OTROS BEBÉS ESTRELLA

La historia de un ángel que quedó frustrada en un atrapasueños

CARTA A UN ÁNGEL: 

Hace casi tres años que se rompió el reloj. Hace casi tres años que las estrellas son más brillantes y más grandes que nunca. Hace casi tres años que la luna siempre está llena y que el cielo tiene un azul más bonito, más puro, porque tú estás allí. 

Cuando te fuiste fue como un jarro de agua fría para mí. Dejabas atrás un mundo injusto, lleno de calamidades, de desprecios, de hipocresía, de cinismo, para dar el paso más importante de tu vida: alcanzar la paz infinita. Me quedé con ganas de decirte tantas cosas que te he escrito como seis cartas eternas, te he pensado día tras día y han pasado tres años y sigue doliendo como si fuera ayer. 

Cuando partiste el tiempo dejó de existir porque cada día dolía más que el anterior y tenía una mezcla de emociones. Daba gracias a la vida por dejarme disfrutar un día más de mis seres queridos, de mi tiempo y de todo lo bueno que tenía, pero a la vez la maldecía porque no podía entender como una persona tan buena y sobre todo tan joven se había ido sin decir adiós y tampoco podía entender el sentido que tenía. ¿Por qué a ti? 

Poco a poco descubrí que las personas buenas no están hechas para este mundo injusto, que la vida te da muchas flores, para luego arrancarlas con dolor, que es agridulce, que la felicidad plena e infinita no existe, que depende de tu actitud ante los factores externos y, sobre todo, lo que más me ha costado entender es que no se puede perder el tiempo sufriendo, que no hay que estancarse en el pasado sino vivir el presente y, no pensar demasiado en el futuro, porque puede que mañana ya no estés aquí. 

Naciste envuelto en unas alas gigantes churrito. La vida nos dejó disfrutar de ti durante 19 años y, qué bonito era verte sonreír de lejos y pensar, qué bien le queda esa sonrisa en la cara. Hay personas que son demasiado perfectas para este mundo y, por ello, necesitan irse a un lugar celestial, donde, por fin, encontrarán el sitio hermoso que merecen. 

Este texto va para ti, en el aniversario de tu fallecimiento, porque me niego a pensar que no estés aquí. Porque mientras me quede el recuerdo no te habrás ido. Porque vives en los elementos más puros de la Tierra. Vives en el agua que corre libre por el río, vives en las olas del mar, vives en el césped recién cortado, en las nubes blancas que tapan levemente el sol, en las estrellas más brillantes del firmamento, en la luna llena, en las montañas nevadas… Vives en todo lo hermoso que tiene este mundo, porque tú eras la belleza personificada y el mundo te tenía envidia, por eso te tuvo que dejar partir antes de lo esperado. 

Esperaré a que nos reunamos, churrito para contarte esas experiencias que me faltaron por contarte y, para decirte todo lo que he plasmado en esta carta agridulce. Nos volveremos a encontrar, te lo prometo. Te adora, Gretel.

PDT: Quiero dedicar esta carta a una persona que, aunque él no lo supiera marcó completamente mi vida, pero también a todas las personas que han fallecido y a las que siento muy cerca. 

– A mi abuela, daría lo que fuera por volverte a abrazar, abuela, durante un segundo de mi vida.

– A ti abuelo, desearía haberte conocido, haber podido saber de primera mano cómo era ese carácter fuerte del que todo el mundo hablaba. 

– A dos personas muy famosas que fallecieron jóvenes, pero que dejaron un gran legado en la Tierra, Felicité Grace Tomlinson y Cameron Boyce. Tenían 18 y 20 años, respectivamente y, por tanto, toda la vida por delante y, sin embargo, en su corto tiempo en la Tierra dejaron un mensaje de paz y armonía, ayudaron a personas con problemas mentales y fueron capaces de animar a los más jóvenes a dedicarse a lo que les motiva y no a lo que les impongan. Una gran demostración de que los sueños, aunque sean efímeros se cumplen. 

– A una monja de mi colegio, que me enseñó que el colegio debía ser feliz, no triste y, que me ayudó a superar mis peores años de la infancia y mis inicios en la depresión, madre Is. no te olvido. Gracias por todo. 

– A mis dos bebés estrella a los que nunca conoceré, pero sí que conozco a sus madres y son el fiel reflejo de lo que ellas podrían haber sido. Dos seres puros de amor: Sarita y Aitana. 

A todos ellos, les digo que viven en cada acción que hagan sus familiares, en cada rayo de sol, en cada pensamiento bueno, en cada acción altruista, en la naturaleza pura. En todo, lo verdadero que queda en este mundo porque ellos son LUZ.  

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