DESVARÍOS DE @una_madre_mas

Seis meses

Negación
Ira
Negociación
Depresión
Aceptación
….. Y vuelta a empezar
Así es el duelo, etapas, etapas que van y vienen sin orden ni sentido. A veces nunca vuelves a la primera, en mi caso alterno entre la cuarta y la quinta. Otras veces no se sale de la primera hasta que pasa mucho tiempo. Hay quien se queda estancado en la ira o en la depresión y tengo asumido de que después de la aceptación viene la supervivencia. Sobrevivimos, jamás volvemos a vivir. Jamás volvemos a ser los mismos. Reímos a carcajadas y al día siguiente lloramos desconsolados pensando que como puede ser posible que nuestro hijo ya no esté. Somos expertos en caernos y levantarnos más veces de las que cualquier ser humano pueda imaginar. Definitivamente, estamos hechos de otra pasta. Así que si, sentiros superiores, sentiros mejores si vais a trabajar después de enterrar a vuestros hijos, sentiros mucho más valientes si estáis poniendo una sonrisa para alegrar a vuestro entorno. Sentiros héroes por seguir caminando por este mundo con el alma tan resquebrajada. Porque el dolor no tiene medida y tan solo cada uno de nosotros sabemos lo que llevamos dentro, pero es innegable que ver morir a tu hijo en tus brazos y decidir seguir adelante en vez de hundirse, es algo extraordinario. Nos hacemos expertos en mantener el orden dentro del caos.

Nadie me preparó para acoger la muerte de mi hija en mis brazos, nadie me enseñó a gestionarla ni a odiarla y amarla al mismo tiempo.

Han pasado 6 meses, 6 meses desde que nos dijeron en aquella sala que no podían hacer nada por ella, 6 meses desde que la cogí en brazos para decirle lo mucho que la quería mientras esperaba como las máquinas se apagaban, 6 meses desde que me tumbe al lado de su cuerpo inerte rogándole que despertara, 6 meses desde que le imploré a Dios que me llevara con ella. Van 6 meses de auténtico infierno, dolor, aprendizaje, crecimiento, desesperación, lucha y llantos. Durante estos eternos 6 meses he dormido en el suelo de su habitación, me he abrazado a su peluche para recordar lo que era abrazarla a ella, me eche su colonia para recordar cómo olía y abrace su manta con la esperanza de sentirla una vez más. Tengo más canas y más arrugas, unas hormonas postparto totalmente enloquecidas que no quieren abandonarme, un sobrepeso manifiesto, unas ojeras interminables y tristeza permanente en la mirada. Y lo consiento, consiento estar así, consiento este terrible deterioro porque se trata de mi hija, se trata del ser al que más he querido en toda mi vida y desde luego a nadie más le permitiría que me llevara a este punto.

Seis meses más tarde os puedo decir que se sale, se sigue adelante no porque quieras, no porque no desees morir e irte con tu hijo,sino porque es lo que toca. Sigues por tus otros hijos o por tus padres o por tu mejor amiga o por tu pareja, o por tus nuevas amigas del grupo de apoyo… Sigues también por todas aquellas que un día estarán como tú y necesitaran de tu consuelo. Sigues de otra forma, pero sigues.

Seis meses después doy fe de que el dolor es el mismo, no se fue, no se va a ir y va a seguir aquí a mi lado. El dolor es el mismo pero yo soy distinta, he cambiado, me he transformado en otra versión de mi misma y precisamente esa transformación a causa del dolor, es lo que me permite poder manejarlo. La vida me dio dolor y al mismo tiempo herramientas para poder con el. Estos seis meses me confirman que está existencia es un caminar extraño, lleno de preguntas sin respuesta y de respuesta en todas las preguntas. No me cabe duda de que somos un milagro.

"Más Allá Del Arcoiris" por @tempsdedol

Más allá del arcoiris🌈

Esta es una historia de arcoiris sin bebé. Una historia de cambio de rumbo y de aceptación de una maternidad no esperada. Porque, aunque tengo la familia numerosa que proyecté en una primera cita delante de un plato de sushi, no es como la había imaginado.

Si alguien que no me conoce me pregunta cuántos hijos tengo, le contestaré que tengo una
hija. Mentiré, para hacerlo fácil. Mentiré, porque en realidad tengo tres hijos, aunque dos de ellos son invisibles y viven más allá del arcoiris. Si alguien que no me conoce me pregunta si no voy a tener más hijos le contestaré que no, que mi hija es muy intensa. Seguiré mintiendo, para hacerlo fácil. Mentiré porque la intensidad de mi hija no tiene nada que ver.

Mentiré porque, aunque en parte yo lo he decidido, en parte la vida ha decidido por mi. Con esas bofetadas inesperadas que hacen que te lo replantees todo, incluso tu ilusión por tener una familia numerosa.
También es una historia de maternidad real. De esa en las que no sólo hay unicornios y corazones. En mi maternidad hay muchas sombras y agujeros donde llevar luz
no siempre es fácil. En parte, por esto, hemos decidido no tener más hijos. Porque sí, tras
dos pérdidas gestacionales en menos de 7 meses y durante el segundo trimestre, hemos
decidido que no vamos a tener más hijos. No es que no podamos, aunque tampoco sería fácil, es que no queremos.

Duele decirlo. Imagino que también duele leerlo si te ha tocado caminar por este sendero. Y no te engañaré, también duele decidirlo. He llorado mucho hasta aceptar mi decisión. He llorado por lo que tenía que haber sido y no pudo ser. He llorado por todas las veces que Abril me pedirá un hermano o una hermana y le tendré que explicar que no va a poder ser. He llorado de miedo al pensar que nunca superaría esta tristeza profunda que me ha traído la muerte de mis hijos si no era con otro bebé en brazos.

He llorado por todas las conversaciones donde me han dicho que no lo entendían, que en
mi lugar harían otra cosa, que me voy a arrepentir. He llorado al entender que, a mi, ya no me compensaba volver a ser madre… He llorado mi decisión, como se lloran todas aquellas decisiones que te hacen enfrentarte a ti misma, a tus miedos y a tus inseguridades. Y he entendido que, para mí, el arcoiris tiene otra forma de vida. Vida más allá de mi maternidad.
Podría darte argumentos, decirte que me da miedo que me vuelva a pasar. Decirte que me da miedo morirme y perderme la vida que tengo por delante. Decirte que me asusta un tratamiento lleno de agujas y medicación. Y podrías rebatir todos mis argumentos con losuyos. Por eso no te voy a explicar todo esto. Por eso te voy a explicar qué es en realidad lo
que pesa más en mi decisión. Mi maternidad. Tengo una hija que, aunque en su primer año
de vida visitó demasiado el hospital por problemas respiratorios, es una niña sana. Pero yo no olvido los dos ingresos, las más de 30 visitas a urgencias, el verla morada y con tubos de oxígeno. He estado embarazada tres veces. Y dos de ellas he vuelto a casa vacía, por
dentro y por fuera. Y sí, tengo una hija preciosa, pero no olvido los dos hijos que no he podido tener. He sido madre. Mi sueño. No concebía la vida sin serlo. Y no olvido que han
sido los años más duros de mi vida. Sí, he cumplido un sueño pero no se han cumplido las
expectativas que tenía y tampoco olvido la frustración y la culpa que esto me ha provocado.

Una niña enferma. Dos hijos invisibles. Dos duelos gestacionales. Enfrentarme a unos
sentimientos que no esperaba… STOP. Se podrán rebatir mis argumentos, pero creo que difícilmente se podría poner en duda el modo en el que he vivido y vivo mi maternidad. Es mi experiencia. Es mi vivencia. Y nadie más la puede vivir como yo. De todo lo que me habían contado, pocas cosas se han cumplido. No ha sido el momento más maravilloso de mi vida. No me ha hecho sentirme realizada como mujer. Las lágrimas, por mucho que me duela decirlo, han podido más que las sonrisas.

