OTROS BEBÉS ESTRELLA

Lo que Julia me regaló

Hola a todos mi nombre es Ana y esta es mi historia. 

Cuando tenia 12 años mi madre murió en un accidente de tráfico que supuso un antes y un después en mi vida en todos los sentidos. Me centré mucho en estudiar, me aislé de mis compañeros y la biblioteca se convirtió en mi casa porque era el único lugar en el que me sentía feliz, refugiada y a salvo. Estudié dos carreras y conseguí un buen trabajo el cual me permitía llevar una vida acomodada y sin complicaciones. Pero cuando tenia 33 años me di cuenta de que me faltaba lo más importante de todo… el amor. Mi historial sentimental indicaba claramente que los hombres no me entendían (o yo no les entendía a ellos) así que decidí experimentar el amor más puro que existe en la tierra; iba a ser mamá. Mi decisión no fue bien aceptada por mi familia ya que ellos no comprendían los motivos por los cuales quería ser madre soltera, así que me vi sola ante un proceso largo y complejo que en más de una ocasión estuve a punto de abandonar. 

Con 35 años y después de varios tratamientos hormonales e inseminaciones por fin me quede embarazada de una niña preciosa a la que llamaría Julia, como mi madre. Tuve un embarazo maravilloso, tenía más energía que nunca así que trabajé hasta el día en que me puse de parto. 

Rompí bolsa con 37 semanas y comencé con contracciones más o menos soportables por lo que decidí esperar a que fueran más constantes para acudir al hospital. Cuando llegue allí tenía la sensación de que había mucho jaleo y poco personal así que con paciencia esperé a que me atendieran. Cuando pase a la sala de exploración una matrona muy amable se puso a buscar el latido del bebé. Su cara tenía una expresión muy extraña y empezó a llamar a otras compañeras que enseguida se acercaron y junto a ella miraban hacia la pantalla donde estaba mi bebé y hacia el suelo con expresión de tristeza. Yo no comprendía nada… estaba de parto porque mi bolsa estaba rota, el líquido amniótico tenía un color normal y cada vez tenía más ganas de empujar, que podía ir mal? 

Entonces la matrona miro para mi y con lágrimas en los ojos me dijo “Ana lo siento muchísimo, no hay latido”. Me quede en shock… no entendía que era lo que había sucedido ni porqué así que comencé a hacer preguntas que nadie parecía poder responder. Pedí que llamaran a mi ginecólogo pero me dijeron que en ese momento estaba ocupado, por lo que en su lugar apareció un compañero suyo para explicarme cómo iba a ser el parto. De repente, una fuerza descomunal se concentró en mi abdomen y tuve la imperiosa necesidad de empujar, así que les avise y con cuatro empujones Julia nació en la sala de exploraciones sin tiempo para trasladarme al paritario.

Me preguntaron si quería verla o cogerla y con los ojos cerrados moví mi cabeza de lado a lado. No pude hacerlo porque no soportaba la idea de conocerla y no poder sentir vida en su interior. Cuando mi madre falleció fui yo quien entré a reconocer su cuerpo; aquello me dejó marcada para el resto de mi vida y me veía incapaz de hacerle frente de nuevo a la muerte. Pedí a gritos que me llevaran enseguida a la habitación y una vez allí empecé a llorar desconsoladamente, sin control y con absoluta desesperación, por lo que me pusieron una especie de calmante vía intravenosa que me dejó completamente KO. Oía voces a mi alrededor pero no era capaz de abrir los ojos ni de despertarme. Mi padre estaba allí y me decía que todo iba a ir bien pero yo solo quería llegar a mi casa, cerrar la puerta y quedarme sola.

Después de tres días me dieron el alta en el hospital y me fui a casa con los pechos terriblemente doloridos goteando leche y toda la soledad del mundo instalada en mi alma. Pase un mes entero saliendo de casa solamente para tirar la basura, hacía la compra por internet y cuando no me apetecía cocinar pedía a domicilio. Lloraba desde que me despertaba y solo paraba cuando dormía, así que la mayor parte del tiempo estaba metida en mi cama rodeada de pañuelos de papel. La leche que goteaba de mis pezones me recordaba constantemente que Julia no estaba, así que llame a una amiga que es médico para que me diera la pastilla que corta la leche y de paso un tratamiento que aliviara la mastitis que tenía. 

