OTROS BEBÉS ESTRELLA

Alejandra, mi terapeuta desde el cielo

Voy a ser rápida contándote mi historia. Mi hija murió con 20 semanas de gestación. Murió porque no nos quedó otro remedio. En la ecografía de esa semana se detectó Esclerosis Tuberosa, es decir le crecían tumores en el cerebro. Cuando me dijeron que mi hija tenía tumores en su cabecita pensé que me estaban tomando el pelo. Un bebé NO podía tener cáncer pensaba yo, como era posible si todavía no había nacido!!!

Entonces empecé a pensar: fue el móvil. Yo siempre tan pegada a mi móvil antes y durante el embarazo… Seguro que eso le provocó ese tumor maldito. O el microondas! Si le hubiera hecho caso a mí madre cuando me decía que no lo usara…. Porque no me cuidé, porque no hice todo lo que me decían que tenía que hacer. Todo el mundo buscaba posibles causas de ese tumor y yo lo único que veía era que lo había hecho todo mal.

Tiempo después comprendí que no tenía culpa de nada. Que yo era una madre que había hecho lo que muchas. Había llevado una vida normal, calentando a veces cosas en el micro y llevando mi móvil conmigo pero eso no podía ser la causa de ese tumor porque otras madres también lo hicieron y sus hijos salieron sanos. Tampoco era genético, en mi ADN no decía nada que fuera concluyente y en el de su padre tampoco.

Ahora tengo mellizos y aunque me hacen sonreír cada día tengo esa sensación de que no estoy siendo buena madre. Pienso que a veces no les doy todo lo que necesitan de mi por pensar en Alejandra y también siento que si disfruto con mis mellis dejo de ser mamá de Ale.

En resumen, cuando un hijo muere hagas lo que hagas nunca volverás a ser tan feliz como eras antes, o al menos no de la misma forma. Ese dolor te acompañará por siempre jamás. Pero si que es cierto que te encuentras gente maravillosa como Silvia o como otras mamás que están detrás de un móvil enviándote un audio para recordarte que si puedes hacerlo. Que si puedes seguir adelante y que de todo se sale en la vida. Poco a poco voy viendo que mi pequeña está ahí arriba iluminando mi camino y permite que no la este recordando todos los días. Es el proceso más duro, permitirse olvidar para poder continuar

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Martín, una estrella fugaz e indeleble

Somos Julián y Malory, estamos juntos hace 16 años y casados por la iglesia hace 5. Desde muy pequeña soñé con la idea de ser madre, con solo pensarlo se me iluminaba la cara con una gran sonrisa. Cuando conocí al hombre de mi vida a los escasos 13 años, supe que el seria el padre de mis hijos y tras 3 años de matrimonio decidimos que era momento de hacer crecer a nuestra familia así que empezamos a preparnos para ello. Por causas de salud tenía que ser más cuidadosa con mi embarazo.

Después de intentarlo durante lo que fue para nosotros un largo año no conseguíamos el positivo que tanto anhelábamos, por ello decimos hacer un parón. En ese tiempo me preparé para una cirugía bariatrica que me permitiera bajar de peso y así aumentar la posibilidad de conseguir un embrazo más rápido, pero los designios de Dios ya estaban escritos y Martin no se hizo esperar… el día 30 de Diciembre nos realizamos la prueba de embarazo y estábamos embarazados!!!! No podíamos creerlo , lloramos, nos abrazamos, dimos gracias infinitas a Dios por tan hermoso regalo, nos repetimos las pruebas de farmacia 3 veces y una cuarta que fue de sangre. Y si, era mi hermosa realidad, estaba de 5 semanas. Me sentía llena, completa, la mujer más feliz del mundo. Mi sueño tan anhelado se estaba gestando en mi vientre.

Empezamos los controles prenatales y las malas noticias no se hicieron esperar, los médicos indicaban que por mi obesidad había muchos riesgos pero con ayuda interdisciplinar de endocrinos y nutricionistas logramos tener todo bajo control. Sin embargo tuvimos muchos contratiempos que nos alarmaron: sangrados abundantes, hospitalizaciones, reposo por meses sin moverme de cama… pero yo sabía dentro de mí que Dios me permitiría conocer a mi hijo así es que tenía la tranquilidad que lo íbamos a lograr.