Siendo franca, la maternidad me ha decepcionado tanto, que no quiero volver a ser madre. Y sé que entenderlo es difícil. Déjame decirte que compartirlo, lo es aún más.
Quería a Pol. Quería a Gala. Quise y quiero a Abril. Pero en mi arcoiris ya no se dibuja
ningún otro bebé. Aún así, se dibuja vida.

Mucha vida, llena de luz. De esa luz limpia que
aparece después de una tormenta. Vivir esta experiencia me ha cambiado. Vivir mi duelo
por mis dos hijos y por el proyecto de vida que ya no tendré me ha conectado conmigo. La
realidad de mi maternidad me ha permitido reconocerme y reconstruirme en un momento en el cual, me había perdido a mi misma. Aquí tienes mi arcoiris. Lo veo en todo este
aprendizaje. En la calma que me da no dudar de mis decisiones. En la calma que me da
aceptarme. Lo veo en mi. Ha pasado la tormenta, la del dolor y la rabia. Lo he sentido todo.

Y ahora, me siento a mi. No es un camino fácil. No hay atajos. Hay lágrimas, terapia, un
buen apoyo emocional y muchas ganas de entenderte. También hay mucha incomprensión. Nuestra sociedad no quiere aceptar que, a algunas, la maternidad nos decepciona. Es difícil expresarlo. Es difícil comprenderlo. Pero no quiero quedarme sin explicarlo.

Es mi experiencia. Es mi vivencia. Es mi maternidad. Ninguna de vuestras experiencias, vivencias y maternidades será igual. Pero tal vez te asusta tanto como me asustaba a mi pensar que la calma solo la puede traer otro hijo. Tal vez te mueres de miedo al pensar que la única manera de reconciliarte con la vida y con la maternidad es volverlo a intentar, pero sientes que no lo tienes claro… Ahora, con la distancia, puedo decirte que es una manera, pero no es la única. Yo dudaba, busqué la calma en otro lugar, la encontré y la respuesta vino sola. Y muchos no lo entienden. Muchos pensarán que soy egoísta. Puede ser. Pero al final soy yo la que recorro mi camino y, en este recorrido, no hay ninguna elección que sea
completamente llana. Sí, he escogido el menos transitado, pero precisamente por esto puedo decirte que no es el menos empinado.

"Más Allá Del Arcoiris" por @tempsdedol

Más allá del arcoiris por @tempsdedol

¡Hola! Soy Ariana de @tempsdedol y estoy aquí para hablaros de mi duelo pero también de
ese arcoiris que todas buscamos… Y que no tiene porqué ser un bebé. Empezaré por el
principio. Hace un año perdí a mi tercera hija, Gala, en la semana 16 de gestación. Siete
meses antes había perdido a su hermano pequeño Pol, en la semana 13. Y así empezaron
mis duelos. Sí, en plural. El duelo, duele. Pero también transforma. Y, por esto, quiero
hablaros de él, de cómo lo he aceptado y de cómo me acompaña, con todo lo que implica.
Me gustaría presentarme mejor, pero estoy en plena transformación vital. Puedo
deciros que vivo en Barcelona, que tengo 36 años y que mis dos hijos pequeños tiene una
hermana mayor, Abril. Una hermana que a ojos de la sociedad es y será hija única. Ella me
convirtió en madre y con Pol y Gala descubrí lo que es convertirse en invisible. Una madre
invisible. Y qué poco me gusta, la verdad.
Tengo que confesar que la maternidad no ha sido lo que esperaba. Lo que había
proyectado. Lo que me habían contado. Y esto, como el duelo, también duele. Pero
convertirme en madre invisible ha sido algo inesperado y muy difícil de gestionar. Así que
aquí estoy. Reconstruyéndome. Redescubriéndome. Aceptándome. Porque, para mi, el
duelo ha sido un punto de inflexión en mi camino. Me ha traído las lágrimas más amargas
que he llorado nunca, pero también me ha dado una nueva manera de ver las cosas. Y de
verme a mí. Y quiero compartirlo con todas las madres que os sentís invisibles, como yo, y
que tal vez estáis también en un tiempo de duelo. A mi manera. Escribiendo y reflexionando
en voz alta. Porque aunque preferiría no estar aquí, estarlo me ha regalado el mayor
aprendizaje de mi vida. Y no me lo quiero guardar para mi. Porque yo si te veo. Porque yo
también estoy en duelo. Y porque hay arcoiris más allá de volver a ser madre.

DESVARÍOS DE @una_madre_mas

Soy lo que soy

Una seguidora con la que estuve hablando hace un tiempo me escribió este texto:

“Me encanta la labor que haces y la fuerza que tienes para ayudarnos a todas las personas que nos escuchas. Gracias”

Y a raíz de ese comentario mi cabeza se puso a pensar en quien soy, en porqué soy como soy , en mis defectos y mis virtudes… Y salió este texto que hoy comparto con todos y todas vosotras.

Ayudo lo que puedo y lo hago, porque sé que no todo el mundo tiene a su lado a alguien que le diga lo mucho que vale y la capacidad que tiene para salir adelante. Ayudo porque a mí en muchas ocasiones me faltó ese alguien que en vez de exigirme se parase a escucharme y me infundiera confianza y seguridad y sé, lo mucho que se necesita en la vida una voz que te recuerde lo valioso que eres como ser humano. ¿Sabéis? yo al igual que muchos de vosotros, cargo con mochilas llenas de problemas, de muchos más problemas de los que nadie se imagina, pero a pesar de que a veces parece que ese peso me ahoga sé que se puede con todo, sé que podemos salir adelante airosos y triunfantes.

A lo largo de mi vida mucha gente de mi entorno ha realizado automáticamente una ecuación mental en la que combinaba diferentes variables en base a lo que veían de mi, de mi entorno, de mi familia, de mis amistades, logrando así un resultado que asumían como cierto pero que en muchas ocasiones se alejaba mucho de la realidad.

Muchos creían que era una niña mimada, rodeada de posibilidades, con una familia perfecta en la que todo iba sobre ruedas. Pensaban que tenía todo lo que quería y que no podía tener problemas por lo que debía de ser alguien muy feliz por todo lo que se veía desde fuera. La realidad es que he tenido una buena vida, si me quejara sería una utentica imbécil, pero no he tenido todo lo que he querido, más bien todo lo contrario! Lo que pasa es que nunca podía decirlo porque el simple hecho de insinuarlo, me convertía en una caprichosa, consentida o egoísta. Voy a hacer una comparación muy absurda que nada tiene que ver con mi situación pero sirve para ejemplificar lo que he vivido: “Antonio Banderas no puede ser infeliz, nada puede irle mal y si se queja es de vicio porque lo tiene todo” ¿Entendéis a lo que me refiero?

Tengo muchos defectos, pero hoy quiero destacar una virtud: poca gente conozco que valore tanto lo que sus padres han hecho por sus hijos como lo hago yo, pero lo cierto es que a pesar de todo lo que se veía desde fuera, en mi casa nunca me lo han puesto fácil. Recuerdo cuando la gente me decía abiertamente que tardaba en sacar mi carrera universitaria porque malgastaba mi tiempo al saber que mi vida estaba resuelta (no se qué entiende la gente por vida resuelta porque yo desde luego no veo que sea así) o que me preocupaba por tonterías porque mi vida era demasiado sencilla. La realidad era que lidiaba con unos estudios superiores que me habían impuesto sacar adelante a pesar de no gustarme y que los compaginaba con otros trabajos relacionados con el negocio familiar además de a mayores, tener que abandonar totalmente mi vida en más de una ocasión, para poder ganar dinero y sortear la crisis económica que atacaba directamente a la economía de la familia. Por supuesto lo hice de mil amores y lo volvería a hacer con los ojos cerrados y sin pensarlo ni un segundo, pero no, no todo era tan sencillo como parecía.

También me acuerdo de cómo día si día también la gente de fuera me reprochaba que nunca ayudaba a mí madre en su negocio porque no me veían físicamente en la tienda. Lo que nadie sabía era que desde muy niña me pusieron en mis manos la responsabilidad de un negocio que yo nunca había elegido y lidiaba con una mamá cuya mente y carácter a menudo perdían la noción de lo real y de lo correcto. Era mucho más fácil criticarme, que plantearse la posibilidad de que quizá vivía en una encrucijada, con un padre demasiado bueno como para decir basta y una madre demasiado buena como para poner freno.

