OTROS BEBÉS ESTRELLA

Martín, una estrella fugaz e indeleble

Somos Julián y Malory, estamos juntos hace 16 años y casados por la iglesia hace 5. Desde muy pequeña soñé con la idea de ser madre, con solo pensarlo se me iluminaba la cara con una gran sonrisa. Cuando conocí al hombre de mi vida a los escasos 13 años, supe que el seria el padre de mis hijos y tras 3 años de matrimonio decidimos que era momento de hacer crecer a nuestra familia así que empezamos a preparnos para ello. Por causas de salud tenía que ser más cuidadosa con mi embarazo.

Después de intentarlo durante lo que fue para nosotros un largo año no conseguíamos el positivo que tanto anhelábamos, por ello decimos hacer un parón. En ese tiempo me preparé para una cirugía bariatrica que me permitiera bajar de peso y así aumentar la posibilidad de conseguir un embrazo más rápido, pero los designios de Dios ya estaban escritos y Martin no se hizo esperar… el día 30 de Diciembre nos realizamos la prueba de embarazo y estábamos embarazados!!!! No podíamos creerlo , lloramos, nos abrazamos, dimos gracias infinitas a Dios por tan hermoso regalo, nos repetimos las pruebas de farmacia 3 veces y una cuarta que fue de sangre. Y si, era mi hermosa realidad, estaba de 5 semanas. Me sentía llena, completa, la mujer más feliz del mundo. Mi sueño tan anhelado se estaba gestando en mi vientre.

Empezamos los controles prenatales y las malas noticias no se hicieron esperar, los médicos indicaban que por mi obesidad había muchos riesgos pero con ayuda interdisciplinar de endocrinos y nutricionistas logramos tener todo bajo control. Sin embargo tuvimos muchos contratiempos que nos alarmaron: sangrados abundantes, hospitalizaciones, reposo por meses sin moverme de cama… pero yo sabía dentro de mí que Dios me permitiría conocer a mi hijo así es que tenía la tranquilidad que lo íbamos a lograr.

Una noche estaba en mi cama cuando de repente sentí mucha agua bajar por las piernas, inmediatamente me fui al baño y vi que era al parecer agua , dije dentro de mi “rompí aguas”. Mi corazón se aceleró, comencé a angustiarme, ya que solo tenía 6 meses de gestación, que probabilidades de vida tenía mi hijo…

Con mi esposo corrimos a urgencias , me valoraron y me dejaron internada durante 4 días. Me hicieron exámenes de todo tipo y como diagnoystico me dijeron que tenía incontinencia urinaria debido al peso del bebé y su ubicación en mi vientre. Me dieron el alta y me fui a casa con la tranquilidad de que todo iba a estar bien, aunque el líquido transparente seguía bajando…

Llegamos a los 7 meses y yo muy ingenua pensé en que ya el riesgo había sido superado pero no era así, todo volvía a dar un giro inesperado en una ecografía al mes siguiente. Yo simplemente pensé, “es una ecografía más para ver a mi pequeño”, pero el doctor se quedó en un silencio absoluto, esos silencios que hablan a gritos.

Le pregunté si me bebe estaba bien, y me contestó que si, pero que había una reducción exagerada en el líquido amniótico. “No entiendo cómo sigue vivo este bebé”, comentó. Se habían equivocado, el líquido que estaba expulsando era liquido amniótico, no orina y llevaba un mes haciéndolo. No daba crédito a semejante negligencia. Tenía oligohidramnios severo. Mi bebe estaba sin líquido y podía morir en mi vientre.

Fue allí donde me remitieron en ambulancia a un hospital de III nivel, aquí empezó a cambiar la historia nuevamente. Estuve en 3 hospitales diferentes en menos de 4 días, hasta que llegue un 28 de mayo a una clínica especializada en neonatos ya que la recomendación era que debían provocar el parto. Mi esposo y yo empezamos a investigar las posibilidades de que sobreviviera con tan solo 7 meses de gestación y las estadísticas no eran alentadoras. En la clínica preparaban todo para su nacimiento, maduración pulmonar y médicos especializados para recibirlo.

Un 29 de mayo estaba yo lista en un quirófano programada para una cesárea de emergencia pero con una sonrisa de oreja a oreja puesto que iba a conocer al amor de mi vida. Independientemente de las circunstancias, ya lo iba a tener así es que me aferre a Dios, así fue como nació mi hermoso Martin un 29 de Mayo a las 11:24 am.


Esta claro que no tuve el parto que toda mujer sueña, no le puse a mi bebe la ropa que le compre para su primer outfit, no pude ponérmelo en el pecho y sentir esa conexión inmediatamente después del parto, tan solo pude escuchar su hermoso llanto, ver de lejos sus ojitos abiertos y esa mirada soñada. Esa mirada que tanto anhele ver.

