OTROS BEBÉS ESTRELLA

Mi bebé murió dos veces

Me llamo Esther, soy la hija de una mujer que tuvo que despedirse dos veces de su bebé y que ahora yo voy a escribir su historia:

Yo como muchas de las mujeres de mi época me casé joven y tuve a mi primer bebé con 22 años. Me quedé embarazada enseguida y fue toda una alegría ya que mis dos hermanos todavía no tenían niños así que era el primer retoño de la familia. Tuve un embarazo fantástico por ello jamás pensé lo que iba a suceder el día que diera a luz. Ingresé en un hospital de mi ciudad que por razones obvias no voy a dar el nombre, con toda la tranquilidad del mundo. Estuve 20 horas entre la dilatación y el parto con mucho dolor y a mayores las monjas/enfermeras que hablaban conmigo me miraban de un modo extraño, más bien esquivaban mis ojos dando la sensación de no querer empatizar en exceso, pero la verdad en ese momento no le di importancia, en aquel momento las monjas tenían muchísimo poder así que prefería mantenerme en silencio que arriesgarme a que me hicieran algo. Cuando llegó la hora de empujar avisé a que vinieran a atenderme y aparecieron varias monjas entre las cuales una dijo que me iba a pinchar algo para relajarme. Yo no sabía si eso era necesario pero la cuestión es que no me atrevia a decir nada por las miradas secas y cortantes que me dedicaban y al pincharme, perdí fuerza así que me costó muchísimo realizar los pujos. A penas podía ver nada, ni al doctor que atendía mi parto, ni a ellas, tampoco les oía… De repente se hizo un silencio ensordecedor en la habitación y debido a la sedación empecé a perder conciencia. Pregunté por mí bebé, quería verle y nadie me decía nada. Mi vista se nublaba, mis sentidos se anulaban… Me pareció oír como lloraba pero rápidamente se lo llevaron envuelto en una sábana blanca diciéndome que estuviera tranquila, que todo estaba bien y que descansara. Al parecer algo había sucedido y querían que lo viera un pediatra y aunque quise mantenerme despierta para estar atenta a lo que sucedía no pude hacerlo y me dormí.

Cuando volví a despertar estaba en otra habitación con mi marido sentado a los pies de mi mano cogiéndome la mano y unos ojos llenos de lágrimas. Comencé a subir el tono de voz preguntando ¿Y el bebé? Pero él solo negaba con la cabeza y se frotaba el pelo con insistencia. No podía ser, yo le había oído llorar… comencé a gritar que quería verle, que me daba igual como estuviera pero que yo quería abrazarle y conocerle. Apareció un médico y varias enfermeras diciéndome que no pudieron hacer nada por él y que falleció. A pesar de gritar que quería que me lo enseñaran me insistieron en que sería muy doloroso para mí y me volvieron a poner otro calmante. Mi marido se encargó de todo, le mandaron enterrar al niño en un lugar ajeno al cementerio como si de un deshecho se tratase.

Me dieron el alta y me fui a casa con los brazos vacíos y con el sentimiento de que me escondían algo, a punto estuve de volverme loca. Quise hablarlo en mi entorno pero todo el mundo me decía lo mismo, que debía olvidarle y pasar página, que eran cosas que pasaban y que fue mejor que no lo viera. Me pase años dándole vueltas al día del parto intentando recordar cada uno de los momentos sin poder preguntarle a mi marido si había algo que el entendiera como extraño o curioso mientras yo estaba dando a luz, pero él lo único que recordaba era ver a un matrimonio llegar apresurado al hospital preguntando por la monja que me había pinchado a mí la medicación. Se fijó en que sus ropajes eran muy elegantes y tenían una muy buena relación con esta mujer y le sorprendió ver que ingresaron a esa señora en la misma planta que la nuestra, que solamente estaba dedicada a parturientas. ¿Qué hacía una mujer que no estaba embarazada ingresando en una planta en la que sólo había embarazadas o recién paridas?