Una noche estaba en mi cama cuando de repente sentí mucha agua bajar por las piernas, inmediatamente me fui al baño y vi que era al parecer agua , dije dentro de mi “rompí aguas”. Mi corazón se aceleró, comencé a angustiarme, ya que solo tenía 6 meses de gestación, que probabilidades de vida tenía mi hijo…

Con mi esposo corrimos a urgencias , me valoraron y me dejaron internada durante 4 días. Me hicieron exámenes de todo tipo y como diagnoystico me dijeron que tenía incontinencia urinaria debido al peso del bebé y su ubicación en mi vientre. Me dieron el alta y me fui a casa con la tranquilidad de que todo iba a estar bien, aunque el líquido transparente seguía bajando…

Llegamos a los 7 meses y yo muy ingenua pensé en que ya el riesgo había sido superado pero no era así, todo volvía a dar un giro inesperado en una ecografía al mes siguiente. Yo simplemente pensé, “es una ecografía más para ver a mi pequeño”, pero el doctor se quedó en un silencio absoluto, esos silencios que hablan a gritos.

Le pregunté si me bebe estaba bien, y me contestó que si, pero que había una reducción exagerada en el líquido amniótico. “No entiendo cómo sigue vivo este bebé”, comentó. Se habían equivocado, el líquido que estaba expulsando era liquido amniótico, no orina y llevaba un mes haciéndolo. No daba crédito a semejante negligencia. Tenía oligohidramnios severo. Mi bebe estaba sin líquido y podía morir en mi vientre.

Fue allí donde me remitieron en ambulancia a un hospital de III nivel, aquí empezó a cambiar la historia nuevamente. Estuve en 3 hospitales diferentes en menos de 4 días, hasta que llegue un 28 de mayo a una clínica especializada en neonatos ya que la recomendación era que debían provocar el parto. Mi esposo y yo empezamos a investigar las posibilidades de que sobreviviera con tan solo 7 meses de gestación y las estadísticas no eran alentadoras. En la clínica preparaban todo para su nacimiento, maduración pulmonar y médicos especializados para recibirlo.

Un 29 de mayo estaba yo lista en un quirófano programada para una cesárea de emergencia pero con una sonrisa de oreja a oreja puesto que iba a conocer al amor de mi vida. Independientemente de las circunstancias, ya lo iba a tener así es que me aferre a Dios, así fue como nació mi hermoso Martin un 29 de Mayo a las 11:24 am.


Esta claro que no tuve el parto que toda mujer sueña, no le puse a mi bebe la ropa que le compre para su primer outfit, no pude ponérmelo en el pecho y sentir esa conexión inmediatamente después del parto, tan solo pude escuchar su hermoso llanto, ver de lejos sus ojitos abiertos y esa mirada soñada. Esa mirada que tanto anhele ver.

En vez de eso tuve una cesárea de emergencia, donde su primer outfit fueron tubos y cables, su primera leche fue medicina, sus primeros respiros a través de tubos y máquinas y mi primera conexión con mi hijo fue a través de un cristal. No me importaba el dolor físico, yo solo queria verlo y saber que estaba bien.

Ingresamos en la UCI de neonatos con mi corazón destrozado, lo vi tan pequeño pero tan hermoso, tan guerrero con muchos monitores conectados y aunque sólo pensaba en sacarlo de allí y llevármelo a casa, me armé de valentía para poder decirle palabras de aliento y pedirle que luchara. Así estuvimos 4 días en UCI mi hijo luchando por su vida y yo muerta de miedo, desolada y derrumbada.

