OTROS BEBÉS ESTRELLA

Me muero por dentro

La realidad es que no tengo palabras. Para mí igual que para muchas de las que me vais a leer mi vida quedó destrozada el día que mis hijas murieron.

Estaba embarazada de gemelas, Ana y Martina. Desde el principio fue un embarazo bastante complicado ya que tuve muchas náuseas y me encontraba agotada, pero eso no me impedía sentir ilusión y alegría por mis niñas. Desde el principio sentí que tenía que prepararme para que algo malo sucediera y a pesar de que en cada consulta me decían que todo iba bien yo tenía esa nube oscura en mi cabeza que me atormentaba.

Llegamos hasta las 33 semanas juntas. Un día por la noche de repente sentí como si me estuviera haciendo pis pero no lo controlaba, así que me di cuenta, había roto bolsa. Encendí enseguida la luz y cuando me miré el agua era sucia así que fuimos corriendo al hospital. Mi primera niña, Ana, nació a las 3 horas de romper aguas pero sus pulmones no estaban desarrollados así que se la llevaron corriendo a la UCIN. Con Martina algo iba mal, los médicos se pusieron muy nerviosos y comenzaron a preparar todo para una cesárea urgente. Aquello era un caos absoluto, recuerdo todo el proceso como algo terriblemente traumático… Nadie me decía nada, tan solo que Martina estaba muy mal, tenía la frecuencia cardiaca muy baja y tenían que sacarla enseguida, pero cuando fueron capaces de traerla al mundo a pesar de estar reanimandola y luchar por ella no salió adelante.

Pensé que me moría, estaba abierta en canal y mi hija había muerto. Quería que me la pudieran en mis brazos mientras me cerraban y me dijeron que no era conveniente. Grité, les amenacé con denunciarles si no me ponían a mi hija al pecho y accedieron a hacerlo aunque con desgana y malas caras. Por suerte apareció un ginecólogo maravilloso que pegó dos gritos a todo el personal y me ofreció toda su ayuda y su cariño.

Martina había muerto, era tan pequeña … Yo creí que al ponerla a mí pecho despertaría como si de un milagro se tratase pero no fue así, estaba como dormidita, sin vida pero tan bonita…

Ana seguía luchando en la UCIN pero la situación era muy complicada. Uno de sus pulmones era mucho más pequeño que el otro y además una infección respiratoria complicaba mucho su situación. Estuve sin separarme de ella durante una semana, ejercí de madre durante esos 7 días hasta que un día me mandaron ir a casa a descansar. Yo sabía que no debía irme pero mi marido insistió en que estaba muy cansada y que debía recuperar fuerzas así que me fui.

A las 7 de la mañana sonó el teléfono y cuando cogí el teléfono me dijeron que la situación de Ana era crítica y que debíamos ir de inmediato al hospital. Cuando llegamos había tenido varias paradas respiratorias seguidas y por ende suponían que habría lesiones cerebrales. Esperamos tres días más a ver si se recuperaba y se podían evaluar de alguna forma los daños. Ese medio día estaba cogiéndole la manita cuando de repente dejó de respirar. Hicieron todo lo que pudieron pero ella había decidido marcharse con su hermana al cielo.

La realidad es que no quiero vivir, no tengo motivos. Veo a Silvia y a otras mamás que han salido adelante y no lo entiendo pues para mí mi existencia carece de total sentido. Por mucho que me esfuerzo en ver el lado positivo de la vida no lo encuentro, no veo la parte bonita desde que mis hijas no están. Ahora mismo, en su habitación con dos cunas vacías y un montón de enseres sin estrenar me planteo si debería irme con ellas y acabar con esta tortura.

Sé que debemos pensar en los demás, pero yo no tengo esa grandeza, yo no puedo dejar de ser egoísta. Ojalá algún día sea capaz de volver a la vida pero mientras tanto lo único que deseo es que Dios se apiade de mí y me lleve con mis niñas. Podéis pensar que estoy loca, pero si ver morir a un hijo duele, ver a dos es terriblemente destructivo.

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