En vez de eso tuve una cesárea de emergencia, donde su primer outfit fueron tubos y cables, su primera leche fue medicina, sus primeros respiros a través de tubos y máquinas y mi primera conexión con mi hijo fue a través de un cristal. No me importaba el dolor físico, yo solo queria verlo y saber que estaba bien.

Ingresamos en la UCI de neonatos con mi corazón destrozado, lo vi tan pequeño pero tan hermoso, tan guerrero con muchos monitores conectados y aunque sólo pensaba en sacarlo de allí y llevármelo a casa, me armé de valentía para poder decirle palabras de aliento y pedirle que luchara. Así estuvimos 4 días en UCI mi hijo luchando por su vida y yo muerta de miedo, desolada y derrumbada.

El 31 de Mayo no fui al hospital, mi esposo me pidió que me quedara en casa recuperando un poco de energía para que al día siguiente pudiera estar toda la jornada con él ya que era sábado y los horarios eran diferentes así que accedí y me quede en casa. Esa noche no tuve una buena noche y al amanecer del 1 de junio de 2019 algo en mi interior se alarmó, pues esa conexión tan única que tenemos las madres con nuestros hijos me decía que algo no estaba bien. Le pedí a mi esposo irnos cuanto antes y no esperar hasta las 2 pm que era la hora de visitas. Llegando a la clínica sonó el teléfono, era una llamada de un número desconocido. Mi cuerpo empezó a temblar, mi esposo contestó y efectivamente era de la clínica pedía nuestra presencia inmediatamente.

Se me hizo eterno el camino de la recepción al 4 piso de UCI, sentía como mi respiración se cortaba, mis pernas temblaban, mis manos sudaban. Entré con mi esposo y ahí el pediatra nos dijo: “Hicimos todo lo posible, pero Martin falleció de un paro cardio respiratorio tratamos de reanimarlo pero no fue posible”.

Sentí como mi mundo se desvaneció ante mi, sólo quería que se abriera la tierra y me tragara. No podía creerlo mi pequeño había fallecido…. Dejé hablando al pediatra y fui corriendo hacia la cuna 29 donde estaba mi niño y me lo encontré en paz, en calma. Lo abracé y lo puse en mi pecho con la esperanza de que sintiera mi corazón y abriera sus ojos su corazón latiera, pero no sucedió ese milagro. Empecé a llorar mientras le decía lo agradecida que estaba por haber sido si mamá y que me perdonara por no haberlo visitado el día anterior.

Empecé a cantarle sus canciones favoritas, esas canciones con la que se movía tanto en mi barriga. Me quede durante un buen rato contemplandole con la intención de grabar en mi memoria esas imágenes. Después mi esposo se despidió de él, tenía tanta tristeza en su ojos….

Tomamos algunas fotos, tome su pañal, tome su pulsera y pedí unas tijeras para cortar un poco de cabello… Fue terrible, a tan pocos días de haber llegado a este mundo y ya tenía que despedirme de el para siwmrpe. Me desgarraba el alma la verlo en un pequeño féretro blanco con la que sería su primera muda, cuando en donde tenía que estar era en su cuna.

Mi bebé fue cremado y sus cenizas reposan en un cenizario en la iglesia donde nos casamos
El día que mi hijo abrió sus alas mis tristezas anteriores se esfumaron, porque entonces tuve delante de mi, el dolor más grande que jamás imaginé. El día que mi hijo abrió sus alas comencé a ver el cielo y la tierra de forma diferente.
Han pasado 4 meses desde su partida y a pesar de todo, doy gracias a Dios por haberme permitido conocerle. Aunque parezca absurdo le dio sentido a mi existencia aquí en la tierra.

Ahora solo quiero que el dolor de su partida no apague nunca el amor de su llegada a mi vida luego de esperarlo por tantos años. Hay días en que siento que la vida no tiene sentido, otros que siento que ya nada me da felicidad. Hay días donde quiero que todo acabe para no sentir más dolor, pero ahí es donde aparece él mi compañero de vida, mi apoyo en toda esta bella y también dolorosa batalla, el papá de mi hijo.

Solo puedo darte las gracias, gracias infinitas por llegar y quedarte conmigo. Por ser ese hombre amoroso, fuerte y valiente que nunca se cansa. Ese compañero de vida que Dios eligió para mí. Juntos nos hemos tomado de la mano para atravesar la oscuridad y volver a ver la luz por amor a MARTIN, nuestra estrella fugaz. Hijo mío, fue un honor ser tu madre, allá donde estés te queremos infinito.

1 pensamiento sobre “Martín, una estrella fugaz e indeleble”

  1. Son ángeles que nos cuidarán siempre. Mí niño también falleció después de mes y medio el 28 de julio y es un dolor profundo. Tambien lo abrace y lo bese y no lo quería soltar. Ese día me fui a las 9:30 de la noche pero algo me decía quemó me fuera. Fui llorar toda la distancia. Al llegar recibimos la llamada que nadie espera.

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