Es curioso, yo simplemente era Silvia, la hija de fulanito y menganita que tenían y eran esto, aquello y lo de más allá y todo ello parecía dar carta blanca a todo el que me conocía para opinar sobre mí a nivel personal y a nivel vital.

Los últimos años he oído de todo: que estaba loca y que era una mimada que no sabía nada de la vida por renunciar a hacerme cargo del negocio familiar. ¿Cómo podía ser posible que prefiriera estar trabajando para otros en vez de continuar en un negocio estable en el que todo eran facilidades? “Es muy caprichosa, como siempre lo tuvo todo…”, “Que inmadura, quien me diera a mí tener sus circunstancias”, “¿Qué esperabas de ella? Se le nota que nunca tuvo que hacer nada por ganarse el pan”, “Y mira cómo va vestida, si yo tuviera una tienda de ropa me pondría cada día un modelito diferente. Esta chica es rarísima” o “Pues no sé de qué le sirve tener una tienda si no le luce nada” Frases de este tipo…. A montones.

Es más fácil llenarse la boca de esa clase de comentarios que pensar que quizá había motivos que desconocían que me hicieron tomar unas decisiones u otras. Y es que amigos míos, una cosa es lo que se ve detrás del escaparate y otra muy distinta es lo que hay en el almacén.

¿Que si me molesta oír absurdeces de gente que no ha cruzado en su vida una palabra conmigo? La verdad es que antiguamente me parecía terrible y me enfadaba muchísimo que me juzgaran tan a la ligera pero ya hace algunos años que no. No me molesta porque entendí que la realidad de una persona tan sólo la conoce ella misma. Hice autocrítica ya que yo también había juzgado en ocasiones a otras personas por lo que veía desde fuera y asumí que las personas, no somos lo que parecemos, somos lo que demostramos.

Somos aquello por lo que luchamos, aquello por lo que decidimos seguir adelante, somos todo lo que renunciamos por tener una vida mejor, por conseguir lo que cada uno de nosotros considera “la felicidad”. Nos define la actitud que tenemos en la vida cuando todo está en contra o cuando todo se complica. Somos ese interior que nos hace seguir adelante por tener principios y querer ser personas a pesar de que sepamos que nos está destruyendo. Tenemos la mala costumbre de pensar que los demás lo tienen fácil por contar con ciertas opciones, posibilidades o herramientas materiales, pero no pensamos que en ocasiones todo eso, se convierte en una forma legal de tortura.

Soy lo que soy, no por lo que tengo, no por cómo es mí familia, ni por mí ropa, ni por mi coche, ni por mi trabajo. Un coche grande no me da seguridad, un bolso lujoso no me hace más importante, un móvil más caro no me define en la sociedad. Soy lo que soy porque independientemente de mis circunstancias, de lo que tenga o de lo que me falte, cada mañana cuando me incorporo de la cama y pongo un pie en el suelo, mi cabeza se levanta llena de dudas, de angustia, de miedos, de culpa… mis oídos chirrían por oír casi a diario palabras que destruyen, palabras que duelen y que apagan mi alma… pero decido poner el otro pie y levantarme. Soy lo que soy porque luché cuando tenía que hacerlo y paré cuando dejó de tener sentido. Soy lo que soy porque a pesar del daño sigo queriendo, sigo amando y sigo respondiendo cuando me necesitan. Soy esa, tan solo soy una persona más, una persona igual que tú qué decide no rendirse.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Mi Sara

Soy Sara. Una Sara que perdió a otra Sara. Cuando conocí a la Sara de Silvia supe que tenia que hablaros de mi Sara. Tengo 34 años y mi Sarita (como la llamamos en casa) llegó a mi vida así sin contarlo. Llevábamos tres años intentando quedarnos embarazados y un día decidimos parar, pensamos que quizá eso de ser padres no era para nosotros pero de repente… Apareció el positivo!!!

Para las mamás que estáis en busca de bebés y no aparece mi gran consejo es que estrés y agobios fuera, acupuntura y sanación, pero vamos a lo que vengo que es a contaros como Sarita revolucionó nuestro mundo.

Estaba de 31 semanas cuando un día note que se movía mucho menos de lo normal. No hice caso porque era una nena muy tranquila y sus pautas de movimiento eran más bien estar relajada de día y movida de noche. El caso es que ese día estuve de arriba para abajo sin parar y cuando por la noche me tumbe en cama me di cuenta de que no la había notado. Bebí un buen vaso de agua fría pero tampoco la sentía así que comencé a preocuparme un poco. A las 4 horas estábamos en urgencias y ellos me decían que había latido pero algo no iba bien y yo la verdad que no me imaginé que otra cosa podría pasarle mala que no fuera el no escuchar su corazón.

Después de una noche en urgencias con médicos mirándonos deciden ingresarme para que un especialista en ecografías morfológicas revisara a la niña y cuando ya llevaba un rato ecógrafo hacia arriba ecógrafo hacia abajo se sentó con nosotros y nos dijo “A vuestra hija le sucede algo, tiene latido pero sin embargo no se mueve, no veo ningún tipo de actividad motora en ella y no puedo valorar si hay o no daños neuronales en una ecografía. Yo os recomiendo una cesárea urgente para sacarla y ver que es lo que sucede”. Nos quedamos de piedra, no entendíamos nada pero accedimos automáticamente a realizar esa cesárea. En cuestión de unas horas había nacido Sarita y en el momento en el que la sacaron de mi vientre empezaron a correr médicos, enfermeras y pediatras mientras a mí acababan de coserme. No la escuché llorar, al parecer necesitaba asistencia respiratoria pero no me asusté porque realmente muchos bebés prematuros la necesitan así que respire profundo.

Cuando me subieron a la habitación el pediatra que atendía a nuestra pequeña vino a informarnos: “vuestra hija ha sufrido una especie de infarto cerebral intrauterino… No puede respirar por ella misma y está totalmente inmóvil. No sabemos el alcance de las lesiones neurológicas, tendremos que esperar a que sea capaz de respirar por ella misma”. Mi mundo desapareció por completo, no sabía ni que pensar. Me vine abajo totalmente y comencé a llorar sin consuelo durante horas. Los puntos de la cesárea no eran nada comparado con el dolor que tenía de saber que mi hija quizá no saldría hacia adelante.

A los pocos días logro respirar por ella misma pero la evaluación de los especialistas era muy negativa, nos dijeron que sería un vegetal. Tenia una movilidad motora prácticamente nula y no respondía ante estímulos, tenía daños irreversibles y aunque ella podía vivir su calidad de vida sería nula. Tuvo varias crisis que provocaron que la volvieran a tener que entubar y finalmente en una de ellas entro en coma.

Mi marido y yo nos miramos y después de pensarlo mucho y de incluso pedir a un amigo médico que la visitara para darnos su opinión decidimos que esa vida no era la que nuestra bebé se merecía. No sabíamos lo que estaba sufriendo y nos garantizaban que su vida se iba a basar en el dolor sin poder saber realmente el alcance, así que decidimos despedirnos de ella. Quizá podría despertar del coma y vivir pero ¿A qué precio?

Preparamos un ritual y una ceremonia en el hospital y al finalizar nos quedamos abrazándola y acompañándola en el paso a otra vida mientras los monitores pintaban hasta que finalmente se oyó ese largo piii…… Que indicaba que se había marchado. Jamás pensé tener que decirle adiós a mi hija, jamás me imaginé que un bebé pudiera sufrir una hemorragia cerebral o fallo cerebral o infarto cerebral dentro de la madre. Más tarde nos dijeron que había alteraciones cromosómicas que muy probablemente estaban relacionadas con lo sucedido pero es que yo no tenía ni idea de que todo eso podía pasar. Miento, lo sabía pero no lo veía ni asimilaba que pudiera tener que vivirlo.