El 31 de Mayo no fui al hospital, mi esposo me pidió que me quedara en casa recuperando un poco de energía para que al día siguiente pudiera estar toda la jornada con él ya que era sábado y los horarios eran diferentes así que accedí y me quede en casa. Esa noche no tuve una buena noche y al amanecer del 1 de junio de 2019 algo en mi interior se alarmó, pues esa conexión tan única que tenemos las madres con nuestros hijos me decía que algo no estaba bien. Le pedí a mi esposo irnos cuanto antes y no esperar hasta las 2 pm que era la hora de visitas. Llegando a la clínica sonó el teléfono, era una llamada de un número desconocido. Mi cuerpo empezó a temblar, mi esposo contestó y efectivamente era de la clínica pedía nuestra presencia inmediatamente.

Se me hizo eterno el camino de la recepción al 4 piso de UCI, sentía como mi respiración se cortaba, mis pernas temblaban, mis manos sudaban. Entré con mi esposo y ahí el pediatra nos dijo: “Hicimos todo lo posible, pero Martin falleció de un paro cardio respiratorio tratamos de reanimarlo pero no fue posible”.

Sentí como mi mundo se desvaneció ante mi, sólo quería que se abriera la tierra y me tragara. No podía creerlo mi pequeño había fallecido…. Dejé hablando al pediatra y fui corriendo hacia la cuna 29 donde estaba mi niño y me lo encontré en paz, en calma. Lo abracé y lo puse en mi pecho con la esperanza de que sintiera mi corazón y abriera sus ojos su corazón latiera, pero no sucedió ese milagro. Empecé a llorar mientras le decía lo agradecida que estaba por haber sido si mamá y que me perdonara por no haberlo visitado el día anterior.

Empecé a cantarle sus canciones favoritas, esas canciones con la que se movía tanto en mi barriga. Me quede durante un buen rato contemplandole con la intención de grabar en mi memoria esas imágenes. Después mi esposo se despidió de él, tenía tanta tristeza en su ojos….

Tomamos algunas fotos, tome su pañal, tome su pulsera y pedí unas tijeras para cortar un poco de cabello… Fue terrible, a tan pocos días de haber llegado a este mundo y ya tenía que despedirme de el para siwmrpe. Me desgarraba el alma la verlo en un pequeño féretro blanco con la que sería su primera muda, cuando en donde tenía que estar era en su cuna.

Mi bebé fue cremado y sus cenizas reposan en un cenizario en la iglesia donde nos casamos
El día que mi hijo abrió sus alas mis tristezas anteriores se esfumaron, porque entonces tuve delante de mi, el dolor más grande que jamás imaginé. El día que mi hijo abrió sus alas comencé a ver el cielo y la tierra de forma diferente.
Han pasado 4 meses desde su partida y a pesar de todo, doy gracias a Dios por haberme permitido conocerle. Aunque parezca absurdo le dio sentido a mi existencia aquí en la tierra.

Ahora solo quiero que el dolor de su partida no apague nunca el amor de su llegada a mi vida luego de esperarlo por tantos años. Hay días en que siento que la vida no tiene sentido, otros que siento que ya nada me da felicidad. Hay días donde quiero que todo acabe para no sentir más dolor, pero ahí es donde aparece él mi compañero de vida, mi apoyo en toda esta bella y también dolorosa batalla, el papá de mi hijo.

Solo puedo darte las gracias, gracias infinitas por llegar y quedarte conmigo. Por ser ese hombre amoroso, fuerte y valiente que nunca se cansa. Ese compañero de vida que Dios eligió para mí. Juntos nos hemos tomado de la mano para atravesar la oscuridad y volver a ver la luz por amor a MARTIN, nuestra estrella fugaz. Hijo mío, fue un honor ser tu madre, allá donde estés te queremos infinito.

DESVARÍOS DE @una_madre_mas

Vivir. Dejar vivir. Pasar página. Amar eternamente.

Hay que hacerlo. Hay que pasar página. No olvidando, avanzando. Estancarse no es bueno. Sé muy bien que mi hija no querría eso para mí. El duelo es eterno, la tristeza no. La tristeza es opcional y para mi, estar permanentemente recordando a mí niña o insistiendo en su muerte, me parece deshonrrarla. No es necesario, no hace falta. No eres mala madre por avanzar. No eres mala persona por darte permiso a olvidar. Olvidar los malos momentos y quedarte con la parte positiva… es imperativo.