Pasaron 20 años hasta que mi hija alcanzó la edad suficiente para poder contarle que su hermano había fallecido y todos mis desvelos a cerca de su paradero, y ella curiosa e inquieta decidió realizar algunas investigaciones por su cuenta. Después de mil trabas para exhumar el cadáver, decidió acudir al hospital en el que casualmente trabajaba una amiga suya y cuando solicitó el informe de mi primer parto le dijeron que no existía. Según lo que habían investigado tan solo figuraba mi segundo parto pero no el primero, por lo cual según ellos nunca di a luz a mí primer hijo. Eso me hizo saltar todas las alarmas y nos pusimos a contactar con abogados que nos ayudaran a dilucidar la situación. Lamentablemente no teníamos ningún documento que acreditara que estuve allí dando a luz pero tirando de hilos pudimos conseguir los nombres de las pacientes que estuvieron en la misma planta el mismo día que mi bebé supuestamente había fallecido. Tenía el pálpito de aquella mujer que mi marido había visto porque aquello no encajaba. Fuimos investigando en secreto una a una para ver si había algo que pudiéramos descubrir y con las que podíamos hablar nos decían que ellas no habían visto nada extraño y como muestra de buena fé nos enseñaban su ropa de embarazadas o fotografías con sus barrigas. Nos quedaban dos puertas a las que llamar pero entre visita y visita yo tenía que tomarme descansos ya que todo aquello me resultaba agotador… Tenía la sensación de estar dándome contra una pared, muchas veces perdía la fé en mí misma y me desanimaba hundiéndome en la miseria más absoluta. Pero entonces mi hija tomaba las riendas y volvíamos de nuevo a la carga. Nos fuimos un sábado por la tarde a hacer esas últimas visitas y recuerdo perfectamente como llovía a mares. Sorprendentemente yo estaba muy tranquila, mucho más que en las anteriores visitas. Timbramos en la puerta y apareció una chica más joven que mi hija que llamó a su madre para que pudiéramos hablar con ella. Preguntamos por la mujer y ella nos confirmo que era su hermana pero que había fallecido. Nos invitó a pasar dentro y tomamos un café mientras le contamos nuestra historia y entonces lo supe… La mujer bajo la cabeza cuando le preguntamos si notó algo sospechoso en el embarazo de su hermana. Cuando levanto la mirada tenía los ojos llenos de lágrimas y nos confesó que tiempo después de ya tener al niño supo que su hermana nunca había estado embarazada ya que ella misma se lo confesó en una reunión familiar. Al parecer en el hospital le dijeron que ese bebé era hijo de una mujer que había muerto en el parto y se lo cedían a cambio de una generosa aportación económica.

Dios mío, mis sospechas se habían confirmado. Aquella mujer nunca llegó a estar embarazada y sin embargo había tenido un hijo. Su hermana nos enseñó algunas fotografías y nos contó que tanto ella como el niño habían fallecido en un accidente de tráfico y que su cuñado había sobrevivido, pero se había marchado del país y nunca más volvieron a saber de él. Pensé que me moría en ese momento, me habían robado a mi hijo para dárselo a otra mujer y después de todo lo que llevábamos luchado por confirmar su existencia recibo la noticia de que está muerto. La vida me volvía a sacudir y todos los recuerdos de mi primer parto se agolparon en mi mente. Me mareé y una ambulancia me llevó a un hospital ya que sufrí de un ataque de nervios. Con el tiempo fui aceptando que no podía cambiar lo sucedido pero si podía ir a su tumba y hablar con el, decirle todo lo que le quería y le sigo queriendo. También hablo con la mujer que ejerció de su madre para decirle que descanse en paz porque la engañaron exactamente igual que a mí. Lamentablemente creo que me voy a ir de este mundo sin poder perdonar a aquellas monjas que traficaban con seres humanos, que sin ningún tipo de escrúpulo arrancaban a los bebés del vientre de sus madres para venderlos a otras mujeres.

Hace unos años que se abrió una investigación y al parecer en ese hospital hubo muchísimos casos como el mío. No puedo hablar con nadie de este tema y lo di por zanjado hace tiempo, yo estoy en paz y realmente no me quedan muchos años para reunirme con el de nuevo así que es un alivio. Mi hija me cuenta que ahora hay mujeres que se unen para denunciar abusos médicos cuando se da a luz y malas prácticas a madres y bebés por eso me pidió permiso para contar publicamente la historia de su hermano. Al principio creí que iría a un periódico y me negué rotundamente, pero cuando me dijo que se iba a publicar en internet en una página de una madre que había visto morir a su hija y que ahora ayudaba a otros padres en la misma situación, no me pude negar.

Solo quiero decir que aunque no lo parezca a día de hoy siguen sucediendo esta clase de cosas, que mientras estuvimos investigando nos encontramos con muchas puertas cerradas de organismos e instituciones que por miedo se negaban a facilitarnos la búsqueda. Yo no exigí el cuerpo de mi hijo por ignorante y por miedo al poder que tenían las monjas, ya que si resultabas un problema no dudaban en forzar un ingreso en un psiquiátrico. Me gusta saber que ahora las cosas son diferentes y que se lucha por causas tan necesarias

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