Tengo fotos de mi Sarita pero a dia de hoy no estoy preparada para mostrárselas al mundo, siento que así sigue siendo nuestra y solo nuestra. Pero si me vi en la obligación de escribir nuestra historia para la web de Sara o Sarusqui como la llama su mamá, porque si algo me enseñó mi niña es que la soledad cuando hay tanto dolor puede ser mortal y quizá si alguna mamá paso o va a pasar por esto y llega de casualidad a mi historia se siente más acompañada y que no es la única que está viviendo un infierno en vida. No eres la única que tiene los brazos vacíos amiga.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Paolo y su gran corazón

Tuvimos un embarazo maravilloso, todo era emoción y alegría, esperábamos con tanta ilusión a nuestro bebé… En las visitas médicas nos decían que nuestro niño crecía de acuerdo a los parámetros normales así que estábamos tranquilos, sin embargo el 1 de febrero de 2019, todo cambió.

El médico solicito un ultrasonido de carácter estructural en el que además de evaluar varios parámetros comprobarían el nivel de líquido amniótico. Para nosotros era un ultrasonido más, después de tantos que habíamos tenido, no suponía ninguna novedad, además en todos los anteriores siempre nos decían que todo iba perfecto, así que no nos preocupamos.

Después de varios minutos el doctor nos informo de que nuestro bebé estaba demasiado delgadito, algo que a nosotros nos pareció extraño ya que hasta ese momento sus medidas eran buenas. Siguió analizando a nuestro pequeño y nos informo de que su corazón era demasiado grande llamándole “cardiomegalia” a la patología.

Nos quedamos en shock y le preguntamos qué podría pasarle y como debíamos enfrentarlo a lo que nos contestó de forma tajante: Morirá. ¿Cómo? Estábamos en el séptimo mes de embarazo, todo había ido bien hasta ese momento y de repente nos dicen que lo que le espera a nuestro hijo es la muerte… ¿Cómo podía ser posible?

Inmediatamente buscamos una segunda opinión con la esperanza de que el diagnóstico fuera incorrecto pero por desgracia se confirmó lo que pensaba nuestro doctor principal, que lo había dejado claro en su informe: “producto no apto para la vida” ¿Producto? ¿Mi bebé era un producto?

Nos derivaron a un médico especialista en cardiopatías y malformaciones que nos informo de que nuestro Paolo tenía lo que se conocía como anomalía de Ebstein, una condición muy compleja con una tasa de supervivencia realmente baja. Nos dijeron que Paolo sería intervenido nada más nacer y recibir un tratamiento que era prácticamente incosteable. Para que os hagáis una idea en los servicios privados de salud nos hablaban de millones de dólares y aún así no nos daban garantías de que nuestro niño fuera a sobrevivir. Buscamos apoyo en el servicio público de salud y nos recibieron en el Hospital de la ciudad de México el 20 de noviembre para hacerle estudios a nuestro niño y también a mi. Me quedé ingresada ya que detectaron que tenía diabetes gestacional y estuve durante 20 días con el corazón en un puño y con la esperanza de que sucediera un milagro.

Llegamos a la semana 36+3 y nos informaron que a penas tenía líquido amniótico por lo que Paolo debía nacer urgentemente mediante cesárea por lo que programaron todo para el día siguiente.

Llegó el día de alumbrar a mí pequeño, minutos antes la doctora que iba a practicar la cesárea habló conmigo para exponerme los dos escenarios posibles:

  • En cuanto lo separaran de la placenta no podría respirar y moriría
  • Que fuera capaz de respirar lo cual se sabría si lloraba al nacer y ponerle asistencia respiratoria para poder ayudarle

Le pedí que, si iba a ser tan poquito el tiempo que Paolo estaría con nosotros que por favor me dejara verlo y sentirlo al menos unos segundos, pero me lo negó ya que debían ponerle el respirador lo más pronto posible, para darle más oportunidades. Paolo nació el 27/02/2019, las anestesistas muy amablemente iban narrándome lo que iba sucediendo y cuando me dijeron “acaba de nacer” me invadió un sentimiento de desesperación ya que no escuchaba su llanto y sabía lo que eso suponía pero de repente…. Escuché el sonido más dulce del mundo, su llanto!!!

Mi marido no pudo estar en el nacimiento, me hubiera encantado tenerlo a mí lado. Ese momento de felicidad al oírle llorar se desvaneció cuando empecé a escuchar a las doctora hablar de mi presión arterial “presión alta, no baja, no baja, no baja, presión muy alta”. Me llevaron a la sala de recuperación porque detectaron que tenía preclampsia así que me quedé en la UCI sin saber nada de mí pequeño. La anestesia iba pasando y el dolor cada vez era mayor, me moría de sed, estaba sola… Una doctora tuvo la amabilidad de mojar una gasa y ponérmela en los labios y al verme tan desesperada fue a buscar a mi marido. El poder estar con el fue un rayo de luz para mi alma.

La medicación enseguida me hizo efecto y al día siguiente ya estaba en planta lo que significaba que podía ir a ver a mi bebé. Nunca olvidaré la primera vez que vi su rostro, tan pequeñito en su cuna, tan perfecto y tan igual a su papá… Le hablamos, le cantamos, lloramos a su lado mientras los médicos nos pedían fortaleza y paciencia para ver cómo iba evolucionando. Le veíamos dos veces al día que era lo que el hospital nos permitía hasta que me dieron el alta hospitalaria. Yo no quería irme de allí, ir a casa sin él era insoportable. Llegamos al turno de visita de la tarde y aunque todo parecía ir como de costumbre de repente una enfermera nos obligó a esperar fuera ya que un niño de la UCI estaba poniéndose malito y tenían que hacer un procedimiento. Minutos después salieron a decirnos que el tiempo de visita se había acabado porque el bebé al que estaban interviniendo estaba muy enfermo, así que nos fuimos a casa con la alegría de saber que nuestro Paolo estaba estable y le volveríamos a ver el día siguiente.

De repente suena el teléfono, nos dicen que volvamos al hospital rapidamente. Llegamos lo más rápido que pudimos y nos encontramos con que el niño que estaba mal era el nuestro, nos habían mandado marcharnos sin decirnos que era nuestro bebé el que estaba en crisis. Nos dicen que están intentando reanimarlo que esperemos fuera cuando al poco tiempo vemos salir a un doctora que se acerca a nosotros y nos dice que Paolo había fallecido. Su corazón estaba agotado y los nuestros rotos en mil pedazos.

Pudimos tenerle en brazos, despedirnos de el, algo que no todos los padres tienen la suerte de poder hacer. A pesar de sentirme afortunada no puedo dejar de sentir horror y una pena insoportable por haber tenido que sostener a mi hijo muerto en brazos. A día de hoy vivo pensando que mi hijo Paolo tenía un corazón demasiado grande, con demasiado amor para este mundo. El sigue viviendo en nosotros como ejemplo de lucha y de superación.

Comparto nuestra historia con la esperanza que ayude a otras familias en duelo, porque se que el dolor que vivimos los padres y madres en duelo es indescriptible y muchas veces el mundo nos ignora, haciendo que nos sintamos solos. Sentimos que somos los únicos que estamos viviendo ésta pesadilla o película de terror pero no es así. No estamos solos, somos muchos los padres que perdemos a nuestros bebés y que vivimos con el dolor de saber que nuestros hijos están en el cielo y no en nuestros brazos. Agradezco enormemente a esta comunidad por el apoyo y soporte que nos dan a los padres en duelo.

DESVARÍOS DE @una_madre_mas

Creo que mi familia es tóxica.

Madre mía si me cuentan a mí hace unos años que sería capaz de ver y entender con tanta claridad los patrones emocionales de los seres humanos…. Es que no me lo creería. Y sobre todo, si me cuentan que podría lidiar con ello, superar las barreras y empoderarme… Me moriría de la risa por verlo imposible.

Tenemos la mala costumbre de pensar que una madre por ser madre, un hermano por ser hermano, un padre por ser padre etc, tiene unos derechos incuestionables sobre nosotros, pero la realidad es que lo único que debo unirnos a los demás seres humanos es el amor, entendido como la forma de respeto, libertad y empatía por excelencia.

