo buscaba posibles causas de ese tumor y yo lo único que veía era que lo había hecho todo mal.

Tiempo después comprendí que no tenía culpa de nada. Que yo era una madre que había hecho lo que muchas. Había llevado una vida normal, calentando a veces cosas en el micro y llevando mi móvil conmigo pero eso no podía ser la causa de ese tumor porque otras madres también lo hicieron y sus hijos salieron sanos. Tampoco era genético, en mi ADN no decía nada que fuera concluyente y en el de su padre tampoco.

Ahora tengo mellizos y aunque me hacen sonreír cada día tengo esa sensación de que no estoy siendo buena madre. Pienso que a veces no les doy todo lo que necesitan de mi por pensar en Alejandra y también siento que si disfruto con mis mellis dejo de ser mamá de Ale.

En resumen, cuando un hijo muere hagas lo que hagas nunca volverás a ser tan feliz como eras antes, o al menos no de la misma forma. Ese dolor te acompañará por siempre jamás. Pero si que es cierto que te encuentras gente maravillosa como Silvia o como otras mamás que están detrás de un móvil enviándote un audio para recordarte que si puedes hacerlo. Que si puedes seguir adelante y que de todo se sale en la vida. Poco a poco voy viendo que mi pequeña está ahí arriba iluminando mi camino y permite que no la este recordando todos los días. Es el proceso más duro, permitirse olvidar para poder continuar

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