"Más Allá Del Arcoiris" por @tempsdedol

El viaje arcoiris

Verano. Vacaciones. Mis veranos huelen a pérdida y tristeza. Cuando Abril cumplió un año lo hizo enferma. Habíamos planeado un viaje familiar. Nos prohibieron terminantemente viajar. Así que nos quedamos bien recogidos en casa. Ahí empezó nuestra odisea estival.

Los veranos siguientes fueron veranos de lágrimas. De tormenta. Pol y Gala son estrellas
de verano. Y aunque intentes restar importancia a las fechas, éstas también duelen.
También lo hacen los períodos especiales. Aquellos en los que el recuerdo está, inevitablemente, más presente. El duelo es un camino de primeras veces y cuando buscas tu arcoiris, siendo consciente de que no llorará ni necesitará toda tu dedicación, reconciliarte
con fechas, meses y épocas especiales es indispensable. Voy a intentar compartir aquí, con vosotras, todos esos momentos arcoiris de mi camino. Y la primera parada no podía ser otra que un viaje. Un viaje de verano. Vacaciones. Las primeras en dos años sin despedidas, sin hospitales ni porqués. Por fin.
Cuando decides que no tendrás más hijos. Cuando decides que reencontrar la felicidad sólo depende de ti y de lo que ya tienes, una de las cosas que más me motiva es retomar todo aquello que nuestro proyecto de família numerosa había puesto en pausa. Uno de estos proyectos era viajar. Nos gusta mucho a los dos y queríamos compartirlo con nuestros hijos.

Pero a veces pasa la vida, ya sabéis, y cuesta reubicar nuestras pasiones entre tanta crisis.
Después de perder a Pol, y de vivir una ruptura amistosa muy dura, me empezó a rondar la
idea de pasar el fin de año conociendo ciudades europeas. No lo negaré. Había un punto de
huída. Pero me ilusionaba. Y la primera ciudad que me vino a la mente fue Copenhague. Frío. Nieve. Dulces… Pero no pudo ser. Y cuando tomamos nuestra decisión de no tener más hijos… Copenhague, otra vez. En ese momento decidimos, también, que de este verano no pasaba. Íbamos a viajar. Sin comprar seguros. Sin “por si acasos…” Sin “y sis…”.

Y no, no os vengo a hablar de lo mucho que me ha gustado Dinamarca. Aunque, debo decir
que es un país fantástico. Pero no. Os vengo a hablar de cómo he vivido esta experiencia arcoiris. Con sus altos y sus bajos, como todo lo que llega después de la tormenta. Planear el viaje. Preparar maletas. Ir al aeropuerto. Primer viaje en avión de Abril. Y llegar. Subidón absoluto. Primer contacto. Qué sensación de desprenderme de los malos
momentos… Entonces llegas a la que será tu casa durante cuatro días. Y la encuentras
inundada de arcoiris. El sol que se refleja en una lágrima de cristal. Y solo es el principio. Y, aunque sé que los arcoiris están de moda, tengo que decir que, en 10 días, he visto más que en toda mi vida. Para mí, señales, todas ellas. Esta idea del viaje arcoiris no ha parado de acompañarme. Y de darme paz. No puedo daros estadísticas ni números pero, si hay algo que abunda en Dinamarca son las familias numerosas. De tres. Tres que se llevan poco.

Nuestro proyecto. Acompañado de arcoiris… Nostalgia y felicidad. Tristeza y alegría.
Afirmaciones y miedos. Un cóctel. En todo arcoiris hay un cóctel de sentimientos. No lo
esperaba en este, para ser sincera. Pero lo he agradecido porque me ha enseñado lo que significa un arcoiris. Y me ha reafirmado en nuestro camino porque, sin cóctel, no sería real.

Hemos reído. Mucho. Ella, sobre todo. Hemos pensado en ellos. Mucho. Ella, también. Nos
hemos divertido, sin miedo. Y entre sorbo y sorbo, he sentido paz. La paz de conseguir lo
que queremos. La paz del por fin. La de poder hacer todo aquello que queríamos con nuestros hijos. Aunque dos nos acompañen desde el otro lado del arcoiris. La paz de sentir mi familia completa. A su manera, pero completa. Hablamos mucho del bebé arcoiris y, mientras escribo estas palabras entiendo que todo esto es lo que trae cuando nace. Siempre he tenido miedo de no encontrarlo, sin él. Pero aquí está. Quería expresarlo, compartirlo con vosotras porque no siempre es fácil el camino del arcoiris. Con bebé o sin. Y he descubierto que, al final, arcoiris significa paz. Y no sólo tener otro bebé te traerá la paz. Vive como siempre habías querido vivir. Haz lo que harías con ellos. Redescubre tus aficiones. Investiga cosas nuevas. Reencuéntrate. En todas estas acciones hay arcoiris. En todas, hay también un cóctel de emociones. Y tiene que estar. Porque ninguna emoción puede ser absoluta sin su opuesto. Cuando halles paz en todas estarás dando la bienvenida…. Gracias verano por reconciliarnos.

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