La sociedad considera a la familia como una institución y está extendida la creencia de que los lazos emocionales que están implícitos en ello, no son susceptibles de ser cortados. Y yo me pregunto ¿Por qué? ¿A caso no se trata de seres humanos igual que la persona que pasa a nuestro lado en la calle? Pues porque nos la sociedad nos empuja a seguir esas normas que no se sabe quién las puso ahí, pero que están y parece que las tenemos que cumplir. El caso es que debemos de evaluar a las personas por sus actos independientemente de que sean padre, madre, hermano o cuñado sin tener en cuenta ningún tipo de lazo familiar. Esto no significa que si algo no va bien en una relación directamente haya que romperla, pero en ocasiones no queda otra alternativa que alejarse emocional y físicamente de esas personas.

En este caso voy a hablar de la relación materno filial y paterno filial porque es la que más nos marca como individuos. Los padres de nuestra generación fueron fruto de una educación extremadamente autoritaria y paternalista. Desde luego no todos han seguido la misma imagen y algunos han tenido la suerte de criarse en un entorno basado en el respeto y en la aplicación de la autoridad como medida de contención y no de imposición, pero muchos otros simplemente repitieron el modelo que les enseñaron sin cuestionarse si realmente era acertado. Por un lado, tenemos a esas personas que saben distinguir claramente si sus padres han ejercido un abuso de poder sobre ellos y han actuado en consecuencia. Y por otro, tenemos a aquellas personas que saben que algo no va bien pero no son capaces de cortar el cordón umbilical y repiten ese patrón de conducta con sus hijos.

El problema de estos padres se basa fundamentalmente en querer vivir su vida a través de la de sus hijos. Los padres y madres tóxicos siguen un patrón conductual que os dejo a continuación para que podáis identificar si vosotros estáis siendo maltratados, porque si, es maltrato:

  • Utilizan a menudo el grito como forma de expresión y de imposición de sus normas
  • No se disculpan, sus actos siempre están justificados por ser quienes son: tu padre o tu madre.
  • Critican a menudo los comportamientos de sus hijos haciéndoles ver que no son lo suficientemente buenos y demostrando su decepción cuando los hijos no siguen sus indicaciones.
  • Suelen ser padres que comparan constantemente a sus hijos con los de los demás, consiguiendo generar un sentimiento de frustración y menosprecio en sus hijos.
  • Etiquetan a su hijo en un grupo de personas determinadas y no dejan que salga de ahí. “Tu no sirves para eso, es mejor que te dediques a esto otro” o “eso a ti no se te da bien”
  • Humillan a sus hijos en público con expresiones como “eres torpe”, “que mal lo haces”
  • Suelen ser personas negativas que tratan de paliar sus frustraciones a través de sus hijos. Digamos que es como si quisieran vivir la vida que no pudieron tener a través del control y dominio de la existencia vital de sus hijos como si fueran una extensión de sus brazos.
  • Ante un error o frustración asumen fácilmente el papel de víctima y siempre buscan culpables ajenos a ellos mismos. Se protegen sobrevalorando sus capacidades para “bajar” emocionalmente e instaurar la culpa en sus hijos y casi nunca piden perdón.
  • Son manipuladores, posesivos y narcisistas que cuando ven que pierden el control provocan situaciones para retomarlo como: hacerse los/las enfermos/as, llamar la atención con espectaculos y de nuevo victimizarse.
  • Tienen un miedo patológico a no ser respetados y/o a ver cómo sus sueños fracasan.
  • Son vampiros emocionales que se nutren de esa victimización y de hacer sentir inferior a sus hijos.
  • Utilizan el dinero, la vivienda u otros medios que ponen a disposición de sus hijos como forma de chantaje y manipulación. “Tienes sus hacer esto, porque yo te estoy dando x dinero al mes” o “tienes que hacer esto otro porque estás viviendo en un piso nuestro”.

Podría seguir, pero creo que así os podéis hacer a la idea de que tipo de comportamientos son los que los identifican. La realidad es que es muy complicado deshacerse de esas cadenas que nos ponen cuando nacemos y que no tienen intención de soltar nunca, es un trabajo de desgaste psicológico y manipulación durante muchos años, generando un sentimiento de culpa a través de la típica actuación basada en “una de cal y otra de arena”. Os digo desde ya que hacer una mesa redonda no sirve absolutamente de nada, porque es un vicio de carácter y de actitud ante la vida imprimado por un método educativo basado en la autoridad e imposición, así que nos quedan dos caminos:

A) Establecer límites muy claros y actuar en consecuencia
B) Cortar la relación si no se respetan esos limites.

Si son tus padres tú mismo/a deberás hacerlo y si son tus suegros (por ejemplo) en consenso con tu pareja. En muchas ocasiones se suele aguantar por no montar líos o discusiones en la familia, pero la realidad es que si no se establecen las normas quiénes vais a ver cómo vuestra autoestima, vuestras relaciones y vuestro yo se deterioran o destruyen sois vosotros.

Sé que el problema número 1 viene cuando se depende de alguna forma de los padres, bien sea porque nos están dando dinero, porque nos dejan vivir en su casa o en una vivienda suya, porque nos cuidan a los niños, porque nos dan cosas de la huerta y nos generan un ahorro….

Todo esto no debería de ser un arma de control o de exigencia porque se supone que los padres ayudan a sus hijos sin querer obtener nada a cambio, pero la realidad es que chantajean con todo lo que te dan porque creen que por ello tienen el derecho a hacerlo. Es muy triste cuando no tienes otra alternativa y no te queda otra que bajar la cabeza y aguantar, a veces la vida nos pone contra la espada y la pared y tenemos que tragar lo que nos echen para darle de comer a nuestros hijos, para poder estudiar o tener donde dormir porque la vida nos sacudió. Quiero comentar que hay casos de hijos sumamente desagradecidos o desastrosos en los que el papel se invierte, los padres son las víctimas y los hijos los maltratadores, pero de este tema hablamos otro día.

Entonces me diréis, vale Silvia y ¿Qué puedo hacer yo para cortar los lazos emocionales e impedir que me maltraten emocionalmente mis padres? Pues bien, ahí va mi ayuda:

-Lo primero que hay que hacer es determinar si realmente tienes unos padres que abusan psicológicamente de ti. Seguramente aunque identifiques los comportamientos con los que definen a padres tóxicos al principio habrá una parte de tu mente que querrá negarlo, que te dirá frases como: “bueno ellos lo hacen/hicieron por mí bien”, “es que son padres muy exigentes”, “me estaban educando”, “es que son mis padres como me voy a desvincular de ellos”…. NI PUTO CASO!!! Todos los padres la cagamos a diario incluso varias veces al día pero hay limites leche, hay cosas que están justificadas pero otras no. (Abajo de todo os dejo cosas que no son justificables para que podáis entender mejor). Una buena manera de discernir es entender que por ser padres no son ni más ni menos que nosotros, son IGUALES. Son nuestra referencia, nuestra guía pero no nuestros dueños.