Dos meses después de que Julia falleciera me llamo mi ginecólogo para hacer una revisión pero no me presenté, para que quería revisarme nada? Si soy sincera en ese momento pensaba que ojalá tuviera algo malo porque lo mejor que podía pasarme era morir. A los 6 meses me reincorpore al trabajo pero ya nada era igual… por mucho que me esforzaba ningún proyecto me llenaba y toda aquella pasión que sentía por mi profesión se había desvanecido. Mi ginecólogo seguía llamándome para que acudiera a su consulta e incluso me dejaba mensajes en el contestador invitándome a tomar un café, pero tuvieron que pasar casi dos años más para que me decidiera a ir. Llevaba un tiempo con reglas muy dolorosas así que creí que era un buen momento para realizar una revisión. Al entrar en la consulta me di cuenta de que nunca me había fijado en lo guapo que era, de hecho me puse tan nerviosa que tropecé con una silla y me caí encima de la mesa del despacho. El se río, me ayudo a sentarme y tras hacer la consulta en la que comprobó que estaba todo bien empezamos a hablar de Julia. 

A día de hoy sigo sin entender que fue lo que me paso ese día pero de repente empecé a llorar y a contarle lo mucho que me arrepentía de no haber conocido a mi niña. Me abrazó muy fuerte y me consoló durante media hora hasta que de repente se levantó, cogió una carpeta vieja y su teléfono móvil. Lo primero que pensé fue que llamaría al equipo de psicología para que vinieran a atenderme, sin embargo de esa carpeta sacó una cartulina con las huellas de los pies y de las manos de un bebé. No comprendía porque me enseñaba eso, que era para torturarme más? Me sonrió y me dijo “estas huellas son de Julia”. Buscó en su teléfono móvil y me enseñó varías fotos de un bebé muy blanquito de piel que vestía ropa de hospital y con los ojos llenos de luz, me contó que estaba enamorado de mi desde el primer día que entré por la puerta de su despacho. Me pidió perdón porque cuando mi niña murió el estaba en el hospital y al saber que Julia había muerto, no se atrevió a ser el quien me atendiera en el parto porque no iba a soportar verme tan destrozada. Así que me confesó que una vez que me llevaron a planta el pidió ver a Julia, la vistió, le saco las huellitas, le hizo fotos y la tuvo en brazos dándole cariño a su cuerpo ya inerte.

No me lo podía creer, tantos días con sus largas noches sintiendo que la culpa me ahogaba porque no tenía ni un recuerdo de mi niña… y resulta que era el quien los guardaba. Tenía en ese momento tantos sentimientos encontrados que no sabia si pegarle, si gritarle o si salir corriendo, sin embargo le miré y lo único que pude hacer fue besarle como nunca había besado a nadie. Me enamoré perdidamente en ese instante porque jamás nadie había hecho algo tan bonito por mi. 

Un año después nos casamos y al año siguiente teníamos a nuestro hijo Hugo con nosotros. A día de hoy echo la vista atrás y sé que Julia vino a este mundo no solo para cumplir mi deseo de ser mamá, también lo hizo para devolverme la inocencia y la capacidad de sentir que había perdido con la muerte de mi madre. Me gusta imaginarme que las dos están en el cielo, cuidándose una a la otra y esperando a que llegue mi hora. 

Mi niña me enseñó que ocultar los sentimientos solo hace que se encallen en el alma y te dañen terriblemente. Cuando encontré a @una_madre_mas supe que tenía que contarle mi historia para que pudiera publicarla en su página web y así poder ayudar a otras personas que estén pasando por momentos duros en sus vidas. Me gustaría que todo el que leyera mi historia comprendiera que todo el mundo tiene problemas, momentos malos, desgracias familiares y mala suerte a lo largo de su vida. Que no están solos porque somos muchos los que hemos perdido un hijo e incluso nos hemos perdido a nosotros mismos y que la única forma de vivir es comprendiendo que el amor es el único camino. 

Quiero dar las gracias a @una_madre_mas por su valentía, su coraje y su amor desinteresado hacia todos los seres humanos de esta tierra. Hablar con ella es un auténtico placer, tiene una voz relajante, es dulce e infinitamente buena. La admiro muchísimo  porque cuando Julia murió yo fui incapaz de pensar en otra persona que no fuera yo misma, e incluso me comporté mal con los demás culpándoles de mi dolor. Quedan muy pocas personas capaces de sentir tanto amor por los demás así que espero poder darle un abrazo muy grande algún día para nutrirme de su pureza. Para mi es un privilegio haberla encontrado en este mundo virtual y siento que su Sara es un ángel que también me cuida a mi.

Espero que os haya gustado, os mando un beso enorme.

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