Para avanzar hay que soltar. Me costó entenderlo, me costó aceptarlo pero entendí que estar todos los días hablando de lo mismo no tenía sentido. La llevo en mi mente, la llevaré siempre. Me quiere desde el cielo y yo la amo profundamente. Tener otro hijo y ser feliz con él, no implica que dejes de ser madre en duelo. No tener más hijos y disfrutar de tu vida no implica que olvides a tu bebé.

Yo necesito honrar su existencia aquí en la tierra. No quiero que el resultado de la vida de mi hija sea el convertirme a mí en un alma triste, en un alma, atormentada, en una mujer egocéntrica que solo piense en sus sentimientos, en sus emociones y en lo pobrecita que es por haber visto morir a su hija. ME NIEGO.

Compartir, ayudar, verbalizar, visibilizar es bueno y necesario. Pero cuando lo llevamos al extremo se convierte en absurdo. Por eso cree la web de Sara por un lado y mi Instagram por otro. Son dos espacios, dos fuentes de experiencias y de contenido diferentes que siempre estarán entrelazados pero son independientes. El sentido de la web siempre será darles voz a los bebés como Sara y a sus familias, eso nunca cambiará. El sentido de mi perfil de Instagram siempre será compartir lo que me hace vibrar. Mis experiencias, mi vida, mi evolución.

Nunca seré constante, nunca veréis el mismo contenido en mis redes porque YO CAMBIO. A veces para bien, otras veces seguro que para mal, pero esa soy yo. Y eso es lo que quiero que veáis, mi realidad, mi yo, mi vida. Hay gente que se enfada porque las cuentas de Instagram van cambiando de tematica, pero debemos entender que somos personas, no robots y que por ello vamos yendo y viniendo en el devenir de la vida.

Siempre seré soporte de aquellas mamás que inicien su duelo y me necesiten. SIEMPRE. En la medida en la que pueda. Pero no podría ayudaros, no podría aportaros nada si me quedara solo en eso. Es mi pensamiento, mi forma de ver la vida. No es mejor ni peor que la de nadie, todo es respetable.

Vivir. Comprender. Dejar vivir. Eso aprendí de mi hija y eso os cuento ahora a vosotras.

MI EMBARAZO

Pruebas recomendadas ANTES de buscar un embarazo

Quizá las pruebas más conocidas entorno al embarazo son las pruebas prenatales, pero no menos importantes son las pruebas a las que yo llamo preconceptivas. Es más, hacerlas, evitaría en más de una ocasión complicaciones tanto para la mamá cómo para el bebé. En ocasiones, algunas de ellas tan terribles como es la muerte perinatal.

¿Qué pruebas debemos hacernos las mamás antes de pensar en tener un bebé? Bueno, hay una serie de valores que son fundamentales observar en una analítica para comprobar que nuestro organismo marcha en condiciones:

  • La TSH: IMPORTANTISIMO que funcione correctamente, no me voy a extender mucho porque si pincháis aquí tenéis un post con mucha información que os recomiendo encarecidamente leer.
  • La vitamina D: Mucho ojo con esta puñetera sobre todo los que vivimos en el norte, porque la carencia de esta vitamina dificulta en ocasiones el embarazo e incluso puede provocar muertes intraútero.
  • Análisis de la coagulación y de grupo sanguíneo
  • Serologías: Toxoplasmosis, citomegalovirus, virus herpes II, rubeola, varicela, VIH, sífilis, hepatitis B y C
  • Anticuerpos antinucleares (inmunología/reumatología)
  • Anticuerpos de la trombofília adquirida como el Anticoagulante Lúpico el Anticuerpo Anticardiolipinas IgG e IgM y Anticuerpos anti Beta2 glicoproteína 1
  • Ser conocedoras de si tenemos bacterias estomacales ya que toxinas bacterianas y parasitosis así como infecciones de tipo bacteriano en la mamá pueden provocar muerte intrauterina
  • Citología
  • Ecografía Transvaginal

Una vez que hemos hecho todas estas pruebas podemos decir que nos hemos asegurado de que tenemos el organismo bajo control antes del embarazo. Aún haciendo todo esto, quiero dejar claro que en ocasiones suceden muertes intraútero y malformaciones igualmente. Porque como sabéis querida familia, en esta vida no se puede controlar todo, siempre hay factores genéticos, hereditarios y/o ambientales que se escapan de nuestro control.