  • Una vez que tenemos asumido y asimilado el hecho de que nuestros padres son toxicos no tenemos que llorar ni sentirnos desgraciados, esto es muy común y no por ello hay que mandarlos a la guillotina, lo más probable es que ellos sean víctimas también de sus padres así que tenéis que verlos como lo que son; personas con conductas emocionales incorrectas.
  • Y lo siguiente es actuar, actuar siempre de forma asertiva y pausada estableciendo límites sin montar discusiones no por ellos, por vosotros mismos. No os imagináis lo que desestabiliza el organismo y más en concreto el aparato digestivo y el sistema nervioso el discutir o enfadarse, es como meterle veneno muy lentamente al cuerpo, lo va matando de forma silenciosa pero segura. Os dejo ejemplos de casos reales míos, de mi entorno e incluso vuestros que me habéis contado por IG:
  • “Tengo 32 años, mi madre me llama constantemente y si no le cojo el teléfono en vez de esperar sigue insistiendo. En una ocasión tenía 26 llamadas perdidas en tres horas y llegó a llamar a la policía por si me pasara algo. No estaba de viaje era un día normal de trabajo, por más que se lo explico no quiere entenderme y estoy muy quemada”: Lo que me diviertiria yo en tu caso no está en los escritos, vendría todos los días la policía a mi casa hasta que se cansara de hacerlo. Probablemente tu madre entraría en cólera y acabaría en el hospital con ataques de ansiedad haciéndose la víctima con que se preocupa mucho intentando instalar en ti un sentimiento de culpa. NI PUTO CASO, que se pegue contra las paredes. Tienes tú trabajo, tú familia y tú vida y la gente que es así se alimenta de sus victimismos por lo tanto lo que tienes que hacer es mantenerte firme y dejar de alimentar esas quejas. Ríete y no sufras, no tiene una enfermedad grave, simplemente vive permanentemente con el síndrome del nido vacío. Haz como Rambo, resiste y vencerás.
  • “Cada vez que llegan las Navidades hay un follón en casa por culpa de a qué casa vamos. Siempre se quejan o mis padres o mis suegros de porque no vamos a su casa en navidad y aunque intentamos hacerlo un año a un sitio y otro año a otro siempre acaban diciéndome que ven poco a los niños y se victimizan. Acabo siempre llorando y pensando que soy mala hija y que nunca hago las cosas bien”: Ay las navidades, ese tiempo de amor, paz y de hostias como panes. Pasad dos navidades seguidas sin ir ni a casa de unos ni a casa de otros, poneros en vuestro sitio, podrán disfrutar de vuestra compañía cuando respeten vuestros tiempos. La familia es maravillosa cuando hay respeto y comprensión por ambas partes y si no os respetan, CARRETERA Y SE ACABO. No eres mala hija por dividir tu tiempo, más bien todo lo contrario!!!
  • “Siempre pensé que cuando naciera mi hijo se limarían las asperezas entre mis padres y mis suegros pero va cada vez a peor. Tiene dos años trabajamos los dos y nos ayudan a cuidarlo, yo se lo agradezco muchísimo pero me lo reprochan constantemente y se pelean por quedarse más tiempo unos o los otros con el. Además llega el fin de semana que es cuando podemos estar los tres en familia y quieren que se quede a dormir con ellos. Si no lo permito tienen morros toda la semana”: Tienes que partir de una base, ellos están en su derecho de ayudarte con tu hijo o no, el hijo es tuyo no suyo así que una cosa es que tú se lo encasquetes y otra es que ellos te hayan ofrecido “desinteresadamente” su ayuda. Si tu caso es el segundo mandalos A FREIR PUÑETAS. Una madre debería entender la importancia que tiene para los niños estar con sus padres y pasar tiempo de calidad solo con ellos. El papel de las abuelas es el de ayudar si pueden cuando puedan y si quieren, las exigencias entorno a esa ayuda son egoísmos. No te preocupes, se quejan de que te hacen mucho favor teniéndolo unas horas al día, ahora si lo mandaras a la guardería también protestarían porque no se lo dejas. La estupidez humana no tiene límites!!!
  • “Tengo 25 años, acabe mi carrera y voy a empezar a trabajar. Si salgo con mis amigas malo, si me quedo en casa malo también. Cuando tuve novio no querían que lo tuviera y ninguno les gustaba, cuando le dejé querían buscarme uno para que estuviera contenta. Me siento desesperada, no tengo capacidad de decisión propia y noto que cada vez tengo más dificultades a la hora de tomar un camino u otro en la vida. Siempre insiste en que no busco a la persona adecuada para tener una vida…”: A ver padres del mundo, es imperante hacer un seguimiento de las compañías que tienen vuestros hijos porque en determinadas edades y sobre todo, con determinados caracteres una persona joven se puede malograr enseguida. Ahora bien, MANTENED LA CALMA son jóvenes, seguramente ese chico con el que sale no sea la persona con la que se vaya a casar o quizá si!! Si tú ves feliz a tu hija, ese chico la trata bien, es sanote, le quiere de verdad y es una persona trabajadora QUE COÑO QUIERES??? Lo de los príncipes azules olvídalo que están todos pillados ya así que deja que sea feliz, deja que vaya madurando poco a poco y viendo que tipo de persona quiere tener en la vida.
  • ” Mi suegra me enfrenta con mi marido constantemente, le come la cabeza con mentiras y después soy yo la que pago el plato roto. El la cree siempre y pone en duda lo que yo digo o hago”: Amiga el problema no es de tu suegra, el problema es de tu marido. MANDALO AL CARAJO o al menos dale un toque de atención serio. Te mereces alguien que sepa verte, que hable contigo, te entienda y entre los dos busquéis la mejor solución pero siempre en tándem, los dos siempre como una piña.
  • ” Mi madre juzga todo lo que hago con mi hijo, para ella nunca va bien vestido, no le doy la comida correcta incluso cuando se pone enfermo le da remedios naturales y ya nos hemos llevado un par de sustos por culpa de eso. Estoy desesperada no sé qué hacer porque no atiende a razones y está deteriorando mi matrimonio”: Ni se te ocurra seguir permitiéndole esto y me pongo muy seria porque se puede matar a un niño muy fácilmente con remedios naturales (recordemos a la mami que no sabía que no se les podía dar miel a los nenes y su pequeño falleció por ello). Cortale el paso a tu vida, muéstrate molesta y reduce muy mucho las visitas, lo pasaras mal al principio por ese sentimiento de culpa pero te garantizo que ganarás en tranquilidad y salud mental.
  • “Le dejé las llaves de mi casa a mí madre por si pasaba cualquier cosa. Estamos recién casados y es nuestra primera casa. El otro día estábamos en el salón viendo una película cuando de repente oigo que alguien anda en la cerradura. Mi madre entró como perico por su casa sin timbrar primero ni avisar. Doy gracias a Dios que no se nos ocurrió tener sexo en el salón…. Me enfadé muchísimo y ella dice que no lo entiende, ¿Estoy loca?”: LA LOCA ES TU MADRE!!! Tesoro perdona porque sabes que te tengo mucho cariño pero es que de verdad no sé a quién se le ocurre tal cosa…. Mejor quitale las llaves, creo que vale más pagar a un cerrajero que arriesgarse!!!

Casos como estos y similares os podría contar hasta aburrirme, también a la inversa cuidado. El mejor consejo que puedo daros es que no os sintáis mal por hacer lo que hay que hacer, ¿es doloroso a veces? Si, pero en la vida hay muchas cosas que nos duelen y tenemos que hacerlas igual y en estos casos no solo está en juego nuestra salud mental y nuestra vida, sino que si NO PARAMOS ésta pauta de comportamiento, sin duda la repetiremos con nuestros hijos.

