DESVARÍOS DE @una_madre_mas

Seis meses

Negación
Ira
Negociación
Depresión
Aceptación
….. Y vuelta a empezar
Así es el duelo, etapas, etapas que van y vienen sin orden ni sentido. A veces nunca vuelves a la primera, en mi caso alterno entre la cuarta y la quinta. Otras veces no se sale de la primera hasta que pasa mucho tiempo. Hay quien se queda estancado en la ira o en la depresión y tengo asumido de que después de la aceptación viene la supervivencia. Sobrevivimos, jamás volvemos a vivir. Jamás volvemos a ser los mismos. Reímos a carcajadas y al día siguiente lloramos desconsolados pensando que como puede ser posible que nuestro hijo ya no esté. Somos expertos en caernos y levantarnos más veces de las que cualquier ser humano pueda imaginar. Definitivamente, estamos hechos de otra pasta. Así que si, sentiros superiores, sentiros mejores si vais a trabajar después de enterrar a vuestros hijos, sentiros mucho más valientes si estáis poniendo una sonrisa para alegrar a vuestro entorno. Sentiros héroes por seguir caminando por este mundo con el alma tan resquebrajada. Porque el dolor no tiene medida y tan solo cada uno de nosotros sabemos lo que llevamos dentro, pero es innegable que ver morir a tu hijo en tus brazos y decidir seguir adelante en vez de hundirse, es algo extraordinario. Nos hacemos expertos en mantener el orden dentro del caos.

Nadie me preparó para acoger la muerte de mi hija en mis brazos, nadie me enseñó a gestionarla ni a odiarla y amarla al mismo tiempo.

Han pasado 6 meses, 6 meses desde que nos dijeron en aquella sala que no podían hacer nada por ella, 6 meses desde que la cogí en brazos para decirle lo mucho que la quería mientras esperaba como las máquinas se apagaban, 6 meses desde que me tumbe al lado de su cuerpo inerte rogándole que despertara, 6 meses desde que le imploré a Dios que me llevara con ella. Van 6 meses de auténtico infierno, dolor, aprendizaje, crecimiento, desesperación, lucha y llantos. Durante estos eternos 6 meses he dormido en el suelo de su habitación, me he abrazado a su peluche para recordar lo que era abrazarla a ella, me eche su colonia para recordar cómo olía y abrace su manta con la esperanza de sentirla una vez más. Tengo más canas y más arrugas, unas hormonas postparto totalmente enloquecidas que no quieren abandonarme, un sobrepeso manifiesto, unas ojeras interminables y tristeza permanente en la mirada. Y lo consiento, consiento estar así, consiento este terrible deterioro porque se trata de mi hija, se trata del ser al que más he querido en toda mi vida y desde luego a nadie más le permitiría que me llevara a este punto.

Seis meses más tarde os puedo decir que se sale, se sigue adelante no porque quieras, no porque no desees morir e irte con tu hijo,sino porque es lo que toca. Sigues por tus otros hijos o por tus padres o por tu mejor amiga o por tu pareja, o por tus nuevas amigas del grupo de apoyo… Sigues también por todas aquellas que un día estarán como tú y necesitaran de tu consuelo. Sigues de otra forma, pero sigues.

Seis meses después doy fe de que el dolor es el mismo, no se fue, no se va a ir y va a seguir aquí a mi lado. El dolor es el mismo pero yo soy distinta, he cambiado, me he transformado en otra versión de mi misma y precisamente esa transformación a causa del dolor, es lo que me permite poder manejarlo. La vida me dio dolor y al mismo tiempo herramientas para poder con el. Estos seis meses me confirman que está existencia es un caminar extraño, lleno de preguntas sin respuesta y de respuesta en todas las preguntas. No me cabe duda de que somos un milagro.