Sé que toda esta información no debería de ser necesaria porque los profesionales médicos deberían automáticamente hacer este control a las mujeres que ya están embarazadas o bien a las que quieren ponerse a buscar bebé, pero ya sabemos cómo funciona el sistema sanitario…

Así que espero de todo corazón que esta información os ayude a evitar posibles complicaciones y a que podáis saber de antemano si hay algún problema que corregir antes de tener a vuestros bebés. Os mando un beso enorme tribu!

"Más Allá Del Arcoiris" por @tempsdedol

Maternidad arcoiris

Técnicamente sé que mi maternidad no es una maternidad arcoiris. No van a venir más bebés tras mi última pérdida. Abril no tendrá más hermanos. Y yo no volveré a ser madre. Pero aún así siento que mi maternidad es una maternidad arcoiris. Os explicaré porqué. 

Tengo que confesar, con toda la culpa que esto me trae, que a veces no me gusta ser madre. No podéis imaginar lo que duele decir esto. Lo que duele cuando tienes una hija viva. Pero, sobre todo, lo que duele cuando tienes dos hijos en las estrellas. Días después de saber que el corazón de Gala se había parado le dije a mi marido que tal vez ese sentimiento que tenía de no gustarme la maternidad era la razón de que nuestros hijos murieran. Como podéis imaginar, no le gustó que me dijera eso a mi misma. Pero lo he sentido. Varias veces. Fuerte.

Es un tema delicado, lo sé, pero cuando pensaba en mi como madre, y en la maternidad como vivencia pensaba que, aunque fuera dura, sería el mejor momento de mi vida. Pensaba que los embarazos siempre iban bien, que los bebés nacían y vivían. Todos. Que los niños no tenían enfermedades… Pensaba que ser madre sería lo mejor de mi existencia. Que me encantaría estar embarazada. Que lo haría muy bien. Que siempre tendría ganas de jugar. De estar con ellos a todas horas. Que descubriría la verdadera razón de mi existencia. Quizás fui muy inocente. No lo sé. Al fin y al cabo ese era el mensaje que recibía. En todas partes. Lo que veía en la televisión, lo que hacían las mamás que seguía en redes. Lo que explicaban otras madres, siempre con una sonrisa. 

Después empezó mi maternidad… Y, bueno, no fue así. Ahora sé que todas nuestras maternidades tienen luces y sombras. Incluso, las más deseadas y las que no llegan. Incluso las que te ponen tan al límite que piensas que no soportarás el dolor… Todas son luz y sombras. No puede ser de otra manera. Y esto lo he aprendido con mis tres hijos. Trabajo (y mucho) mi sentimiento de culpa por todo aquello que no se ha cumplido. Inevitablemente pienso que soy yo la que tiene un problema. Lo trabajo. Y avanzo. Algún día retrocedo. Pero tengo algo claro. Reconocer este conflicto. Ver que nuestra sociedad nos habla de las maravillas de la maternidad y de nada más. Y hablar con otras madres que, como yo, se han llevado un buen traspiés con esta experiencia ha convertido mi maternidad en una maternidad arcoiris. La que viene después de mi tormenta, que no sólo ha sido perder a mis dos hijos. También ha sido descubrir que a veces ser madre no me gusta. Y que no pasa nada por sentirlo. Ni por decirlo. Que eso no hace que quiera menos a mi preciosa hija. Ni que deseara menos a los hijos que no pudieron quedarse. Que decidir no tener más hijos no la hará menos arcoiris. Y que si hubiese decidido tenerlos, la maternidad, a veces, hubiese seguido sin gustarme. 