  • esperar sigue insistiendo. En una ocasión tenía 26 llamadas perdidas en tres horas y llegó a llamar a la policía por si me pasara algo. No estaba de viaje era un día normal de trabajo, por más que se lo explico no quiere entenderme y estoy muy quemada”: Lo que me diviertiria yo en tu caso no está en los escritos, vendría todos los días la policía a mi casa hasta que se cansara de hacerlo. Probablemente tu madre entraría en cólera y acabaría en el hospital con ataques de ansiedad haciéndose la víctima con que se preocupa mucho intentando instalar en ti un sentimiento de culpa. NI PUTO CASO, que se pegue contra las paredes. Tienes tú trabajo, tú familia y tú vida y la gente que es así se alimenta de sus victimismos por lo tanto lo que tienes que hacer es mantenerte firme y dejar de alimentar esas quejas. Ríete y no sufras, no tiene una enfermedad grave, simplemente vive permanentemente con el síndrome del nido vacío. Haz como Rambo, resiste y vencerás.
  • “Cada vez que llegan las Navidades hay un follón en casa por culpa de a qué casa vamos. Siempre se quejan o mis padres o mis suegros de porque no vamos a su casa en navidad y aunque intentamos hacerlo un año a un sitio y otro año a otro siempre acaban diciéndome que ven poco a los niños y se victimizan. Acabo siempre llorando y pensando que soy mala hija y que nunca hago las cosas bien”: Ay las navidades, ese tiempo de amor, paz y de hostias como panes. Pasad dos navidades seguidas sin ir ni a casa de unos ni a casa de otros, poneros en vuestro sitio, podrán disfrutar de vuestra compañía cuando respeten vuestros tiempos. La familia es maravillosa cuando hay respeto y comprensión por ambas partes y si no os respetan, CARRETERA Y SE ACABO. No eres mala hija por dividir tu tiempo, más bien todo lo contrario!!!
  • “Siempre pensé que cuando naciera mi hijo se limarían las asperezas entre mis padres y mis suegros pero va cada vez a peor. Tiene dos años trabajamos los dos y nos ayudan a cuidarlo, yo se lo agradezco muchísimo pero me lo reprochan constantemente y se pelean por quedarse más tiempo unos o los otros con el. Además llega el fin de semana que es cuando podemos estar los tres en familia y quieren que se quede a dormir con ellos. Si no lo permito tienen morros toda la semana”: Tienes que partir de una base, ellos están en su derecho de ayudarte con tu hijo o no, el hijo es tuyo no suyo así que una cosa es que tú se lo encasquetes y otra es que ellos te hayan ofrecido “desinteresadamente” su ayuda. Si tu caso es el segundo mandalos A FREIR PUÑETAS. Una madre debería entender la importancia que tiene para los niños estar con sus padres y pasar tiempo de calidad solo con ellos. El papel de las abuelas es el de ayudar si pueden cuando puedan y si quieren, las exigencias entorno a esa ayuda son egoísmos. No te preocupes, se quejan de que te hacen mucho favor teniéndolo unas horas al día, ahora si lo mandaras a la guardería también protestarían porque no se lo dejas. La estupidez humana no tiene límites!!!
  • “Tengo 25 años, acabe mi carrera y voy a empezar a trabajar. Si salgo con mis amigas malo, si me quedo en casa malo también. Cuando tuve novio no querían que lo tuviera y ninguno les gustaba, cuando le dejé querían buscarme uno para que estuviera contenta. Me siento desesperada, no tengo capacidad de decisión propia y noto que cada vez tengo más dificultades a la hora de tomar un camino u otro en la vida. Siempre insiste en que no busco a la persona adecuada para tener una vida…”: A ver padres del mundo, es imperante hacer un seguimiento de las compañías que tienen vuestros hijos porque en determinadas edades y sobre todo, con determinados caracteres una persona joven se puede malograr enseguida. Ahora bien, MANTENED LA CALMA son jóvenes, seguramente ese chico con el que sale no sea la persona con la que se vaya a casar o quizá si!! Si tú ves feliz a tu hija, ese chico la trata bien, es sanote, le quiere de verdad y es una persona trabajadora QUE COÑO QUIERES??? Lo de los príncipes azules olvídalo que están todos pillados ya así que deja que sea feliz, deja que vaya madurando poco a poco y viendo que tipo de persona quiere tener en la vida.

-” Mi suegra me enfrenta con mi marido constantemente, le come la cabeza con mentiras y después soy yo la que pago el plato roto. El la cree siempre y pone en duda lo que yo digo o hago”: Amiga el problema no es de tu suegra, el problema es de tu marido. MANDALO AL CARAJO o al menos dale un toque de atención serio. Te mereces alguien que sepa verte, que hable contigo, te entienda y entre los dos busquéis la mejor solución pero siempre en tándem, los dos siempre como una piña.

-” Mi madre juzga todo lo que hago con mi hijo, para ella nunca va bien vestido, no le doy la comida correcta incluso cuando se pone enfermo le da remedios naturales y ya nos hemos llevado un par de sustos por culpa de eso. Estoy desesperada no sé qué hacer porque no atiende a razones y está deteriorando mi matrimonio”: Ni se te ocurra seguir permitiéndole esto y me pongo muy seria porque se puede matar a un niño muy fácilmente con remedios naturales (recordemos a la mami que no sabía que no se les podía dar miel a los nenes y su pequeño falleció por ello). Cortale el paso a tu vida, muéstrate molesta y reduce muy mucho las visitas, lo pasaras mal al principio por ese sentimiento de culpa pero te garantizo que ganarás en tranquilidad y salud mental.

Casos como estos y similares os podría contar hasta aburrirme, también a la inversa cuidado. El mejor consejo que puedo daros es que no os sintáis mal por hacer lo que hay que hacer, ¿es doloroso a veces? Si, pero en la vida hay muchas cosas que nos duelen y tenemos que hacerlas igual y en estos casos no solo está en juego nuestra salud mental y nuestra vida, sino que si NO PARAMOS ésta pauta de comportamiento, sin duda la repetiremos con nuestros hijos. Ánimo queridas y queridos, se puede lograr! Tan sólo hay que coger aire y ser firmes.

OTROS BEBÉS ESTRELLA

Cuando alguien muere y nace al mismo tiempo

El 9 de agosto del año 2018 recibí la noticia  más bonita e inesperada al mismo tiempo: estaba embarazada!!! Me enteré cuando estaba de 6 semanas y a pesar de lo feliz que estaba no podía dejar de tener miedo y sentir incertidumbre ya que este embarazo iba a ser vivido con un padre ausente. Fueron 9 meses de embarazo muy tranquilos en los que la ilusión iba aumentando según pasaban las semanas. Tuve mucha suerte ya que mi entorno me mimó y cuido en todos los aspectos por lo que me sentí siempre muy acompañada sobre todo por mi hijo que tenía ya 14 años pero era y sigue siendo un amor de persona.

Cuando ya había asimilado que iba a criar a este segundo hijo sola, apareció de nuevo el padre entorno al séptimo mes de embarazo… Y fue un alivio en todos los sentidos y desde ese momento estuvo conmigo sin soltar mi mano ni un segundo.

Cuando se suponía que todo se había colocado de forma favorable llega un 8 de abril en el que me dan la noticia que ninguna madre quiere oír: “NO HAY LATIDO”. Recorrí el pasillo del hospital sintiendo un frío interno terrible, pensando que tenía que ser un error, que eso no podía suceder. Subí al segundo piso en donde mi madre me esperaba noticias, pero yo no pude decir nada, tan solo pude mover la cabeza de lado a lado mientras pensaba “mi niña, nuestra niña ya no estaba ni estaría con nosotros”.

La perdida de nuestra hija fue durísima en todos los aspectos, de hecho todavía tengo la mente nublada y hay cosas que no logro recordar. Sé que nos dieron una habitación en la que no había nadie más con un pequeño armarito en el que con el corazón desgarrado deje toda su ropa.

Hacia las 21:30 comienzan a llegar mensajes de energías positivos para la llegada de nuestra niña deseando que todo salga bien y que les avisemos cuando estemos listas para que vengan a vernos a las dos. Cuando contábamos lo sucedido creo sinceramente que nadie nos creía.

Mi hijo entró a la habitación y los dos lloramos junto con la madrina de la nena largo y tendido. Es curiosa la mente humana porque a pesar de que sabíamos que la niña había muerto nosotros nos pasamos toda esa noche esperando que sucediera un milagro y que fuera un error, que al día siguiente realizaran una ecografía y todo estuviera bien. Le rogamos a nuestra niña que diera una patadita más, que se moviera….

La mañana en la que debería haber nacido mi hija era fria y extraña con un tono gris que lo envolvía todo. Tanto la anestesista como la matrona fueron las personas más empáticas y cercanas conmigo, lo cual agradezco enormemente. Iba a ser una cesárea asi que me llevaron a anestesia, me pusieron la epidural y el mismo frío que sentí en la espalda lo sentí en mi alma, apoderándose de todo mi ser en donde lo único que me quedaba era llorar. Desinfectan la piel de mi barriga, una sensación realmente extraña sabiendo lo que iba a suceder era como contradictorio… Seguir todo el protocolo cuando el resultado no sería el que debería ser no tenía sentido para mí. Mi niña nació a las 11:00 de la mañana, peso 3.200 kg y midió 52cm. Era preciosisima, un pelo oscurito, unos labios rojos, la nariz armonizando el resto del rostro… Tuve suerte ya que la pude besar, acariciar, abrazar y sentir. Sin duda el momento más mágico de mi vida e el que una pena descomunal y una alegría ensordecedora se juntaban provocando una explosión de emociones que ni quería ni podía controlar. No había nada que se pudiera hacer, estaba muerta y al mismo tiempo tan viva en mi corazón. Ahora seguimos aprendiendo a vivir con el alma y el corazón divididos entre el cielo y la tierra. Gracias a todas por haberme leído, soy Jenifer Rojas mamá de la estrella más bonita, JAVIERA.

DESVARÍOS DE @una_madre_mas, Uncategorized

HASTA LAS NARICES

Estoy hasta las narices y perdonadme la expresión pero es lo que siento. En el post de hoy voy a hablar de un tema muy concreto, la lactancia materna. Últimamente hay una corriente generada en redes sociales a cerca de normalizar el hecho de dar el pecho en público. Vaya por delante que soy defensora del apego, del colecho y de la lactancia materna, por eso pienso que en un tema como este no hay nada que normalizar porque alimentar a un bebé con la teta es algo NORMAL y NATURAL. Por tanto parto de la base de que es absurdo intentar normalizar lo que ya lo es.

Pero la polémica viene realmente a raíz de la incomodidad que genera hacia otras personas, el hecho de que haya mujeres que muestren como sus hijos e hijas maman del pecho de sus madres en las REDES SOCIALES. A mayores, se suma a esto que hay mujeres que se sienten observadas y repudiadas por la sociedad cuando están dando de mamar a sus hijos en lugares públicos y se está montando un follón en el que creo que se mezclan churras con merinas. Porque una cosa son las redes sociales y otra muy distinta es la calle. Pero vamos, hoy voy a dejar aquí plasmada mi visión, mi realidad y lo que creo que es normal y lo que se está yendo totalmente de madre.

Punto n.1) Dar de mamar es un acto natural y NECESARIO para un bebé porque es su alimento. Es igual de respetable que una madre sentada en una cafetería quiera dar de mamar abiertamente, quiera taparse con una gasa o quiera irse a un baño. Las necesidades de tu hijo van a ser cumplidas exactamente igual lo hagas como lo hagas, así que dejemos de preocuparnos por las formas y preocupemonos de que se cumpla lo esencial que es alimentar.

Punto n.2) Como madre puedes sentirte incómoda dando pecho en público o no hacerlo en absoluto, eso forma parte de tu carácter, de tu forma de ser y de tus emociones y es muy respetable. Ahora bien, el hecho de que una persona se sienta incómoda viendo a una mujer dando de mamar a un niño también es LICITO y RESPETABLE. Y os voy a decir porqué: Las tetas son tetas aquí y en China. Las tetas sirven para alimentar a nuestros hijos y forman parte de la sexualidad femenina a partes iguales. Como tiene una doble connotación o un doble significado hay que ACEPTARLO y lidiar con ello!!! Sabemos que se utilizan para el sexo y para la alimentación de nuestros hijos y eso en ojos ajenos puede ser difícil de distinguir aunque para otras personas sea muy obvio. ¿Por qué? Porque somos humanos y tenemos emociones y sentimientos DIFERENTES. Porque además, fuera del sentido sexual, puede haber mil razones y motivos por los cuales a una persona puede hacerle daño el ver esta situación: porque seas muy pudoroso/a y te resulte incómodo, porque acabes de tener un aborto y te de una pena inmensa… Hay mil y un motivos. La solución es muy fácil desde mi punto de vista, ¿¿Puedo alimentar a mi hijo evitando hacer sentir incómodo a mi entorno?? Pues por respeto y porque mi libertad acaba donde empieza la de los demás, lo hago. Aunque me suponga levantarme de una mesa e irme a otro lugar lo hago. Porque EMPATIZO con los demás seres humanos, porque me pongo en su lugar y NO ESTOY ARRIESGANDO LA ALIMENTACIÓN DE MI NENE PORQUE EL/ELLA VA A COMER. No sé sacrifica lo más importante y todos contentos. En eso consiste el respeto, en ceder, en entender y en empatizar con el mundo porque todos somos DIFERENTES. Y que no os mientan… Mi abuela contaba siempre como había mujeres que en sus tiempos daban de mamar delante de cualquiera y otras que preferían hacerlo en la intimidad. Ser y pensar diferente es lo que tiene!!! Ser más o menos pudoroso, ser más o menos reservado, ser más o menos tímido…. Eso no te criminaliza!!! No eres mejor madre por mostrar tu lactancia al público coño y tampoco nadie que lo haga va a lograr que desaparezcan los pederastas ni los pedófilos ni los intolerantes porque siempre va a haber de todo en la sociedad. Por lo mismo, porque somos diferentes. Se les llena a algunas mujeres la boca pidiendo respeto y empatía y ¿Dónde está la suya hacia el resto de individuos?

PUNTO N3 Y EL MAS IMPORTANTE) El problema principal viene cuando en las redes sociales una madre sube una fotografía a la red dando de mamar a su hijo sacando su rostro. Mucho ojo, porque ahí ya no eres tú sola la que sales, sino que también aparece tu hija/o por tanto las precauciones al tratarse de un menor deben de ser máximas. ¿Eso quiere decir que los niños no puedan salir en fotografías que serán subidas a la red? NO. Ahora bien, nos llenamos la boca hablando de criar en calma, de proteger al menor, de disciplina positiva y sin embargo NO PENSAMOS que cuando subimos una fotografía a la red de internet en la que sale nuestro hijo en situaciones ÍNTIMAS estamos exponiendolo a niveles totalmente incontrolables. A nosotros como adultos puede parecernos o no algo totalmente normal y natural pero no sabemos que les parecerá a nuestros hijos el día de mañana, cuando tengan criterio y opinión propia. No sabemos si estarán de acuerdo o no en que una fotografía suya mamando de la teta este en internet. No sabemos si les gustará saber que esa fotografía fue material que sus madres cedieron voluntariamente al mundo, exponiendoles a ser contenido jugoso para los pederastas, pedófilos, psicópatas o degenerados varios. Cuando compartimos una fotografía de otra persona sin su consentimiento estamos VULNERANDO SU DERECHO A LA INTIMIDAD Y A LA PROPIA IMAGEN. Punto pelota no hay más vueltas que darle. Aún subiendo imágenes de los niños que son aceptables socialmente (Porque si, vivimos en sociedad y esto es lo que hay, si se quiere otra cosa siempre se puede volver uno hermitaño) seguimos vulnerando sus derechos. Ahora bien, hay una diferencia muy grande entre subir una fotografía de un niño vestido, sin estar en una circunstancia íntima comprometida o vergonzosa a subir lo que nos de la real gana sin pensar en lo que le puede llegar a afectar en un futuro. Y si, alimentar a un bebé es un momento íntimo que puede ser tergiversado a causa de la doble connotación o significado que tienen las tetas, como bien he dicho antes.

Dicha mi opinión, últimamente os prometo que estoy indignada con la capacidad que tienen algunas personas de manipular y de tergiversar las opiniones ajenas para simplemente ponerlas a su favor y sacar tajada económica de ello. Pensad muy bien antes de uniros a las revoluciones sociales, analizad todos los pros y los contras y evaluad si merece la pena y si realmente es una revolución al uso o es una forma de monetizar. Porque a esas personas que vuestros hijos queden expuestos les importa un comino, solo sois un eslabón más en la cadena del negocio, pero si el día de mañana vuestros hijos sufren acoso escolar esas personas no van a sacaros del problema ni os van a consolar ni ayudar. Vamos, que no van a mover un dedo por vosotros. No olvidemos que el que difunde la necesidad de respeto tiene que ser imagen de respeto a si mismo y a su entorno, ser ejemplo de algo ante el mundo implica muchísima responsabilidad, por eso yo siempre digo que no soy ejemplo de nada, ni soy revolucionaria, ni líder ante la sociedad ni ante nadie. Para que la opinión de una persona sea tomada enserio, ha de comulgar con su discurso y ser coherente sino…es que algo está fallando.