Hoy quería compartir esto con vosotras, pese a lo difícil que me resulta. A veces, la incomprensión de los que reciben este mensaje me hunde. Me hacen sentir que no los merecía. Pero gran parte de esta maternidad arcoiris es poder compartirlo. Sin miedo. Por mí. Y por vosotras. Por las que sentís algo parecido. Después de largos tratamientos de fertilidad. Después de luchar contra viento y marea por ese sueño. Después, incluso, cuando vuestros brazos se llenan de arcoiris… Reconciliarnos. Aunque a veces ser madre siga sin gustarnos. Eso es la maternidad arcoiris.

DESVARÍOS DE @una_madre_mas

Mamá

Sabéis que este es el espacio en el que os cuento mis desvaríos. Mis sentimientos, emociones y experiencias como ser humano. Necesitaba tener un espacio así dentro de la web de Sara y os agradezco mucho el cariño con el que siempre leéis este apartado. Aguantarme a mí no es sencillo!!

Os voy a confesar que desde que Sara se fue tengo la sensación de que estuvo intentando avisarnos de diferentes formas que mi madre estaba enferma. Ya os conté en un post anterior que la conexión que ambas tenían era bestial. Recuerdo un día en que puse el altavoz y cuando oyó su voz hizo tres carcajadas que nunca le habíamos visto hacer. El día que estábamos eligiendo la urna de Sarusqui, mi madre se cayó redonda al suelo y empezó a decirme que la estaba viendo, que venía a buscarla para llevarla al cielo con ella. Me pidió que la despidiera de la familia y me dijo que me quería mucho. A lo que yo le contesté que estuviera tranquila, que no se preocupara por mi, que iba a estar bien.

Vivimos varios detalles curiosos estos meses hasta que llega un día en el que nos mencionan la palabra CÁNCER. Esa palabra que tanto nos a asusta a todos, llegó a nuestra familia 6 meses después de que Sara falleciera. Hoy nos confirmaron que mi madre tendrá que recibir quimioterapia y que se avecinan días muy duros, de respirar profundo y de coger mucha fuerza para ayudarla. No es justo, pero la verdad es que mi vida nunca lo fue. Desde niña tuve la sensación de que me esperaba una lucha infinita, de que mi caminar por este mundo sería duro y lo cierto es que según iban pasando los años, esa sensación se iba confirmando.

Hoy pienso que Sara, ese día en el que al parecer se le presento a mi madre en su delirio, quería avisarnos de que estaba enferma. Estoy convencida de que ella nos acompaña y nos protege a cada paso que damos cada uno de nosotros, en especial a su papá y a mí. Solo espero que la vida nos dé a mí madre y a mí un poco más tiempo. Sobre todo por ella, porque después de una vida de lucha y sacrificio debería de poder disfrutar de todo lo que lleva logrado con alegría y positivismo.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Érase una vez una estrella llamada Ángela

Esta historia habla de una mujer, un hombre y un sueño. Me llamo María, mi marido se llama Antonio y nos conocimos en una tarde de verano. Recuerdo perfectamente como nos sentamos uno frente al otro en una terraza y bajo la luz de la luna nos dijimos te quiero con la mirada. Desde ese momento nuestros días se basaban en la ilusión, la esperanza y las ganas de vivirlo todo juntos. Primero llegó la boda, luego la luna de miel en Cuba y meses más tarde, una mañana como cualquier otra, me levanté corriendo al baño con la sensación de que mi estómago se salía por la boca. Mareos, náuseas, sensación de malestar que me hicieron pensar que podía existir la posibilidad de que estuviera embarazada.

Nuestro sueño era ser padres pero no lo habíamos planeado. Éramos felices juntos y simplemente nos dejábamos llevar así que esperé una semana más para ver si en vez de un bebé lo que tenía dentro era una gastroenteritis. Pero esa sensación seguía ahí y de repente algo pesaba en mis entrañas. No sabría cómo explicarlo pero ahí dentro de mi había algo que nunca había estado. Fui con una amiga a la farmacia a comprar un test de embarazo y después de eso nos fuimos a mi casa. El proceso estaba claro, chorrito, esperar cinco minutos y ver si mi mundo iba a cambiar radicalmente. Creo que fueron los 5 minutos mas largos de mi vida y tanto me centre en mis pensamientos que de repente el golpe que dio mi amiga en la puerta me hizo reaccionar. Giré la vista y ahí estaban las dos líneas bien marcadas. Pegué un grito que creo que me oyó todo el vecindario.

La familia se volvió loca, todos querían vernos y felicitarnos. Según iba creciendo mi barriga aumentaban de forma proporcional las manos que querían tocarla y yo.. pues encantada la verdad. Estaba de 29 semanas cuando una noche empezó a dolerme mucho la cabeza. Me metí en la cama para intentar dormir y a las 5 horas me desperté con un dolor insoportable. A oscuras avisé a Antonio para decirle que encendiera la luz y cuando lo hizo… La cama estaba encharcada de sangre. Dios mío recuerdo ese momento como si fuera ayer porque creo que nunca me asusté tanto en mi vida. Corrimos hacia urgencias y cuando llegamos y explicamos lo sucedido, las caras largas de las matronas nos extrañaron. Yo tenía muy claro que los abortos sucedían el primer trimestre pero a esas alturas todo lo malo que pudiera pasar se podría controlar.

Los dolores cada vez iban a más y mientras esperaba a que llegara el ginecólogo para vernos en el box de urgencias, sentí una necesidad imperiosa de empujar. No lo pensé, me puse de cuclillas y empuje con todas mis fuerzas. Una vez, dos veces… Mi marido fue corriendo a llamar a alguien.. y tres veces. De repente salió Ángela. La cogí con mis brazos feliz, contenta de tenerla allí hasta que vi que no respiraba. Mi hija no respiraba. De repente un montón de matronas, médicos, auxiliares me rodearon, cogieron a mí niña y empezaron a hacerle maniobras, frotarla, pero no reaccionaba. Se la llevaron a la UCIN corriendo pero no había nada que hacer, estaba muerta. Muerta. Comencé a gritar, a llamarles mentirosos a los médicos, a imponerles que me dieran a mi hija. Así lo hicieron. Con mucho cariño la envolvieron en una sábana y me la entregaron. Entonces lo entendí, era demasiado pequeña y no había sobrevivido al parto. No me atendieron, estuve sola y por eso murió.

Llegó el entierro y el dar la terrible noticia a la familia. Nos dijeron que le harían la autopsia pero que el informe tardaba en ser entregado. La soledad y el rechazo de nuestro entorno rodeaban nuestra vida. Hasta que un día llego la autopsia: envejecimiento prematuro de la placenta, diversos infartos placentarios y mil cosas más que no entendía. Al parecer después de informarme mi hija se murió porque la placenta ya no le daba ni oxígeno, ni alimento, ni nada. Mi cuerpo le había fallado.

Empecé a ir a un grupo de apoyo y vi que no era la única, que no estaba sola. Eso me ayudó muchísimo. Tiempo después me quedé embarazada y tuvimos a nuestro arcoiris Manuel. No pude disfrutar su embarazo, no tenía ni ilusión, ni ganas, ni siquiera esperanza. En cada consulta en ginecología esperaba que me dijeran que no había latido, o que llevaba días muerto. Cuando nació no me lo podía creer, estaba vivo!!! Sus ojitos me reconciliaron con la vida y me devolvieron la ilusión.

Sé que tu probablemente seas una mamá en duelo como yo. No sé si tienes más niños, si vas a tenerlos o puedes tenerlos. Si sigues a Silvia en sus redes no creo que necesites que yo te motive con mi carta, porque ella se encarga de levantarle el ánimo a todo aquel que la lee (a mí me mete unos chutes de energía impresionantes) pero lo que si puedo hacer por ti es decirte que no estás sola. Que yo también lloré sin control, que yo también quise morirme, que yo también me aparte de toda la gente que quería ayudarme. Pero se sale. Se sale hacia adelante, se recuperan las ganas de vivir y de luchar y que lo único que tienes que hacer es buscar un motivo para continuar.